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 Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en el Foro ‘Política de Drogas, tras 25 años de la muerte de Luis Carlos Galán: ¿Qué tanto hemos avanzado?’

 ​Bogotá, 14 ago (SIG).

 “El poder oscuro y criminal del narcotráfico es el más grave de los problemas de la sociedad colombiana”.

25 años después, esta frase de Luis Carlos Galán en cierta forma sigue vigente.

Los grandes carteles de la droga fueron desmantelados y ya no amenazan la supervivencia del Estado colombiano, los cultivos de coca se han venido reduciendo, la última cifra es que es un 60 por ciento en la última década.

Sin embargo, a pesar de los esfuerzos, el negocio de las drogas –de las drogas ilícitas– sigue ahí vigente, vivito y coleando sigue siendo muy lucrativo, y el narcotráfico sigue siendo el principal financiador de la violencia y del terrorismo. Y también infortunadamente la drogadicción se consolida como un problema importante de salud pública.

El país ha sido relativamente exitoso en esta lucha, yo diría que uno de los países más exitosos. No lo decimos nosotros, lo dicen los analistas internacionales. Ese éxito se debe al carácter, a la determinación, de personas como Luis Carlos, al trabajo de nuestras Fuerzas Armadas, al sacrificio de mucha gente.

Sin embargo, ese éxito relativo ha tenido un precio muy alto, que lo hemos pagado con la sangre. Colombia, si hacemos un recuento, hemos perdido nuestros mejores líderes, nuestros mejores jueces, nuestros mejores periodistas, nuestros mejores policías, nuestros mejores soldados. Ese ha sido el precio para Colombia.

Y el asesinato de Luis Carlos Galán es una de las más dolorosas pruebas de este fenómeno.

Y Colombia está poniendo los resultados, está dando resultados. Todos los días nos aplauden en los diferentes foros internacionales, nos expiden certificados de buena conducta; pero también está poniendo los muertos y sigue poniendo muertos en esta guerra contra las drogas que se declaró hace 40 años en Naciones Unidas. La guerra contra las drogas que se declaró el mundo en Naciones Unidas ha sido una guerra que en cierta forma ha fracasado.

El enfoque actual de esa guerra no ha sido exitoso.

Y yo he dicho que es como pedalear en una bicicleta estática. Hace uno un gran esfuerzo, suda, pero mira a la izquierda, mira para ambos lados y que como todo sigue igual o a veces peor. No importa cuánto se esfuerce, como que no se mueve, el negocio sigue.

El flagelo no desaparece. Los éxitos relativos de Colombia han hecho que la espiral de violencia y corrupción asociada al problema de las drogas ilícitas se traslade a otros países.

Lo hemos discutido tantas veces con los presidentes de Centroamérica, las islas del Caribe. El éxito en Colombia ha sido la perdición de muchos de estos países.

Los narcotraficantes van a esos entornos donde se sienten más cómodos o donde no se sienten tan amenazados. Como nosotros hemos aprendido a combatirlos a un costo muy alto, pues simplemente se trasladan a otros sitios.

Y uno se pregunta: ¿eso es lo mejor que podemos hacer? ¿El actual enfoque es el único enfoque con el que el mundo le puede hacer frente a un fenómeno que sigue creciendo?

Va uno a Inglaterra y el consumo crece; va uno a España, el consumo crece.

Hemos gastado billones de dólares en una guerra que en cierta forma ha resultado inefectiva –que nada más en México ha dejado más de 60 mil muertos en los últimos 6 años–, millones que hubiéramos podido invertir en hospitales, colegios, viviendas para los más pobres, en generación de empleo.

Por eso he afirmado que necesitamos –y cuando digo “necesitamos” hablo del mundo entero– un nuevo enfoque para enfrentar el problema de las drogas.

Y ese enfoque, lo hemos dicho muchas veces, debe ser el resultado de una discusión rigurosa, basada en evidencias, liderada por expertos y –sobre todo– despojada de prejuicios políticos e ideológicos, porque ese es un tema que inmediatamente genera una polarización. Casi que sin analizar el problema la gente se coloca de un lado o del otro y eso dificulta enormemente el encontrar un consenso.

Y Colombia creo que tiene autoridad moral para participar en esta discusión, por, precisamente, el sacrificio que hemos hecho, por lo que hemos aprendido, por los éxitos que hemos tenido y por eso hemos querido incentivar esta discusión. Y cómo celebro que se esté dando esta discusión hoy aquí en este evento a los 25 años del magnicidio de una persona que quisimos tanto como Luis Carlos Galán.

Hablar de Guerra contra las Drogas –abordar el tema desde la perspectiva de la Guerra– da cuenta del enfoque que se le ha dado a este tema durante tanto tiempo, durante estos 40 años.

Y esta guerra ha dejado miles de muertos, no solamente en Colombia sino en el país, en otros países, y no sé cuántos millones de personas en las cárceles.

Si uno va a Estados Unidos y pregunta cuánta gente hay en la cárcel por cuenta del narcotráfico, la respuesta es bien impresionante.

Por supuesto que el problema mundial de las drogas implica el combate directo. Y en esto las palabras de Alejandro (Santos, Director de la Revista Semana) fueron muy claras, de que Luis Carlos Galán lo que combatía más, lo que más le producía reacción y determinación, eran las organizaciones criminales que se lucran de esa ilegalidad.

Y en Colombia hemos, afortunadamente, aprendido a combatir esas organizaciones. Aunque son organizaciones que tienen un gran poder trasformador, mutan; uno las descabeza y se van desdoblando.

Y hoy en lugar de grandes carteles, de esos todopoderosos, tenemos cientos o miles de cartelitos chiquitos en las diferentes ciudades y pueblos del país, en cierta forma operando con la misma lógica mafiosa, la misma lógica de tratar de controlar el territorio y de tener el negocio del narcotráfico –hoy microtrafico– como una fuente fundamental de su sustento pero se le añaden otro tipo de delitos: la extorsión y demás delitos que van acompañados de ese microtrafico.

Pero la guerra no es un componente aislado. ¿Qué pasa con los campesinos que cultivan hoja de coca y que más que políticas represivas requieren políticas sociales?

Y ahí entra la discusión a tener relevancia.

¿Dónde queda la promoción de una cultura de la legalidad que nos permita superar el “todo vale”, el culto a la mafia y el culto, inclusive, a la violencia?

¿Qué hay de la prevención? ¿De la atención en salud a los consumidores?

Una política integral debe también atacar los nexos entre las drogas y el crimen; debe prevenir la entrada de dinero ilícito a la economía.

Es evidente que cuando hablamos de la guerra contra las drogas estamos dejando de lado muchos elementos para construir una política integral de drogas.

Y parte de la discusión que los expertos y los científicos deben dar es si la descriminalización o la regulación del consumo de drogas van a tener efectos positivos, negativos o neutros.

Todavía esa respuesta no es clara.

Y lo que necesitamos es que –más que una guerra– la lucha contra el problema mundial de las drogas sea la suma de unas medidas inteligentes, prácticas, bien diseñadas y bien ejecutadas, centradas en la gente, y que por supuesto, produzcan mejores resultados que los que hasta ahora hemos alcanzado.

Y en esto también, he dicho de forma muy clara y lo quiero reiterar, Colombia no va a actuar unilateralmente.

El problema de las drogas es global y, como tal, la aplicación de un nuevo enfoque para enfrentarlo debe ser, para que sea efectivo, fruto de un consenso igualmente global.

Por eso en mayo en mayo del año pasado la OEA nos entregó el informe sobre el análisis del problema de las drogas, aquí en las Américas, un documento fruto del mandato que los presidentes le dimos a la OEA en la Cumbre de las Américas que realizamos en Cartagena el año 2012.

Ese mandato ya de por sí era un paso importantísimo, que Gobiernos como el de los Estados Unidos y Canadá aceptaran la discusión; era un paso muy importante y fue un paso muy importante.

Y me complace mucho ver que hoy los espacios de discusión se abrieron a nivel nacional e internacional. Este es uno de ellos.

¿Qué pensábamos y qué seguimos pensando? Cuando digo que el tema tiene que discutirse con datos objetivos, lo digo porque he participado en muchas discusiones donde, como les decía, se polariza inmediatamente.

Y por eso lo que quisimos fue usar una metodología que descubrimos por otras razones, que utilizó Mandela en Suráfrica, para tratar de encontrar comunes denominadores entre sectores polarizados de esta sociedad. Una metodología que puso en marcha en Suráfrica un canadiense y nosotros lo trajimos a Colombia. Hizo un ejercicio aquí en Colombia, ustedes se recordarán el ejercicio Destino Colombia, que si uno lo lee hoy, resulta impresionante lo premonitorio que fue ese ejercicio describiendo lo que iba a suceder en Colombia, porque eso sucedió hace ya muchos años.

Y ese fue el ejercicio que se llevó, se realizó en Panamá. El general (Oscar Naranjo estuvo allá presente en ese ejercicio y muchos expertos a nivel mundial fueron allá. Y el resultado de eso es lo que se está comenzando a discutir en universidades, en centros académicos.

Y eso es lo que estamos promoviendo.

Este año Colombia asumió la Presidencia de la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas.

Ahí lideramos la conformación de un grupo de expertos que van a recomendar alternativas al encarcelamiento de los eslabones más débiles de la cadena del narcotráfico, como decía Maruja (Pachón), que son los campesinos, los consumidores o las “mulas” pequeñas.

Hace un par de años yo me hacía una pregunta que hoy sigue más vigente que nunca, cuando vi que comenzaban a legalizar la marihuana en Estados Unidos: ¿Cómo llegamos donde un campesino aquí en Colombia, en cualquier departamento, en el Cauca y le decimos que hay que meterlo a la cárcel, mientras que en el estado de Colorado o el estado de Washington, allá es totalmente legal fumar marihuana y crecerla inclusive en su propia casa?

Eso es algo que es difícil de explicar.

Y la verdad es que combatir la oferta de drogas ilícitas no es un tema de mano blanda o de mano dura. Yo creo que ya comienza a ser un tema de mano inteligente.

¿Qué sacamos con encarcelar campesinos? Debemos seguir atacando los eslabones más fuertes de la cadena. Y así lo hemos hecho. Y lo seguiremos haciendo, porque en el caso colombiano es una cuestión casi que de seguridad nacional.

Tenemos que secar esa fuente de violencia que nos ha causado tanto daño.

Pero –reitero– hasta tanto no haya un consenso global en torno a un nuevo enfoque de la lucha contra las drogas, nosotros tendremos que mantener esa política de ofensiva hacia esos eslabones más fuertes.

Nuestros resultados, los que le mostramos al mundo, son contundentes, nos citan como ejemplo. Las Bacrim por ejemplo, 42 de sus cabezas están hoy en la cárcel o en una tumba; más de 660 toneladas de cocaína incautadas. Ese ha sido un resultado reciente, eso muestra nuestro compromiso.

Vienen del África, vienen de Centroamérica, vienen de las islas del Caribe, a pedirnos que les entrenemos su gente para la lucha contra el narcotráfico, porque ese problema está creciendo en esas regiones.

También han tenido mucho éxito nuestros esfuerzos en materia de sustitución de cultivos ilícitos, aunque ahí el volumen es importante pero también ese éxito genera unos problemas terribles, porque cada vez el narcotráfico se va más adentro, más profundo, genera más costos ambientes, más difícil de erradicar y eso se vuelve también una especie de bola de nieve negativa.

Y los planes de tratamiento diferenciado para prevenir el consumo, curar la adicción que voluntariamente quiera ser curada, generar mecanismos para mitigar los daños del consumo. Todo eso es parte de lo que tenemos, cada vez, discutir más y poner más en marcha.

Queremos valernos de la mayor y mejor información posible y construir política pública en materia de drogas, y para eso –repito- necesitamos contar con evidencia empírica.

Por eso creamos el Observatorio de Drogas, que recopila y consolida toda la información que hay sobre este tema en el país.

En Colombia, la construcción de una solución conjunta e integral del problema de las drogas ilícitas está también relacionado, muy relacionado, al fin de nuestro conflicto armado.

En mayo pasado alcanzamos con las FARC un acuerdo sobre lo que llamamos el tercer punto de la agenda, que se refiere precisamente a este tema. Y esto fue, de acuerdo a mucha gente, un paso histórico.

La construcción de esa solución conjunta incluye aspectos como la sustitución y erradicación de los cultivos ilícitos. Es decir, las FARC aceptando participar en esta política de reemplazar los cultivos ilícitos por cultivos lícitos, del desminado, de acciones frente al consumo, de acciones frente al propio narcotráfico y compromisos entre los que se encuentra –por parte de ellos y esto es muy importante y así quedó escrito– poner fin a cualquier relación que hayan tenido con este fenómeno.

Queremos traer al adversario, a la contraparte, que se lucra del narcotráfico, a este lado para construir juntos una solución. Y eso sería para nosotros, si llegamos a lograrlo, un paso realmente transcendental. Y no solamente para nosotros –porque así me lo han expresado muchos mandatarios–; para la región y para el mundo, porque, no en vano, Colombia ha sido el primer proveedor de cocaína al mundo durante 30, casi 40 años.

O sea, que estoy convencido de que ha llegado la hora de bajarnos de la bicicleta estática y de comenzar a caminar.

El debate está ya instalado a nivel internacional, ya esto se está promoviendo. Es un debate difícil, es un debate, como les decía, genera muchas pasiones, pero hay que seguirlo promoviendo.

Y queremos fomentarlo y les confieso, sin casarnos con un enfoque particular, porque soy el primero en reconocer que no tengo la respuesta ideal.

Y dicen bueno, ¿cuál es la respuesta ideal?

No la tengo.

Es lo que todos en un ejercicio de información, de inteligencia colectiva, debemos tratar de encontrar. Que puede que no sea la solución ideal, pero que nos mejore frente a lo que hoy tenemos.

Nadie quiere más muertes, la gente no quiere más violencia, no quiere más consumo, no quiere más organizaciones criminales lucrándose del narcotráfico, pero necesitamos ponernos de acuerdo sobre cómo vamos a lograr esos resultados.

El próximo 19 de septiembre la OEA va a realizar una Asamblea Extraordinaria dedicada a este tema, al tema de las drogas en el hemisferio.

El Presidente de Guatemala (Otto Pérez Molina), que estuvo aquí en la posesión, hablamos largamente sobre cómo tenemos que estimular que participe la mayor cantidad de gente posible con todo tipo de ideas, para ver cuáles van recogiendo algunos consensos.

Allá esperamos que los cancilleres puedan comenzar a alcanzar algunos acuerdos para que la región abra nuevas perspectivas.

La discusión avanza en Washington, en el Consejo Permanente, donde hemos abogado también generar consensos en torno a políticas de prevención, del tratamiento del consumo, cimentadas y esto es un elemento importante, cimentadas en el respeto a los Derechos Humanos y enfocadas en la Salud Pública.

Con esos paraguas, por así decirlo, con esos principios, eso también ayuda a ir encontrando caminos.

También promovimos y estamos activamente en la organización de una Asamblea Especial de Naciones Unidas dedicada también al problema de las drogas, que ya está citada para el año 2016.

Lograr buenos resultados en esa Asamblea depende de la disposición de los países a aceptar que las políticas de drogas no pueden continuar sin modificaciones, aceptar que no hemos ganado. Si se parte de esa premisa, entonces podemos tener alguna acción determinada, concreta.

Esperamos que de aquí al año 2016 siga madurando este debate franco, honesto, ojalá constructivo, que muchos países, entre ellos, Colombia, estamos promoviendo aquí en la región y en el mundo entero.

La valentía y la vocación de servicio que tuvo Luis Carlos Galán perdura en la labor de sus hijos, en la valentía de doña Gloria Pachón, en el trabajo de Maruja, ahora desde la Escuela Galán.

Y sea esta la oportunidad, senador tocayo, Juan Manuel Galán, para decirle que vemos con buenos ojos su iniciativa sobre la utilización medicinal y terapéutica de la marihuana.

La entendemos como una medida práctica, compasiva, para reducir el dolor y la ansiedad de los pacientes con enfermedades terminales, pero también como una forma de comenzar a sacar de las manos de los criminales el ser los intermediarios entre el paciente y una sustancia que les va a permitir aliviar su sufrimiento.

Creo que es un paso en la dirección correcta, tiene nuestro respaldo.

También quiero hacerle un reconocimiento a Carlos Fernando Galán, quien como nuestro Secretario de Transparencia en el periodo pasado y actualmente senador y director del partido Cambio Radical, le ha apostado también a la Unidad Nacional en torno a muchos problemas, entre ellos el de las drogas y el de la paz.

Y a Claudio, que desde diversos espacios ha venido trabajando también muy duro por este país, y seguirá trabajando también muy duro por este país.

Que la memoria de Luis Carlos Galán, un liberal en todo el sentido de la palabra, demócrata, que amó entrañablemente a su país, nos ilumine para seguir avanzando hacia una solución al problema de las drogas ilícitas que ojalá elimine la violencia, disminuya o elimine la criminalidad y la corrupción, y se centre en la gente.

Es tal vez el mejor homenaje que le podemos hacer hoy a Luis Carlos Galán.

Muchas gracias.