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 Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en la clausura del 29° Congreso de la Federación Interamericana de la Industria de la Construcción –FIIC–

 ​Medellín, 28 ago (SIG).

 Hace tres semanas, cuando asumí el nuevo mandato como Presidente de Colombia, les presenté a mis compatriotas una visión, un puerto de destino al que les propuse avanzar juntos:

UNA COLOMBIA EN PAZ, UNA COLOMBIA CON EQUIDAD Y UNA COLOMBIA EDUCADA.

Una Colombia en permanente evolución, en permanente desarrollo: en permanente construcción.

Por eso me complació mucho que la Federación escogiera a nuestro país como escenario para desarrollar la discusión académica en torno a una Latinoamérica en construcción.

En nuestro caso específico –y nuestros amigos de Camacol lo saben bien–, si estamos pensando en dar un salto definitivo en materia de paz, equidad y educación, es en buena medida gracias al impulso que le brinda al país el sector de la construcción, en este momento jalonan, lidera actualmente el crecimiento de la economía colombiana.

Nada más en el primer trimestre de este año el sector creció por encima del 17 por ciento.

En ese mismo periodo, la economía colombiana tuvo un crecimiento del 6,4 por ciento –el segundo crecimiento de todo el mundo, después de la China–.

Nuestra meta de crecimiento para este año, para el año 2014, es del 5 por ciento, y esperamos lograrla respaldados, entre otras cosas pero muy importante, con la contribución del sector, de sus subsectores, de edificaciones, y también de obras civiles.

Hablemos brevemente primero de vivienda, un sector fundamental porque hace también realidad nuestra visión de una Colombia en paz, con equidad y mejor educada.

Más hogares con acceso a una vivienda digna, más hogares con servicios públicos de calidad, equivalen a menor déficit habitacional pero también tienen un impacto muy importante en mejorar los índices de pobreza.

En los últimos cuatro años, más de 2 millones y medio de colombianos salieron de la pobreza, más de 1 millón 300 mil salieron de la pobreza extrema.

Y en parte logramos cumplir estas metas, inclusive, sobrepasar las metas, porque convertimos la política de vivienda en uno de los ejes que articula no solo nuestra política económica, sino nuestra política social y nuestra estrategia de superación de la pobreza extrema.

Nosotros tenemos aquí un programa dedicado exclusivamente a combatir la pobreza extrema. Y tal vez, el sector que más impacta positivamente a esas familias para salir de la pobreza extrema es la vivienda, una vivienda digna.

Y por eso digo, que ahí estamos aplicando nuestro principio de crecimiento, pero crecimiento con equidad.

Por eso, en este nuevo periodo, nuestro énfasis es y seguirá siendo la vivienda de interés prioritario y de interés social.

El sector de la construcción es la prueba de que lo estamos haciendo bien, y no solo por las familias que hoy tienen vivienda, sino por aquellos que no tenían y hoy tienen algo que en todo el continente queremos todos los gobernantes, y es producir empleo, trabajo.

En diciembre del año pasado alcanzamos el número más alto de ocupados en el sector: ¡1 millón 400 mil empleos!

Y cuando las cosas van tan bien, uno se pregunta ¿cuál es el reto?

La respuesta obvia es, mantener el rumbo. Mantener el rumbo y si podemos, superar los resultados que hasta ahora hemos obtenido.

Pero el Gobierno no puede hacerlo solo: queremos seguir trabajando hombro a hombro con el sector privado para que juntos podamos cumplir las metas ambiciosas que nos hemos fijado.

En estos cuatro años se inició la construcción de cerca de 900 mil viviendas –100 mil de ellas gratuitas, como creo que aquí ha sido explicado–.

Nuestro nuevo compromiso para los próximos cuatro años, es iniciar la construcción de un millón de viviendas urbanas y 200 mil viviendas rurales, un millón 200 mil viviendas.

Y aquí vamos a aplicar, Sandra (Forero, Presidenta de Camacol)- la Tercera Vía. El mercado hasta donde sea posible, el Estado hasta donde sea necesario.

Las viviendas gratis las vamos a concentrar en aquellos municipios donde los instrumentos de mercado no funcionan. Eso además es lo junto y es lo que hace más factible que esto sea cada vez más exitoso. Y no me parece tan difícil cumplir con el millón y 200 mil.

Ya el Ministro (de Vivienda, Luis Felipe Henao) y el Vicepresidente (de la República, Germán Vargas Lleras), pues para eso los tengo ahí, para que apliquen lo que ya aprendieron durante estos primero cuatro años, que no lo hicieron mal. Entonces, yo creo que vamos a cumplir esa meta.

Ahora bien: el análisis de una Latinoamérica en construcción que propuso la Federación, también abordó los ejes de la infraestructura y el desarrollo urbano.

Y permítanme también brevemente hacer unas consideraciones sobre ellos estos dos puntos:

A veces uno se pregunta si esas “lunas de miel” –como la que atraviesa el sector de la construcción de Colombia en este momento– van a durar.

Y mi respuesta es que sí. No solo llevamos cuatro años, creo que de feliz matrimonio, sino que ahora –por cuenta del salto que nos disponemos a dar en materia de infraestructura– los resultados pueden ser aún mucho mejores.

¿A qué me refiero con esto?

En materia de obras civiles hemos realizado hasta el momento la ampliación de la cobertura y el mejoramiento de la calidad de los servicios de acueducto y alcantarillado en muchas zonas rurales y varios municipios del país.

Esa Revolución del Agua nos ha permitido llevar agua potable a 3 y medio millones de colombianos que hoy ya tienen agua que antes no tenían; y en matera de alcantarillado a 3 millones 800 mil compatriotas más, que antes no tenían ese servicio y que hoy lo tienen.

Pero ahora nos disponemos a dar un enorme salto en materia de infraestructura por cuenta de las 4G, las 4G son las concesiones de Cuarta Generación de Concesiones viales, que constituyen tal vez, ¡el plan de construcción de infraestructura más ambicioso actualmente en América Latina y tal vez del mundo entero!, según muchas publicaciones.

Se trata de 40 proyectos por un valor superior a los 25 mil millones de dólares, que contemplan autopistas, dobles calzadas, túneles, puentes, y que ya comenzaron a adjudicarse.

Tenemos mucho, mucho para aprender de las 18 cámaras de la industria de la construcción agrupadas en la FIIC pero –luego de estos años de éxito y de buenos resultados– tenemos también muchas experiencias positivas para compartir con la región.

Nos falta por supuesto un camino larguísimo por recorrer. Aquí en Colombia nos habíamos atrasado en materia de infraestructura, de vivienda, de todo lo que a ustedes les interesa, pero precisamente lo que estamos haciendo es desatrasarnos.

Pero no hay duda de que Latinoamérica tendrá mucho para aportar en escenarios como por ejemplo esa Tercera Conferencia –querido Alcalde, que usted organizó aquí– de Naciones Unidas sobre Vivienda y Desarrollo Urbano Sostenible, para el año 2016.

Quiero agradecer a la FIIC, en cabeza de su presidente, el doctor Juan Ignacio Silva, por la confianza y el valor que dan al trabajo que venimos realizando en nuestro país.

El impulso que nos brinda la construcción nos va a permitir seguir avanzando hacia nuestra gran meta de erradicar la pobreza extrema de aquí a una década. Esa es una de nuestras metas, de nuestros sueños.

Pero también nos va a permitir consolidar una transformación muy importante que estamos viviendo en este momento aquí en Colombia y es lograr el valor supremo de cualquier sociedad, que cualquier sociedad añora tener: LA PAZ.

Esta es una transformación que pondrá fin a más de medio siglo, medio siglo, 50 años de conflicto armado. Y sin duda, le va a cambiar la cara al país.

En la pasada campaña presidencial le dije a los colombianos “Con paz haremos más”.

No era una frase retórica. Eso es más que cierto.

La paz llevará nuestra economía a niveles de crecimiento nunca antes visto, y nos permitirá evolucionar en todos los frentes prioritarios para consolidar nuestra visión de una Colombia en paz, con equidad y educada.

Quiero aprovechar la presencia de nuestros distinguidos invitados internacionales para explicarles un poco más en detalle, este proceso de paz, que va a tener una repercusión en toda la región.

Visita de la CIDH

Esta mañana estuve reunido con la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Vinieron a entregarle el informe sobre el desarrollo, el progreso en materia de defensa de los Derechos Humanos en Colombia.

Tuvimos la satisfacción de que nos ratificaron el hecho de que ya Colombia dejó de estar en la lista negra de los violadores de los derechos humanos.

Pero hablábamos con su Secretario Ejecutivo que para esa comisión no hay nada más importante como meta, como objetivo de una comisión que está encargada, o que está destinada o cuyo trabajo es defender los derechos humanos, que ayudar a que se resuelva el único conflicto armado que existe hoy en el hemisferio occidental y en la región americana; no latinoamericana, americana. Es el único conflicto armado que subsiste.

Y que eso va a tener una repercusión muy positiva en toda la región.

Proceso de paz, clave para la región

Y quisiera explicarle muy breve mente en qué consiste ese proceso, cómo lo estamos manejando y para dónde vamos, porque infortunadamente por razones de la política, que son comprensibles pero muchas veces muy dañinas, se han generado versiones que nada tienen que ver con la realidad de lo que aquí se está haciendo, de la forma como se está conduciendo este proceso y del impacto que va a tener en el resto de la región, no solamente aquí en Colombia.

Este es un proceso que no ha sido improvisado. Es un proceso que ha sido cuidadosamente planeado desde su comienzo.

Inclusive yo, desde antes de posesionarme como Presidente de la Republica, muchísimo antes ya estaba pensando que este país no podía vivir eternamente en guerra.

No hay sociedad que resista una guerra durante varias generaciones. Eso pocas veces en la historia se ha visto.

Y tuve la suerte de ser Ministro de Defensa Nacional y desde ahí yo estaba pensando en cómo crear las circunstancias para lograr el final de un conflicto de una guerra.

Toda guerra termina en una mesa de negociación, toda guerra a través de la historia ha terminado en una mesa de negociación. Pero para que esa mesa de negociación se dé se requieren las circunstancias adecuadas y una de esas circunstancias era cambiar la correlación de fuerzas y la cultura, la mentalidad, la forma de concebir el futuro. No solamente del Estado colombiano, de los colombianos que están dentro del Estado de Derecho, sino del enemigo, del contrincante, del adversario.

Y ahí pudimos comenzar a crear esas circunstancias. Comenzamos a atacar, no la base sino la cúpula de esa organización. Cambiamos la forma de operar de la inteligencia colombiana, de las fuerzas de Inteligencia de las diferentes armas: la Armada Nacional, el Ejército, la Policía.

Comenzamos a golpear las estructuras en su cabeza, no en su base. Y continuamos un proceso de fortalecimiento de nuestras Fuerzas para cambiar la correlación de Fuerzas Militares, para que esta gente se diera cuenta de que por la vía de la violencia nunca iban a llegar a cumplir sus objetivos.

Y esas circunstancias las logramos. Se cambió esa correlación de fuerzas, se comenzó a golpear a la cabeza de la organización y eso fue lo que, entre otras cosas, nos permitió pensar en iniciar un proceso de conversaciones para ponerle fin al conflicto.

Un proceso que también ha sido cuidadosamente planeado desde un principio. Yo me asesoré –y me sigo asesorando– de expertos internacionales que han tenido experiencia real en negociación de conflictos. Personas que, por ejemplo, estuvieron al frente en la negociación con el IRA en Irlanda, uno de los comandantes del FMLN en El Salvador, hoy profesor de Oxford; un canciller israelí que fue el arquitecto del acuerdo de Camp David entre los palestinos y los israelitas; el hoy gurú de negociaciones de la Universidad de Harvard, entre muchos otros.

Desde el primer día hemos venido planeando cada paso. Para dónde vamos, qué estamos haciendo, qué consecuencias podría tener este paso o este otro.

Y así fue como comenzamos una negociación secreta, en su primera fase, para lograr una agenda clara determinada, que si la cumplimos, si acordamos los puntos de esa agenda, le ponemos fin al conflicto.

Y durante mucho tiempo negociamos esa agenda, que en cualquier negociación de cualquier conflicto es lo más complicado. Negociar sobre qué agenda vamos a discutir y si eso realmente determina el fin del conflicto.

Pues lo logramos. Y lo hicimos público, hace dos años precisamente, en Oslo. Una agenda que tiene cinco puntos y no más.

Un punto que tiene que ver con el desarrollo rural de nuestro país, en donde nos pusimos de acuerdo fácilmente, porque el campo colombiano, debido entre otras cosas a la presencia del conflicto, ha sido abandonado durante décadas, siglos. No llega la inversión y el campo entonces se volvió fuente de pobreza y de desigualdad.

Y si queremos un país en paz, con equidad, con mejor educación, pues tenemos que invertir en el campo.

¿Y qué acordamos con este grupo con el que estamos conversando, con las Farc? Nada diferente a darle más inversión al campo, a llevar más bienes públicos, a llevar más carreteras.

Nosotros todavía tenemos la mitad de este país por conquistar, por desarrollar. No lo hemos hecho precisamente por el conflicto armado.

Entonces eso fue lo que acordamos, nada más. Aquí no estamos expropiando a nadie. Todos los agricultores que están cultivando su tierra legítimamente no tienen por qué preocuparse; todo lo contrario, tienen que estar muy contentos porque va a llegar más inversión al campo.

El segundo punto que acordamos, el punto de participación política. Ahí también lo único que hemos acordado –que ya ese punto también está chuleado–, es profundizar nuestra democracia. Cualquier democracia es un conjunto de instituciones que deben funcionar en armonía y en forma coordinada.

Y toda institución, si quiere mantenerse vigente, tiene que irse modernizando de acuerdo a las circunstancias que el mundo va presentando. Toda institución, toda empresa, si quieren sobrevivir, tienen que evolucionar y modernizarse.

Pues eso es lo que cualquier democracia tiene que hacer permanentemente.

Hace 25 años no existía el celular o no existía el Twitter o no existían las redes sociales. Grupos de presión, grupos de representación política que antes no existían, hoy quieren espacios.

Entonces lo que acordamos no fue nada diferente a una profundización de nuestra democracia, a darle más garantías a la oposición, darle más garantías a la gente que se ha considerado excluida del proceso democrático.

Un tercer punto muy importante, que yo insistí mucho en incluirlo, porque ha sido el combustible de toda la violencia que hemos vivido en este país, y de mucha de la violencia que viven en toda la región, infortunadamente, que es el narcotráfico.

Si logramos que un grupo que ha sido catalogado como un gran cartel de narcotraficantes –ellos sostienen que sí se lucran del negocio, pero no son narcotraficantes, eso es una discusión aparte–, pero si logramos que trabajemos juntos para erradicar el narcotráfico de las faz de Colombia, de la faz del país que ha sido el mayor proveedor de cocaína del mundo en los últimos 30 o 40 años, imagínense lo que eso significa para Colombia y para el mundo.

Y lo logramos. Ya hay un acuerdo sobre ese punto.

Ya hay un acuerdo sobre ese punto, en donde en lugar de estar esta gente con sus francotiradores poniendo minas para que nuestros soldados y policías que van a erradicar la coca se vuelen en pedazos o pierdan sus piernas o los maten francotiradores, ahora vamos a trabajar juntos para erradicar la coca y reemplazarla con productos legales. Y combatir, además, el narcotráfico.

El cuarto punto y el quinto punto tienen que ver con lo que hoy llaman la justicia transicional en las víctimas.

¿Eso qué quiere decir?

Antes existía la posibilidad de esas amnistías, esos indultos. Hoy la comunidad internacional no acepta esas amnistías, esos indultos. Hoy existe lo que se llama la justicia transicional. Y es un conjunto de medidas legales, que le permiten a un país lograr dirimir los conflictos armados pero respetando los derechos de las víctimas.

¿Y cuáles son esos derechos de las víctimas? El derecho a la verdad, el derecho a la reparación, el derecho a la justicia.

Y nosotros por primera vez –y esto es algo que estamos, en cierta forma, haciendo historia, porque en ningún otro país, en ninguna parte del mundo había tomado esa decisión– pusimos las víctimas como el centro de la solución de este conflicto.

¿Para qué? Para que la solución que lográramos obtener sea estable, duradera, la base sea sólida. Si respetamos el derecho de las víctimas y logramos la paz, esa paz va ser sostenible en el tiempo.

Y fue así como ya comenzamos hace unos días la negociación sobre ese punto.

Pero no solo eso, sino que por primera vez, por primera vez en la historia de la resolución de conflictos armados, facilitamos que las víctimas estuvieran sentadas con los actores del conflicto y pudieran expresar sus inquietudes, sus preocupaciones, sus expectativas sobre cómo quieren ellos que sus derechos puedan ser satisfechos. Eso no había pasado nunca.

Las Naciones Unidas, la Alta Comisionada, allá en Ginebra, ha dicho: esto no ha pasado nunca. Qué cosa tan maravillosa que esté sucediendo.

Y eso lo hicimos porque eso le da más solidez a cualquier solución.

Y estamos avanzando.

Y esa primera experiencia de juntar víctimas con victimarios fue una experiencia muy interesante. Las expresiones, curiosamente de las víctimas, en muchos aspectos, se están volviendo mucho más generosas en su capacidad de perdonar y de reconciliarse que las personas que no han sido víctimas.

Uno pensaría que es todo lo contrario. Pero aquí estamos viendo unos ejemplos realmente maravillosos.

Y tenemos que buscar ese punto de equilibrio donde se pueda respetar los derechos de las víctimas, hacer justicia, pero al mismo tiempo lograr la paz.

Y ese es el gran reto que tenemos en ese cuarto punto.

Y el quinto punto de la agenda, no es nada diferente a lo que se negocia en cualquier conflicto armado, lo que llaman DDR, la desmovilización, el desarme y la reintegración de la gente que está en armas a la vida civil.

Y ahí también tomamos una decisión, tomé yo una decisión, algunos la han criticado pero sin ningún sentido: y es mandar a un altísimo oficial en servicio activo a que diera sus opiniones en torno al proceso de desmovilización, de desarme y de reintegración.

Porque ¿quién más que los propios militares que han sido lo que han combatido durante 50 años, para participar en la discusión de cómo se va a deshacer toda esa estructura de guerra y convertirla en un escenario de paz?

Algunos dicen que es una humillación con nuestras Fuerzas Militares. Qué ignorancia sobre la historia.

A través de la historia todos los militares victoriosos han ido a las mesas a decir cómo es que quieren terminar las guerras. Eso dignifica a quien ha venido combatiendo, lo enaltece, darle esa oportunidad

¿Qué tal que hubiera hecho lo contrario? ¿Que algunos burócratas que no tienen ni idea del campo de batalla, de la desmovilización, de cómo operan estas organizaciones, vayan y negocie algo que no funcione?

Entonces ahí se le vendría a uno el mundo encima diciendo y ¿usted por qué no mandó a los militares a negociar ese punto tan crucial?

Y en eso estamos, en esos últimos dos puntos.

El proceso va en la dirección correcta

Este proceso va caminando en la dirección correcta porque lo hemos hecho con seriedad, con responsabilidad, con eficacia y también con dignidad.

Todo proceso de esta naturaleza debe tener una base de dignidad para todas las partes.

Es plantearles el puente de salida digno para cualquier combatiente, cualquier grupo que esté queriendo la paz.

Y en eso estamos.

Lo importante es también comenzar a visualizar los dividendos de esa paz.

Solamente aquí en Colombia se calcula, todos los economistas, que nuestro crecimiento económico puede aumentar en un 2 por ciento por toda la vida. Imagínese lo que eso significaría para Colombia, que en lugar de estar creciendo al 5 por ciento crezcamos al 7.

Entonces vamos a ser un país desarrollado mucho más rápido y vamos a poder tener más recursos para construir más viviendas gratis. Y vamos a tener muchos más recursos para invertir en educación e invertir en la salud.

Somos el único país que no es normal en el continente porque estamos en guerra. Y lo que queremos es simplemente dejarles a nuestros hijos un país normal, un país en paz.

Y por eso vamos a seguir.

Por eso vamos a perseverar. Pero –y lo digo con total convicción– sectores como el de ustedes aportan muchísimo a este proceso. Aportan muchísimo en muchos sentidos.

Por eso, los invito a que sigamos trabajando juntos, porque esta paz también va a tener una repercusión muy positiva en toda la región.

Les hablaba del narcotráfico, pero también tiene otras consecuencias positivas para la región.

Y por eso me pareció como oportuno aprovechar la presencia de ustedes para que se lleven a sus respectivos países lo que realmente está sucediendo en Colombia.

Si logramos esa paz, ahí si como decía el eslogan de mi campaña, haremos muchísimo más.

Muchas gracias.