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 Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en el evento de cierre de Colombia Humanitaria

 ​Bogotá, 29 ago (SIG).

 “Antes de referirme a este importante evento, quisiera destacar una información que acaba de dar el Dane. El Dane acaba de publicar el resultado de desempleo en el mes de julio. Ese resultado es nuevamente muy positivo. El desempleo en julio de 2014 disminuyó del 9,9 al 9,3 por ciento. Eso significa que llevamos 48 meses seguidos bajando la tasa de desempleo, mes tras mes, frente al mismo mes del año anterior.

La tendencia continúa a la baja. Esa es una gran noticia para para Colombia. Hemos sido el país de toda América Latina que, en términos relativos, más empleo ha generado en estos últimos cuatro años en toda la región.

Esta cifra es la más baja para un mes de julio en los últimos 14 años. Quince de 23 ciudades se beneficiaron de un descenso del desempleo. La brecha de la tasa de desempleo de las ciudades con mayor desempleo y con menor desempleo, se viene reduciendo. Eso es algo también muy importante porque va también en consonancia con nuestra filosofía y nuestro pilar de la equidad.

Dicho esto, me refiero al evento que estamos realizando en este momento, muy importante.

Es interesante cómo cambiamos de tema de un día para otro.

Basta ver el portal de noticias: los titulares se suceden minuto a minuto. Una noticia importante es remplazada, rápidamente, por otra de igual o mayor interés.

Un día estamos hablando de la continuidad de Pékerman y al día siguiente el tema es el desarme de las Farc.

Alguien diría: “Por eso es que los colombianos no tenemos memoria”.

Pero no, no se trata de eso. Yo no creo que se trate de qué tanto podemos recordar –o qué tan rápido podemos olvidar–, sino de cuánto queremos SEGUIR ADELANTE.

Los colombianos, por fortuna, gozamos de una magnifica virtud… la virtud de la RESILIENCIA.

La resiliencia es la capacidad humana para enfrentar situaciones límite; para resistir, adaptarse y SOBREPONERSE.

Hace apenas cuatro años empezamos a vivir el PEOR INVIERNO de todos los tiempos en Colombia –y el fenómeno de “La Niña” nos golpeó, no una, sino DOS VECES–.

Para muchos, semejante catástrofe es una noticia del periódico de ayer –e insisto: no por falta de memoria, sino por nuestra voluntad de mirar hacia adelante y seguir caminando–.

Pero hoy vale la pena “releer” ese “viejo periódico”… no para lamentarnos, sino para DIMENSIONAR LA FUERZA Y EL HEROÍSMO de los colombianos… para celebrar que CONVERTIMOS UN DESASTRE EN UNA VICTORIA.

¿Saben a qué equivalen las cerca de 3 millones de hectáreas que quedaron inundadas?... Equivalen a sepultar bajo el agua –en su TOTALIDAD– a Quindío, Risaralda, Caldas, Atlántico, Sucre y Bogotá.

El efecto de semejante inundación no podía ser menor: SIETE DE CADA CIEN COLOMBIANOS resultaron damnificados o seriamente afectados –¡7 DE CADA 100!–.

En más de 1.064 municipios –es decir, EN EL 96 POR CIENTO DE LAS POBLACIONES DEL PAÍS– se presentaron avalanchas y deslizamientos.

Desde el principio no solo supimos que debíamos atender, de manera urgente, a los millones de afectados.

También teníamos la OBLIGACIÓN de evitar que hacia el futuro semejante tragedia volviera a ocurrir.

Desde entonces nuestra determinación fue simple: a partir de semejante emergencia, el país debía quedar MUCHO MEJOR que antes.

No solo se trataba de una urgente necesidad –para atender a los millones de afectados y rehabilitar la infraestructura–.

También debíamos asumir el reto como una gran OPORTUNIDAD para adelantar reformas de fondo y con visión de largo plazo.

Un elemento también muy importante que introdujimos desde un principio debe estar presente siempre en cualquier acción de cualquier Gobierno, LA TRANSPARENCIA Y LA ÉTICA PÚBLICA debían orientar toda la acción institucional.

En primer lugar, nos enfocamos en diseñar e implementar un MARCO NORMATIVO EXCEPCIONAL, que nos permitiera definir la estrategia general de atención y destinar los recursos necesarios para su EJECUCIÓN INMEDIATA.

En todos los estados, no solamente en Colombia, la dificultad para ejecutar es enorme, pero en estos casos una condición necesarísima para ser exitoso es ejecutar inmediatamente.

De allí nació Colombia Humanitaria –una experiencia que no dudo en calificar como exitosa y SIN PRECEDENTES–, destinada a las labores de ayuda humanitaria y rehabilitación.

Logramos un HITO EN MATERIA DE COORDINACIÓN, entre lo nacional y lo local. Aquí veo a muchos de los alcaldes con los que trabajamos. Gracias, alcaldes, porque ustedes hicieron una labor maravillosa.

Aquí esta uno de ellos, el exgobernador y hoy embajador Andrés González. Pero todos los gobernadores trabajaron también. Ese es un ejemplo de coordinación.

También con actores privados, que además fueron muy generosos. Y la comunidad internacional. Ni qué decir de los organismos de socorro, los bomberos, la Defensa Civil, la Cruz Roja. Y por supuesto, nuestros soldados y policías.

Siempre cuando uno iba a cualquier sitio a ver cómo podía ayudar, ahí estaban esos organismos de socorro. Esos héroes de nuestra patria que siempre están presentes en los momentos de dificultades

Fue DESCOMUNAL el trabajo que hicimos en cobertura –con involucramiento activo de la sociedad y de la comunidad internacional– así como el volumen de recursos administrados y la gestión TRANSPARENTE de los mismos. Aquí hay que agradecerles a los organismos de control, que acompañaron todo el proceso, no para entorpecer sino para ayudar a que las cosas se hicieran bien.

De un presupuesto total de 5,3 billones de pesos, SE ASIGNÓ EL 100 POR CIENTO, y las entidades territoriales y nacionales ya han DESEMBOLSADO EL 93 POR CIENTO.

No es una cifra menor, porque los recursos no solo fueron administrados por ministerios y entidades del orden nacional, sino también por 29 gobernaciones y más de 1.000 alcaldías esa prevención a que los alcaldes y alcaldías ejecutaran quedo superada y hay una demostración de que sí pueden y pueden ejecutar bien.

Fue una apuesta –así lo dijimos desde el principio con el doctor Jorge Londoño– por nuestra institucionalidad. Y si encontrábamos obstáculos y dificultades, corregirlas sobre el camino. Y eso sobre un principio básico que debe tener cualquier sociedad: la confianza.

Confiamos en las entidades territoriales, confiamos en la gente, confiamos en todo el aparato del Estado y el aparato privado.

Es cierto que tuvimos percances. Algunas ayudas se perdieron, algunas comunidades presentaron registros falsos de la gente que no había sido afectada y que pasaban como gente afectada. Eso es cierto.

Pero cuando uno ve el panorama global, fue muy pequeño, mínimo, frente a lo que se logró, a lo que efectivamente llegó, a lo que efectivamente se realizó.

Yo me acuerdo que el primer día de mi Gobierno, hace cuatro años, el 8 de agosto, me fui para La Mojana. Y ver a toda esa región totalmente inundada. Y después me iba a otros sitios del país, y lo mismo. EVITAMOS HAMBRUNAS Y EPIDEMIAS. No hubo hambre y evitamos cualquier epidemia. Eso fue muy importante.

Solo quienes están atendiendo la crisis –o padeciéndolas– dimensionan lo que implica GESTIONAR, ORGANIZAR Y DISTRIBUIR MILLONES DE AYUDAS en mercados, kits de aseo, utensilios de cocina, implementos escolares y vacunas.

Como si fuera poco, APROBAMOS 9.000 OBRAS DE REHABILITACIÓN y MITIGACIÓN, la mitad ejecutadas directamente por gobernadores y alcaldes.

Estamos hablando –entre muchas otras cosas– de medio millar de acueductos y alcantarillados, cerca de 2.000 vías, y más de 4.000 sedes educativas rehabilitadas o construidas como espacios temporales.

Qué placer que me da a mí cuando voy a algún municipio y me muestran el colegio rehabilitado, me muestran lo que era antes del desastre, y vemos que son colegios que quedaron mucho mejor de lo que estaban antes.

Incluso fueron intervenidos cinco aeropuertos. Y el Ejército adquirió dos kilómetros de puentes temporales para superar los bloqueos en ciertas zonas. Dos kilómetros de puentes, colocarlos es un trabajo monumental. Gracias, General y gracias a toda su gente, porque realmente lo que hicieron en ese momento fue muy importante.

Y aun cuando la mayoría de ENTIDADES TERRITORIALES solían presentar –antes de la crisis– bajos índices de desempeño o poca capacidad de gestión, HICIERON UN EXCELENTE TRABAJO.

Tanto así que de las casi 4.300 obras de rehabilitación que ejecutaron directamente las administraciones locales, EL 98 POR CIENTO DE ESAS OBRAS YA HOY ESTÁN TERMINADAS.

Eso no es ‘mermelada’. Eso es inversión, inversión en las zonas más afectadas que benefician a la gente más necesitada del país.

Hoy es momento de agradecer:

GRACIAS A TODOS Y CADA UNO DE LOS FUNCIONARIOS que trabajaron sin descanso. Porque fueron muchísimos los que trabajaron. Mucha gente trabajaba sin recibir ninguna remuneración. Decían: ‘Yo quiero ayudar, Presidente, póngame a trabajar’. Qué lindo: una sociedad unida en torno a un propósito. Merecen todo nuestro reconocimiento y gratitud.

Muchas GRACIAS a personas como Everardo Murillo y Rodrigo Zapata, los dos gerentes que tuvo Colombia Humanitaria, y a todo su equipo. También, por supuesto, a la Ministra Cecilia Álvarez, primera directora del Fondo de Adaptación, y a Carmen Arévalo, que también hizo un trabajo maravilloso.

GRACIAS a los que dirigieron este esfuerzo y a los que hicieron parte –generosamente– de los comités directivos de Colombia Humanitaria y el Fondo Nacional de Gestión de Riesgo.

Muy especialmente quiero agradecerle al doctor Jorge Londoño, quien desde el comienzo dejó, ni más ni menos, que la presidencia del Banco de Colombia y se puso al frente de este proyecto.

Y a otros grandes empresarios como Arturo Calle, Luis Carlos Villegas, Manuel Santiago Mejía, Antonio Celia, y –en la última etapa– Carlos Arcesio Paz.

Empresarios que a pesar de sus responsabilidades, de su trabajo, dedicaron trabajo, tiempo y pasión para sacar adelante este proyecto.

GRACIAS A LOS ORGANISMOS DE CONTROL y a las veedurías que, como dije, siempre acompañaron con ánimo constructivo. Me decían: ‘Queremos es ayudar a que las cosas se puedan hacer’. Y fíjense cómo sí se pueden hacer.

GRACIAS A TODOS LOS MIEMBROS E INSTITUCIONES DE LA SOCIEDAD Y DEL SECTOR PRIVADO. Desde que mi señora comenzó a decirles: ‘Ayúdennos’, todos participaron con una gran generosidad.

Se sumaron a esta causa los VOLUNTARIOS y cuerpos de SOCORRO, como los mencioné.

GRACIAS TAMBIÉN A LOS CONTRATISTAS, que cumplieron en su mayoría con las obras.

GRACIAS A CADA COLOMBIANO QUE DONÓ TIEMPO O DINERO para ayudar a sus compatriotas.

MUCHAS GRACIAS A LAS COMUNIDADES AFECTADAS, que se comprometieron en la identificación de sus necesidades y en la ejecución de las obras que requerían.

GRACIAS TAMBIÉN A LA COMUNIDAD INTERNACIONAL –29 países y 10 organismos que hicieron sus valiosos aportes–

Tengo que darle un agradecimiento muy especial a mi señora MARÍA CLEMENCIA, quien puso su corazón y toda su energía para apoyar este trabajo. Y yo sé que cuando ella pone su corazón y su energía en algo, lo saca adelante.

La experiencia que vivimos fue la de una verdadera COLOMBIA HUMANITARIA y hoy cerramos este ciclo con la una gran SATISFACCIÓN, que es de ustedes, DEL DEBER CUMPLIDO.

Hoy, COLOMBIA HUMANITARIA DEJA DE EXISTIR.

La creamos con un propósito y CUMPLIMOS CON ESE PROPÓSITO, por lo que es momento de voltear la página –eso sí– celebrando que esta experiencia nos deja un gran LEGADO.

Porque así lo concebimos: cuántas horas discutimos, doctor Jorge Londoño, sobre cómo íbamos afrontar ese desastre. Creamos una institucionalidad. Creamos una organización para atender el desastre. Pero dejémosle al país un legado, dejémosle una institucionalidad permanente. Por eso aprobamos una ley en el Congreso de la República, donde se creó todo el sistema de gestión de riesgo y el Fondo de Adaptación.

Pero sobre Colombia Humanitaria, desde el principio dijimos: esto tiene que ser temporal, no podemos crear esta institución y dejarla todo el tiempo, sino cerrar el capítulo. Y eso es lo que estamos haciendo hoy.

El doctor Germán Arce va a ser el nuevo Gerente del Fondo de Adaptación, que es el Fondo que queda para mitigar los efectos del cambio climático.

Colombia tiene que ser consciente de que somos uno de los países más vulnerables frente al cambio climático. Infortunadamente así es. Tenemos muchísimos recursos naturales, una gran biodiversidad, pero somos de los países más vulnerables del planeta frente al cambio climático.

Un fenómeno que hasta hace pocos meses mucha gente negaba que realmente existiera. Pero que ya la comunidad internacional, los científicos de Naciones Unidas, después de muchos años, finalmente concluyeron que sí es un fenómeno que existe y que infortunadamente va a continuar, porque el cambio climático está aquí para quedarse.

Entonces vamos a ver, infortunadamente, inviernos más intensos y veranos más intensos. Por eso es tan importante que nos podamos anticipar. No vamos a lograr desaparecer los efectos del cambio climático, pero sí podemos mitigar esos efectos.

Entonces le voy a entregar esta chaqueta que usé durante estos cuatro años en Colombia Humanitaria, doctor Arce, como un símbolo para que usted en el Fondo de Adaptación siga haciendo el trabajo para mitigar los efectos del cambio climático.

Entidades nacionales y locales han salido fortalecidas y HOY SOMOS MEJORES para enfrentar este tipo de emergencias.

Hoy contamos con una nueva Ley, como les dije, de Gestión del Riesgo, y una institucionalidad reestructurada.

Hoy transitamos de la “atención de desastres”, ese es un cambio de mentalidad o de paradigma que hay que entender, hacia la “gestión integral del riesgo”.

El mismo cambio en el lenguaje es muy importante, porque pasar de “atender desastres” a “gestionar el riesgo” indica que nuestros esfuerzos están encaminados a EVITAR LAS TRAGEDIAS, o por lo menos a mitigar los efectos de esas tragedias y no simplemente a reaccionar cuando lleguen.

Proyectos e inversiones monumentales como las que estamos haciendo, por ejemplo, en Cali: un jarillón que está protegiendo a más de un millón de personas de una crecida del río Cauca, que cuando se presente puede dejar a un millón de personas sin casa, sin habitación. Eso se está construyendo hoy, a un costo de 1,2 billones billones de pesos, que se están invirtiendo hoy en ese jarillón.

La gente dice: ‘No me afecta, ¿qué están haciendo?’. Una cosa importantísima: estamos evitando que el día de mañana más de un millón de personas se vean afectadas.

Hoy la Unidad Nacional para la Gestión de Riesgo, creada para coordinar este sistema, empieza también a capitalizar los aprendizajes.

Mucho antes de que llegara esta temporada seca en el Caribe, veníamos tratando de reducir el riesgo, silenciosamente. El doctor Carlos Iván Márquez hizo no sé cuántas reuniones, diciendo: se viene una sequía, hay que comenzar a hacer algo para tratar de mitigar el efecto de esa sequía.

Y se invirtieron más de 150 mil millones de pesos el año pasado. Llegado el momento estuvimos listos para atender a cerca de 120 mil familias con agua y con kits alimentarios.

Ahora: muchas veces de pronto no llegaron a todas las regiones. Estamos aprendiendo. Pero las que sí fueron atendidas, no sufrieron.

Aún no sabemos con certeza el impacto que va a tener el fenómeno, que ahora no es de La Niña sino de El Niño. Pero nuestro compromiso es que hagamos todo lo que esté a nuestro alcance para evitar que alguien pase hambre o tenga sed.

Estamos trabajando no solo en la respuesta inmediata, sino también en la prevención, la mitigación, en la adaptación –por eso se llama Fondo Adaptación–, que se requiere a mediano y largo plazo.

Para eso es el Fondo: para invertir en los grandes proyectos orientados a reconstruir la infraestructura que se destruyó con el Fenómeno de La Niña, pero además para mitigar los fenómenos futuros, mitigar los efectos de los desastres futuros y evitar nuevas crisis humanitarias.

En otras palabras, el Fondo Adaptación es una apuesta de largo plazo para que la infraestructura resista más, para que podamos enfrentar con mejores herramientas inviernos o veranos tan duros como los que tuvimos hace cuatro años.

Estamos hablando también de infraestructura productiva. Estamos hablando de vías, de escuelas, de centros de salud, de acueductos por todo el país.

Y también estamos hablando de viviendas gratis: 58 mil que se están construyendo a través del Fondo Adaptación, aparte de las que estamos construyendo por la vía del Ministerio de Vivienda, que ya se han venido entregando a las familias afectadas. Viviendas que, además, son a prueba del Fenómeno de La Niña.

En total son más de tres mil intervenciones en 31 departamentos y mil municipios que, si sumamos lo de Colombia Humanitaria más lo del Fondo de Adaptación, suman 9,3 billones de pesos. Eso es lo que hemos invertido o estamos invirtiendo.

Semejante presupuesto, para que se hagan una idea, eso equivale a que el Real Madrid comprara 45.800 James Rodríguez. Ese es el presupuesto.

Hay obras de gran importancia, megaproyectos. La reconstrucción de Gramalote es uno de ellos. Ahora me refiero a eso. Lo que estamos haciendo en el Canal del Dique es algo realmente histórico: las consecuencias positivas que va a tener eso. Ya les mencioné el Jarillón de Cali.

Son megaobras que van a tener unos efectos, por décadas hacia adelante, beneficiosos para sus comunidades.

Nuestra prioridad ha sido ser responsables. Por eso hemos adelantado procesos serios y le hemos puesto mucho trabajo a los procesos, bien planeados, bien estructurados. Cuando uno estructura bien un proyecto, el proyecto sale mejor.

Eso es un ejemplo y una lección que hemos podido aprender de esta experiencia.

Uno de estos ejemplos es Gramalote. Saber que un pueblo entero, de la noche a la mañana, un pueblo entero no tiene donde dormir, es por supuesto un desastre, una preocupación diaria. Y les confieso que ha sido tal vez de lo que más me ha quitado el sueño durante los primeros cuatro años de mi Gobierno.

La solución se ha demorado, sí, somos muy conscientes. Son esos casos donde preferimos ser responsables, sobre todo ante las circunstancias que estamos viviendo. Hubiéramos podido perfectamente iniciar la reconstrucción de Gramalote donde inicialmente nos habían dicho que era el sitio.

Pero vean lo que pasó: el sitio de la reconstrucción no era el sitio adecuado. Inicialmente había un sitio que se llamaba Pomarroso. Pero ahí, después de que nos habían dicho que era el sitio adecuado, descubrimos que era un sitio inestable.

Mucha gente dijo: ‘Pero esos estudios qué validez van a tener, allá es donde la gente quiere que se construya, necesitamos urgentemente reconstruir, eso es lo que la gente está pidiendo’.

Y yo dije: ‘No, imagínese el día de mañana, dentro de 30, 50, 100 años, que suceda otra vez lo mismo. ¿Dónde queda la responsabilidad del Estado, de un Presidente de la República?’.

Y dije: ‘Vayan y escojan el sitio que sea adecuado’.

Luego comenzó un ping – pong. Unas comunidades querían en un sitio, otras comunidades querían en otro. Pero ya afortunadamente estamos trabajando en un sitio que se llama Miraflores. Ya hicimos todos los estudios. Es una zona apta para la reconstrucción.

Hemos venido trabajando con la comunidad de Gramalote. El nuevo municipio deben entregarlo a finales del próximo año, reconstruido. Y además me complace decir que toda la comunidad de Gramalote ha venido participando. Los hemos venido consultando el diseño de las casas que, además, por supuesto, todas van a ser gratis. Conocieron las maquetas de la plaza de mercado, de los colegios, del polideportivo.

Todos los diseños, las viviendas, las construcciones, las construcciones públicas, la alcaldía, se han escogido a través de concursos, recibiendo propuestas de los mejores arquitectos de Colombia y seleccionando a las mejores.

¿Qué falta? Que el Concejo apruebe el esquema de ordenamiento territorial, que fue radicado el pasado lunes, y a partir de esa aprobación comienza la construcción de Gramalote.

Hace tres semanas entregamos los diseños definitivos: ya lo que es el acueducto, el alcantarillado, las vías de acceso al pueblo. Eso significa que la Gobernación de Norte de Santander ya puede iniciar la contratación de esas obras.

Lo que siempre hemos querido es que el nuevo Gramalote signifique también una verdadera transformación para sus habitantes, para que ojalá vivan mejor de lo que vivían antes de la tragedia.

Gramalote era un pueblo bellísimo. Cuando yo lo sobrevolé, veía su iglesia y veía los colegios. Era un pueblo que tenía además un carácter especial. Reconstruir eso es casi imposible. Pero lo que queremos es que de todas maneras la gente pueda vivir mejor, ya físicamente, de lo que vivía antes de esta tragedia.

Hoy puedo decirles que, sin lugar a dudas, aquí, en Colombia, la inmensa mayoría de los damnificados hoy están mejor que antes, como Colombia entera: hoy estamos mejor que hace cuatro años. Y con la misma convicción puedo afirmar que mañana estaremos mejor que hoy.

Somos una nación, lo hemos demostrado de todas las formas, somos una nación valiente y que ve de frente las adversidades. Somos un país decidido, que asume desafíos. Somos una Colombia que se hace más fuerte cuando es solidaria.

Hoy, aunque cerramos un ciclo, no dejaremos de ser esa Colombia Humanitaria que probamos ser. Una Colombia resiliente, que mira al futuro y sigue hacia adelante. Una Colombia que será, como estoy seguro, todos queremos: un país en paz, con equidad y mejor educado. Muchas gracias”.