Este es el sitio de la Presidencia Agosto 2014 - Diciembre 2015 - última actualización 10 de diciembre de 2015
Skip Navigation LinksPresidencia > Noticias > 2014 > Diciembre > Palabras del Presidente de la República, Juan Manuel Santos, en la instalación del LXXX Congreso Nacional de Cafeteros

 Sistema Informativo del Gobierno

SIG

 

 Palabras del Presidente de la República, Juan Manuel Santos, en la instalación del LXXX Congreso Nacional de Cafeteros

 Bogotá, 3 dic (SIG).

Cuando escuchaba de Santiago Echavarría haciendo los anuncios de cómo se iba a proceder en este Congreso, recordaba mi primer Congreso Cafetero, el primero al que asistí.

Fue en diciembre de 1972, hace 42 años. No era este el escenario. Estaba la Federación allá en la Avenida Jiménez. Estaba de gerente el doctor Arturo Gómez Jaramillo. Estaba de subgerente el padre del doctor Mauricio Cárdenas, el doctor Jorge Cárdenas Gutiérrez. Y el puesto de María Aparicio lo ocupaba Hernando Galindo.

Recuerdo muy bien que yo tenía en este momento 21 años. Y desde ese momento, don Arturo Gómez Jaramillo, que fue para mí como un segundo padre, me cogió de la mano como a un hijo y me enseñó todo lo que tenía que saber sobre café, todo el proceso, desde el almácigo hasta la taza de café.

Me llevó por cada etapa y me fue enseñando la comercialización, en esa época estaban los contratos especiales, los mercados de futuro, me envió a Londres a la Organización Internacional del Café, donde se determinaba el precio y el futuro del café. Desde entonces, desde los 21 años, el café ha sido para mí una parte fundamental de mi vida y de mi corazón.

Pero no me voy a remontar a hace 42 años. Voy a remontarme a hace cuatro años, cuando los cafeteros de Colombia y mi Gobierno nos pusimos de acuerdo en una sola palabra, en una sola meta, en una sola dirección, la denominamos la PROSPERIDAD CAFETERA.

Suscribimos un Acuerdo para lograrla y hoy podemos decir, cuatro años más tarde, con satisfacción, que en el tiempo transcurrido hemos logrado muchas de las metas, y que hemos transitado de una situación realmente precaria –acuérdense ustedes hace cuatro años la situación del café, la ola invernal– a un momento de recuperación como el que vivimos hoy.

En todo este proceso, el Gobierno Nacional –y lo digo con afecto y también con orgullo– ha estado como ningún otro al lado de los cafeteros, apoyándolos y dándoles una mano oportuna cuando ha sido necesario.

Desde un inicio estuvimos presentes para escucharlos y apoyarlos, y hoy podemos decir que estamos mejor, mucho mejor que hace 4 años, cuando se inició mi primer periodo presidencial.

CAÍDA EN PRECIOS Y RESPUESTA

Al llegar a la presidencia en el año 2010, me encontré con una producción de café tal vez la más baja en los últimos 36 años, cuando al cierre del 2009 la cosecha cafetera fue inferior a los 8 millones de sacos. Eso lo teníamos que corregir. Les dije a los cafeteros: no puede continuar esa tendencia decreciente.

Por eso la estrategia del Gobierno se enfocó hacia la reactivación de este sector. Por eso fue que celebramos el Acuerdo con los mismos productores.

Un acuerdo que tenía como eje central la recuperación de la producción, a través de la renovación de los cafetales, la productividad misma de los cafetales y el apoyo a diferentes programas de investigación de la Federación –Cenicafé, que cumple un papel importantísimo, y me uno a la felicitación que aquí se propuso a Cenicafé por el premio que se ganó en este año–, apoyo a la asistencia técnica, apoyo y mejoramiento, que siempre tiene que estar presente, porque los mercados van evolucionando en la comercialización, en el valor agregado y, por supuesto, en el consumo interno.

Posteriormente, en el año 2013, ustedes son testigos de la caída vertiginosa que sufrió el precio del café. Y por supuesto, llevó a los cafeteros a expresar sus angustias, sus preocupaciones.

Y no fue para mí algo nuevo. El café ha vivido ciclos toda la vida. Yo digo que los ciclos cafeteros y los ciclos económicos son como la muerte y los impuestos: inevitables.

A comienzos de este siglo, cuando yo era Ministro de Hacienda, ya me había enfrentado a una situación parecida, ante la cual promoví una serie de herramientas que les permitieron a los cafeteros afrontar momentos de crisis muy difíciles.

En el año 2001 pusimos en marcha el AGC –Apoyo Gubernamental a la Caficultura–, con el fin precisamente de darles a los productores el apoyo necesario para salir adelante.

En esa época me criticaron muchísimo, porque fue la primera vez que un ministro de Hacienda acudía al tesoro público, al presupuesto nacional, desde la época de don Esteban Jaramillo, para ayudar a los cafeteros. Me llovieron críticas de todos lados. Que qué precedente tan nefasto, que cómo iba yo a hacer semejante locura.

Yo les respondí a esos críticos de ese momento, que no entendían la importancia del café para la economía colombiana. El tejido social que la Federación de Cafeteros y los cafeteros han venido, con mucho esfuerzo, creando en todas esas zonas cafeteras, eso era algo que no podíamos simplemente desechar de la noche a la mañana. Inclusive contra la voluntad de muchos de mis colegas de gobierno, nos impusimos y aprobamos el AGC. Históricamente podemos decir que teníamos la razón.

También se destinaron recursos importantes para apoyar los programas y servicios, como lo hicimos ahora, que tenía en ese momento la Federación y el Fondo Nacional del Café.

Y si lo hice como Ministro… ¡cómo no lo iba a hacer como Presidente!

Por eso la respuesta del Gobierno se hizo sentir mucho más en esta oportunidad. Y se hizo sentir no solo con promesas o palmaditas en la espalda, como suele suceder, sino con recursos de presupuesto, recursos que nunca antes había tenido el sector cafetero de parte de ninguna administración.

Desde 2010 hasta 2014 hemos entregado apoyos a los caficultores por más de 2 billones y medio de pesos.

De ellos, los programas más relevantes por su cuantía han sido por supuesto el PIC, el llamado PIC, Protección al Ingreso del Caficultor, con recursos entregados por cerca de 1 billón y medio de pesos.

Ahí también me llovieron todo tipo de críticas. Que por qué todo para los cafeteros. Que por qué no les dábamos recursos a otros gremios. Que por qué estábamos distorsionando tanto las prioridades del reparto del presupuesto. Algunos me decían que yo cedí, que fui débil, que cedí ante las presiones. No. Esa fue una decisión deliberada, pensada.

En ese momento, además, se venía una recesión. La economía se estaba desacelerando. Con el Ministro de Hacienda diseñamos el llamado PIPE. Parte de ese PIPE era precisamente inyectarle a la economía recursos para que la economía se reactivara.

La mejor reforma –y así lo he aprendido en estos 42 años–, para tener un efecto rápido e inmediato, es a través del ingreso cafetero, que tiene un factor multiplicador rápido y contundente.

Y así fue, porque el PIPE reversó esa tendencia de la economía, que iba a capa caída a principios del año pasado, y creo que lo que hicimos fue lo correcto.

Pero no solamente aprobamos el PIC, sino también a través del Incentivo de Capitalización Rural (ICR) otorgamos créditos por cerca de medio billón de pesos adicionales con subsidio.

¿Qué logramos con esto? Ustedes lo saben mejor que nadie. Logramos mantener el ingreso de los productores y continuar promoviendo la productividad del área cultivada.

El crédito también ha sido un motor fundamental para la renovación, para reactivación de la caficultura.

En el mismo periodo hemos desembolsado más de 2,7 billones de pesos en créditos de Finagro, que han llegado a los productores gracias al respaldo del Gobierno a través del Fondo Agropecuario de Garantías por un valor de 1,7 billones.

No más sumando apoyos y créditos, estamos hablando de 5,2 billones de pesos desembolsados a los cafeteros de Colombia, que equivalen al presupuesto actual de todo el sector agropecuario, que es el más alto de la historia. Estamos triplicando el presupuesto agropecuario frente a lo que teníamos anteriormente. Y a los cafeteros les hemos desembolsado una cifra similar a todo ese presupuesto.

Yo les pregunto a ustedes, amigos cafeteros, y quisiera que me respondieran con franqueza: ¿cuándo antes en la historia de la caficultura colombiana, en los 87 años que lleva esta Federación, había mostrado un gobierno tal nivel de compromiso con este sector tan importante para la economía? ¿Cuándo antes un presidente de la República se la había jugado tanto por los cafeteros de Colombia?

Afortunadamente para los caficultores y el país en general las cosas se están dando, como dicen popularmente. Las estrellas se están alineando. Y esas estrellas alineadas no son un resultado fortuito. Es el resultado de la puesta en marcha de políticas específicas por parte del Gobierno, en concertación con la Federación de Cafeteros.

Lo que acordamos en ese Acuerdo para la Prosperidad es lo que estamos cosechando hoy. Uno siembra y después cosecha. Y también, por supuesto, es producto de la tenacidad de ustedes, de los cafeteros, que saben también aguantar los ciclos y aguantar las épocas de vacas flacas.

Un buen ingreso es el resultado también de la recuperación de los precios a nivel internacional, por fortuna. No vamos a reclamar ningún crédito por eso. Pero el aumento de la producción, que es parte muy importante del ingreso cafetero, sí lo es.

De no haber sido por el plan de renovación de cafetales y de estos programas de créditos y garantías del Estado, que dieron lugar a la renovación de más de 300 mil hectáreas, en reemplazo de cafetales viejos e improductivos, que estaban mucho más susceptibles a la roya y a todas las dificultades que tienen los cafetales, la producción de Colombia estaría hoy –todos los cálculos así lo demuestran–, por debajo de los 6 millones de sacos. O sea, menos de la mitad de lo que hoy estamos produciendo.

Pero hoy gracias precisamente a esas políticas y a la tenacidad de ustedes y a esas ayudas, la producción que estamos viendo está superando los 12 millones de sacos: 12,2 mencionó el señor gerente.

Colombia puede aspirar todavía a mucho más. Eso es lo que creo que debemos tratar de hacer. Podemos llegar a los 14 millones de sacos en el corto plazo. Si hemos logrado recuperar ese nivel de producción, podemos seguir aumentando nuestra producción.

Gracias a lo anterior, gracias a una tasa de cambio que se ha venido incrementando hasta superar la barrera de los 2.200 pesos por dólar –inclusive ayer o antes de ayer tocó los 2.300– y gracias también a una cotización internacional que está cercana a los 2 dólares (debido, entre otras cosas, a dificultades en otros sitios, Brasil sobre todo, que ha tenido una cosecha muy baja), hoy podemos decir que el ingreso cafetero, como lo mencionó el señor gerente, este año va a llegar a su nivel más alto en la historia reciente del país: cinco billones y medio de pesos.

O sea, nos enfrentamos, por fin, al mejor escenario posible: buena producción, buenos precios internacionales y una buena tasa de cambio para los cafeteros.

Esto hay que decirlo: la tasa de cambio no ha subido por simple inercia. Aunque, por supuesto, tiene que ver con la baja del petróleo. Pero también al esfuerzo que han hecho el Gobierno y el Banco de la República en estos últimos dos años para evitar una mayor revaluación.

Cuántas divisas no hemos comprado para ir sosteniendo la tasa de cambio, a un costo fiscal. A todos estos cálculos que tenemos, doctor Cárdenas, podemos a agregarle el costo fiscal para el Gobierno de mantener la tasa de cambio. Es un costo alto.

Pero, por fortuna, todo se ha venido dando. Los caficultores, la institucionalidad cafetera y el Gobierno hemos trabajado fuertemente para vencer las dificultades. Creo que hoy podemos decir con orgullo que lo hemos logrado.

Pero ahora tenemos que hacer mucho más. No podemos sentarnos sobre los laureles.

FEDERACIÓN DE CAFETEROS: EJEMPLO DE DEMOCRACIA

Y hoy quiero destacar el papel de la Federación, que es un verdadero modelo para el posconflicto, donde un inmenso número de pequeños productores logra organizarse a través de una entidad respetada y respetable.

Siempre he dicho que si algo aprendí en mis años de trabajo con los cafeteros desde Londres, fue el valor de la democracia gremial y el valor de la concertación. Y así sigue siendo.

La Federación tiene una larga historia de más de 87 años como entidad modelo a escala internacional. Y lo he repetido también muchísimas veces: qué orgullo como colombiano, a través de todos estos años, ver cómo la Federación siempre ha sido un referente internacional.

Cuando estaba en Londres, luego cuando regresé al país, misiones de todas partes del mundo venían a observar cómo era que teníamos ese esquema cafetero que producía tan buenos resultados aquí en Colombia. Eso es producto de la institucionalidad cafetera, de la Federación de Cafeteros.

Lecciones ejemplares que ha dado también en materia de participación democrática a nivel local, regional y nacional.

Las recientes elecciones cafeteras con una votación de 252 mil productores –una participación de dos terceras partes de los productores del grano– dan fe de lo que estoy diciendo.

Las elecciones de este –con más de 15 mil candidatos, ¡un verdadero récord!– nos indican el interés creciente por participar en las principales instancias de decisión del gremio cafetero.

¡Y qué bueno ver a tantos jóvenes y mujeres interesados en el futuro del sector!

Adicionalmente, las voces que anteriormente habían criticado las políticas del gremio, también encontraron cabida dentro de la nueva dirigencia, lo que es señal de una democracia viva y sana, donde se abren paso opiniones de todas las vertientes.

El hecho de que se hubiera presentado una renovación cercana al 50 por ciento de la dirigencia cafetera muestra un interés claro de los productores por la actividad misma y por sacar adelante nuevas ideas.

LOS DESAFÍOS

Por supuesto, no podemos desconocer que, aun en estos buenos tiempos –y sobre todo ahora–, subsisten muchos desafíos. Tenemos siempre que estar previendo el futuro.

Los desafíos para la caficultura colombiana ha sido, son y seguirán siendo numerosos y diversos. Yo me voy a limitar a hacer alusión a algunos de ellos.

Uno de los grandes desafíos que tenemos es la productividad de la caficultura, que es fundamental para mantener la rentabilidad del negocio, es decir, para poder subsistir.

Hay que ser muy innovadores para mantener altos estándares de productividad, para lo cual es imperioso mantener una estructura de edades de las plantaciones adecuadas, mediante un ritmo de renovaciones por siembra y soca que asegure que el esfuerzo de los últimos años se mantenga en el tiempo.

No podemos simplemente hacer una renovación por una sola vez, porque se van es envejeciendo y vuelve la productividad a disminuir.

Es decir: ¡no podemos detenernos en el esfuerzo de renovación que tan buenos resultados nos está dando!

Es fundamental, también, encontrar nuevas formas de proteger el ingreso de los productores.

El Gobierno Nacional viene impulsando decididamente el seguro agropecuario. Vamos a acabar este año con el doble de área cosechada asegurada, frente al año pasado, pero nos falta todavía mucho camino por recorrer.

Ahora esperamos que los esfuerzos que se vienen dando desde hace más de un año para sacar adelante el seguro climático cafetero, den sus frutos gracias a la estrecha colaboración entre la Federación de Cafeteros, el Ministerio de Agricultura, Finagro y el BID.

Aquí nosotros también podemos ser innovadores a nivel mundial. Podemos ser ejemplo, porque todo el mundo está discutiendo sobre ese mismo tema: cómo protegernos del cambio climático, de las consecuencias del cambio climático. Este modelo puede servir de guía también para el resto del sector agropecuario, porque el cambio climático nos va a afectar a todos, a los cafeteros y al resto del sector agropecuario.

Será un paso fundamental como estrategia de adaptación que estamos tratando de poner en marcha en todos los sectores frente a este fenómeno, que en el mundo se ha venido subestimando, de que nosotros hasta ahora estamos tomando conciencia, pero que va a ser uno de los grandes desafíos del mundo y de Colombia hacia el futuro.

Tenemos que hacer avances en investigación en el desarrollo de nuevas variedades. Y los invito también a que en este Congreso se sienten a discutir algunas fórmulas de ahorro.

En este momento el ingreso cafetero está a un nivel alto pero, como les decía, los ciclos cafeteros y los ciclos económicos son inexorables. Debemos prepararnos, y ese fue el espíritu con el que se creó el Fondo Nacional del Café, ver qué mecanismos podemos utilizar ya, hoy, para ir ahorrando, previendo que en el día de mañana esta situación pueda cambiar. Que no tengamos que acudir a medidas improvisadas y a medidas sacadas de cubilete a última hora, que generalmente no dan los resultados.

Sobre el cambio climático, por ejemplo, podría resultar para algunos contradictorio, pero hoy los cafeteros de Colombia y los agricultores de Colombia y todos los colombianos, a pesar de las épocas de lluvia y la cantidad de lluvia que ha caído, hay que prepararnos para las sequías que vienen el año entrante. Ahorrar agua desde ya, porque se viene un fenómeno de El Niño, aparentemente no tan severo como se preveía, pero se va a venir, y tenemos que prepararnos para eso y en esa forma mitigar los efectos de ese fenómeno.

Debemos avanzar, por otro lado, en el posicionamiento de nuestro café como un producto con valor agregado cada vez más elaborado. Que el mercado lo distinga de otros orígenes y que provea un mejor ingreso para los caficultores. Ya algunos lo están haciendo con mucho éxito, además.

Nuestro café debe contar con reconocimiento en nuevos mercados. Ser más agresivos en esos nuevos mercados. Los países en desarrollo que están sacando gente de la pobreza a una velocidad muy interesante, parte del atractivo de Colombia, los inversionistas extranjeros que han llegado a Colombia han llegado por ese factor.

Colombia es un país con una población joven que está sacando gente de la pobreza y al mismo tiempo creciendo. Eso no es un ejemplo que se dé en todas partes. Son pocos los países que tienen esa característica. Y por eso vienen los inversionistas a decir: queremos aprovechar ese aumento en el mercado. Lo mismo tenemos que hacer nosotros para poder aprovechar en aquellos países y aquellos mercados donde se presente esa oportunidad, para poder generar más ventas y a mejor precio.

Colombia es líder en la producción de cafés especiales, y esta línea de trabajo hay que continuarla, pues estos cafés son la punta de lanza para promocionar el resto del grano colombiano.

Y no solo pensemos en el exterior. Colombia es un país con una cultura de producción pero, en términos relativos, con bajo consumo de café. Ustedes lo saben mejor que yo. Aquí podemos tener una política más agresiva para estimular el consumo interno. Lo ha hecho el Brasil, además con mucho éxito.

Tenemos entonces la oportunidad histórica de albergar pensamientos de avanzada, de gran imaginación e innovación, que brinden nuevas rutas para la industria cafetera colombiana y en general para toda la agricultura del país.

Hace un par de semanas estaba reunida en Roma la ‘Cumbre del Hambre’. Allá intervino el Santo Padre. Nuestro querido Embajador ante la Santa Sede conoce muy bien. Nuestro antiguo Embajador y futuro Embajador. Allá estaba el Santo Padre.

¿Cuál fue la conclusión de esa cumbre? El Santo Padre fue porque estaba preocupado, porque todo lo que nos indican las tendencias mundiales es que el mundo va a sufrir hambre, porque no hay suficiente producción de alimentos para suplir esa demanda. Los chinos crecen todos los días, los indios crecen todos los días, en Indonesia crecen a un ritmo que no hay capacidad para producir alimentos.

¿Qué países tienen esa capacidad para convertirse en pequeñas despensas del mundo? Pocos. La FAO dice que 7 u 8. Uno de ellos es Colombia, uno de esos países. Ahí hay una oportunidad de oro para poder aprovechar estas oportunidades.

El Gobierno Nacional ha convocado, pensando en eso y pensando también en el posconflicto y todo lo que debemos desatrasarnos en materia de desarrollo agropecuario, de desarrollo rural, ha convocado una Misión Rural para que nos ayude a repensar el camino a seguir para el sector rural y agropecuario colombiano, y sé que ustedes están atentos a sus conclusiones, pues ustedes son el componente más importante del sector agropecuario colombiano.

Pero en el caso la caficultura también convocamos, como lo hice cuando fui Ministro de Hacienda, una Misión exclusivamente para evaluar el caso de este sector.

Esa misión la conformamos con unos investigadores totalmente independientes, que cuentan con reconocimiento académico en sus diferentes actividades. Es gente de gran trayectoria y de diversos orígenes: hay productores, exportadores, hay representantes de la institucionalidad, la Dignidad Cafetera, historiadores, economistas, expertos en medio ambiente y expertos en mercadeo. Están dando esas recomendaciones.

Estas recomendaciones deberán recibirse como unas recomendaciones para estudio. A mí siempre me gusta que nos den ideas y las evaluamos. Y dentro del espíritu de la concertación, vamos viendo cuáles son atractivas y cuáles son desechables. No todas las ideas son buenas y no todas las buenas ideas son aplicables. En unos casos sí y en otros casos no.

Pero lo importante es esta institución que ha sido tan importante. ¿Cuántos gremios llevan 87 años? ¿Cuántas federaciones de cafeteros tenemos? Una. Y si queremos que se mantenga, toda institución tiene que acoplarse a las nuevas circunstancias, tiene que renovarse, tiene que ir adaptándose a unas nuevas condiciones. Y eso se hace a través de estudios como estos.

El mundo ha cambiado. Yo me acuerdo cuando el doctor Arturo Gómez Jaramillo me enseñaba de café, cómo operaba el mercado mundial, cómo operaban los compradores, la General Foods, Nestlé. Eso es muy diferente a como operan hoy, muy diferente. Los cafés especiales no existían, no existía el twitter, no existía el celular, era un mundo diferente.

Uno tiene que irse adaptando a esas nuevas circunstancias. Y si quiere sobrevivir en un producto que es tan tradicional, como el café, tenemos que estar dos pasos adelante, no dos pasos atrás.

Por eso estas sugerencias les confieso que las conozco muy por encima. No he tenido el tiempo, ni me han presentado el resultado de ese estudio, pero lo que les he dicho al doctor Luis Genaro, al Ministro de Hacienda y al Ministro de Agricultura: cuando se reciba ese estudio –creo que ya le hicieron una presentación al Comité Nacional–, pues vamos a discutirlo.

Esa y otras ideas. Vamos a ver qué viene con la Misión Rural, siempre con el objetivo de mantener relevante la caficultura, de mantenerla productiva y siempre pensando en el ingreso de los cafeteros y en el bienestar del cafetero. Esa siempre tiene que ser nuestra guía y nuestro principio.

Porque no podemos olvidar –y no olvidamos– que la caficultura es estratégica para el país. El tejido social del que hablaba nuestro querido Presidente del Congreso, ese tejido social hay que defenderlo con todo lo que tenemos, y no solamente los caficultores, todos los colombianos.

Yo hice mi tesis de grado en la universidad sobre la relación entre caficultura, la propiedad del café y la democracia. Desde ese entonces, par de años antes de entrar a la Federación, ya estaba yo muy compenetrado con la importancia del tejido social que han venido creando, con gran cuidado y gran esfuerzo, los caficultores aquí en Colombia, y eso lo debemos tener muy en cuenta.

El café promueve la estabilidad social y es referente también para todo el sector agropecuario, y además la caficultura será, además, será una pieza clave para el posconflicto en Colombia y para la consolidación de la paz.

Por eso debemos repensar cómo estamos haciendo las cosas y dónde se encuentran los espacios para mejorar, para brindar mayor bienestar a las familias cafeteras y al campo.

De manera que muchas gracias a la Federación, a los cafeteros de todas las regiones, y a usted, doctor Luis Genaro, por acompañar y respaldar los esfuerzos de paz que estamos haciendo desde el Gobierno.

Si algún sector sabe de construcción de paz, si algún sector sabe de acompañar al país a superar momentos difíciles, ese es el sector cafetero, y no esperábamos menos de ustedes.

Tengan la certeza de que seguiremos trabajando –con seriedad, responsabilidad y prudencia– para lograr el fin del conflicto y asegurar, así, la paz en nuestro campo. Esa paz que nos permitirá florecer y prosperar aún más.

Esa paz que hará de Colombia nuevamente la tierra del café, la tierra de la esperanza, la tierra que soñaron y nos heredaron nuestros abuelos, y que nosotros dejaremos con orgullo a nuestros hijos.

Muchas gracias.