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 Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en la ceremonia de ascensos de oficiales de la Policía Nacional

 Bogotá, 6 dic (SIG).

Nuevamente nos encontramos en este espléndido campo de paradas, para una ceremonia de ascenso de tres nuevos mayores generales y de un nuevo brigadier general.

Muchas felicitaciones a los mayores generales José Ángel Mendoza, Rodrigo González y José Vicente Segura, y al nuevo brigadier general Jorge Luis Ramírez. A ellos, a sus señoras.

Me comentaba el señor Comandante de las Fuerzas Militares, general (Juan Pablo) Rodríguez, que eso no lo hacían en el Ejército, pero lo hacen en la Policía. Que ahora a los ascensos a generales, van los generales en compañía de sus señoras.

Y yo decía me parece una buena costumbre. Parte de esos soles  pertenecen a las señoras. Las señoras han estado al lado de esos generales ahí si como dicen en las duras y en las maduras. Sufren.

O sea que esas grandes señoras de estos nuevos generales, o generales ascendidos, pueden sentirse también muy orgullosas. Y para ellas y para todas sus familias va nuestro agradecimiento y nuestra felicitación.

Les decía a los generales, nuevos generales, que asistieron y que van a ser ascendidos, y asistieron a la ceremonia de graduación de la Escuela Superior de Guerra, que los generales deben tener una serie de valores especiales. Unos valores que no son de ahora, que vienen desde los héroes de nuestra independencia.

Unos valores que siempre deben estar presentes en quienes asumen posiciones de altísima responsabilidad de nuestras Fuerzas Armadas. La responsabilidad, la lealtad, la determinación, la valentía; todos esos valores y principios que inculcan también en las escuelas de formación, como esta en la que estamos hoy celebrando esta ceremonia.

Y esos principios y esos valores son principalmente importantes en estos momentos de nuestra historia nacional.

Estamos viviendo un momento histórico. Ustedes saben perfectamente cómo estamos ante la posibilidad de ponerle fin a una guerra que hemos librado por más de 50 años.

Y si esa paz llega –lo he dicho muchas veces– es gracias al esfuerzo de nuestras Fuerzas Armadas, gracias a su sacrificio, a su contundencia, a sus resultados.

No de otra forma estaría el enemigo sentado allá en La Habana buscando la paz. Porque la alternativa, si no fuera por esos resultados de nuestras Fuerzas, es que continuaran en esa absurda guerra, creyendo que por las armas pueden lograr algunos de sus objetivos.

O sea que el agradecimiento a nuestras Fuerzas por lo que se ha logrado es infinito.

Pero aquí no termina el esfuerzo. Si hay paz, el esfuerzo continúa y en cierta forma se multiplica, porque sin seguridad no puede haber paz.

El esfuerzo se multiplica porque el papel de nuestras Fuerzas Armadas, y muy particularmente de la Policía, va a ser un papel determinante para que esa paz sea sostenible y duradera.

Tendremos que diseñar esquemas –y ya se están diseñando– para darles seguridad a aquellas comunidades que han vivido en las zonas de conflicto siempre amenazadas, siempre con miedo.

Las regiones que han sido golpeadas, aquellos agricultores, aquellos granaderos, aquellas comunidades que han sido desplazadas, a todas ellas hay que darles esa confianza y esa seguridad. A algunos para que retornen y otros para que vivan la normalidad, vivan con tranquilidad.

Hay que multiplicar la seguridad en las ciudades. Ese es otro aspecto fundamental para que este ambiente de paz sea un ambiente que realmente pueda trascender las zonas de conflicto y pueda ser internalizado en los hogares, en los colegios, en las comunidades.

Y para que eso sea posible, es necesario que la gente sienta cada vez más que están seguros.

Y ahí, a estos señores generales y a la Policía en general, y a las Fuerzas Armadas, en general también, les queremos pedir más. Más resultados, más esfuerzos.

La población tiene que ver que estamos haciendo esfuerzos aún mayores a los que ellos nos están reclamando. Solo así vamos a poder cambiar esa percepción de inseguridad en muchas de las ciudades de nuestro territorio.

Hoy, por ejemplo, comienza el fin de semana de las velitas.

Qué bueno sería, general (Rodolfo) Palomino (Director de la Policía Nacional), que hiciéramos un esfuerzo especial para controlar el uso responsable y aplicar la prohibición del uso de la pólvora, para que ningún niño –ningún niño más– sea víctima del uso irresponsable de la pólvora.

Veía esta mañana en algún medio de comunicación que ya llevamos 36 niños quemados.

Tenemos que redoblar los esfuerzos. Lo mismo en estas épocas navideñas –como lo hemos dicho tantas veces–, aplicar con más rigor los controles para que la gente no combine el trago con el timón, el alcohol con la gasolina. Ahí nos evitaremos también muchos problemas.

Si la gente ve que esos controles se están aplicando, les da esa sensación de seguridad que están reclamando.

Como lo dije también en una ocasión anterior hace algunos días, queremos ver Ministro (de Defensa, Juan Carlos Pinzón) y general Rodríguez, a toda la Fuerza Pública desplegada por todo el territorio dándole tranquilidad a la gente.

El solo ver a un policía, a un soldado, en una carretera, en algún sitio religioso, en algún sitio turístico, eso también contribuye ¡y de qué forma! a dar la sensación de seguridad.

Y otra seguridad que tenemos que comenzar a discutir es la seguridad, inclusive para quienes dejen las armas y se reincorporen a la vida civil. Porque de eso se trata este proceso de paz. Que dejen las armas los que están haciendo política con armas y se reincorporen a la vida civil.

¿Y quién es el responsable de la seguridad?

Pues nuestras Fuerzas Armadas, que deben ejercer el monopolio del uso de las armas, que es una inmensa responsabilidad. Pero sólo son nuestras Fuerzas Armadas quien debe de tener esa responsabilidad.

Por eso lo que estamos buscando no es nada diferente a eliminar para siempre la violencia de nuestra democracia y garantizar la vida y la integridad de todos los colombianos. Y esa seguirá siendo nuestra tarea principal.

Por otro lado, tenemos que hablar nuevamente de un tema que yo sé que ha sido preocupación de nuestras Fuerzas, y que he sido reiterativo en darles tranquilidad pero todavía existen algunas dudas, y es qué va a pasar en materia de justicia una vez venga la paz.

En materia de justicia, lo hemos dicho muchas veces. En primer lugar –y en esto hay que ser claros– la inmensa mayoría de nuestros hombres y mujeres no están incursos en ningún tipo de conducta ilegal. Por eso no puede ser que vivan con el temor de que los acusen indebidamente o que algo les va a pasar.

La inmensa mayoría de los miembros de nuestras Fuerzas Armadas no tienen ningún tipo de problema, no tienen por qué tener ningún tipo de temor.

Y tenemos que encontrar esa fórmula sensata de darle cierre definitivo, para que no existan tampoco dudas hacia el futuro en cuanto a la seguridad jurídica de los miembros de nuestras Fuerzas.

Ahí quiero una vez más explicar por qué el Marco Jurídico para la Paz es el camino más idóneo, el camino más efectivo para lograr ese objetivo.

Quienes por algún motivo hayan tenido problemas con la justicia o tengan problemas con la justicia, el tratamiento que se les va a dar –y eso también vuelvo a repetirlo una vez más– no va a ser un tratamiento diferente a los beneficios que nos van a permitir lograr la paz en nuestras conversaciones con la guerrilla.

Es decir, no vamos a permitir que si a los enemigos se les da algún beneficio político, que esos beneficios no se transfieran a nuestra Fuerza Pública.

Y para que esos beneficios se transfieran a nuestra Fuerza Pública, la aplicación del Marco Jurídico para la Paz es el camino apropiado. No es a través de la Justicia Penal Militar, que no tiene la capacidad constitucional y legal para reducir penas; es a través de la Justicia transicional, que está contemplada dentro de nuestra Constitución, porque ya fue aprobada, ratificada por nuestra Corte Constitucional.

Eso es lo que va a dar una total tranquilidad a los miembros de nuestras Fuerzas Militares y a nuestra Policía.

De manera que, ahí tengan ustedes la absoluta seguridad que estaremos pendientes durante todo este proceso para que el cierre definitivo sea un cierre que deje con total tranquilidad a los miembros de nuestras fuerzas.

Yo no voy a permitir que las guerrillas tengan un tratamiento especial, sin que al mismo tiempo haya un tratamiento análogo, de acuerdo con sus niveles de responsabilidad, para los agentes del Estado.

Y otro aspecto que quisiera volver a reiterar, s se ha dicho muchas veces. Aquí hay una gran diferencia con otros procesos de cierre jurídico en situaciones de conflicto armado y en la participación de las Fuerzas Armadas.

No es el mismo caso con los países latinoamericanos de hace 20 o 30 años, sobre todo las dictaduras de los países del sur o algunos países centroamericanos.

Nuestras Fuerzas Armadas –y esto es muy, muy importante de tener en cuenta– siempre han operado en desarrollo de un mandato constitucional, en defensa de un ordenamiento legal y constitucional, y bajo las órdenes de autoridades civiles.

Esto es muy diferente a otros casos que a veces tratan de comparar y esto tiene un peso específico muy importante en el momento de la valoración y del cierre definitivo en la parte jurídica hacia el futuro, por parte de nuestras propias cortes y las cortes internacionales.

Por eso no hay que temer a la hora de poder reconocer nuestros errores. Yo mismo los he reconocido en varias oportunidades. Y no porque me lo ordena una corte, sino porque es mi responsabilidad como dirigente, como Presidente de la República. Lo hice como Ministro de Defensa.

Y ahí lo que está en juego y lo importante, es la legitimidad con que han venido operando nuestras Fuerzas Armadas. Y eso tampoco puede nunca olvidarse y este es un factor también muy importante que estará presente en todo este proceso.

Por eso quería darles como ese parte de tranquilidad nuevamente, y así lo seguiré haciendo, para que no exista la más mínima duda en cuanto a la posición mía y del Gobierno, frente a este proceso de paz y el resultado que vamos nosotros a obtener, sobre todo en materia jurídica, para los miembros de nuestras fuerzas armadas.

Y otra cosa para recordarles. Ahora que veía yo a las señoras al lado de los generales: esta paz nos va  a exigir, nos va a exigir mucho. Va a ser costosa en recursos y costosa en esfuerzos.

Pero también nos va a transformar –para bien– y va a transformar a las Fuerzas Armadas para bien.

¡Cuántas familias, cuántas horas que han podido pasar nuestros soldados de tierra mar y aire, nuestros policías, nuestros suboficiales, nuestros oficiales, con sus familias, han sido sacrificadas por la guerra!

¡Cuántas horas, cuántos días, cuántos meses, cuántos años, han sido sacrificados por la guerra que podrían haber invertido en estar en el hogar, estar con sus seres queridos!

¡Cuántos oficiales no han  vivido lejos de sus familias mucho tiempo por estar en esta guerra!

¡A cuántos no les ha tocado renunciar a sus estudios, a especializaciones, a capacitarse aún más para prepararse el día que tengan que retirarse por la guerra!

Todo eso es lo que se nos abre a las Fuerzas Militares, a la Policía, como una oportunidad. Esto también va a transformar la vida de cada uno de los miembros de las instituciones armadas para bien.

Y tenemos desde ya que irnos preparando. Y en materia de bienestar también estamos haciendo los preparativos, hemos adelantado algunas de las inversiones y acciones, pero nos falta mucho tiempo por recorrer y desde ya estamos preparando ese terreno para que podamos ver ese país normal con ojos realmente esperanzadores y optimistas.

De manera que, felicitando a estos cuatro generales y sus familias y saludando nuevamente con toda la gratitud, todo el aprecio, todo el respeto que el pueblo colombiano tiene por sus Fuerzas Armadas. Que se expresó, además, de una forma muy bonita en el Congreso de la República hace unos días cuando se autorizaron los ascensos de los generales.

Ahí hubo una especie de homenaje que la inmensa mayoría del Congreso de la República, representando al pueblo colombiano, les hicieron a nuestros generales y también a todos los miembros de nuestras las Fuerzas.

Esa es la expresión de un país que quiere a sus Fuerzas Armadas, un país que las respeta. Y ese respeto y ese amor que siente la gente también hay que cultivarlo todos los días, cultivarlo haciendo mayores esfuerzos, cultivarlo también haciendo sacrificios internos y haciendo un trabajo de trasparencia interna para que esa legitimidad, ese amor y ese aprecio se puedan mantener en forma indefinida.

Hemos visto algunos eventos que para nada contribuyen a ese objetivo.

El hecho absurdo y hasta ridículo del robo de unas armas a la Policía, creo que fue el día de ayer o antes de ayer.

El hecho triste, desgarrador, de un traidor que colaboró para que atacaran el puesto de Policía y asesinaran a un teniente en Gorgona, miembro de la Policía.

Son hechos que no tienen por qué presentarse.

Por eso también, general Rodolfo Palomino y las Fuerzas Armadas en general, les he dicho y les reitero: fortalezcamos nuestra contrainteligencia, fortalezcamos los procedimientos de los controles internos.

Siempre habrá manzanas podridas en instituciones tan grandes como nuestras son nuestras Fuerzas Armadas. Pero las propias instituciones tienen que ser las más severas, las más disciplinadas, las más rigurosas en el cumplimiento y defensa de los valores de que yo les hablaba al principio.

Por eso ahí también hay que hacer un esfuerzo importante para mantener esa legitimidad que es la legitimidad que produce el respeto, la admiración y la gratitud del pueblo colombiano.

Muchas gracias.