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 Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en la Ceremonia de Ascensos de la Armada Nacional

 ​Cartagena, 6 dic (SIG).

Nos encontramos aquí en este nuevo campo de paradas. Nunca habíamos hecho un ascenso –y yo llevo varios– en este campo de paradas.

Es un evento que se hace todos los años ascendiendo a nuestros generales, almirantes y graduando alféreces, tenientes de corbeta, tenientes, para que ingresen a ese cuerpo élite de la sociedad colombiana que es ser oficial de nuestras Fuerzas Armadas.

Es un cuerpo élite porque ser oficial de la Armada Nacional, de nuestro Ejército, de la Fuerza Aérea, de nuestra Policía, es un privilegio, conlleva una inmensa responsabilidad, es un inmenso honor.

Por eso qué bueno, qué bueno estar aquí para felicitarlos a todos los nuevos subtenientes, tenientes de corbeta, como hemos venido felicitando a los nuevos tenientes de las diferentes Fuerzas que han ascendido el día de hoy.

Al igual que a los nuevos almirantes, en este caso un almirante, el almirante (Henry John) Blain, a quien conozco muy bien, porque fue mi primer Jefe de la Casa Militar; a los nuevos contralmirantes, vicealmirantes y al nuevo brigadier general de la Infantería de Marina.

Estos oficiales, tanto los altos como los nuevos que ingresan a ese grupo élite de oficiales de la Armada Nacional, van a ser testigos de una transición histórica para Colombia. Una transición de una guerra que llevamos 50 años y Dios mediante podamos decir que vamos a conquistar esa paz.

Esa paz que es la victoria para nuestras Fuerzas Armadas. Para cualquier soldado de tierra, mar y aires, para cualquier policía, aquí o en cualquier lugar del mundo, la paz es la victoria. Es su victoria.

Una paz que va a producir muchos cambios. Y una paz que se va a lograr gracias al esfuerzo de todos y cada uno de ustedes, al esfuerzo de nuestros héroes de la Patria, los miembros de nuestras Fuerzas Armadas.

Si no hubiese sido por su tenacidad, por su coraje, por su determinación, por su valentía, no estaríamos hablando de esa posibilidad de paz, después de 50 años de guerra.

Por eso es gracias a sus esfuerzos que podemos tener esa posibilidad de lograr esa transición.

Pero si la logramos, los esfuerzos no cesan. Todo lo contrario, tendremos que continuar para proteger esa paz, para proteger el país de la inseguridad.

Los tiempos van cambiando y sin duda alguna habrá cambios en nuestras Fuerzas Militares, en nuestra Policía. Pero cambios para bien. Cambios que vamos a decidir nosotros, no en La Habana. Y cambios para fortalecer  nuestras Fuerzas,  porque vamos a necesitarlas.

En todos los ríos de Colombia, en los dos mares que tenemos, en todo ese territorio que ha sido golpeado por el conflicto ¡y de qué forma!, para llevarles seguridad a los campesinos desplazados, a los agricultores, a los ganaderos. Ahí se va a requerir un esfuerzo enorme.

Para llevarles más seguridad a los ciudadanos en las ciudades, en las ciudades capitales, señores alcaldes, y de todos los pueblos y ciudades de Colombia. Ahí vamos a necesitar concentrar nuestros esfuerzos, nuestras energías, porque la ciudadanía eso es lo que espera, que si viene la paz, que nuestra Fuerza Pública se concentre en darles tranquilidad, normalidad, seguridad, a nuestros ciudadanos. Y este será un gran reto.

Todos los días tenemos que ir avanzando y tenemos que estar siempre a la vanguardia de los delincuentes, de quienes quieren traerle inseguridad a las ciudades y al campo.

Aquí en Cartagena, por ejemplo, en esta semana se han abatido cinco delincuentes que se enfrentaron a la Policía y han resultado muertos.

Esa contundencia, coronel (Carlos) Rodríguez (Comandante de la Policía Metropolitana de Cartagena); general (Rodolfo) Palomino (Director de la Policía Nacional), es la que yo necesito en todas partes de Colombia para que la delincuencia se dé cuenta que aquí nuestra Fuerza Pública no va a titubear para defender la seguridad de los ciudadanos.

Tendremos también que darles seguridad inclusive a aquellos que dejan las armas y que van  reincorporarse a la vida civil. Porque de eso se trata esta paz. De que el monopolio de las armas lo tengan exclusivamente los miembros de nuestras Fuerzas Armadas y como tal, se responsabilicen de la seguridad de todo el territorio nacional en todos los ciudadanos.

Esa paz va a traer mucha tranquilidad a la ciudadanía en general pero también a los miembros de nuestras Fuerzas.

Sé que hay inquietudes, preocupaciones, sobre qué va a pasar, por ejemplo, en materia judicial.

Quiero aprovechar esta oportunidad para repetir y reiterar una serie de mensajes en ese sentido, para disipar cualquier duda.

En primer lugar, la inmensa mayoría de nuestros hombres y mujeres no están incursos en ningún tipo de conducta ilegal.

No puede ser que vivan con el temor de que en cualquier momento tengan que poner en riesgo su patrimonio para pagar un abogado o para viajar permanente a hacer diligencias en Bogotá.

Tenemos que encontrar una fórmula sensata de cierre definitivo, para que quienes nada tuvieron que ver con violaciones e infracciones. Y eso no va ser difícil; eso será una realidad.

En segunda medida, se promovió el Marco Jurídico para la Paz, que es hoy una norma constitucional avalada por la propia Corte (Constitucional) y que establece que cualquier fórmula de justicia transicional que se vaya a aplicar debe incluir también a los miembros de nuestra Fuerza Pública y a los agentes del Estado en general que hayan cometido delitos con ocasiones del conflicto armado.

En tercer lugar, la terminación del conflicto requiere que haya una salida con seguridad jurídica para todo el mundo. Por eso mismo abre una oportunidad para encontrar la solución con garantías de seguridad jurídica para todos.

Ese Marco Jurídico para la Paz establece que los miembros de la Fuerza Pública y agentes del Estado que hayan incurrido en delitos con ocasión del conflicto armado puedan tener un tratamiento penal especial.

Ese es el camino para los beneficios que van a recibir los miembros de nuestra Fuerza Pública que por algún motivo hayan tenido algún problema por causa de este conflicto.

Y estamos trabajando en una fórmula que hará parte de un modelo integral y conjunto de justicia transicional.

Porque quiero que nuevamente escuchen estas palabras, las graben porque esto va a ser así: Por ningún motivo voy a permitir que las guerrillas tengan un tratamiento especial sin que al mismo tiempo haya un tratamiento análogo, de acuerdo con sus niveles de responsabilidad, para nuestra Fuerza Pública, para los agentes del Estado.

Y algo también muy importante, que se le olvida a mucha gente: el Marco Jurídico para la Paz establece los casos y condiciones en los que proceda este tratamiento penal especial.

No es a través de la Justicia Penal Militar; es a través de la justicia transicional como se pueden convertir en realidad los beneficios y que esos beneficios tengan certidumbre jurídica.

Y también hay algo que se les olvida a muchos analistas o algunos que les gusta preocupar a cierta gente usando ejemplos de otros países que nos son aplicables a Colombia. No podemos olvidar que nuestras Fuerzas Armadas, en estos años de guerra han operado en desarrollo de un mandato constitucional, en defensa de un ordenamiento legal, de una democracia, de un ordenamiento constitucional y  bajo las órdenes de las autoridades civiles.

Eso tiene un peso específico especial. No nos pueden comparar a los casos, por ejemplo, de los países del Cono Sur y lo que ha sucedido con esos acuerdos que después fueron ignorados, porque esas situaciones son distintas.

De manera que en ese sentido, los miembros de nuestra Fuerza Pública pueden sentirse absolutamente tranquilos que cualquier solución de este conflicto los tendrá en cuenta y de forma especial para que no se vuelva a repetir que los miembros de las Fuerzas Armadas resulten castigados y los miembros  del enemigo resulten beneficiados. ¡Eso no lo voy a permitir!

Y lo que estamos haciendo es prepararnos para el futuro.

Esta Escuela, que fue mi escuela, mi alma máter, que quiero entrañablemente  quiero convertirla –lo he dicho varias veces, este campo de paradas es uno de esos avances–, quiero convertirla en la mejor Escuela Naval de toda América Latina.

Quiero que todas las Fuerzas, todas, se conviertan en un centro de excelencia, también académica.

Por ejemplo quisiera, señores comandantes, señor Ministro (de Defensa) que la Escuela Naval y las demás escuelas resultaran, como universidades, acreditadas antes de que termine mi mandato, para que la excelencia académica aquí en la Almirante Padilla y en las demás escuelas, sea el ejemplo, sea lo que todo el mundo admira. Para que el capital humano que estamos graduando, que ya de por sí es un capital humano extraordinario, porque sé que los subtenientes y tenientes de corbeta que acabamos de graduar les enseñaron durante los años aquí en la Escuela esos principios, esos valores que tanto ayudan a cualquier persona en cualquier situación de la vida.

Nunca olviden, queridos oficiales, nuevos oficiales, esto que les han enseñado aquí en la Escuela. Yo nunca lo he olvidado. Y aprendí muchas cosas; aprendí la disciplina, aprendí el amor a mi institución, hicieron multiplicar mi amor por la Patria, aprendí a respetar, aprendí el trabajo en equipo. A veces con zanahoria y a veces con garrote.

Por aquí tengo y lo acabo de saludar con cariño, porque le tengo un entrañable cariño, a quien fue mi comandante de batallón, en esa época, de Infantería de Marina, el capitán (Carlos) Duque, luego Comandante de la Infantería de Marina, general Duque, quien hoy puede decir que, creo que ha hecho historia, porque es el único capitán de Infantería de Marina que ha enviado a un Presidente de la República al calabozo. Tres días de calabozo por indisciplinado, por no seguir las reglas. Y eso, mi querido capitán o general Duque, me ha servido toda la vida.

La vida militar es una vida llena de sacrificios. No hay cómo agradecerles a los miembros de nuestras Fuerzas.

Y a sus familias. Por eso la felicitación de hoy se extiende a las familias. El apoyo de las familias, el sacrificio de las familias, es enorme. Y por eso es tan importante preservar ese núcleo familiar y que las familias se sientan partícipes de todo lo que hacen sus miembros familiares cuando están en las Fuerzas Militares.

Venimos de graduar a los nuevos oficiales de la Fuerza Aérea. Y allá le dimos una condecoración póstuma al último oficial que murió en servicio activo de la Fuerza Aérea, al teniente Torres, hijo de Miguel Torres, que está aquí presente hoy. Ahí está Miguel.

Y le decía yo en Cali: no hay palabras que Colombia le pueda decir que sean suficientes para agradecerles a usted y a tantos padres y madres que han entregado la vida de sus hijos por el bien de la Patria. Gracias, Miguel.

Esta escuela y todas las escuelas seguirán formando oficiales hacia el futuro. Oficiales que van a pertenecer a unas Fuerzas Armadas modernas, que van a participar en misiones de paz alrededor del mundo. Porque ya, ya están pidiendo a nuestros soldados de tierra, de mar, de aire, a nuestros policías, para que hagan presencia en otras partes.

Yo les he dicho: todavía no. Cuando logremos la paz.

¿Y por qué los están pidiendo?

Porque se han excedido en su valor, en sus resultados. Tenemos hoy en día –y me siento muy orgulloso de poder decir eso– las mejores Fuerzas Armadas de nuestra historia. Tenemos el mejor Ejército, la mejor Fuerza Aérea, y no me cabe la menor duda que tenemos la mejor Armada de nuestra historia.

Nunca habíamos tenido tantos buques. Nunca nuestra Armada ha estado con tanto prestigio. Nunca ha dado tan buenos resultados. Hace dos horas –me acaban de informar– incautaron más de una tonelada de cocaína, cerca a Tumaco (Nariño). Dan resultados todos los días.

Nuestras Fuerzas igual. Dieron de baja a 3 miembros de la guerrilla; 2 del Eln, uno de las Farc. También en el día de hoy.

Todos los días dan resultados. Y por eso el mundo entero está considerando a las Fuerzas Armadas de Colombia como una de las mejores del planeta. Y eso nos debe enorgullecer a todos los colombianos. Y por fortuna los colombianos tienen muy en alto el nombre de nuestras Fuerzas.

En todas las encuestas, salen ustedes, queridos soldados, queridos oficiales, queridos suboficiales, como la institución más apreciada por todos los ciudadanos colombianos. Un activo que se han ganado con el sudor de su frente, con su sacrificio. Pero un activo que hay que mantener, porque eso es lo que da la legitimidad y la legitimidad es la base del éxito de cualquier Fuerza Pública.

De manera que muchas felicitaciones a los recién graduados y muchas felicitaciones a los contralmirantes, vicealmirante y almirante recién ascendidos, y al brigadier general. A ustedes y a sus familias.

Quiero terminar estas palabras recordando un escrito del general (Álvaro) Valencia Tovar. Esta mañana graduamos el contingente de alféreces como subtenientes del Ejército y se le puso a ese contingente el nombre del general Álvaro Valencia Tovar. Gran señor, gran amigo, gran pensador, amante como pocos de su institución militar, de su Ejército.

Y decía el: ‘Pasará el tiempo pero las dianas victoriosas y el redoble de los tambores seguirán resonando al compás del corazón”.

Diciendo que si un hombre de armas se despoja de su uniforme y deja los aceros, su alma, su mente, su espíritu siguen apresados en el iris sagrado que un día juró defender. Que siempre rendimos la limpia espada ante sus colores y que en ellos seguiremos viendo la majestad de la República.

Ustedes, queridos oficiales, están llamados a mantener sus valores castrenses por el resto de sus días. Porque las dianas y los tambores no dejarán de resonar al compás de sus corazones.

Así mismo el resto de los ciudadanos tenemos el deber de rendirles homenaje y guardarles gratitud por siempre, porque a su valentía y a su valentía debemos la seguridad de nuestro pueblo. Porque de su valentía seguiremos necesitando para la consolidación de la paz.

A ustedes, oficiales recién graduados, a los nuevos contralmirantes, vicealmirante, almirante, brigadier general, les deseo los mejores logros y realizaciones. Su tarea es grande y su misión es noble.

Y quiero terminar con esa hermosa estrofa que es la que yo considero la más linda de todos los himnos de nuestras Fuerzas Militares, de nuestras Fuerzas Armadas. El de la Armada, que dice: por eso canto cuando navego, poco me importa la tempestad, siempre me alumbran mis dos luceros, el de mi Patria y el de mi hogar.

Muchas gracias.