Este es el sitio de la Presidencia Agosto 2014 - Diciembre 2015 - última actualización 10 de diciembre de 2015
Skip Navigation LinksPresidencia > Noticias > 2014 > Diciembre > Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en la entrega de la Orden Boyacá, en grado de Gran Cruz, a Roberto Gerlein Echeverría

 Sistema Informativo del Gobierno

SIG

 

 Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en la entrega de la Orden Boyacá, en grado de Gran Cruz, a Roberto Gerlein Echeverría

 ​Bogotaá, 16 dic (SIG).

Hace dos años el senador Roberto Gerlein fue condecorado en el Congreso y dijo, con algo de inquietud, que este tipo de homenajes le sonaban un poco a “minuto de silencio”.

Despreocúpese, senador Gerlein, porque lo de hoy es una celebración, no solo para hacerle un justo reconocimiento –por tantas contribuciones hechas al país–, sino también para felicitarlo por seguir tan vigente en la política nacional.

Y digo “vigente” porque usted –después de 46 años en el Congreso de la República– sigue volando alto.

Basta ver los resultados de las últimas elecciones parlamentarias… Entre centenares de candidatos, consiguió la quinta mayor votación en todo el país –y eso, teniendo en cuenta que la mayoría de sus votantes son del Atlántico, un departamento tradicionalmente liberal–.

Su permanencia en la política no solo debe hacerlo sentir orgulloso a usted y a su familia, sino también a sus copartidarios, al Congreso, a la Costa Caribe y al país entero.

Los conservadores no dudan en calificarlo como un “patriarca”, y con toda razón: Roberto Gerlein pertenece al conservatismo desde el mismo día que ingresó a la política –hace casi 51 años–, un día de enero de 1964.

Fue en ese entonces cuando un grupo de laureanistas le pidió encabezar una lista al Concejo de Barranquilla y desde aquel momento no ha dejado de trabajar por su ciudad, por su departamento, por el Caribe y por Colombia.

Fue embajador ante las Naciones Unidas, representante a la Cámara por el departamento del Atlántico, y gobernador del mismo, además de ministro de Desarrollo Económico en el gobierno de Belisario Betancur.

Como legislador, impulsó importantes iniciativas, entre otras, la Ley General de Pesca y Acuicultura, y la reforma que consagró a la educación como un derecho fundamental. ¡Nada menos!

Pero, sobre todo, diría que su actividad parlamentaria ha estado fuertemente marcada por dos convicciones:

Una es la descentralización; el empoderamiento regional.

El senador Gerlein, por ejemplo, fue figura clave en la aprobación –hace casi 30 años– de la reforma que estableció la elección popular de alcaldes.

Igualmente, junto a Víctor Renán Barco, presentó uno de los más serios y juiciosos estatutos de descentralización fiscal –a mediados de los 80– y más recientemente tuvo un papel importante en la Ley que creó el Fondo de Compensación y Equidad Regional.

Su interés ha sido el de promover nuevos mecanismos para darle mayor autonomía a los territorios y, en especial, al Caribe.

De otra parte, la segunda convicción –que ha marcado fuertemente su  trabajo legislativo– ha sido la familia.

El senador Gerlein ha sido autor de leyes que reconocieron los derechos herenciales de los hijos extramatrimoniales y adoptivos, así como los derechos de las compañeras permanentes –entre ellos el de la pensión sustituta–.

Y ha tenido una especial devoción por la mujer, como eje de la familia y de la sociedad colombiana.

Es apenas lógico en un hombre que tiene una hija única –Alexandra–; que no se despega de su esposa –Lydia–, y que carga siempre en su solapa una medalla de la Virgen de Fátima.

Por eso, a nadie debe extrañarle que el senador Gerlein participe en actos simbólicos para rechazar la violencia contra la mujer… ni siquiera si eso significa pintarse los labios de un sugestivo color rojo…

Con semejante bagaje, estoy seguro de que Roberto Gerlein no solo es considerado un patriarca entre los conservadores, sino también entre sus demás colegas.

Les voy a leer unas palabras que dijo en el Senado –en el mismo homenaje del que hablé al principio–:

“A quienes dentro de dos años vuelvan a esta corporación, les quiero decir una cosa para que tengan éxito en sus deliberaciones: que aprendan a ser humildes, pacientes y tolerantes… que dejen el orgullo y la vanidad en la casa, antes de concurrir al Senado o a la Cámara”.

Qué sabias palabras, senador Gerlein, y qué afortunado es el Congreso al contar con su consejo y su experiencia.

Allí se le escucha. Cuando usted hace uso de la palabra inmediatamente se recupera el silencio en el hemiciclo del Senado.

Y dicen que no hay quien se atreva a interrumpirlo, no solo por el respeto que inspira, sino porque su oratoria resulta tan fascinante como seria y bien argumentada.

Sus palabras –su cadencia– tienen el poder de la persuasión, y en varias ocasiones ha bastado una intervención suya para hacer cambiar a sus colegas de parecer… y lo digo con conocimiento de causa, porque en el Gobierno también hemos “padecido” el poder de su verbo.

Hace poco más de tres años, cuando ya había sido aprobado en primer debate el proyecto de ley para quitarle tres ceros al peso, el senador Gerlein pidió la palabra y en 15 minutos convenció a la mayoría de archivar la iniciativa.

Yo espero que la próxima vez, senador Gerlein, seamos nosotros los que lo “fascinemos” a usted con nuestros argumentos, para que nos dé una mano con sus colegas –de pronto llevamos a Alejandra Borrero para que lo convenza–.

Es que es mejor tenerlo de este lado, para aprovechar su talento a la hora de persuadir.

Lo bueno es que contamos con usted para hacer pedagogía de uno de los esfuerzos más trascendentales que estamos haciendo: el de acabar con esta guerra de medio siglo.

El senador Gerlein ha sido un defensor de las negociaciones en La Habana porque entiende, sencillamente, que NO TIENE SENTIDO QUE NOS SIGAMOS MATANDO ENTRE HIJOS DE UNA MISMA NACIÓN.

Permítanme citar algunas de sus palabras al respecto, dirigidas a sus copartidarios:

“Por muchos discursos que hagamos, la violencia sigue. No se detiene. ¿Cuál puede ser la razón para que alguno de nosotros diga que le desagrada un camino de paz conversado, un camino de paz que tiene obligadamente que terminar en la entrega de las armas de la guerrilla y en un compromiso de una justicia transicional?…

No me asusta que se firme una paz que debe ser ratificada por nosotros los colombianos…. No hay que temerle a la paz. A mí me asustan más las balas. No nos opongamos como partido, porque le estamos dando una salida decente a la violencia en Colombia”.

Le agradezco esa pedagogía, Senador, y me parece muy acertada la explicación sencilla que usted hace sobre los acuerdos a los que estamos llegando en la Habana: no es más que la dejación de armas  a cambio de una justicia de transición ofrecida por el Estado.

Sobre todo –como bien dice–, es “una salida decente” a la violencia en nuestro país.

Por eso mismo me complace que lo sigamos teniendo en el Congreso, aportando su experiencia, su sabiduría y su oratoria.

Como Presidente, me honra entregarle la Orden de Boyacá –la más alta condecoración de la patria– a este insigne barranquillero, abogado javeriano, hombre de familia, caribe como el que más, y trabajador incansable por el bien de su región y de Colombia.

Hablando de Barranquilla acabo de recibir a la nueva Reina del Carnaval (Cristina Felfle) y me trajo la sorpresa que es la primera vez en la historia que una reina tiene a su madre como exreina y a su abuela como exreina.

Y hace  poco, senador Gerlein, usted regresó a su labor legislativa –tras recuperarse de unos quebrantos de salud– y dijo con voz firme que “habrá Gerlein para rato”.

Esa es una buena noticia para todos, incluyendo por supuesto este Gobierno.

Tendremos “buen viento y buena mar” –y llegaremos a nuestro puerto de destino– mientras existan personas como Roberto Gerlein: comprometidas con la equidad, la educación y la paz de Colombia.