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 Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en el conversatorio del Departamento Nacional de Planeación (DNP)

 ​Bogotá, 16 dic (SIG)

Les confieso que me colé en esta reunión. Estaba con Mauricio Rodríguez en una reunión familiar el sábado, el domingo, y hablamos sobre (Thomas) Piketty, le dije: el libro (El Capital en el siglo XXI) me lo estoy leyendo.

Y me dijo: ‘Van a lanzar el libro el martes’.

Le pregunté: ‘¿Dónde? ‘

Me dijo donde. Le dije: ¿Cómo hago para que me inviten?

Creo que usted llamó a Fernando (Quijano, director del diario La República) y le dijo, y entonces aquí estamos.

Y quería simplemente decir unas palabras antes del conversatorio, porque creo que este conversatorio y este libro, es muy apropiado para el momento que estamos viviendo.

Piketty puso el dedo en la llaga y demostró ya con datos históricos y con cifras fehacientes lo que muchos han venido sosteniendo a través de muchísimo tiempo: que la desigualdad es el gran lastre  de las sociedades y que no puede haber un crecimiento sano con tanta desigualdad y esto se aplica a muchos países especialmente a los países latinoamericanos, y muy especialmente a Colombia.

Si seguimos recompensando más el capital que el trabajo, la riqueza simple y llanamente se seguirá concentrando.

Y como lo mencionaba el profesor Piketty, Facundo Alvarado y Juliana Londoño hicieron un estudio similar para Colombia.

La conclusión es que nuestro sistema tributario hasta el año 2010 era totalmente regresivo. O sea que lo que sucede en muchos países que usan el sistema tributario para mejorar la distribución, aquí sucede lo contrario.

Los datos son preocupantes: el uno por ciento de la población más rica del país concentra el 20 por ciento del ingreso. Y ese mismo uno por ciento concentra cerca del 40 por ciento de la riqueza total.

Aquí hay un vacío, nos lo mencionaba el profesor Piketty en su video, y todos los académicos coinciden, en que nosotros no tenemos cifras confiables en materia de riqueza, de distribución de la riqueza, más hemos hecho sobre distribución del ingreso, pero no de la riqueza.

Por eso yo le he pedido al doctor Simón Gaviria (Director del Departamento de Planeación Nacional) que organice toda una especie de misión para que podamos nosotros obtener esas cifras con toda la transparencia del caso. Esto es algo muy importante que el país afortunadamente a través muchos años ha venido cuidando, la transparencia de sus cifras.

Y aquí también tenemos que ser  muy transparentes y desde ya advierto que voy a abrir la información que puede darse–por supuesto que hay que guardar la confidencialidad, que nadie se vaya a asustar- pero la información que pueda darse desde el punto de vista fiscal, la Dian, para contribuir a ese inventario, a ese estudio.

Porque sin cifras, simple y llanamente pues no podemos tener un punto de partida y no podemos medirnos, y no podemos saber si las políticas que estamos poniendo en marcha funcionan o no funcionan.

Por eso es tan importante que sepamos no solamente la concentración del ingreso, sino la concentración de la riqueza.
 
Y ya con las cifras que se han publicado, que son muy preliminares, se nota una altísima correlación entre las circunstancias en donde la gente nace, y los logros en la vida. O sea que infortunadamente pasa a un segundo plano el esfuerzo personal.

Eso es malo para una sociedad, porque eso lo que demuestra es que la sociedad tiene una estructura donde se perpetúan las desigualdades.

Por eso desde el comienzo en el Gobierno, hace cuatro años, pusimos el tema de la equidad como un objetivo fundamental. Que todas las políticas que pusiéramos en marcha tuvieran ese componente.

A todos los ministros les dije: cualquier iniciativa que presenten en el Consejo de Ministros, tiene que tener el componente de cómo afecta esto la pobreza y cómo afecta esto la desigualdad.

Y aquí hay una diferencia: una cosa es luchar contra la pobreza y otra –aunque no están muy separadas, pero sí son diferentes- es la lucha por obtener una mayor igualdad.

En muchos países se ha tenido éxito en sacar una población importante de la pobreza, pero al mismo tiempo se fracasa en cerrar las brechas. Lo que nosotros hemos querido hacer es las dos cosas al mismo tiempo: tratar de sacar gente de la pobreza, pero al mismo tiempo tratar de cerrar las brechas.

Y por una razón muy sencilla. Yo cito muchísimo al Presidente (de los Estados Unidos, John F.) Kennedy, que decía una frase que a mí me impactó. Decía: nadie puede realmente ser rico, rodeado de pobres. Y esa frase tiene una gran profundidad.

Recientemente se ha dedicado el mundo académico a estudiar la correlación entre la desigualdad y otros males de la sociedad, u otros indicadores de bienestar de la sociedad.

Y se ha encontrado, por ejemplo en la Ocde (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) el propio Mauricio me mandó hace poco una charla de un profesor escocés mostrando con cifras claras y fehacientes, cómo la desigualdad influye en aspectos como la salud, como la expectativa de vida, como la felicidad, como el estado de ánimo, como la calidad de la educación.

Y con cifras decía por ejemplo: un país como Estados Unidos donde no es el ingreso per cápita, que es de los más altos del mundo, sino la desigualdad cómo comparados con países como Finlandia, ahí hay una diferencia abismal en indicadores de bienestar y eso tiene una connotación directa con el fenómeno de la desigualdad.

Por eso es tan importante que nosotros hagamos este ejercicio de ver cómo podemos avanzar que es el gran reto, —no solamente de Colombia, de América Latina— lo discutíamos hace unos días en México en un informe que entregó la Ocde, la CAF y la Cepal con el Banco Interamericano (de Desarrollo): el gran reto de América Latina es el tema de la educación y la desigualdad, que están íntimamente ligados.

¿Qué hemos tratado de hacer y cuáles han sido los resultados?

Pues como les decía, todas las políticas tienen ese ingrediente.

Por ejemplo la política de Cero a Siempre, primera infancia. Esa es la política que tiene el retorno social más alto de cualquier inversión.

Y ese tiene un efecto muy, muy grande en la igualdad de oportunidades.

Si los niños que llegan al colegio, llegan todos bien nutridos, bien tratados, bien cuidados, el punto de partida se va comenzando a nivelar.

Si es lo contrario el punto de partida se perpetúa de por vida. Un niño que llega al colegio en mal estado a primero de primaria o a kínder, ese niño queda rezagado de por vida.

Por eso ahí hemos hecho un gran esfuerzo.

La educación gratuita, que declaramos hace un par de años, del grado cero al grado once, para que ningún niño, ninguna niña se quede sin la posibilidad de asistir al colegio y que ningún padre tenga la excusa de no mandar a los niños al colegio.

Porque la educación es sin duda el factor que más ayuda a combatir la desigualdad. Ahí se ha hecho ya un gran esfuerzo, falta todavía un camino por recorrer, pero se ha avanzado.

La parte de la educación superior, el acceso a la educación superior. Hemos avanzado más o menos 10 puntos, pero todavía más de la mitad de los muchachos y muchachas que salen del colegio no tienen acceso a la educación superior.

Ahí tenemos que hacer un trabajo muy importante. Todo lo que estamos haciendo con las becas con cero interés real a través de Icetex; las 10 mil becas gratis para los muchachos y muchachas de bajos ingresos que saquen los mejores Icfes o sea, las pruebas Saber 11; todo eso va apuntando en la dirección de dar igualdad de oportunidades en materia de educación que tienen, eso sí está totalmente comprobado, un efecto muy importante en combatir la desigualdad.

Los programas de subsidios condicionados. Ha habido un debate entre los académicos, los economistas, qué tan efectivos son esos programas, qué tan saludables en el largo plazo.

Los que dicen que regalar algo desincentiva el trabajo y desestimula el progreso.

Pero cuando hay situaciones tan desesperadas como las que tienen muchas familias en Colombia, yo pienso que eso no es un argumento válido.

La política de subsidios condicionados para que los padres o las madres mantengan a sus hijos en el colegio, los lleven a los controles de salud, es algo que creo que le ha servido mucho al país y ha contribuido en forma importante a disminuir los índices de pobreza.

En todo lo que se ha hecho para generar empleo, que es tal vez el vehículo más efectivo para también reducir esas brechas.

Todo lo que se ha hecho en materia de creación de empleo ha sido exitoso, pero nos falta muchísimo camino por recorrer. Hemos logrado bajar un poco la informalidad, que es un gran desafío para Colombia y para América Latina.

Todavía tenemos una economía con un porcentaje demasiado alto de informalidad, eso perpetúa también las desigualdades.

Pero en la medida en que podamos ir generando más empleo, y un empleo digno, eso también contribuye y complementa muchísimo las políticas para mejorar la distribución de ingreso y de riqueza.

Ahí hemos obtenido unos resultados importantes. En los últimos cuatro años redujimos la pobreza en casi 10 puntos porcentuales, es un record en América Latina, pero todavía tenemos casi el 30 por ciento de los colombianos viviendo en la pobreza.

Y ahí también hemos hecho un esfuerzo importante en exigirnos más.

Al comienzo del Gobierno dijimos: vamos a medir la pobreza como se ha medido tradicionalmente, la pobreza monetaria que es la que usan la mayoría de los países, pero vamos a también exigirnos en otro tipo de indicador de pobreza, que es la pobreza multidimensional.

Y nos propusimos liderar entre varios países con el profesor Amartya Sen y su Centro de Desarrollo en la Universidad de Oxford, la aplicación de esos indicadores y hoy nos estamos midiendo con los dos indicadores, tanto de la pobreza monetaria, como la pobreza multidimensional, para que no nos digamos nosotros mismos mentiras y tengamos indicadores reales para podernos medir.

Y en ambos afortunadamente sí hemos logrado un buen progreso aunque —repito— nos falta mucho camino por recorrer. Veintinueve y pico por ciento de pobres es demasiado para un país como Colombia.

Pobreza extrema: tenemos los programas focalizados contra la pobreza extrema, como el programa de la Red Unidos que ha sido bastante exitoso y nos ha permitido reducir la pobreza extrema en cerca de seis puntos porcentuales y nos da pie para decir esto: sí sigue así podemos de pronto ponernos si nos hemos puesto esa meta, que en 10 años poder desaparecer la pobreza extrema en Colombia.

¿Ese programa cómo funciona? Se identifican 45 factores de las familias que están en la pobreza extrema, que si se resuelven esos problemas, esos factores, podría uno graduarlos, es decir, sacarlos de la pobreza extrema.

Tenemos unos cogestores que visitan las familias, familia por familia, con la información y van en cierta forma chequeando con el apoyo con todo el Estado, de todas las entidades del Gobierno, para que por ejemplo obtengan identificación; que los niños que no están yendo al colegio vayan al colegio; que los que estén viviendo en piso de tierra, pues que puedan vivir en un piso de madera. Son ese tipo de factores que van siendo sumados para sacarlos de la pobreza extrema.

Y ahí podemos nosotros –si seguimos con ese esfuerzo- de pronto en unos 10 años, que esa es la meta, declarar que hemos podido desaparecer la pobreza extrema.

En materia tributaria: ese es un tema que sé que al doctor Bruce (Mac Master, Presidente de la Andi) no le gusta mucho, pero es un tema fundamental, fundamental. Ese es el mecanismo para distribuir mejor el ingreso y la riqueza.

Nosotros en el año 2010, 2011 hicimos un estudio de cómo nos comparábamos con otros países en materia del impacto de nuestro sistema tributario, en materia de distribución.

Y, ¡Oh Sorpresa! Nuestro sistema tributario en lugar de mejorar la distribución, la empeora.

Un país como Inglaterra tiene más o menos el mismo nivel de desigualdad que Colombia, antes de impuestos. Pero el sistema tributario corrige esa situación y el llamado coeficiente Gini, antes y después mejora sustancialmente, en el caso colombiano empeoraba.

Por eso la reforma del año 2012 buscaba en cierta forma mejorar la progresividad de nuestro sistema. Lo que se logró pues sí mejora y eso lo tenemos cuantificado, el llamado imán simplificó e hizo más progresivo el impuesto de renta.

La tarifa solo subió para los ingresos altos, pero 18 millones de colombianos que ganan menos de 3.6 millones de pesos no pagan un solo peso de impuestos después de esa reforma.

Se eliminaron y se redujeron impuestos a la nómina, lo que ha contribuido mucho a reducir la informalidad, que es otra forma importante de luchar contra la desigualdad.

La actual reforma que se aprobó el día de ayer, el impuesto a la riqueza –no le gustan que le llaman riqueza contra la pobreza- solo lo va a pagar un porcentaje muy pequeño de la población, el uno por mil de los colombianos.

Y cuando uno saca de eso los que tienen un patrimonio bajo, es decir, muy alto en términos generales porque solamente el uno por mil, pero cuando le aplica uno la tarifa que se va a aplicar, realmente son unos pocos colombianos los que acaban pagando ese impuesto.

O sea, esto es un impuesto progresivo que lo que va a contribuir es a financiar los programas que nos están ayudando a mejorar la situación social del país. Los programas de Cero a Siempre, los programas de educación gratuita, los programas de adulto mayor que están adelantando en el país para ayudarle a un segmento de la población que siempre ha estado totalmente abandonado y donde cualquier ayuda ahí es enorme desde el punto de vista de la rentabilidad social.

El Plan de Desarrollo que estamos discutiendo en este momento y que debe ser aprobado el mes entrante, tiene un doble enfoque: mejorar la equidad regional y seguir cerrando las brechas, porque la equidad también entre regiones es importante de buscar.

Las diferencias en el país son enormes entre unas regiones y otras.

La reforma que hicimos a las regalías tenía ese propósito y se ha logrado, se ha logrado y con creces.

Las cifras están ahí, la cantidad de municipios que hoy reciben recursos de regalías que antes no recibían un peso.

Y lo que muchos de esos municipios han logrado hacer con esos recursos, ha tenido un impacto social importante.

O sea que se ha venido reduciendo la brecha entre regiones, pero también ahí nos falta muchísimo, muchísimo camino por recorrer.

El Plan de Desarrollo que se está discutiendo, por primera vez lo estamos elaborando de abajo para arriba, discutiendo con los actores en el territorio, cómo creen ellos que deben ser las prioridades en materia de inversión.

Y eso además coincide con el enfoque que nosotros tenemos de aplicar el posconflicto, la paz y el posconflicto debe de ser una paz basada en los diferentes territorios.

Es que ahí tenemos una gran oportunidad de dar un salto hacia un país menos injusto, menos inequitativo.

Yo leía en algún periódico este fin de semana, este profesor que escribió ‘¿Por qué fracasan las naciones?’ el profesor Robinson, James Robinson, que tenía una teoría que a mí me pareció un poco rara. Decía lo obvio, —por un lado—, que hay que dedicarse a educar, por supuesto que hay que dedicarse a educar, por eso mi visión de país es paz, equidad y educación.

Son tres pilares de una visión que están íntimamente ligados. Si queremos paz, sostenible y duradera, necesitamos tener más equidad.

¿Y cómo logramos esa equidad? A través de muchos esfuerzos, pero sobre todo, de la educación. O sea que están los tres íntimamente ligados.

Pero él decía que era una perdedera de tiempo, por ejemplo, retornarles a  los campesinos la tierra que les fue quitada a punto de fusil.

Y yo sí discrepo enormemente de esa apreciación: no es ninguna perdedera de tiempo, es algo apenas justo.

Necesitamos como sociedad ir cicatrizando las heridas, ir tratando de crear un ambiente de reconciliación.

Y qué mejor y qué más justo que devolverle a los campesinos que quieran regresar a sus tierras —de las cuales fueron desplazados—, para tener una vida digna, un ingreso digno, y no solamente la tierra, sino proyectos productivos, crédito, bienes públicos, que además, está ligado con el punto número uno en la agenda en La Habana.

Y además, el sentido común le dice a uno dónde está concentrada la inequidad y la pobreza en el país, más que en las ciudades, en el campo. Por consiguiente, lo lógico es invertir más en el campo.

Porque ahí entonces, el impacto en materia de inequidad va ser mayor.

Y además no son excluyentes: uno puede hacer un esfuerzo en la educación y puede hacer un esfuerzo en materia de desarrollo rural, que es lo que estamos tratando de hacer. Y que el Plan de Desarrollo lo encaja muy bien.

Y la paz que estamos buscando, también tiene esos propósitos como objetivos fundamentales.

De manera que muy bienvenida —y por eso me da pena haberme colado a este conversatorio— muy bienvenida esta discusión.

Esta discusión debería darse por el país entero.

Que el país sienta y pueda interiorizar que la mejor inversión que puede hacer un rico es mejorarles las condiciones a los pobres. Es la mejor inversión que puede hacer. Porque de otra forma el sistema no es perdurable, el sistema va ser muy frágil.

Inclusive, desde el punto de vista del enfoque puramente mercantilista, sacar gente de la pobreza, y muchos inversionistas han venido a Colombia con ese objetivo y por esa razón.

Me lo han dicho: ¿Por qué viene usted a Colombia a invertir? Y les digo uno con nombre propio: Unilever.

Hizo una inversión de 400 millones de dólares en Palmira, y le dije: ¿Por qué esta inversión? Y me dijo: porque Colombia tiene dos características importantes que no es fácil de encontrar en el mundo: que tiene una economía que está creciendo a tasas altas, —somos el país que este año va a crecer más en toda América Latina—, pero al mismo tiempo está sacando mucha gente de la pobreza y esos son nuestros potenciales consumidores.

O sea que, desde el punto de vista puramente económico, también es una muy buena inversión procurar que en el país haya menos pobres pero también que las brechas se puedan ir reduciendo.

De manera que muchos éxitos en este conversatorio. Los felicito porque creo que el profesor Piketty ha puesto el dedo en la llaga.

Estamos tratando de traerlo. Hemos hablado con la Embajada de Francia, le dije a mi hijo Martín (Santos) que si la Fundación Buen Gobierno de pronto lo podía traer sería muy bueno porque sería un motivo para seguir discutiendo este tema tan importante, y relevante y tan pertinente para Colombia en este momento.