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  Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en la entrega de tierras a víctimas en el municipio de Ataco (Tolima)

 Ataco (Tolima), 19 nov (SIG).

​Hace dos años exactamente comenzaron, allá en La Habana, en Cuba, las discusiones entre los plenipotenciarios de las Farc y los plenipotenciarios del Gobierno, para ver si nos poníamos de acuerdo en una agenda que llevábamos casi dos años negociando y que acordamos finalmente y que anunciamos –querido Embajador de Noruega (Lars Vaagen)– en Oslo; en Oslo unos días antes, sobre cuáles serían los puntos de esa agenda.

Dos años llevamos negociando esa agenda, una agenda de cinco puntos. Y ya nos hemos puesto de acuerdo en tres de ellos.

Hemos avanzando como nunca antes se había avanzado en múltiples intentos para lograr la paz con las Farc.

Intentos que por diversos motivos fallaron, fracasaron. Tal vez no estaban dadas las condiciones, tal vez la voluntad política no estaba presente. Cualquiera que sea la razón, hoy la realidad es que hemos avanzado como nunca antes.

Y hemos avanzado como nunca antes para que podamos decir, ojalá, si llegamos a los acuerdos sobre los cinco puntos, que este conflicto finalmente llega a su fin.

Es un conflicto que ha desangrado a este país.

Hoy hacemos este evento aquí en Ataco porque el sur del Tolima representa el origen de este conflicto hace más de 50 años.

Señores embajadores y señora Embajadora: Aquí en estas montañas que ustedes ven, en estos paisajes tan bellos, con esta gente tan maravillosa, y se inició este conflicto armado.

Ahora me daban un café, me llevaron las ‘reinas de la paz’  –así me recibieron ellas– y me dijeron: Venga, Presidente y le mostramos los productos de esta maravillosa tierra.

Y lo primero que me mostraron fue un café, maravilloso, de altísima calidad. Se llama Café Casaverde.

Casaverde tiene en la historia de este conflicto también un simbolismo muy especial.

Ustedes saben, todos los que habitan en esta región, lo que ha significado Casaverde y lo que significó.

Y que qué bueno que ahora estemos vendiendo café con el nombre de Casaverde.

Y lo que me pidieron fue: Por favor, Presidente ¿por qué no le dice al Invima que nos dé la licencia y el permiso para poder explotarlo directamente y tener más ingresos?

¡Qué trasformación! Desde el momento en que se bombardeaba Casaverde al momento, hoy, que se está vendiendo es el café Casaverde.

Hace dos años se comenzó la discusión pero hace cuatro comenzamos la construcción de la paz.

Estamos discutiendo en La Habana la terminación del conflicto, que es una condición necesaria pero no es suficiente para lograr la paz.

La paz la tenemos que construir entre todos. Entre todos tenemos que ir sembrando estas semillas de paz en nuestros hogares, en nuestras comunidades, en nuestros departamentos, en nuestras regiones. Y además hay que sembrarla en todas partes.

Y eso es lo que hemos venido tratando de hacer en el Gobierno.

Estos primeros cuatro años nos hemos dedicado a sembrar esas semillas. El programa, por ejemplo, de Red Unidos, con nuestro ‘ejército social’,  para ayudar a las familias que están sumidas en la pobreza extrema, para que superen esa condición. Eso es sembrar paz.

Y hemos avanzado. Hemos avanzado, porque ya llevamos más de dos millones de colombianos y colombianas que hemos logrado sacar de la pobreza extrema. Nos faltan mucho más, el 8 y medio por ciento de los colombianos sigue en la pobreza extrema. Pero seguiremos trabajando para que la pobreza extrema la eliminemos totalmente de la faz de Colombia en los próximos diez años.

Hemos seguido sembrando paz construyendo viviendas, y viviendas gratis, para millones de colombianos que nunca se habían soñado con tener una casa propia.

La semana pasada entregamos la casa número 75 mil, de las 100 mil casas que hemos construido o que estamos construyendo en las ciudades. Pero también estamos construyendo y mejorando otras 100 mil en las zonas rurales, como las que acabamos de entregar el día de hoy a dos familias.

Vamos a seguir con esas políticas. Las políticas de la educación gratuita del grado cero al grado once.

Querido Alcalde de Ataco (José Antonio Jiménez Narváez), cómo me complace.

Eso que usted me entregó apenas me baje del helicóptero, me dio en una urna de cristal una serie de libros y me dijo: Presidente, nosotros estamos añorando la paz desde hace más tiempo. Hace siete años tenemos estos libros que les enseñamos a nuestros niños, del grado cero al grado once, sobre convivencia, el respeto por los derechos humanos, el respeto por las diferencias.

¡Qué bueno, Alcalde! Esto es un ejemplo para el país entero. Lo felicito.

Eso también por supuesto que es ir sembrando paz en nuestros colegios. Ese respeto por las diferencias. Que en lugar de resolver los problemas a bala o con violencia, los podamos resolver a través del diálogo, como gente civilizada.

Y hemos venido avanzando y hemos avanzado mucho. En la generación de empleo, en la construcción de carreteras de todo tipo. Para que los campesinos puedan sacar sus productos, no les cueste tanto llegar a los sitios de mercado,  donde les compran sus productos.

También aquí en el Tolima, hace un par de semanas, inauguramos un viaducto. El más largo y el más alto en la historia del país. Y como esos estamos construyendo muchísimos a lo largo y ancho del territorio, como nunca antes.

O sea que seguimos avanzando. Seguimos avanzando pero necesitamos también deponer armas y la violencia. Y ese conflicto armado necesitamos terminarlo.

Impasse en proceso de paz

Por eso yo espero que este impasse que se ha presentado, que se ha presentado en las negociaciones en La Habana, se resuelva pronto.

Yo le agradezco, señor Embajador de Noruega, que ustedes como garantes han venido ayudando, al igual que Cuba, para ver si esto se puede resolver de buena forma y lo más rápido posible, porque eso es lo que añoramos todos.

Queremos continuar las negociaciones para terminar este absurdo conflicto, esta guerra, que nos ha desangrado a todos los colombianos.

Y qué bueno poder asistir a este evento, en donde se están cicatrizando las heridas.

Los testimonios que hoy escuchamos me llegan a mí al fondo del corazón. Cuando me dicen aquí estamos para apoyarlo, Presidente, en su búsqueda por la paz. Nosotros –y me consta porque si ha habido una región que hay sufrido con la violencia es ésta– queremos ante todo y sobre todo la paz.

Y eso es lo que quiere el país entero. Porque yo pertenezco a una generación –como pertenece la inmensa mayoría de ustedes– que no hemos conocido un solo día de paz.

Qué bueno poder llegar a decir que Colombia es un país normal, que Colombia es un país sin conflicto armado.

Que esta región se convierta en una despensa para el mundo entero.

Ya estamos avanzando, el contrato-plan, querido Gobernador (Luis Carlos Delgado), que firmamos hace algún tiempo para dar desarrollo, para traer inversiones, ya está comenzando a dar sus primeros frutos.

Y esa política de ir cicatrizando las heridas a través de la sustitución de tierras, a través de la reparación de las víctimas. Llevamos 460 mil víctimas reparadas.

Yo la felicito doctora Paula Gaviria (Directora de la Unidad de Restitución de Tierras) porque en esto –¿dónde está Paula. Está aquí–, porque en esta política,  que es un esfuerzo descomunal, porque tenemos más de seis millones de víctimas, un esfuerzo que requiere de muchos recursos, mucho trabajo, llevamos 460 mil víctimas reparadas.

Eso, ustedes lo saben, señores embajadores, no se ha visto en ningún otro país del mundo. Que comencemos a reparar las víctimas en medio del conflicto.

Eso hace que el esfuerzo sea aún mayor. Pero también que sea aún más efectivo. Porque en la medida en que la gente vea que efectivamente sí se puede reparar las víctimas, así sea una reparación simbólica. Lo que reciben las víctimas puede ser en especie, dinero o un programa o una vivienda. De múltiples formas se reparan las víctimas.

Pero eso es simbólico, porque yo les pregunto ¿cuánto vale un hijo? ¿Cuánto vale una hija? ¿Cuánto vale una familia? Eso no tiene precio.

Por eso cualquier reparación es simplemente una reparación simbólica.

Pero las victimas lo que quieren es eso. Que las reconozcan, que les den, ojala, una segunda oportunidad; poder cerrar el capítulo y mirar el futuro con más optimismo.

Y eso es lo que estamos haciendo.

Lo mismo con la restitución de tierras. Llevamos 84 mil hectáreas que ya, a través del procedimiento legal, los jueces de la República que entrenamos especialmente para que fallaran estos procesos, ya fallaron sobre 84 mil –un poco– más de hectáreas.

Nos falta muchísimo, pero ahí vamos avanzando.

Y muchísimas más familias han sido devueltas, sin necesidad de un fallo judicial, a sus lugares de origen, de donde fueron desplazados por la violencia. Y les estamos devolviendo la tierra y no solo devolviendo la tierra; algo mucho más importante. Les estamos ayudando con proyectos productivos, con financiación, con asistencia técnica, con vivienda.

¿Para qué? para que todas esas familias puedan rehacer sus vidas en forma digna, tener unos ingresos dignos, poder mandar a sus hijos al colegio de forma digna.

Queremos que este país vuelva a su normalidad.

Y aprovechemos estas circunstancias tan difíciles, 50 años de guerra, que si logramos ponerle fin al conflicto, vamos a poder tener una gran oportunidad de reconciliarnos todos y todos trabajar juntos para aprovechar las inmensas riquezas que tenemos aquí en Colombia.

Que es un país maravilloso, un país con un potencial enorme. No lo digo yo, lo dice el mundo entero. Y si nosotros logramos normalizar –y normalizar no es nada diferente a encontrar la paz¬– a Colombia no la detiene nadie.

Esto que estamos haciendo, de ir reparando las víctimas, de ir restituyendo la tierra para los campesinos que han sido desplazados, es parte del proceso de cicatrizar las heridas.

Pero nada es más importante que impedir que se causen más heridas. Por eso es tan importante lograr esa paz y rodearla de las condiciones para volverla sostenible y duradera.

Y esas condiciones no son nada diferente a hacer del campo un polo de desarrollo en lugar de un polo de pobreza, hacer de Colombia un país más equitativo, darles educación gratis a todos los niños y niñas de Colombia, como lo decretamos hace un par de años, del grado cero al grado 11.

Y mejorarles el acceso, ojalá, a todos los muchachos y muchachas que se gradúan del colegio, a la educación superior, como ya los estamos haciendo, con las becas que les estamos otorgando a los muchachos y muchachas que obtienen las mejores calificaciones para que vayan a las mejores universidades.

Eso es igualdad de oportunidades. Y a través de la educación es como mejor se puede conseguir ese país equitativo.

Si todos los niños y niñas de Colombia tienen una buena educación, tendrán el mismo punto de partida. Y eso es igualdad de oportunidades, eso es equidad. Y esa equidad es la que servirá de base para que esa paz que logremos conseguir sea duradera y sostenible.

Qué bueno que a los dos años de iniciar las conversaciones estemos aquí en Ataco, el simbolismo que conlleva toda esta región.

Qué bueno poder constatar el progreso que hemos logrado.

Yo sabía que este proceso era difícil. Me lo advirtieron muchos: Presidente, no se meta en ese proceso, porque va a tener muchos enemigos, va a tener muchos sinsabores. ¿Por qué no sigue como venía, como Ministro de Defensa,  simplemente administrando la guerra, que lo ha hecho muy bien?, me decían.

Usted ha sido el más efectivo Ministro de Defensa que ha tenido la historia reciente del país y mire lo popular que es, lo eligieron Presidente de la República.

Pero yo me hice una reflexión. Y no ahora, hace mucho tiempo: uno hace la guerra pero para conseguir la paz. Y la paz es lo más importante que puede tener cualquier sociedad, cualquier país.

Y nos embarcamos en este proceso, que ha tenido todo tipo de tropiezos, como todo en la vida. En la vida uno se encuentra con obstáculos, con tropiezos, con enemigos. Pero si uno tiene claro el puerto de destino, no importan las tempestades, no importan los vientos; uno sigue navegando, uno sigue transitando hasta llegar a ese puerto de destino.

Yo estoy convencido que a ese puerto de destino al que yo quiero llegar, que es una Colombia en paz, con más equidad, mejor educada, va a ser una realidad. Con el apoyo de todos ustedes, porque todos ustedes son los que quieren que lleguemos a ese puerto de destino.

Son ustedes, con expresiones como las que acaban de dar, las que me llenan de estímulo, de combustible, para seguir perseverando.

Ustedes me decían: gracias Presidente.

Yo les digo no, yo les digo a ustedes gracias. Gracias a ustedes. Porque ese temple, ese carácter que caracteriza el pueblo colombiano, es lo que a mí me convence de que el puerto de destino será una realidad más pronto que tarde.

Con el apoyo de ustedes, tengan la seguridad de que allá llegaremos. No importan los obstáculos, no importan las tempestades, no importan los enemigos. Llegaremos al puerto de destino que es una Colombia en paz.

Muchas gracias.