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 Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en la instalación del Foro ‘Metro en Bogotá: ¿ilusión o realidad?’

 Bogotá, 19 nov (SIG).

​“Es un gusto y un orgullo regresar –entre comillas– a la Fundación Buen Gobierno. Como dicen: ¡El buen “hijo” vuelve a casa!

Hace 20 años, tomamos la iniciativa de crear la Fundación y me propuse pensar y hacer pensar al país sobre los temas más importantes de la agenda nacional.

Me acuerdo que hace 20 años la Fundación se dedicaba a hacer este tipo de eventos, a hacer reuniones sobre temas como la inflación. En ese momento éramos un país con una inflación del 20 por ciento y necesitábamos ver cómo reducíamos esa inflación. El año pasado Colombia fue el país con la mejor inflación de toda América Latina: menos del 2 por ciento.

Hace 20 años discutíamos cómo se iba a abrir la economía, la posibilidad de mejorar el acceso de los productos colombianos a los mercados internacionales. Hoy tenemos acceso a mil 500 millones de consumidores, libre de cualquier restricción, de cualquier arancel.

Hace 20 años discutíamos cómo podíamos poner al país en una senda de crecimiento cercana al 5 por ciento, que era el potencial que en ese momento veíamos como el máximo potencial.

Hoy somos el país que más está creciendo en América Latina y este primer semestre de este año el quinto en el mundo entero.

Me acuerdo que en materia de paz, la Fundación promovió muchos encuentros. Uno de ellos se realizó en un sitio a las afueras de Bogotá, que se llama la Bahía de Monserrat.

Ahí reunimos a voceros de la guerrilla, estaba ‘Raúl Reyes’ por teléfono desde Costa Rica, y a voceros de los paramilitares, Carlos Castaño y varios de sus representantes, sentados en la mesa.

Estábamos en unas circunstancias difíciles en el país. Estaban el Gobierno, los ‘conspiradores’, los representantes de las asociaciones campesinas, los agricultores terratenientes, los industriales, los sindicalistas.

Y trajimos para esta reunión a un personaje que me recomendó Nelson Mandela, un canadiense que se llama Adam Kahane. Me lo recomendó porque me dijo: ‘Este señor me ayudó muchísimo a encontrar las condiciones para lograr la paz en Suráfrica’.

Tiene una metodología, que se llama una metodología por escenarios, cuya virtud es que pone a la gente de las más diversas ideologías y de las más diversas posiciones a discutir. Eso ya de por sí es un gran logro. A discutir sobre diferentes posibilidades, y esa es la base para encontrar las condiciones para la paz.

Me acuerdo perfectamente cuando llegó este señor y preguntó: ‘¿Quiénes están en esta mesa?’. Era una mesa grande, estaba de alcalde Antanas Mockus, estaba presente. Y cada uno se identificó: yo vengo de tal sitio, yo vengo de tal vertiente, yo represento tal cosa.

Me dijo: ‘Lo que la Fundación Buen Gobierno logró en tres meses, porque en tres meses fue que organizamos ese evento, nos tomó 15 años en Suráfrica’.

Luego de esa reunión, a partir de esa reunión, se inició un ejercicio que se llamó Destino Colombia. Se realizó en Quirama, allá en Antioquia, donde representantes de los mismos sectores que estaban en una mesa, hicieron el ejercicio que este señor Kahane tenía como metodología, que la utilizó en ese ejercicio.

Cómo sería de bueno Martín que la Fundación Buen Gobierno reeditara el resultado de ese ejercicio, Destino Colombia. Porque es impresionante cómo lo que salió de ese ejercicio se ha venido realizando. Todo lo que dijeron que podría pasar en el país –eso fue a mediados de los 90– es lo que ha sucedido en el país.

Porque esa es como una especie de hoja de ruta. Lo menciono simplemente para reiterar la importancia de espacios de discusión como éste.

Hace 20 años también discutíamos sobre temas que son los mismos de hoy.

Hace 20 años también Bogotá discutía cómo construir el metro. Y dos décadas después, aquí seguimos.

Las promesas incumplidas, los estudios sin fin y la plata invertida han hecho que muchos bogotanos ya no crean en la posibilidad de que la ciudad tenga metro.

Hoy quiero afirmar que el metro lo queremos hacer, que el metro lo vamos a hacer, porque se trata de un imperativo para la viabilidad de la ciudad, de nuestra capital, y lo vamos a hacer bien.

Bogotá y los bogotanos cuentan con mi compromiso como Presidente de la República y el de todo el Gobierno Nacional. Estamos listos a cofinanciar la construcción del metro de Bogotá.

En reuniones que ha tenido el señor Alcalde con el Gobierno, especialmente con el Ministro de Hacienda y el Director del Departamento Nacional de Planeación, se presentó la propuesta de la Financiera de Desarrollo Nacional, una institución recién creada, era la antigua FEN, que se creó precisamente para estructurar proyectos. Y se presentó la propuesta para estructurar el proyecto en dos fases.

La primera fase consiste en definir el modelo que se adelantará –que puede ser una Asociación Público-Privada, ya hay unas leyes sobre ese esquema, una obra pública o una mezcla de los dos– y las fuentes de financiación, que estén acordes con los estudios de ingeniería y de demanda que ha presentado la Alcaldía.

En la segunda fase –una vez definido el modelo– se determinará la estructura financiera propiamente dicha para poder abrir los pliegos de licitación.

La Nación y el Distrito vamos a demostrar que juntos podemos hacer realidad la construcción del metro. Por eso los invito a que pongamos todo lo mejor de nuestras capacidades, nuestro mejor esfuerzo, para que este proceso salga adelante a la mayor brevedad posible, en los próximos meses.

Además reitero hoy en este foro el compromiso del Gobierno Nacional para la financiación del metro por 6 billones de pesos por parte nuestra, en los próximos años. El período que tenemos en el documento Conpes, que fue aprobado ya, es de 17 años para ese transcurso, para ese tiempo.

Como ustedes saben, desde el Gobierno le estamos apostando –como nunca antes– al desarrollo de la infraestructura del país. La infraestructura como motor del crecimiento, como factor de competitividad y como de los varios caminos para generar empleo y empleo permanente para el país. El metro forma parte de estas apuestas.

Desde el comienzo, desde la campaña el metro está dentro de las prioridades.

Las concesiones de Cuarta Generación –las 4G– son una realidad. Y tan solo en los próximos cuatro años, el país va a tener 1.200 kilómetros nuevos de dobles calzadas.

Y no de cualquier calidad. Unas calzadas con viaductos, con túneles, con el nivel de los países más desarrollados.

También estamos recuperando, el famoso sueño de Bolívar, la navegabilidad del río Magdalena y estamos revitalizando el sistema férreo.

Pero ese gran esfuerzo también tiene que verse dentro de las ciudades, no solamente en Bogotá, en todas las ciudades, porque de nada sirve tener esas grandes carreteras si dentro de las propias ciudades, donde está concentrada la mayor parte de los ciudadanos del país, la movilidad no es la adecuada.

Y Bogotá no se puede quedar atrás. No podemos darle, por ningún motivo, la espalda a nuestra capital. No podemos darles la espalda a tantos habitantes de Bogotá que hoy consumen hasta cuatro horas de su día metidos en un bus.

Esas horas deben invertirse en la familia, en la educación de los hijos, en la sana recreación, en el reposo del trabajo.

Por eso hemos pensado que la primera línea del metro hay que construirla. Pero antes de ese desafío ambicioso, tenemos uno igual de grande e igual de urgente, que es recuperar la confianza de la gente no solo en este proyecto, que es un proyecto de gran envergadura, sino también poner a los bogotanos a pensar con más optimismo en el futuro de la ciudad.

La Alcaldía de Bogotá cuenta con el apoyo de todas nuestras entidades para sacar este proyecto adelante. Porque sabemos que este proyecto es necesario y sabemos que le va a cambiar el futuro a la ciudad.

Si uno compara la inversión prevista con el potencial de bogotanos a los que el metro va a beneficiar, se encuentra con que el proyecto está al nivel de obras similares en el mundo.

Para esta primera línea del metro, aquí en Bogotá se deben invertir más o menos, es el cálculo, 9 mil dólares por pasajero.

En la línea 2 del metro de Lima, para mencionar un ejemplo, la inversión fue de 10 mil dólares; para la línea 1 de Panamá, la inversión fue de 12.500 dólares por pasajero.

El metro vale la pena. Y no solo por la reducción en los tiempos de desplazamiento, sino porque va a permitir tener un aire más limpio, un suelo más valorizado y menos accidentes en las vías. En últimas, el metro nos permite una mejor ciudad, con mejor calidad de vida.

El metro, por eso, lo vamos a hacer. Y repito, lo vamos a hacer bien.

El esfuerzo financiero va a ser grande, sí, pero estamos listos para garantizar con seriedad estos recursos y, por supuesto, con las debidas previsiones.

Eso implica ser creativos y tenemos que trabajar rápido y duro para identificar fuentes de financiamiento y mecanismos de contratación que nos permitan optimizar los recursos y también que nos permitan maximizar los beneficios.

Por ejemplo, el Distrito puede y debe hacer un esfuerzo especial para aumentar los ingresos relacionados con la gestión urbana, la valorización y la renta del suelo.

También puede utilizarse la figura de las Asociaciones Público-Privadas, como lo mencioné, para complementar la infraestructura pendiente y estructurar también nuevas obras.

El metro representa, por un lado, una oportunidad para construir una institucionalidad moderna en materia de transporte para Bogotá. Un esquema que se articule, por ejemplo, con los trenes de cercanías, los cables, las nuevas fases de Transmilenio y el Sistema Integrado de Transporte Público.

Y algo muy importante: que responda a los desafíos de una región-capital en permanente crecimiento y profundamente conectada con la ciudad de Bogotá. Ese concepto es muy importante de tenerlo cada vez más presente, porque cada vez dependemos más de esa realidad. 

En Bogotá se deben implementar soluciones de transporte que se adecúen a las actuales, pero también a las futuras necesidades de sus habitantes, generando corredores con prioridad para transporte público en las zonas en las que la demanda hoy supera las condiciones de oferta.

Hay que trabajar en la integración de proyectos que promuevan la inter-modalidad, y generar nuevas condiciones operacionales que mejoren el nivel de servicio y la calidad de vida de los bogotanos.

Invito, entonces, a todos a que sigamos trabajando para aprobar cuanto antes el documento Conpes sobre movilidad, en donde desde ya reitero nuestro compromiso de aportar financieramente a estas obras otro 1 billón de pesos. Un billón de pesos que ya lo habíamos mencionado. 

Con esto podemos avanzar en una de las tareas más importantes para el Distrito –ahora mismo y en el futuro–, que es la de priorizar los proyectos de movilidad en función de las necesidades de la gente.

Porque la movilidad es hoy tal vez, creo que todos lo vivimos, el mayor problema, o al menos el más sentido de la capital, y tenemos que entender que su solución exige varias acciones simultáneas.

Ni el metro ni cualquier tipo de tecnología son una respuesta mágica en materia de movilidad, y mucho menos en una ciudad tan compleja como Bogotá.

Por eso es importante ejecutar sin demora las acciones complementarias a la construcción del metro, que es –además– un proyecto de mediano plazo.

¿Por qué escoger entre Metro o Transmilenio? Ese es un falso dilema.

Se trata de priorizar. Se dice que en las definiciones sobre el arte de gobernar, una de las más importantes es el arte de priorizar y no de escoger. Porque aquí lo que está en juego es la movilidad. Y por ahí el derecho a una mejor calidad de vida de millones de personas.

Deben ser sistemas complementarios –y no en competencia–, tal como sucede en ciudades como Santiago de Chile.

Transmilenio pasó de movilizar en un día promedio, en un día hábil, alrededor de 1 millón 750 mil pasajeros a 2 millones 240 mil este año.

Hablar del “Transmi-Lleno” dejó de ser un chiste y ahora es una perversa realidad que afecta, con toda razón, el estado de ánimo y las vidas de quienes utilizan el servicio y amenaza con paralizar prácticamente el sistema.

Si no se actúa ya, para el 2017 las dos troncales –la Caracas y la Autopista Norte– van a superar su capacidad teórica.

El Gobierno Nacional –por eso– respalda la ejecución de las obras que sean necesarias para que las estaciones repletas de personas, las vías en mala calidad y las filas interminables de buses inmóviles, dejen de ser el pan de cada día.

Dentro de estas obras se ha planteado la construcción de la troncal de la Avenida Boyacá, intervenir la troncal de la Caracas, y ampliar algunos portales como el del Tunal y estaciones en las troncales de la Caracas y Autopista Norte, que presentan grados de saturación por encima del 80 por ciento.

Se incluyen, además, puentes peatonales en las estaciones Pepe Sierra, Calle 127, Calle 146, Mazurén y Toberín.

Igualmente, el mejoramiento del Sistema Integral, y la construcción de los cables, así lo hemos expresado varias veces, en Ciudad Bolívar y San Cristóbal.

Porque repito: es urgente actuar ya y hacer así del día a día de los bogotanos algo cada vez más humano, como es el eslogan del Alcalde de Bogotá: Bogotá Humana. 

Finalmente, quiero llamar la atención sobre la necesidad de estimular una de las herramientas que más puede contribuir a mejorar la movilidad en la ciudad –aquí todos nosotros tuvimos un alcalde obsesionado en eso, que dejó un buen legado–: la cultura ciudadana.

Se deben profundizar los esfuerzos de muchas entidades para sensibilizar a la ciudadanía en comportamientos y conocimientos para mejorar la convivencia, para mejorar el civismo, el sentido de apropiación por parte de los ciudadanos.

Estamos listos para apoyar esas iniciativas de seguridad ciudadana. Porque lo que pase con Bogotá es responsabilidad de todos nosotros.

El Gobierno Nacional –repito– está dispuesto a concurrir a las soluciones y también al esfuerzo financiero.

En nuestros planes de inversión tenemos previsto –a la fecha– esos recursos de 7 billones: 6 para el metro y 1 para las otras obras que beneficien la movilidad.

Es un ‘cace’ muy importante para animar una solución al problema de la movilidad en nuestro país.

¡Nadie tiene el monopolio de las buenas ideas! Nadie tiene el monopolio de la solución perfecta.

Aquí lo que necesitamos es un esfuerzo de todos: Gobierno, ciudadanos, empresarios, académicos, medios de comunicación, todas las fuerzas políticas –sin excepción–, jalando para el mismo lado.

Estoy seguro que si nos unimos en torno a un proyecto tan ambicioso como es el del metro, que ha sido tan añorado en esta ciudad, ¡por supuesto que vamos a superar –TODOS UNIDOS, como debe ser–, los retos no solo en movilidad, sino también en seguridad, en medio ambiente, en educación, en salud, en vivienda!

Que nuestro compromiso entonces sea con la calidad de vida; con la construcción permanente de una ciudad que sea motivo de orgullo para quienes viven en ella, para nosotros, los bogotanos, y que sea un ejemplo en América Latina.

La movilidad en Bogotá es una prioridad para nosotros, lo reitero. Y estamos comprometidos con los recursos, que ya han sido asignados.

Los invito entonces a que renovemos nuestro compromiso con nuestra capital, que es la capital de todos los colombianos, y a que pensemos en grande, con soluciones del tamaño de nuestras necesidades y realidades del tamaño de nuestros sueños.

Muchas gracias”.