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 Palabras del Presidente de la República, Juan Manuel Santos, en la celebración del 54° Banquete del Millón

 ​Bogotá, 27 nov (SIG).

Hace un año comencé mis palabras con una cita del papa Francisco y este año no he resistido la tentación de volver a hacerlo, porque sus ideas son, sin duda, iluminadoras no solo para los católicos sino para toda la humanidad.

Dice el Sumo Pontífice en el documento “La Alegría del Evangelio”:

“Cuando la sociedad abandona en la periferia a una parte de sí misma, no habrá programas políticos ni recursos policiales o de inteligencia que puedan asegurar indefinidamente la tranquilidad.

“Y no solo porque la inequidad provoca la reacción violenta de los excluidos, sino porque el sistema social y económico es injusto en su raíz.”

De esto trata este Banquete del Millón, una tradición que se ha mantenido por 54 años y que hoy nos congrega una vez más en torno a la solidaridad.

Ese mensaje lo entendió muy bien el recordado padre Rafael García-Herreros, cuando tuvo la iniciativa de crearlo, y lo siguen poniendo en práctica el padre Diego Jaramillo, la Corporación Minuto de Dios y todo su entusiasta equipo de colaboradores.

¡No podemos –como sociedad– abandonar en la periferia a una parte de nosotros mismos!

¡No podemos perpetuar las brechas –o mejor, los abismos– de la inequidad que excluyen a tantos colombianos de las oportunidades!

Es urgente –y sabemos que así es– construir entre todos una sociedad más igualitaria.

Por eso esta ha sido una prioridad ¬–una verdadera obsesión– de mi gobierno, y en eso coincidimos con el espíritu de este evento y de las obras que ha realizado la Corporación Minuto de Dios durante más de medio siglo.

En los últimos cuatro años 3 millones 600 mil colombianos superaron la línea de pobreza y más de 2 millones salieron de la pobreza extrema, es decir, de la miseria.

Son cifras muy importantes, logros que nos estimulan, pero mucho más nos preocupan aquellos que siguen excluidos, aquellos que siguen en la periferia.

Todavía 3 de cada 10 colombianos son pobres y 1 de cada 10 son pobres extremos.

Así que la tarea es larga y el esfuerzo que tenemos que hacer –y que estamos haciendo, unidos– es monumental.

Este es un esfuerzo que requiere de grandes recursos para lograr nivelar, de alguna manera, las oportunidades, de tal forma que los que menos tienen logren acceso a opciones que sin la ayuda del Estado no tendrían.

¿Qué necesitamos entonces?

El Minuto de Dios nos lo ha enseñado: necesitamos solidaridad, generosidad, caridad, sentido de humanidad…

La reforma tributaria que estamos proponiendo al Congreso se trata justamente de eso: de que aquellas personas o empresas que más tienen le den la mano –con un esfuerzo adicional– a quienes han sido excluidos del progreso y el desarrollo.

Estamos hablando de unas 50 mil personas –apenas el uno por mil de la población– que contamos con altos patrimonios, y unas 35 mil empresas, que pagarán un poco más de tributos para ayudar a millones de colombianos menos favorecidos a mejorar sus vidas.

Coincidencialmente hoy salió un artículo en el periódico El Tiempo, un artículo de una estudiante de la Universidad de Berkeley, donde se escribió un libro que está hoy de moda en el mundo entero, sobre la desigualdad.

Les voy a leer algunos apartes de lo que dice esa estudiante, que colaboró con el economista francés para escribir el libro, que se está lanzando esta misma semana aquí en Colombia. Dice:

Colombia lidera la lista de países más desiguales del mundo. Y no solo eso, si no que ha llevado este título por más de dos décadas. El uno por ciento de los adultos más ricos en Colombia concentra más del 20 por ciento del ingreso total del país. Colombia es de los pocos países donde los beneficiarios de ingresos más altos, es decir, los que están en el estrato más alto porque tienen ingresos más altos, coinciden con ser dueños del capital. Alrededor del 60 por ciento de los ingresos declarados por el uno por ciento más alto, son tratados como no gravables, y esta fracción aumenta a medida que se sube en la escala de los ingresos. Así, a los ultra-ricos solo un 10 por ciento de sus ingresos son considerados como gravables, y el resto queda virtualmente exento de impuestos.

Traigo este artículo a colación porque creo que nos dice con cifras lo que debemos hacer: que los que más tienen, ese uno por mil de la población, le paguemos un poquito más al fisco, para que los millones y los millones de colombianos que están hoy viviendo de la pobreza, puedan tener una oportunidad.

Algunos se han quejado del nombre del impuesto: Impuesto a la Riqueza. Yo diría que este es un impuesto más bien contra la pobreza. Por eso le voy a pedir al Ministro que le pida al Congreso de la República que le ponga ese nombre: Impuesto contra la Pobreza.

¡Claro que es un esfuerzo! ¡Claro que cuesta!

Pero lo que harán estos compatriotas –lo que haremos, yo me incluyo en ese uno por mil–, más pudientes es ayudarnos a todos a construir un país más justo, más equitativo y –por lo mismo– más viable.

Con ese esfuerzo adicional lograremos que 2 millones y medio de niños entre 0 y 5 años reciban atención integral.

Con ese esfuerzo adicional garantizaremos que la educación pública en Colombia siga siendo totalmente gratis desde el grado cero hasta el once.

Con ese esfuerzo adicional vamos a seguir apoyando a jóvenes pilos, pero de bajos recursos, para que ingresen a estudiar a las mejores universidades.

Con ese esfuerzo adicional vamos a seguir entregando casas dignas a familias que de otra manera no podrían soñar con un techo propio.

Con ese esfuerzo adicional vamos a seguir llevando servicios básicos –agua, luz, alcantarillado– a zonas del país y a millones de colombianos donde aún hay familias que carecen de ellos.

Con ese esfuerzo adicional –en fin– vamos a forjar una Colombia de la que nos sintamos orgullosos, porque es solidaria y porque cada vez serán más cortas las brechas sociales.

Nuestro objetivo –el objetivo del país– es que para dentro de 10 años hayamos erradicado la pobreza extrema de nuestro suelo, y todos los colombianos cuenten con una calidad de vida digna.

Recordemos las palabras del Papa: ¡No podemos ni vamos a abandonar una parte de nuestra sociedad en la periferia!

Si queremos paz –y estamos trabajando arduamente para alcanzarla, y le agradezco mucho Padre Diego Jaramillo por sus palabras, esa paz tendrá que sustentarse no solo en el silencio de los fusiles, sino también en una nación generosa, en una nación incluyente, en una nación tolerante.

En estos meses he invitado a los colombianos a compartir una visión y a trabajar juntos por ella: la visión de una Colombia en paz, una Colombia con mayor equidad, una Colombia mejor educada.

Hoy –para variar– tomaré prestado el hermoso lema del Minuto de Dios, que se parece mucho:

Los invito a construir un país MÁS JUSTO, MÁS EQUITATIVO… ¡MÁS BONDADOSO!

Muchas gracias.