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 Palabras del Presidente de la República, Juan Manuel Santos, al intervenir el 34° Congreso Nacional de Ganaderos

 Santa Marta, 28 nov (SIG)

“A todos un saludo muy afectuoso. Decirles que aquí estamos. Aquí estoy yo como Presidente. Aquí han venido varios de mis ministros.

Porque este gremio siempre ha sido para mí un gremio muy importante. Yo llevo ya algunos años en la vida pública. Recuerdo cuando en el primer Congreso Ganadero al que asistí a comienzos de los años 90, como el primer Ministro de Comercio Exterior, si la memoria no me falla, estaba el doctor José Raimundo Sojo Zambrano de Presidente de Fedegán.
 
Luego asistí varias veces como periodista, como Ministro de Hacienda, como Ministro de Defensa. Y siempre he considerado el gremio ganadero como un gremio de gran importancia, porque lo es.
 
Ustedes, al igual que el gremio cafetero, son los dos pilares de nuestra agricultura, de nuestro desarrollo rural. Por eso siempre he tenido a los ganaderos como interlocutores válidos e importantes.
 
Siempre he dicho que unas buenas relaciones con los gremios en general, con los gremios como Fedegán y como los cafeteros en particular, es algo que es importante para el  país.
 
Entonces, si en estos últimos años, después de mi primera visita como Presidente a este Congreso, hubo algún distanciamiento, tengan la seguridad de que no fue con los ganaderos. Fue con la dirigencia.

Por algo que yo he considerado siempre muy nocivo. Los gremios no están para hacer política. Los gremios están para tener una comunicación fluida con los gobiernos, para representar a sus agremiados y para encontrarles solución a los problemas.

Y si se politizan los gremios, la esencia misma, su razón de ser, se debilita enormemente y todos perdemos.
 
Lo he dicho siempre, porque yo me crié en un gremio, el gremio de los cafeteros. Ahí aprendí mis primeras lecciones sobre el servicio público, sobre la agricultura. Y ahí aprendí la importancia de la concertación.
 
Inclusive dije: Allá está por ley. Eso debería ser una norma, porque concertando, dialogando, es como mejor se solucionan los problemas.
 
Entonces lo que yo le propongo, doctor Lafaurie, es que dejemos la política a un lado y trabajemos juntos con todos los ganaderos.

Porque usted lo ha dicho con mucha claridad, y yo soy muy consciente: en este mundo de hoy, en estas circunstancias que estamos viviendo, el potencial que tiene el gremio ganadero, que tienen ustedes, para crecer, para fortalecerse, es enorme. Y ahí, si trabajamos juntos, ese potencial se puede volver una realidad.
 
Hace un par de semanas, menos, se celebró en Roma la gran Cumbre del Hambre. Allá estuvo inclusive el Santo Padre. Se hicieron unas proyecciones sobre lo que va a ser la demanda de alimentos en el mundo entero. La situación es bastante dramática.

Uno de los pocos países que tiene la capacidad de suplir esa demanda, la FAO ha identificado 7 – 8 países, entre ellos está Colombia.
 
Hay un enorme potencial. Usted también lo ha mencionado. Hay formas también mucho más productivas de operar, de poner en marcha. Los experimentos silvo-pastoriles que usted menciona, los discutimos hace ya algún tiempo usted y yo.
 
Yo estuve con el Gobernador en el sur del Atlántico, hace unas semanas, viendo un ejemplo concreto, hablando con los campesinos que están al frente de eso, preguntándoles cuánto se les ha aumentado su ingreso, su producción de leche, su producción de carne, y realmente ese es el futuro.
 
De manera que su propuesta se la acepto irrevocablemente. Trabajemos juntos para eso.

Yo sé que aquí el Ministro de Agricultura les habló de varios temas. La Ministra de Comercio, Industria y Turismo les habló de otros: el potencial que hay en materia de los TLC. Les agradezco el apoyo a ciertos TLC, que son importantes para el sector agropecuario colombiano.

El potencial, como usted lo menciona, inclusive en Estados Unidos, porque cada vez, si somos eficientes, los mercados, todos, están a nuestra disposición.
 
Estoy de acuerdo con usted también en que por ineficiencias del propio Gobierno, nuestras, esas oportunidades no se han aprovechado como se han debido aprovechar hasta ahora.

Pero tengan la seguridad de que aquí, con el Ministro y todos los ministros, vamos a apretar clavijas, para que esos cuellos de botella se vayan resolviendo.

Tres condiciones para un proceso de paz exitoso

Entonces yo vengo a hablar sobre los temas concretos del Ministerio de Agricultura, del Ministerio de Industria, del Ministerio de Trabajo, del Ministerio de Defensa.

Déjenme les echo el cuento, por así decirlo, de eso que en cierta forma nos ha podido dividir pero no tiene por qué dividirnos, todo lo contrario, debe ser un motivo para unirnos: es el tema de la paz.
 
Quiero compartir con ustedes cómo fue que esto nació, cómo fue que esto se desarrolló. Para que ustedes entiendan de dónde venimos, dónde estamos y para dónde vamos.

Creo que si ustedes son conscientes de mirar los detalles, las razones de ciertas decisiones, van a ser mucho más comprensivos y creo que el valor supremo de la paz, que es lo que toda sociedad añora, la podremos conseguir con más facilidad.
 
Yo me remonto a los años 90, a los comienzos de los 90, cuando comencé mi vida pública como Ministro de Comercio, primer Ministro de Comercio Exterior.

Estábamos en ese momento abriendo la economía, estábamos buscando inversión extranjera, que difícilmente podíamos conseguir en unas circunstancias como las que estábamos viviendo.
 
Sin embargo fuimos a Nueva York. Fue tal vez uno de los primeros eventos que me organizó el recién creado Proexport, que hoy se llama Procolombia. Fuimos a Nueva York. Allá estábamos con unos pocos inversionistas, presidentes de compañías, que logramos reunir. Estábamos en la mitad de la exposición sobre el futuro de Colombia, cuando recibimos la noticia de un bombazo en Bogotá.

Lógicamente toda la conferencia se vino al suelo, fracasó. Y uno de los presidentes de una de las pocas compañías que asistieron me dijo: “Mire, Ministro, mientras Colombia no sea un país normal, olvídese que realmente el mundo lo va a ver a usted, a sus ministros, a su gobierno y a su país con ojos de interés a largo plazo”.
 
Y le pregunté: “Pero, ¿qué es un país normal?”.
 
Y me dijo: “Muy sencillo: un país normal es un país en paz”.
 
Eso me llegó al fondo del corazón. Vi la dificultad porque en ese momento estábamos, ustedes recordarán, se acababa de volar Pablo Escobar, estábamos en la mitad de unos días muy complejos.
 
Yo me puse a leer y a estudiar los procesos de paz en el mundo y en Colombia: qué había sucedido, por qué habían fracasado, cuáles eran esas circunstancias, esas condiciones necesarias para que un proceso tuviese éxito.
 
En ese análisis de ese estudio, de esa comparación, surgieron tres condiciones que eran necesarias para que un proceso tuviera éxito, un proceso de paz con las Farc.
 
El primero: que había que modificar la correlación de fuerzas militares. Mientras existiera la posibilidad o la pretensión de la guerrilla de pensar que a través de las armas iba a lograr algo, ahí no hay posibilidad de un proceso.
 
Segunda condición, presente en todos los procesos de paz en el mundo que han sido exitosos: las personas que están al frente de esos grupos armados al margen de la ley, de esa guerrilla, tienen que considerar que es mejor negocio dejar las armas, porque si no nunca las van a dejar.
 
Y tercera condición, cada vez más importante en un mundo cada vez más globalizado: el papel y el respaldo de la comunidad internacional.
 
Estas tres condiciones no existían en ese momento. Y por circunstancias de la vida se fueron dando, y a mí me correspondió estar presente en varios episodios para crearlas o para aprovecharlas.
 
La primera fue cuando estaba de Ministro de Hacienda, casi 10 años después, en el año 2001. Estábamos en medio de El Caguán. Yo nunca quise, se lo dije al Presidente Pastrana: “Yo no voy al Caguán a rendirle cuentas a esa guerrilla. Por ningún motivo me vaya a usted a mandar, como está mandando a los demás ministros”. Y nunca fui.
 
Nunca fui, pero al mismo tiempo con el entonces Ministro de Defensa y Vicepresidente, Luis Fernando Ramírez, le dije: “Esto va a fracasar. Y nosotros no podemos dejar a las Fuerzas Militares en un estado de debilidad”.

A pesar de las dificultades económicas. Acuérdense que a mí me correspondió ser Ministro de Hacienda en el peor momento económico de la historia reciente del país. Nunca habíamos sufrido tanto en 80 ó 100 años de historia. Una recesión, un crecimiento negativo del 4,5 por ciento.

Sin embargo, con el Ministro de Defensa de entonces, Luis Fernando Ramírez, hicimos un gran esfuerzo. A pesar de que estaba el Caguán en plena evolución, dijimos: vamos a fortalecer a las Fuerzas Militares.

Y nos sentamos con el entonces Comandante de nuestro Ejército, que estaba librando una batalla en todo el territorio por mantener la seguridad y que aquí está presente: el general Mora. De ahí surgió uno de los nombres que le tenemos: “El Libertador de Cundinamarca”, cuando logró usted coger a la guerrilla y sacarla de Cundinamarca concretamente. Y nunca ha vuelto, a pesar de los inmensos esfuerzos.

Pero ahí comenzamos con el proceso de fortalecimiento de las Fuerzas. Le dedicamos recursos. Vino el Plan Colombia. Estados Unidos nos comenzó a ayudar en el entrenamiento en cierta calidad de la ayuda. Comenzó ese proceso a operar y a comenzar la correlación de fuerzas a modificarse.
 
Fue así como el Presidente Uribe, con buen criterio, continuó ese proceso. Continuó el proceso de fortalecimiento de las Fuerzas y esa correlación de fuerzas se dio a favor del Estado.
 
En el año 2006, cuando llegué al Ministerio de Defensa, se me presentó la oportunidad de la segunda condición: la de convencer a la dirigencia, a los jefes de la guerrilla, que era mejor negocio dejar las armas. Pero eso no era por las buenas. Era por las malas.
 
¿Qué pasaba ahí? Que hasta ese momento, hasta el año 2006, no se había logrado tocar ni a un solo miembro del Secretariado, ni a ninguno de los altos comandantes, de los jefes de la guerrilla.

Me acuerdo que el Presidente Uribe me dijo: “Ministro, hagamos algo con esto. Hagamos algo porque no hemos podido tocar a ninguno de esos tipos”.
 
Pues ahí fue cuando me fui a Inglaterra, le pedí ayuda al entonces Primer Ministro británico y le dije: “Ayúdeme con la inteligencia, porque creo que lo que está fallando en el país es la inteligencia”.

Por una razón, entre muchas. Había un grupo en ese entonces que se llamaba el Grupo Cancerbero, que era supuestamente un grupo para ubicar y dar de baja a los objetivos de alto valor. Entonces ese grupo se reunía. Y cuando comenzábamos a implementar cualquier decisión, ya la guerrilla lo sabía. Estábamos completamente infiltrados. La inteligencia no operaba.

Los británicos me dijeron que por supuesto me ayudaban y me dieron un consejo: “Ustedes han sido entrenados, formados, por los americanos. Allá les gusta poner a competir las inteligencias. Nosotros creemos que eso es un error: que las inteligencias tienen que trabajar juntas. Ponga a sus fuerzas a trabajar juntas, sobre todo en materia de inteligencia”.

Eso requería un cambio de cultura, requería realmente cambiar la forma de percibir el papel de cada inteligencia, porque el Ejército tenía su propia inteligencia, la Fuerza Aérea su propia inteligencia, la Policía su propia inteligencia, la Armada su propia inteligencia. Y cada uno la guardaba. Porque como la inteligencia es información y la información es poder, entonces cada uno guardaba su inteligencia.

Y por supuesto, eso no operaba bien, porque cada uno tenía un poquito de inteligencia. Y la inteligencia para que opere bien, tiene que ser completa.
 
Entonces hicimos todo un esfuerzo en cambio cultural, reunir a los directores de inteligencia, a los propios comandantes, decirles a los comandantes: “Donde yo me entere de que hay alguno de ustedes que está guardándose la inteligencia, se va el comandante y el director de inteligencia”.
 
Y poco a poco fue cambiando. Y eso generó toda una dinámica en las Fuerzas Armadas, que aumentaron su efectividad en forma geométrica.
 
¿Por qué la aumentaron? Porque hasta ese momento, ¿qué pasaba? Los que hacían las operaciones, que eran los que arriesgaban la vida yendo a hacer la operación, como no confiaban en la inteligencia, hacían su propia inteligencia antes de hacer la operación.
 
¿Qué pasaba? Que las operaciones se demoraban una semana o dos semanas antes de hacerse, después de recibir la primera información. Lógicamente cuando llegaban, no había nadie.
 
Eso había sucedido durante años, décadas. Al cambiar la inteligencia, comenzó a generarse una confianza de la gente que operaba, y comenzaron a reducirse los tiempos. De una semana o dos semanas, se redujo a doce horas, 18 horas, y comenzaron a caer las cabezas de la guerrilla.
 
Un bandido, ‘El Negro Acacio’, fue el primero que cayó. Y después ‘Raúl Reyes’ y después varios miembros del Secretariados. Y ahí continuaron.
 
Eso ha continuado. Cuando hubo cambio de Gobierno, a mí nadie me iba a decir cómo es que tenía que perseguir a esta gente. Acuérdense que fue durante mi Gobierno que cayó el ‘Mono Jojoy’ y que cayó ‘Alfonso Cano’ y que han caído 56 cabecillas de la guerrilla, cabecillas de frente. Eso nunca se había visto.
 
Ahí fue cuando estos comenzaron a decir: de pronto es mejor negocio dejar las armas, porque había que darles garrote para que pudieran convencerse de que la paz era un buen negocio. Segunda condición, se cumplió.

Colombia frente al mundo

La tercera condición era la parte internacional. Ustedes se acordarán de mi enemistad con el Presidente Chávez, mucho más aguda, mucho más agresiva que la que tenía inclusive Uribe.
 
A mi Uribe me obligaba a ir a reuniones con Chávez, y yo iba a regañadientes, bajo la condición de que no me tomaran fotografías con ese señor. Yo me insulté con él en todas las formas y él conmigo. Teníamos una situación bastante agresiva.
 
Pero cuando me eligieron a mí Presidente, hice la siguiente reflexión, que se la hace cualquier jefe de Estado medianamente responsable: Yo ya no soy ni periodista, ni Ministro de Hacienda, ni Ministro de Defensa. Soy Presidente de todos los colombianos. Y no tiene sentido continuar una pelea que no nos va a llevar a ningún lado.
 
Acuérdense que hace un poco más de cuatro años, estábamos a punto de irnos a una guerra. Se hablaba de movilizar tanques. No teníamos relaciones diplomáticas ni con Venezuela ni con Ecuador.
 
Éramos la oveja negra de la región. Estábamos en las listas negras de todas las organizaciones internacionales. No nos aprobaban los tratados de libre comercio en ninguna parte. Nos ponían visas en Centroamérica y en las islas del Caribe.
 
Así estábamos. Dije: voy a hacer, como debe ser, caso omiso al pasado, y voy a ver si puedo arreglar esta situación, para hacer una situación llevadera.
 
Estaba yo en eso, pensando en eso, estaba ya de Presidente electo, y me encontré con el Presidente Kirchner en Argentina. Fue a visitarme a la Embajada. Le llevé una camiseta de Teo. Era fanático del Racing, donde Teo jugaba.

Y me dijo, me acuerdo: “¿Usted ha pensado en algún momento que usted pueda tener una buena relación con Chávez?”.
 
Y le dije: “Pues precisamente últimamente he pensado que sería lo más conveniente, pero no sé cómo”.

Me dijo: “Déjeme, si usted me permite, yo puedo tratar de ayudar en eso”.
 
A las 24 horas me llamó y me dijo: “Chávez está listo. ¿Por qué no lo invita a la posesión?”.

Le dije: “No, eso sí es demasiado. Eso tal vez no”.
 
Entonces le dije: “Pero, mire, lo invito tres días después a un sitio que para él es muy simbólico, el sitio donde murió Bolívar: la Quinta de San Pedro Alejandrino –aquí cerquita donde estamos nosotros–. Allá nos reunimos”.
 
A los 15 minutos me volvió a llamar: que listo, que Chávez está allá en la mañana del 10 de agosto. El día de mi cumpleaños, además.
 
Me posesioné y con la Canciller dijimos: “Bueno, ¿y cómo vamos a hacer para recibir a Chávez? ¿Qué le vamos a decir?”. Les confieso que yo estaba bastante nervioso: ¿Cómo voy a manejar esta situación, después de las insultadas que nos hemos pegado?
 
Estaba pensando en eso, recordando un viejo consejo de Churchill, que decía: “En situaciones bien difíciles, póngale humor a la cosa”.

Yo tenía eso como en mente. Llega Chávez ese día, 10 de agosto. Llega con todo su séquito, aviones, con todos los carros blindados. A él le gustaba dar declaraciones a donde llegaba, a todas partes. Daba declaraciones en los aeropuertos.
 
Había pedido que la prensa estuviera ahí. Hizo unas declaraciones. Decía: “Aquí estoy nuevamente con la bandera de la paz, para abrir un capitulo nuevo en las relaciones entre Venezuela y Colombia. Esperamos dejar las diferencias atrás. Además, vengo en un día muy especial, el día del cumpleaños del Presidente Santos, que está cumpliendo 48 años”.
 
Y siguió con sus declaraciones. Yo vi eso. Yo estaba en la Quinta de San Pedro Alejandrino. Que 48 años. Y me acordé del consejo de Churchill. Entonces llegó Chávez a la Quinta de San Pedro Alejandrino, abrió la puerta del carro y se me abalanzó a darme un abrazo.
 
Yo le estiré la mano y le dije: “Presidente Chávez, esto comenzó muy mal”.  Serio, se lo dije.
 
El tipo como que se azoró y dijo: “Pero, ¿qué paso? ¿Qué paso, Presidente Santos?”.

Y le repetí: “Presidente Chávez, usted dio unas declaraciones que me ponen a mí en serios problemas. Esto comenzó muy mal”.
 
Me decía: “Pero, ¿qué dije yo, Presidente. Lo único que hice fue una serie de declaraciones amables, diciendo que la bandera de la paz y que su cumpleaños”.
 
Yo le dije: “Ahí está. Usted dijo que yo iba a cumplir, que estaba cumpliendo 48 años. Yo estoy cumpliendo es 58. Y mi señora me va a demandar mucho más”.

Entonces ahí se rompió el hielo. Y a pesar de que Chávez y yo éramos como el agua y el aceite, no concordábamos en nada, ni en nuestro modelo de desarrollo, ni en nuestro modelo político, en nada, tuvimos unas buenas relaciones.
 
Unas buenas relaciones hasta el día de su muerte. Y eso generó toda una dinámica de cambio en nuestras relaciones exteriores, primero con Venezuela, luego con Ecuador, luego toda la región, luego con las organizaciones internacionales. Cambió en 180 grados el posicionamiento de Colombia frente al resto del mundo.

Eso fue lo que también generó esa tercera condición. Porque cuando comencé a hablar del proceso de paz, inmediatamente, tengo que reconocer que Chávez, que tenía una influencia especial sobre las Farc, fue el primero que dijo: “Yo lo ayudo a lanzar eso”. Y me ayudó. Él participó activamente en el inicio del proceso.

El cuadro completo de la paz

Yo estaba esperando ese momento también para generar una serie de condiciones. Yo me hice asesorar de una serie de personas internacionales, que habían tenido experiencia en estos procesos.
 
Experiencia práctica. Personas que habían estado dirigiendo la negociación con el IRA en Irlanda del Norte, en El Salvador, con el FMLN, con inclusive un canciller israelí, que fue un poco el arquitecto del acuerdo de Oslo entre los palestinos y los israelitas.
 
Esa gente me ha venido asesorando desde el principio. Y cuando comenzamos a dar los primeros pasos, me sugirieron: mire, ponga unas condiciones claras desde el comienzo. Y ahí fue cuando surgió, por ejemplo, la condición de: “Nada está acordado hasta que todo esté acordado”.
 
¿Cuál fue el raciocinio para poner esa condición? Muy sencillo. Estos asesores me dijeron: en todos los procesos siempre hay, en esa transición durante el proceso, unas situaciones muy complejas. Porque cada elemento que se va a discutir durante el proceso es un elemento impopular.
 
La gente la rechaza, porque usted está negociando con una gente que no tiene el apoyo de la población y que ha cometido todo tipo de atrocidades. Por eso cualquier cosa que usted mencione individualmente, va a ser rechazado por el pueblo y por la gente.

Es como usar el símil de alguien que está pintando un cuadro, que no quiere que el comprador vea el cuadro sino cuando esté completo. Y la experiencia nos ha demostrado que eso es así.
 
Si uno le pregunta al pueblo colombiano si quiere que las Farc participen en política, dicen que no. Que si quieren que tengan algún tipo de beneficio jurídico, la gente dice que no.
 
Pero si uno les da el paquete completo, un paquete razonable y dice: esta es la paz y este es el costo de continuar la guerra  20 ó 30 años, la gente compra la paz. Por eso la condición de que nada está acordado hasta que todo este acordado. Y se puso desde un principio.

No al cese al fuego

La otra condición fue: No cese al fuego hasta que lleguemos al final de los acuerdos. Ahí hay varias razones.

La primera: las experiencias de verificación de cese al fuego habían sido nefastas, sobre todo en una geografía como es la colombiana.
 
El experimento en la época de Belisario es uno de tantos, que demuestra cómo la negociación se convierte no en la negociación de los temas, sino en la verificación o discusión sobre el cese al fuego.
 
Segunda razón: un cese al fuego es un incentivo perverso para que las negociaciones se prolonguen indefinidamente. ¿Por qué? Porque las Farc quedarían en el mejor de los mundos: armados, dialogando y sin presión militar. Ese incentivo perverso está ahí presente.
 
Tercero: hay un elemento de vanidad personal ante la historia. Yo dije desde un principio: por ningún motivo este proceso, si llega a fracasar, puede significar que la guerrilla sale fortalecida y el Estado colombiano sale debilitado.

Yo no voy a pasar a la historia como otro presidente ingenuo que creyó en esa gente y les dio unas concesiones que después ellos aprovecharon, se quedaron con las ganancias y continuaron con su lucha. No, señores.

Por eso dije: no solamente no cese al fuego, sino que no se va a despejar un centímetro de nuestro territorio. Ya teníamos demasiadas experiencias en ese frente.
 
Entonces pusimos la condición de no cese al fuego desde el comienzo. Y se ha venido negociando bajo esas condiciones.

Pusimos la condición también del secreto, durante la primera fase de negociar una agenda. Eso también fue un consejo de los asesores internacionales. Negociar una agenda es tal vez el 50 por ciento de la negociación.

Se negoció esa agenda en secreto, que fuera también la medición de la voluntad de la contraparte de negociar. En la historia de varios intentos de negociación, siempre habían traicionado la confidencialidad. En esta ocasión no la traicionaron y duraron todo ese tiempo negociando en secreto.

Y se logró la agenda, una agenda concreta para ponerle fin al conflicto, cinco puntos, que fue la que se dio a conocer en Oslo hace dos años.

¿Qué es lo que en el fondo se está negociando? Y ahí me interesa mucho que ustedes tengan esto claro. Esos cinco puntos son los cinco puntos de la agenda. No hay nada más.

Los cinco puntos son los puntos que se acordaron en esa negociación secreta. Y con esos cinco puntos, si llegamos a acuerdos sobre esos puntos, se le pone fin a este conflicto, a esta guerra.

No se está negociando nada por debajo de la mesa, ni en forma paralela, ni en forma secreta. Se está negociando solamente sobre esa agenda.

Agro y desarrollo rural

La agenda tiene el componente del desarrollo rural. ¿Por qué acepté yo, que había dicho desde el principio que aquí no se va a hacer la revolución por decreto? ¿Eso qué quiere decir?

Aquí yo no voy a aceptar que las Farc vengan a decirme que mi política tributaria va a ser de este tamaño, o que la política de inversión extranjera, o que las instituciones democráticas las tenemos que cambiar. Nada de eso. Aquí no vamos a hacer la revolución por decreto y se los advertí desde el principio.

Sin embargo, sí acepté lo del desarrollo rural, por lo mismo que el Ministro Iragorri les dijo a ustedes ayer: esto lo vamos a hacer con o sin Farc, porque el campo colombiano tenemos que ponerlo a producir, tenemos que invertir mucho más en el campo, porque si queremos los objetivos que estoy buscando en este gobierno de ser un país sostenible en el tiempo, más equitativo, con menos pobreza, tenemos que invertir en el campo.

Entonces les dije y se lo dijimos a las Farc: esto lo vamos a hacer con o sin ustedes, y ustedes verán si se montan en el tren o no.

¿Y qué fue lo que acordamos? Pues precisamente eso: invertir más recursos en el campo. Y ya comenzamos. El presupuesto del sector agropecuario este año es el más grande en la historia de Colombia: 5,2 billones de pesos en el presupuesto. Y esa es apenas la cuota inicial. Vamos a invertir muchísimo más.

¿Por qué lo hacemos? Porque es que en el campo está concentrada la pobreza. Ahí está concentrada buena parte. Ahí se originó el conflicto. Por eso la mejor inversión que puede hacer Colombia es la inversión en el campo. Lo dijimos desde hace cuatro años y lo hemos sostenido y lo vamos a seguir sosteniendo. Y no solo sosteniendo sino que vamos a ir arreglando ese problema.

¿Entonces qué acordamos? Lo obvio. Con o sin Farc, acordamos más inversiones. Acordamos, sí, un fondo de tierras. Afortunadamente en Colombia hay campo para todos. Aquí tenemos tierra suficiente. No vamos a expropiar a nadie. Todo lo contrario, todos los agricultores, ganaderos, que tienen sus tierras bien habidas, tienen es que celebrar que va a haber mucha más inversión en el campo.

Este es un alivio para el campo en general. La propiedad privada, el principio de propiedad privada, yo soy el que más lo defiendo. Ni más faltaba que fuéramos a poner eso en tela de juicio. Entonces aquí no va a haber ningún tipo de expropiación.
 
A los narcotraficantes, sí. A esos se les va a expropiar: la extinción de dominio. A una serie de personajes que sacaron a la gente a la fuerza, con fusil, esta gente, si se comprueba, también esta gente no va a tener derecho a la tierra. Pero la inmensa mayoría de los agricultores, de los ganaderos colombianos, no están en esa categoría. Entonces ahí lo que va a haber es más recursos, más inversión y más prosperidad para el campo.

Eso fue lo que negociamos y nada más. Aquí no negociamos la política de reforma agraria, porque algunos están diciendo que vamos a poner en tela de juicio la propiedad privada. Nada de eso está negociado. Ahí están además los textos. Los son claros. Ahí no hay lugar a ningún tipo de interpretación diferente a la que hemos dado en la Mesa y la que han venido explicando los negociadores.

Participación política

Segundo punto, la participación política. Toda democracia es una suma de instituciones. Y las instituciones tienen que irse renovando de acuerdo a las circunstancias cambiantes. El mundo va cambiando y las instituciones tienen que irse acoplándose a los nuevos cambios.
 
Las democracias en todas partes del mundo se van renovando. La oposición siempre pide más garantías. Y uno tiene que pensar: el día de mañana yo voy a ser oposición. Entonces tenemos que pensar en ir fortaleciendo las reglas de juego para que la democracia sea cada vez más legítima.

¿Y qué se negoció? Un avance en esa dirección: darle más garantías a la oposición, darles más representatividad a ciertas zonas que no ha tenido. Son cosas en el fondo marginales, pero que profundizan y mejoran nuestra democracia.
 
La única concesión que algunos dicen que fue para las Farc, y no necesariamente es para las Farc, fue un número limitado de curules, por un tiempo limitado, en la Cámara de Representantes, en las zonas de conflicto.

Algunos dicen: Eso para las Farc. No necesariamente. Muy posiblemente no sea para las Farc, porque ya tenemos ejemplos aquí en Colombia y en otras partes del mundo, que cuando uno le quita a una población que ha estado sometida bajo amenaza, esa amenaza, esa población siente su libertad, siente su independencia y vota en contra de quien lo ha subyugado durante tanto tiempo. Eso es lo que puede pasar en esas zonas de conflicto, donde las Farc han estado ahí por dos o tres generaciones. Y son un número limitado.

Digamos, en aras de discusión, en aras de argumentación, que sí, que son para las Farc. ¿Es un precio demasiado grande para comprar la paz, dar unas curules en forma transitoria en la Cámara de Representantes? ¡Por Dios, no! La respuesta definitivamente es no. Pero ni siquiera eso, porque no son necesariamente para las Farc, por lo que les estoy diciendo. Eso fue lo que se negoció en el punto dos.

Narcotráfico, combustible de la violencia

El punto tres es el del narcotráfico. Yo insistí desde el primer momento: este punto tiene que estar ahí y tiene que ser uno de los acuerdos con las Farc.

¿Por qué lo puse? Porque, ustedes lo saben mejor que yo, ese ha sido el combustible de toda la violencia en este país en los últimos 30 – 35 años. El narcotráfico ha sido una flecha venenosa que ha atravesado toda la violencia, que ustedes y todos nosotros en Colombia hemos sufrido.

Si le quitamos ese combustible, que ha sido además la principal fuente de financiación de las Farc, habremos dado un paso inmenso. Por eso pusimos ese punto.

Ya llegamos a unos acuerdos, donde ellos se comprometen a ayudar al Estado colombiano a sustituir los cultivos ilícitos, a eliminar los corredores de exportación de droga, a eliminar y a destruir los laboratorios, a acabar con el negocio del narcotráfico en Colombia.

Que eso sea utópico, de pronto es utópico. Pero el solo el hecho de que quienes han sido señalados como el cartel número uno del mundo, que han sido las Farc… Ellos, por supuesto, con ese cinismo que los caracteriza, dicen: no, nosotros no somos narcotraficantes, nosotros nos lucramos del narcotráfico, pero no nos pueden decir que somos narcotraficantes. Nosotros hacemos lo mismo que hace el gobierno frente a los empresarios, es cobrarles unos impuestos. Esa es su argumentación.

Pero sin entrar en ese detalle, lo que quiero decir es que que hayan acordado en cierta forma venirse a ayudar al Estado a combatir el narcotráfico, eso tiene una importancia monumental.

Tan es así que el día que anunciamos el acuerdo sobre ese punto, me llamó el Secretario General de Naciones Unidas, me llamaron presidentes europeos, el Secretario Kerry. Me dijo: qué maravilla, este es un paso fundamental. Para Colombia y para el mundo, porque al fin y al cabo nosotros seguimos siendo el principal proveedor de cocaína en todos los mercados mundiales. Y el negocio sigue. Por eso ese punto es tan importante. Y ese punto ya está acordado.

Víctimas y justicia transicional

Faltan dos puntos, que ya estamos negociando: el punto de las víctimas y la llamada justicia transicional. Resulta que ya en el mundo de hoy es imposible hacer lo que se hacía hace algunas décadas: perdón y olvido, nos olvidamos de todos los delitos, y como si no hubiera pasado nada, seguimos para adelante. Eso ya hoy no es posible.

Hoy Colombia pertenece a una comunidad internacional. Esa comunidad internacional ha evolucionado. No permite ese tipo de acuerdos. Somos parte del Tratado de Roma, que es el paraguas de la Corte Penal Internacional. Por eso una amnistía, perdón y olvido, o una paz con impunidad es imposible. No se puede. Tiene que ser una paz dentro de la llamada justicia transicional.

¿Y de qué se trata esa justicia transicional? De establecer como sociedad dónde pone uno la raya entre justicia y paz. Cómo puede uno satisfacer los derechos de las víctimas, y al mismo tiempo obtener la paz.
Es una dificultad, ese es el reto. Pero lo que si les quiero decir es que a las víctimas las pusimos en el centro de la solución de este conflicto, por primera vez en la historia, además.

Porque si queremos una paz duradera y sostenible, tenemos que satisfacer el mínimo de derechos de esas víctimas. Fue por eso que aprobamos, inclusive en la mitad del conflicto, la Ley de Reparación de Víctimas.

Las hemos venido reparando. Hemos venido tratando de cerrar las cicatrices de tantos años de violencia, porque solo así vamos a poder abonar el terreno para una paz sostenible.

Por eso pusimos a las víctimas en el centro de la solución. Por eso tomé la decisión, bastante audaz y bastante criticada al principio, porque ya la gente se dio cuenta de que no era un despropósito, de llevar las víctimas  a La Habana.

¿A qué las llevamos? No las llevamos a negociar sus derechos, porque sus derechos son no negociables. Las llevamos a que las partes de esa negociación escucharan a las víctimas en sus anhelos, en sus frustraciones, en sus temores, en cómo ellas, las víctimas, consideraban que sus derechos podrían ser satisfechos.

Porque es la primera vez –esto es muy importante tenerlo en cuenta–, es la primera vez que un país está negociando el fin de un conflicto bajo el paraguas del Tratado de Roma. Eso no se ha hecho nunca antes.

Entonces cualquier cosa que nosotros hagamos, en cierta forma se vuelve precedente. Por eso los ojos del mundo están todos alrededor de cómo es que vamos a solucionar ese problema en Colombia.

¿Cómo vamos a satisfacer los derechos de las víctimas: el derecho a la verdad, el derecho a la justicia, el derecho a la reparación, el derecho a la no repetición? ¿Cómo es que los vamos a satisfacer? Porque eso va a ser ejemplo para otros países, en otras circunstancias, resolviendo conflictos armados.

Por eso la discusión ha sido tan rica. El Procurador tiene unas posiciones sobre eso. El Fiscal tiene otras. Estamos entrando en un terreno que no había sido copado anteriormente. Por eso es interesante y muy importante que este tipo de discusiones se den, para que la sociedad vaya entendiendo el tipo de decisiones que tenemos que tomar.

Y algo para mí muy importante, que me ha servido mucho como lección humana: yo pensaba, como sería lógico pensar, que las víctimas iban a ser mucho más exigentes en materia de justicia. Y que iban a decir: aquí queremos que esa raya entre justicia y paz, se traslade mucho más hacia darle espacio a la justicia y menos a la paz. Y las futuras víctimas son las que generalmente dicen: No, démosle más espacio a la paz, porque yo no quiero ser víctima el día de mañana.
 
Pues resulta que por lo menos la experiencia de la mayoría de las víctimas que han ido a La Habana, ha sido lo contrario. Las víctimas están saliendo más generosas que el promedio de la población. Ellas muchas veces lo único que quieren es que les pidan perdón o que las reparen.

Y cualquier reparación tiene que ser simbólica. Hemos reparado ya 480 mil víctimas. Y es una reparación simbólica, porque ¿cuánto cuesta una hija, cuánto cuesta una familia, un papá o una mamá? Eso no tiene precio. La reparación tiene que ser simbólica.

Las víctimas a veces solamente quieren que les digan dónde están enterrados sus hijos o por qué los mataron.

Por eso este proceso como de exorcizar todas esas frustraciones, esa violencia acumulada, es un proceso necesario, que se está dando y que la sociedad necesita que se siga dando para que podamos encontrar ese terreno abonado de la paz.

Entonces este es el tema que nos ocupa ahora con las víctimas y con la justicia transicional. Y ese es el tipo de decisiones que vamos a tener que tomar: cuánto de justicia se sacrifica. Si esta gente va a pagar 100 años, 50 años, 20 años, cinco años, en qué circunstancias. Todo eso es parte de esa discusión de la justicia transicional.

Beneficios jurídicos

Y algo que hemos dicho desde el principio, para que, lo vuelvo a reiterar aquí, para que todos estemos absolutamente tranquilos. Y se los he dicho a los miembros de las Fuerzas Militares y de Policía: cualquier beneficio jurídico que se dé a las Farc, cualquier beneficio tendrá que ser un beneficio correspondiente a los miembros de nuestras Fuerzas Armadas. No voy a permitir que se repita ese ejemplo de la toma del  Palacio de Justicia, donde una de las personas que se tomó el Palacio de Justicia resultó de alcalde y el que defendió el Palacio de Justicia resultó preso 40 años. Eso no se va a volver a repetir.

Hemos ido de la mano con las Fuerzas Armadas

Parte del éxito de este proceso ha sido que cada paso, cada paso que hemos dado ha sido pensado, evaluado, planeado. Y parte del éxito de  este proceso es que, por primera vez desde que comenzamos las negociaciones secretas, las Fuerzas Armadas de Colombia han estado totalmente informadas.

Hemos ido de la mano con las Fuerzas Armadas desde el primer día. No de Oslo. Desde el primer día de las negociones secretas. Por eso cuando nombramos los negociadores plenipotenciarios, escogimos a nuestros dos mejores generales: el general Mora  y el general Naranjo, aquí presentes, como plenipotenciarios en La Habana, a sabiendas de que ellos iban a representar toda una institucionalidad, que ha sido la que ha puesto el pecho en esta guerra, que son nuestras Fuerzas Armadas.

Ahí nadie está negociando, ni siquiera se permite la discusión sobre el futuro de las Fuerzas Armadas, que será un futuro diferente, porque un país sin guerra es diferente a un país con guerra. Pero aquí no vamos a debilitar a las Fuerzas Militares. Aquí vamos es a fortalecerlas para que cumplan con mayor eficacia su labor como Fuerzas Militares en un país normal.

Desmovilización, desarme y reintegración

Ahí entra el quinto punto, que falta por negociar. El llamado DDR. El fin del conflicto. ¿DDR qué quiere decir? Desmovilización, desarme y reintegración. Es una expresión que se usa en estos conflictos. DDR es el fin del conflicto. Esto también falta por negociar. El cese al fuego definitivo: cómo va a ser, cómo van a entregar las armas, cómo se van a reintegrar.

Ahí se tomó también una decisión. Que en esa discusión participaran militares de muy alto rango, generales de la República en servicio activo. ¿Y por qué se tomó esa decisión? Porque ellos son los que saben, los que han venido combatiendo durante todo este tiempo, y saben dónde está la guerrilla, en qué área se puede concentrar, cómo operan, qué armas tienen. Eso es lo lógico.

Me criticaron porque mandé al general Flórez y a unos oficiales de muy alto rango  a La Habana, que era una especie de humillación a las Fuerzas Militares.

Permítanme decirles, con falta de modestia, que yo he sido el único Presidente de la República que he portado el uniforme militar. Conozco a las Fuerzas Militares. Las conozco muy bien. Y yo sé, no solamente del conocimiento personal sino de la historia, que no hay nada más dignificante para una fuerza armada que ha estado en una guerra, que sentarse con el enemigo a discutir cómo el enemigo va a entregar las armas, cómo el enemigo se va a desmovilizar y cómo ese enemigo se va a reincorporar a la vida civil.

¿Quién se queda con las armas? ¿Quién se queda con el Estado de Derecho? Nuestras Fuerzas Armadas. ¿Quién ganó? Por eso digo yo que la paz es la victoria para nuestras Fuerzas Armadas.

Por eso que ellos sean los interlocutores en ese espacio y en ese tema es lo más dignificante que le puede pasar a nuestras Fuerzas Armadas en este momento de su historia. Porque la paz de Colombia es su victoria.

Por eso están allá ellos participando directamente de esa negociación, asesorando a los plenipotenciarios, para que ese fin del conflicto quede bien, quede garantizado, quede cerrado, porque ellos se merecen esa situación de ser los protagonistas principales en ese fin del conflicto, porque es un conflicto donde ellos, más que nadie, han puesto el pecho, sus vidas, su sangre.

El Posconflicto

Si logramos esos dos puntos, pues terminamos el conflicto. Y desde ya tenemos que pensar en el posconflicto. Me decían: ¿usted por qué está ya pensando en el posconflicto desde ahora? Porque también la experiencia nos ha enseñado que si no diseñamos el posconflicto de antemano, si esperamos simplemente a la terminación del conflicto, y ahí comenzados a pensar, se puede llevar años en la implementación de los acuerdos.

En otras situaciones, en otros conflictos, esa transición ha sido fatal, porque se genera un vacío y se incrementa la violencia y los acuerdos comienzan a desmoronarse. Por eso hay que preparar, como hemos venido preparando cada paso que hemos dado, con el suficiente tiempo, para que podamos decir: apenas terminemos el conflicto, vamos a hacer esto, esto y aquello.

Aquí podemos comenzar a discutir con ustedes también: este posconflicto se puede diseñar de esta forma: los proyectos productivos, las inversiones en bienes públicos, en carreteras, en colegios, en hospitales para el campo, dónde los podemos ubicar, cómo lo podemos hacer. Eso es lo que tenemos que ir diseñando desde ya en materia de posconflicto.

Garrote y zanahoria

Y algo que quiero también señalarles, que es muy importante. En esta transición las Fuerzas Armadas no han bajado la guardia. Puede que en algunas zonas se haya incrementado, por ejemplo, la extorsión. Es posible y es cierto.

Que se haya incrementado la visibilidad de algunos ataques de la guerrilla, eso era previsible, entre otras cosas porque cada vez los estamos ahogando más en sus finanzas, cada vez los tenemos más acorralados. Por eso en ciertas zonas del Meta, por ejemplo, sé que están desesperados tratando de boletear a quien puedan por la calle, prácticamente para ver si sobreviven.

Sabemos que están en este momento muy cortos de recursos. Y eso es parte de este proceso, es parte del proceso. Yo sabía desde el principio que negociar en medio del conflicto iba a ser difícil y costoso políticamente.

Ha sido muy costoso políticamente, porque es muy difícil explicarle a la gente que uno está hablando de paz en La Habana, y que aquí están matando nuestros soldados, nuestros policías, están atacando las poblaciones.

No es fácil que ese camino es el camino más corto y más efectivo: garrote y zanahoria. Porque lo otro puede prolongar esto indefinidamente. Lo que yo quiero es terminar este conflicto lo más pronto posible.

Ese ha sido un costo político alto, que mis contradictores y la oposición lo han aprovechado muy bien, lo magnifican cada vez que pueden. Eso pues es legítimo, pero yo sé que es el camino más correcto. Costoso, sí. Costoso políticamente, pero es el camino más conveniente para ponerle fin a este conflicto a la mayor brevedad posible.

Yo confío. Estamos llegando al momento decisivo. Ojalá pudiésemos, y yo le doy la bienvenida a esas sugerencias del señor Procurador, de que quienes han estado escépticos, han sido críticos del proceso, que por lo menos podamos sentarnos a discutir estos temas.

Como ustedes pueden ver, en el fondo no estamos negociando una paz diferente a la que negociaría o podría negociar cualquier colombiano. Una paz sin impunidad. Una paz razonable. Pero la paz. Una paz después de 50 años.

Es increíble cómo nos hemos acostumbrado nosotros a vivir en guerra. Con mucha gente que me he puesto a hablar en muchas regiones, la gente como que tiene miedo de la paz. Dicen: ¿Pero esa paz qué nos va a traer? A ese extremo hemos llegado. Una sociedad no puede vivir eternamente en guerra.

Creo que las condiciones están dadas para ponerle fin a este conflicto. Creo que el pueblo colombiano sabe muy bien y es capaz de encauzar esto hacia un país mucho mejor.

No vamos a bajar la guardia

En materia de seguridad, que es un tema que sé que les preocupa a la mayoría de los colombianos: todas esas energías que estamos dedicando a la lucha contra la guerrilla, todos esos recursos que hemos dedicado a la lucha contra la guerrilla, esa misma Fuerza Pública: el propio Ejército, la Armada, la Fuerza Aérea, la Policía, los puede dedicar es a proteger la seguridad ciudadana, que es cada vez más la angustia de los colombianos.

O sea que aquí no va a haber una disminución en materia de seguridad. Hay es un cambio de énfasis. Y qué maravilla que tengamos todos estos recursos dirigidos hacia darle más seguridad al ciudadano de a pie. Más seguridad en las zonas rural frente a la extorsión de estos grupos que están extorsionando, de los delincuentes que van a quedar de todas formas, en algún sentido, después de este proceso de paz.  

No vamos a bajar la guardia y no vamos a cometer los errores que se cometieron en Centroamérica. De eso tengan la seguridad que es todo lo contrario. Las Fuerzas Militares las seguiremos fortaleciendo.

Y nuevamente, falta de modestia, pero si hay alguien que haya fortalecido a las Fuerzas Militares, el general Naranjo y el general Mora lo saben, ha sido este servidor. Soy un convencido de unas Fuerzas Militares fuertes, efectivas. Tenemos las mejores Fuerzas Armadas de nuestra historia. El Ejército mejor capacitado y mejor equipado, la Fuerza Aérea mejor equipada y mejor capacitada, la Armada y la Policía, de nuestra historia. Y tenemos que mantenerlas así, porque ese es el soporte y la columna vertebral de nuestra democracia. Y las vamos a mantener así.

Ahí están dos garantes que van a estar ahí presentes en esta transición. Y como se los he dicho a los propios miembros de las Fuerzas Militares y al país, las Fuerzas Militares no son parte de esta negociación. No aceptamos. Ellos, por supuesto, quieren que este tema sea un tema de discusión en La Habana. No hay la menor posibilidad de que ese tema sea discutido en La Habana.

Nosotros necesitamos por mucho tiempo más unas Fuerzas Militares, unas Fuerzas Armadas fuertes. Vamos a necesitar una Policía inclusive más fuerte el día de mañana. Vamos a tener que multiplicar el número de efectivos en la Policía. Y eso está entre los planes que tenemos.

De manera que piensen en lo siguiente: piensen en un momento lo que podría ser Colombia sin narcotráfico o con el narcotráfico disminuido a su mínima expresión y un campo en paz, con inversión. Eso es lo que queremos. Y yo creo que es lo que quieren ustedes también.

Por eso lo que me gustaría es que me ayudaran a que pudiéramos comprender mejor este proceso. Tengan la seguridad de que aquí no estamos negociando nada diferente. Las líneas rojas que pusimos desde el comienzo, ahí se mantienen y se mantendrán hasta el final. Y si me piden que esas líneas rojas se modifiquen, yo digo que no. Y si eso me cuesta el proceso, pues que me cueste el proceso. Pero las líneas rojas se mantienen hasta el final.

Pero yo estoy convencido de que si mantenemos el rumbo, sabemos cuál es nuestro puerto de destino, yo sé cuál es el puerto de destino, no importa el tiempo, no importa la tormenta, ahí llegaremos y tendremos un mejor país. Muchas gracias.