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 Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en la instalación de la Cumbre Mundial de Líderes Energéticos del World Energy Council

 ​Cartagena, 23 oct (SIG).

Hay un viejo proverbio africano que dice: "si la educación le parece costosa, ensaye la ignorancia".

Y soy un absoluto convencido de que una frase muy similar, muy similar, podríamos aplicar para el caso de la energía:

Si la pobreza le parece costosa para el desarrollo… ¡ensaye la falta de energía!

Hoy tengo el orgullo y la alegría de recibir aquí en nuestro suelo colombiano –en esta hermosa ciudad, Cartagena– a ustedes, a los líderes energéticos del mundo, para hablar de energía, de progreso y de calidad de vida. Porque son tres palabras que están muy relacionadas entre sí.

La energía puede transformar un país y Colombia es un gran ejemplo de ello.

Hoy somos un país diferente. Y si logramos la paz seremos todavía más diferentes.

Pasamos de ser considerados casi un Estado fallido hace una década a convertirnos en una estrella emergente en el hemisferio.

En un mundo que está sufriendo un descenso en su actividad económica, Colombia viene creciendo casi 2 puntos por encima del promedio regional.

De hecho estamos creciendo más que todo el resto de América Latina y estamos dentro de las cinco economías del mundo que más crecieron durante el primer semestre de este año.

El año pasado alcanzamos la cifra de inversión extranjera directa más alta de nuestra historia –cerca de 17 mil millones de dólares– y tenemos, junto con Chile, la inflación más baja de todo el continenete.

El esfuerzo ha valido la pena porque el buen momento de nuestra economía se está traduciendo en desarrollo y en bienestar para todos los colombianos. Porque el crecimiento per se no significa nada si eso no se traduce en bienestar para la población.

En los últimos cuatro años generamos 2 millones y medio de empleos. Llevamos 48 meses seguidos bajando la tasa de desempleo mes tras mes, y hoy tenemos el nivel de desempleo más bajo en muchas décadas.

Además sacamos a 3 millones y medio de personas de la pobreza –cerca de 10 puntos de reducción, eso no se había logrado nunca antes en cuatro años–, y hemos sacado a 2 millones de la pobreza extrema.

Y debo decirles que estos logros, estos logros tan significativos han estado íntimamente ligados a la energía.

Desde el inicio de mi gobierno en el año 2010 mi obsesión ha sido que la energía –y así lo dije– trabaje para reducir la pobreza y generar empleo.

Y esto solo es posible si aseguramos la inversión para hacer los proyectos que a su vez generen los impuestos, los recursos, las regalías para financiar la inversión social.

Esto solo es posible si les damos acceso a la energía a los compatriotas, a los colombianos que no la tienen.

Y solo es posible si garantizamos un suministro de energía que sea confiable y que se además competitiva para las empresas.

Y las cifras, afortunadamente, son alentadoras.

La producción de crudo y gas en el caso nuestro, por ejemplo, está en niveles históricos, en los niveles históricos más altos.

En materia de crudo pasamos en tres años de producir poco más de 750 mil barriles a un promedio de 1 millón de barriles diarios. Y al mismo tiempo el nivel de nuestras reservas lo hemos logrado mantenerse, pero tenemos que hacer unos esfuerzos mayores para que esas reservas se mantengan hacia el futuro.

Estamos produciendo cerca de 1.100 millones de pies cúbicos de gas cada día –casi un 10 por ciento más de lo que producíamos hace 4 años–.

Y hemos logrado mantener el aporte de nuestro carbón: de hecho, somos hoy uno de los cinco mayores exportadores a nivel mundial.

En el frente de la energía eléctrica igualmente estamos atendiendo la demanda con suficiencia y con seguridad, dos palabras que son claves.

Nuestra demanda interna está asegurada hasta el año 2020 con el parque de generación que tenemos actualmente; tenemos un sistema confiable que nos ha permitido mantener el suministro a pesar de fenómenos climáticos adversos como El Niño, y estamos impulsando las interconexiones con Panamá y con el sur del continente, hasta Chile, para explotar nuestro potencial eléctrico y darle energía competitiva a la región.

Y lo mejor: lo estamos haciendo con una matriz eléctrica limpia, basada en un 80 por ciento en agua.

Estos proyectos y este aumento de producción han hecho que el sector energético contribuya –como nunca antes y como ningún otro sector de la economía– con impuestos, utilidades y regalías, para financiar los proyectos de infraestructura de transporte, para financiar la educación, para financiar la de vivienda, para financiar el saneamiento básico, para financiar la salud.

Y todo eso a su vez ha venido elevando el nivel de vida de muchísimos, de millones de colombianos.

En Colombia, literalmente, más energía ha sido sinónimo de menos pobreza.

Estamos hablando –tan solo este año– de recursos suficientes para financiar cerca del 70 por ciento del presupuesto de inversión del Gobierno nacional.

Les doy dos ejemplos que nos ayudan a entender la magnitud de estas cifras.

Con lo que el sector energético genera en un solo mes se puede pagar un año, un año entero, de funcionamiento del programa bandera social que tenemos, que se llama Familias en Acción. Un programa que beneficia a cerca de 3 millones de familias con subsidios condicionados; condicionados a que sus hijos estén en los colegios y que estén debidamente atendidos en los puestos de salud. Y ese programa ha sido esencial en la reducción de la pobreza.

Con lo que el sector genera en un año se puede pagar la totalidad de la educación pública por un año desde el grado cero hasta la educación universitaria. Y aún quedan recursos para financiar varios años de la inversión ambiental, que es tan importante para nuestro país.

El fortalecimiento del sector también ha sido en energía para los más pobres.

En los últimos 4 años casi un millón y medio de familias tuvieron acceso al gas natural por primera vez. Familias que hoy en día gastan mucho menos en energía y utilizan en su vida diaria un combustible seguro, confiable y además más amigable con el medio ambiente, porque antes lo que hacían era ir a los bosques, talar los árboles y quemar la madera.

Logramos aumentar la cobertura rural en una forma significativa. Y al terminar este año, 38 de las 39 cabeceras municipales de las zonas más pobres y más apartadas del país que no lo tenían, tendrán servicio 24 horas.

Creemos que vamos en la dirección correcta y esto nos lo confirman las cifras: Colombia ocupó el puesto 24 –entre 129 países– en el índice de sostenibilidad energética de 2013, construido por el World Energy Council.

Y ayer recibimos la excelente noticia de que mejoramos 8 posiciones más en el ranking de este año… En materia de sostenibilidad energética estamos en el puesto 16 a nivel mundial.

También mantenemos el quinto lugar en materia de seguridad energética y el cuarto en sostenibilidad energética.

Creemos que en la base de todos estos logros ha estado una política energética seria, con enfoque de largo plazo y construida sobre las realidades y las necesidades del país, siempre teniendo en cuenta el entorno internacional, del cual no nos podemos sustraer.

Tenemos también un Congreso de la República —y aquí está su Presidente— con el cual mantenemos una buena coordinación para que las políticas que se aprueben en el Congreso a través de leyes, sean políticas sensatas, políticas que miren el largo plazo.

Por eso nos llena de orgullo que una institución tan importante como el Consejo Mundial de Energía diga en su informe anual que Colombia es un país que "demuestra lo que se puede lograr gracias a políticas bien concebidas y bien ejecutadas".

Compartimos los pilares del llamado trilema energético y lo valoramos como una hoja de ruta muy valiosa para seguir fortaleciendo nuestro sector energético.

Sin embargo, todos –y hablo del mundo entero– debemos ser conscientes de que garantizar la sostenibilidad energética es una tarea compartida.

De eso depende —de que trabajemos todos, juntos— que tengamos éxito.

La seguridad energética –que es el primer principio del trilema– es quizá el punto más crítico.

Se estima —y ustedes lo saben mejor que yo— que la demanda de energía a nivel global va a crecer un 61 por ciento hacia el año 2050, y que tan solo en generación eléctrica el mundo va a tener que invertir 25 millones de millones de dólares.

Tenemos –y hablo del mundo entero– el reto de desarrollar proyectos y generar reglas de juego suficientemente atractivas para que los actores privados hagan las inversiones necesarias para atender la demanda de energía.

Y en este sentido, también compartimos la visión del Consejo Mundial de la Energía: diversos tipos de energías pueden contribuir a garantizar la seguridad energética.

Por supuesto que no se trata de generar energía a como dé lugar, ni de cualquier forma: y ahí entra a jugar el tema medioambiental –que es el segundo pilar de ese trilema– y es un pilar fundamental.

En Colombia ya se aprobó una ley para explotar nuestro enorme potencial en materia de energías renovables no convencionales y darles un mayor espacio en nuestra canasta energética.

Las condiciones están dadas para sacar el mayor provecho posible de la biomasa y las energías eólica, geotérmica y solar, y así lo vamos a hacer.

En el Gobierno tenemos tres principios que rigen nuestra actuación en materia energética: confiabilidad, competitividad y limpieza.

Y fieles a esos principios, nuestro país nunca ha estado tan cerca de alcanzar ese equilibrio tan necesario pero a la vez tan complejo, entre desarrollo sostenible y cuidado del medio ambiente.

Y en Colombia esto es especialmente importante y sensible, porque somos un país con una inmensa riqueza ambiental. Somos el país más rico de todo el planeta en biodiversidad por kilómetro cuadrado y al mismo tiempo tenemos muchos recursos energéticos.

Cómo combinar esas dos riquezas y cómo preservarlas y explotarlas bien, pues por supuesto es un gran reto.

Respecto al tercer eje del trilema –la equidad–, el reto a nivel mundial también es inmenso: 1.500 millones de personas alrededor del planeta no tienen acceso a fuentes modernas de energía.

¡Y no hay energía más costosa que la que no se tiene!

Y ese precio es muy alto en términos de desarrollo, en términos competitividad, en términos de calidad de vida.

Yo recuerdo una vez que fue a un pueblo muy, muy pobre en el Pacifico colombiano y les lleve la energía. Y entonces me consideraron como si hubiera llegado Jesucristo, simplemente porque pudieron prender un bombillo y tener una nevera donde se podrían preservar los alimentos.

El cambio de vida es enorme para una persona que nunca ha tenido energía y que la tiene.

De ahí la importancia de trabajar, desde los gobiernos, hombro a hombro con un sector tan importante para cualquier país como es el sector energético.

En el caso de Colombia, este sector es el socio más importante para consolidar una visión que les propuse a mis compatriotas en agosto pasado, cuando me posesioné para mi segundo periodo de Gobierno: una Colombia en paz, una Colombia más equitativa y una Colombia mejor educada.

Por eso, de aquí al 2018, le asignamos tres tareas al sector energético.

La primera –muy necesaria–, es generar recursos para pagar las inversiones que van a requerir financiar esa paz, ese posconflicto; financiar la educación y continuar financiando las políticas sociales que nos permiten luchar en contra de la desigualdad.

Y para eso necesitamos que se desarrollen más proyectos de infraestructura energética, que se desarrollen bien y que se desarrollen en forma oportuna.

Vamos a seguir consolidando un marco institucional y normativo que al mismo tiempo respete a las comunidades, respete y proteja el medio ambiente, pero también garantice la inversión y el desarrollo.

Estamos permanentemente viendo ejemplos exitosos, queremos estar siempre cerca al estado del arte en la combinación de estos elementos.

Necesitamos darles un gran impulso a los denominados “hidrocarburos del futuro” –como los yacimientos no convencionales y la exploración off-shore– y a las nuevas fuentes de energía, así como a los proyectos de recobro mejorado.

La segunda tarea que tendrá nuestro sector energético para los próximos cuatro años, tiene que ver con ampliar la cobertura de los servicios de energía para cerca de 500 mil, o sea, medio millón usuarios.

¡Nada reduce tanto la pobreza –que es una de mis obsesiones– como el acceso a la energía!

Y una tercera tarea es asegurar que la economía tenga una energía competitiva para que esa economía pueda crecer, pueda generar empleo, pueda generar recursos.

Y esto solo se logra mediante una regulación moderna, adecuada, que involucre aspectos como la venta de excedentes de autogeneración al sistema eléctrico nacional y un manejo activo, inteligente de la demanda.

También se requiere desarrollar programas de eficiencia en el consumo.

Colombia –por ejemplo– puede tener ahorros hasta del 15 por ciento en este frente, y creo que hacia allá estamos avanzando y debemos avanzar.

Apreciados amigos del Consejo Mundial de la Energía:

La presencia de delegados de más de 60 países en esta Cumbre –20 de ellos representados por ministros de Energía– es una muestra de la voluntad global para seguir afianzando los principios de sostenibilidad energética.

Es también –y así lo recibimos y lo agradecemos–, un reconocimiento al trabajo que venimos haciendo en Colombia para articular el desarrollo del sector con la lucha contra la pobreza, con la generación de prosperidad y la generación de bienestar para nuestros ciudadanos, que creo que es el parámetro para todos los países.

Hemos hecho mucho, nos sentimos orgullosos, pero sabemos que nos falta también muchísimo, muchísimo por hacer.

Tenemos mucho que aprender de ustedes y tenemos valiosas experiencias para compartir.

De manera que muy complacido de estar con ustedes hoy. Bienvenidos a esta ciudad histórica y bienvenidos no solamente a la Colombia de hoy, sino a la Colombia del mañana. A ese nuevo país que cerca de 48 millones de colombianos estamos construyendo, todos juntos con el respaldo de un sector energético cada vez más dinámico y fortalecido.

Conquistemos juntos un planeta que provea energía para su creciente población y al mismo tiempo, preserve el ambiente que nos permita disfrutarla.

Muchas gracias.