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 Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en el Foro ‘Los Dos Océanos’

 Cartagena, 31 oct (SIG)

​No le faltaba razón a sir Arthur Clarke –el célebre escritor y científico británico que fascinó al mundo con obras como 2001: una odisea del espacio– cuando dijo:

“Qué inapropiado llamar Tierra a este planeta, cuando es evidente que debería llamarse Océano”.

¡Y no es para menos! Nuestro planeta es más agua que tierra y más del 40 por ciento de la población mundial vive en zonas costeras.

De hecho –de una u otra manera– todos los seres humanos dependemos del mar para nuestra subsistencia.

Es por eso que trabajar para tener una economía azul y sumar esfuerzos a nivel internacional para que los océanos sean cada vez más saludables y sostenibles, no es una iniciativa altruista… ¡es una obligación!

Usted y yo, su Alteza Real, que nos formamos en las academias navales de nuestros países, entendemos la importancia de preservar los mares y de garantizar su sostenibilidad.

Su presencia en este evento –como parte de su reconocido compromiso con la protección de los océanos– es una demostración de que este desafío tiene alcance global.

¡Los océanos no conocen fronteras!

De ahí la importancia de intercambiar conocimientos y compartir experiencias a nivel internacional.

Por eso valoro mucho el esfuerzo de la Agencia Presidencial de Cooperación al llevar a cabo este intercambio de buenas prácticas –es decir, hechos y no solo buenos propósitos– para garantizar el desarrollo integral y sostenible de los espacios marinos y costeros de la región del Caribe.

En este mar –que nos une como región– navega una parte muy importante de nuestro desarrollo presente y futuro.

Somos uno de los cinco países con mayor diversidad marina del mundo entero y contamos con la tercera barrera de coral más grande del planeta.

Como si eso fuera poco, nuestro país tiene dos de las áreas marinas de conservación y uso sustentable más grandes del mundo: Seaflower, en el mar Caribe, y Malpelo, en el océano Pacífico.

Por cierto, sea la ocasión de felicitar a nuestra querida directora de la Agencia de Cooperación, Sandra Bessudo, quien acaba de recibir en Mónaco la Gran Medalla Alberto Primero por su trabajo en la visibilización de la problemática en Malpelo y por su compromiso con el medio ambiente.

Sandra sabe muy bien –y los colombianos cada vez más tomamos conciencia de esto– que el desarrollo no puede pagarse a costa de nuestros recursos naturales.

El desarrollo sostenible y la prosperidad de Colombia y de todos los países del Caribe dependen –en gran medida– de la buena salud de los espacios marinos y costeros.

Es por eso que la protección de los océanos no es un asunto marginal sino un desafío estratégico dentro de los planes nacionales de desarrollo y debe ser asumido por toda la sociedad.

En el marco de las negociaciones sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible –que a partir de 2015 serán la hoja de ruta para el desarrollo de todo el planeta–, hemos apoyado que uno de los objetivos sea la sostenibilidad de los espacios marinos y costeros

Desde el año 2012 contamos con el Índice de Salud de los Océanos que nos ayuda a evaluar las labores que nuestros países adelantan en sus mares y costas.

En el caso de Colombia, este índice nos ha hecho prender las alertas, pues nos muestra que debemos avanzar todavía mejor y más rápido en este frente.

Por eso venimos fortaleciendo la Política Nacional del Océano y los espacios Costeros, así como la Comisión Colombiana del Océano, que lleva a cabo la articulación institucional para una gestión marina y costera integral.

Tenemos por delante desafíos importantes que –como mencioné antes– debemos afrontar de manera conjunta para ser realmente efectivos.

¿Y cuáles son esos desafíos? En primer lugar, la preservación de la biodiversidad, de esos ecosistemas marinos que son parte del ciclo vital del planeta, y además son pilar del desarrollo económico y social de la región.

En segundo lugar, la seguridad alimentaria, que implica reducir la contaminación y mantener la productividad de los ecosistemas para garantizar que el mar siga siendo una fuente de alimentos.

Ayer estuve, con el expresidente de México Felipe Calderón, en el acto de presentación de un reporte global sobre la Economía y el Clima, y tal vez la principal conclusión es que la protección del medio ambiente y el crecimiento económico no son ni tienen por qué ser incompatibles.

Las sociedades podemos lograr –si nos lo proponemos– un crecimiento que NO implique grandes emisiones de carbono y que NO deprede nuestros océanos.

¡Ese es uno de los grandes retos –si no el mayor– de los tiempos actuales!

Todo esto requiere de planeación, de ordenamiento y  de una infraestructura que ayude a prevenir la erosión costera y a evitar desastres naturales, y que genere –además– sentido de pertenencia entre las comunidades.

Más ojos vigilantes son también más manos actuando en favor de los océanos y del desarrollo sostenible de nuestros países.

Por eso son tan importantes espacios como este que promueven lo mejor de la cooperación sur-sur y la cooperación triangular, al involucrar buenas prácticas nacionales, de organizaciones no-gubernamentales y del sector privado.

Invito a todos los países ribereños de la cuenca del Caribe a fortalecer la cooperación orientada a la conservación y el uso sostenible de los recursos marinos y costeros.

Contamos con diversos espacios para hacerlo: la Asociación de Estados del Caribe, la Comunidad del Caribe, el Proyecto Mesoamérica, o incluso –su Alteza Real– la Mancomunidad de Naciones o Commonwealth.

Es urgente no quedarnos solo en las palabras y seguir actuando… ¡Los océanos y nuestros ciudadanos así lo demandan!

Por fortuna no estamos solos en esta tarea: la presencia de su Alteza Real, el Príncipe de Gales, da cuenta del compromiso internacional en torno a este propósito.

Y cuenten con Colombia: tenemos mucho por aprender para seguir mejorando, pero también experiencias y conocimiento para compartir con la región.

Celebremos la diversidad y riqueza de nuestro Caribe de la mejor forma posible: ¡garantizando su preservación!

Muchas gracias.