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 Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en el 51º Congreso Anual de Confecámaras

 Cartagena, 5 sep (SIG).

​ El año pasado —aquí mismo ante ustedes— comparé la labor de las cámaras de comercio con la de un padre o una madre.

Ustedes ven nacer a las empresas, les ayudan a dar sus primeros pasos, y las guían mientras crecen y se consolidan.

Yo creo que me quedé corto… Hoy, ustedes —las 57 cámaras de comercio que hacen presencia en toda Colombia— son fundamentales para impulsar el desarrollo del país desde las regiones.

Los éxitos que estamos teniendo —en formalización, consolidación de clústeres y movilización de la oferta institucional para atender las necesidades de los empresarios—, son también los éxitos de ustedes.

Porque eso equivale a asegurarle al niño la educación superior, pero también que en el futuro pueda tener una casa, un carro y una beca.

Sin embargo, no tengo duda de que podemos y tenemos que hacer más, muchísimo más.

Con ustedes tenemos una alianza muy exitosa, basada en el trabajo en equipo y en eso tan importante en cualquier relación, que es la confianza.

Las cámaras de comercio son indispensables para que todo el engranaje económico del país avance, por su actuación sobre las apuestas regionales y por el trabajo que hacen ustedes de la mano del Gobierno.

Colombia tiene hoy un tejido industrial diverso y dinámico, respaldado por una economía fuerte y vigorosa.

Es cierto que la economía se ha desacelerado en los principales países de América Latina.

Ayer no más el Fondo Monetario Internacional revisó hacia abajo el crecimiento de América Latina. Eso ha llevado a hablar a algunos analistas de nubarrones en el horizonte, pero por otro lado nuestra economía se mantiene en una posición positiva a pesar de un difícil contexto internacional.

Sí hay nubarrones, es cierto. Pero hemos logrado llegar a un punto importante que nos habíamos trazado como meta hace cuatro años. Me acuerdo perfectamente las discusiones —Maria Lorena (Gutiérrez) creo que estaba presente, el entonces Ministro Echeverry el actual Ministro de Hacienda, que estaba de Ministro de Minas y Energía— y teníamos que hacer un gran esfuerzo para colocar la economía colombiana en esa situación ideal de tener todos los indicadores macroeconómicos en la mejor posición posible.

Y creo que hemos logrado este objetivo en estos cuatro años, porque cuando uno analiza la economía en su conjunto, ¿qué descubre?

Que tenemos un crecimiento alto, que es una condición indispensable, pero un crecimiento sano. ¿Y qué quiere decir un crecimiento sano?

Que no es un crecimiento debido a un exceso de demanda de un día para otro. Que no es un crecimiento porque se dispararon los productos básicos de exportación, sino un crecimiento que tiene una base fundamental sólida. Por ejemplo un crecimiento que genera empleo.

Hay muchas veces crecimientos que no generan empleo. El nuestro está generando empleo. Tan es así que llevamos 48 meses seguidos, mes tras mes, bajando la cifra de desempleo. O sea generando empleo todos los meses. Y eso demuestra que el crecimiento sano.

Es un crecimiento con una baja inflación. Acuérdense, muchos de ustedes se acordarán, que teníamos la inflación más alta de América Latina hace algún tiempo, hace no menos de 15, 20 años.

Pero el año pasado logramos la inflación más baja de toda América Latina. Y una inflación también sana, porque no es producto de una falta de demanda o de una deflación, como llaman los economistas, sino de una política monetaria prudente, bien manejada, Banco de la Republica en consonancia con la política fiscal.

Al mismo tiempo ese crecimiento va acompañado de algo que es fundamental para que ese crecimiento sea sostenible, que es el equilibrio fiscal.

Y un gran avance que hicimos en estos cuatro años fue lograr las reformas en el Congreso, en nuestra propia Constitución, sobre ese concepto de sostenibilidad fiscal y la regla fiscal.

O sea que el crecimiento que estamos logrando el más alto de América Latina, uno de los más altos del mundo. Cuando uno ve en la revista The Economist en la última página los indicadores, qué orgullo poder decir Colombia está entre los más altos de todo el mundo en materia de crecimiento. Y crecimiento sano.

Que está acompañado también con un aumento muy significativo en algo que también es fundamental para mantener ese crecimiento hacia el futuro, que es la inversión.

Tenemos una muy alta tasa de inversión. Hace unos años no nos imaginábamos que pudiéramos llegar 29 o 30 por ciento de inversión en comparación con el tamaño de la economía. Y cuando sumemos lo que estamos haciendo, que hasta ahora está comenzando lo que dejó sembrado nuestra querida Ministra Cecilia Álvarez en las inversiones en infraestructura, las 4G, que nuestro muy ejecutivo Vicepresidente va a impulsar en los próximos años, la tasa de inversión debe subir por lo menos 2 o 3 puntos más.

O sea que tenemos un panorama económico bastante positivo. El gran reto es mantenernos ahí a pesar de los nubarrones, a pesar de los obstáculos.

Esta semana recibimos la noticia de que SUBIMOS TRES PUESTOS en el Índice de Competitividad.

Ahí hay un reto. Subimos tres puntos pero podemos subir mucho más. Chile, mi querido exministro chileno que está aquí, ustedes casi que nos doblan. Es decir, estamos como en el puesto 60 y pico y ustedes en el 30 y pico. Vamos a alcanzarlos tarde o temprano. Esa es nuestra meta.

Pero estos son algunos de esos cimientos de nuestro tejido industrial que —además de ser sinónimo de empleo y de desarrollo económico— hace parte de nuestra visión de país.

De esta visión que yo les expuse el día que me posesioné nuevamente como Presidente:

Una Colombia en PAZ, una Colombia con EQUIDAD y una Colombia EDUCADA.

Y el trabajo en los territorios se convierte cada vez más es un eje estratégico y las cámaras deben ser fundamentales para definir ese “norte productivo” de cada región.

Queremos avanzar hacia lo que hemos llamado “regiones de clase mundial”.

Esta es una apuesta para sacarle jugo a la diversidad que tenemos nosotros.

Yo me acuerdo que Carlos Fuentes decía que América Latina tenía una gran fortaleza, que es su diversidad, pero que Colombia era en ese sentido uno de los países más fuertes porque la diversidad de Colombia era uno de nuestros grandes potenciales.

Pues saquémosle jugo aprovechando sus ventajas comparativas e implementando lo que hemos llamado POLÍTICAS DIFERENCIADAS que permitan aumentar su competitividad por regiones.

Una empresa de Zipaquirá que —por ejemplo— exporta frutos secos a Estados Unidos, necesita un apoyo totalmente distinto al que requiere una empresa de muebles de Barranquilla.

POLÍTICAS DIFERENCIADAS, en lugar de políticas estándar, debe ser la regla y no la excepción.

Una asociación de productores indígenas que exporta productos agrícolas desde Valledupar tiene necesidades muy diferentes a las de una empresa de marroquinería en Bogotá.

Y por eso diseñamos para los próximos cuatro años una política de competitividad centrada en el desarrollo regional —de modo que cada región saque lo mejor de sí— y en potenciar la ciencia, la tecnología y la innovación.

Yaneth Giha (Directora de Colciencias) sabe perfectamente que eso para mí es muy importante. Tengo que reconocer que en ese frente, en estos primeros cuatro años no hemos sido lo más exitosos. Pero eso es de los aspectos que tenemos que cambiar, porque ahí tenemos que invertir mucho más para tener un mejor futuro.

Y esa política cobra vida a partir de una agenda de competitividad que le presentamos al país hace tres semanas.

Ustedes, la mayoría, la conocen. La componen 11 pilares, entre los que se encuentran temas como educación, infraestructura y transformación industrial.

Y de esos 11 pilares, Confecámaras hace parte activa de siete… ¡Ni más ni menos!

Y ustedes ya están jugando un papel muy importante, coordinando las Comisiones Regionales de Competitividad.

Y ahí sé que ha habido quejas de que los mandatarios locales no les paran muchas bolas a esas comisiones. Pero les van a parar, porque les cuento que anoche mismo con María Lorena estábamos reunidos con el nuevo Director de Planeación (Simón Gaviria), que tiene muy claro que el desarrollo —y así se lo hemos dicho desde el principio y así es el concepto de desarrollo— el desarrollo tiene que partir de las regiones.

Todos los países en el mundo que han sido exitosos en desarrollarse han tenido ese común denominador: el desarrollo parte de las regiones.

Entonces el Plan de Desarrollo que vamos a presentar al Congreso tiene esa base fundamental, el desarrollo a partir de las regiones.

Y entonces el plan va a tener una serie de parámetros para invertir los recursos del presupuesto, para priorizar los proyectos de inversión basado en lo que cada región necesita, lo que cada región exige como material mínimo para poder ser competitivo, para poder satisfacer una serie de indicadores que vamos a expresar de forma explícita en materia de avance social, de avance económico.

Y por eso ahí necesariamente van a tener las regiones que tener una muy estrecha concertación; sector público y sector privado.

Por eso les digo que les van a parar muchas más bolas, porque eso va a estar como una obligación dentro del Plan de Desarrollo. Y eso es algo importante.

Yo tengo pues un discurso o una serie de palabras sobre las rutas y sobre todo lo que mencionó Julián (Domínguez, Presidente de Confecámaras).

Pero es que viendo este auditorio tan importante, quiero aprovecharlo para hablar en más detalle sobre un tema que es mucho más importante que cualquier tema que yo les pudiera tocar, ya concreto, de la ley que aprobamos, la gobernabilidad en las cámaras, y es el tema que mencionó Julián, el tema de la paz.

Y quiero contarles más en detalle esa historia, esa historia de la paz, porque creo que ustedes son personas ideales para llevar esa historia a las regiones y aclarar una serie de conceptos.

Y si tienen ustedes claro para dónde vamos, me pueden ayudar a mí y al país a entender mejor la necesidad y la importancia de esa paz.

Entonces permítanme que me desvié un poco de mi intervención y hablarles sobre ese tema específico.

La paz

La paz no se me ocurrió a mí el 7 de agosto del 2010. De pronto llegué al Palacio de Nariño y en el discurso se me ocurrió decir “’a llave de la paz, no la hemos votado al fondo del mar’.

No. Esto es algo yo he venido estudiando hace muchísimos años. Casi desde que llegué de Inglaterra a comienzos de los años 80, yo decía Colombia no puede seguir viviendo en guerra.

En esa época llevábamos 30 o 30 y pico de años y desde esa época nos pusimos a estudiar la posibilidad de lograr la paz en Colombia.

Hubo muchos intentos. Inclusive yo participé en algunos de ellos.

En los años 80, me acuerdo que yo traje a Colombia, a Bogotá, a un señor Adam Kahane, que le ayudó muchísimo a Nelson Mandela en el proceso de paz en Sudáfrica.

Es un ejecutivo, un alto ejecutivo de la Shell. Lo traje para ver si podíamos hacer un ejercicio parecido al que él hizo en Sudáfrica, de reunir a los diferentes sectores de la sociedad en conflicto, para iniciar un proceso que él llamo ‘el proceso por escenarios’. Es inventarse unos posibles escenarios en donde por lo menos se pudieran poner de acuerdo los diferentes actores del conflicto.

En ese ejercicio participaron, en esa época, la guerrilla por teléfono, los paramilitares, Castaño por teléfono; estaba, era en la época de (Ernesto) Samper.

Estaba el Gobierno, me acuerdo perfectamente el Ministro de Defensa era Juan Carlos Esguerra. Y estaban los llamados conspiradores, entre los cuales me acusaban a mí de estar conspirando para tumbar el Gobierno.

Estaban los sindicalistas, los industriales, los campesinos, la Anuc, los terratenientes; estaba todo el mundo.

De ese ejercicio salió un trabajo que se llamó Destino Colombia. Algunos de ustedes lo recordarán.

Y es increíble hoy si uno lee el trabajo que se hizo, de Destino Colombia, en Quirama, allá en Antioquia, es increíble que lo que dijo ese estudio que iba a suceder en Colombia, sucedió. Casi que paso por paso.

Pero en ese momento fracasó. Luego hubo otros intentos de buscar la paz con las FARC. No se pudo. Se logró la paz con el M-19, con la mayoría del EPL, pero el grueso del conflicto continúa.

Y ahí poco a poco nos fuimos dando cuenta, me fui dando cuenta, que en todo proceso exitoso de resolver un conflicto armado el requisito más importante es que estén dadas las condiciones que permitan la solución de ese conflicto.

Y estudiando los diferentes intentos que hizo Belisario (Betancur, 1982-1986), que hizo el propio (César) Gaviria (1990-1994), que hizo (Andrés) Pastrana (1998-2002), no estaban las condiciones mínimas básicas presentes en ninguno de esos intentos.

Y había una serie de condiciones comunes a todos los conflictos que han sido exitosos en su resolución por la vía de la negociación. Condiciones como por ejemplo la correlación de fuerzas militares; tiene que estar a favor de una de las partes.

Y cuando es el Estado, pues del Estado. Eso no lo teníamos antes.

Tiene que estar presente el elemento internacional. Eso tampoco lo teníamos antes.

Entonces poco a poco nos fuimos enfocando en crear esas condiciones para ver si se podía iniciar el proceso con las condiciones adecuadas.

Tuve la fortuna y el honor de ser Ministro de Defensa del Presidente Uribe y ahí había una oportunidad de oro para generar una de esas condiciones.

Cuando a mí me nombró el Presidente Uribe de Ministro de Defensa, en ese momento no habían tocado a ningún miembro del Secretariado. O sea que la estructura, en su cabeza, inclusive se pavoneaban muy soberbios diciendo ‘a nosotros no nos tocan, somos intocables’.

Pues había que tocarlos para convencerlos de que por la vía armada no iban nunca a llegar a poder obtener sus objetivos.

Y fue así como iniciamos una serie de cambios dentro de la inteligencia de las Fuerzas y dentro de la forma de operar de cada Fuerza.

Comenzamos a operar en equipo, las inteligencias por primera vez las unimos todas. Yo fui a pedirles asesoría a los ingleses, que tienen un concepto diferente al de los americanos, para que nos ayudaran a mejorar esta inteligencia.

Y fue así como comenzamos a golpear por primera vez en 40 años a esa organización en su cabeza, en su estructura básica; no en la base sino en la cabeza.

Se acuerdan ustedes que tal vez el primer golpe importante fue el ‘Negro Acacio’ y de allá para acá, golpe tras golpe. Esa era una condición necesarísima.

Cuando yo asumí la Presidencia de la República había otra situación que era inmanejable, que era otra condición necesaria: la comunidad internacional.

La comunidad internacional es cada vez más importante en un mundo más globalizado. Siempre ha habido una participación directa o indirecta de la comunidad internacional en la solución de estos conflictos.

Por eso, entre otras razones, tomé yo la decisión de hacer las paces con Chávez, con quien me había dicho hasta de que nos íbamos a morir.

Ustedes recordaran los artículos que yo escribía, lo que él me decía a mí.

Pero ya como Presidente de la República había una responsabilidad. Ya no era ni periodista, ni Ministro de Defensa; ni Ministro de Hacienda, porque cuando fui Ministro de Hacienda también nos dijimos hasta de qué nos íbamos a morir.

Y fue cuando hace 4 años nos reunimos en la Quinta de San Pedro Alejandrino y ahí comenzó una relación, que la verdad sea dicha, duró hasta el día de su muerte.

Y les cuento una anécdota —perdónenme que me extienda un poquito, pero creo que le pone un poco de picante—, les cuento una anécdota de cómo se rompió el hielo y cómo se logró una relación entre dos personas que piensan totalmente diferente. Una relación amable y fructífera.

Cuando, a través de varios intermediarios, entre ellos el expresidente (de Argentina, Néstor) Kirchner, se logró esa reunión. Yo estaba bastante nervioso, no sabía cómo era que yo iba a saludar a Chávez.

Él llegó el 10 de agosto de 2010. El 10 de agosto es el día de mi cumpleaños. Y entonces él llegó al aeropuerto en Santa Marta y a él le gustaba dar declaraciones a la prensa cada vez que llegaba. Había dicho que quería dar una declaración amable.

Y yo lo estaba esperando con la Canciller (María Ángela Holguín), allá en la Quinta de San Pedro Alejandrino.

Entonces él dijo en la declaración que venía a Colombia, a hacer la paz con Colombia, que quería mejorar las relaciones con el nuevo gobierno y además venía el día del cumpleaños del Presidente, que cumplía 48 años.

Yo estaba cumpliendo 58. Entonces yo vi —porque yo estaba viendo esa declaración—, vi esas declaraciones y ahí se me ocurrió introducirle algo que en la vida es fundamental, un poco de humor.

Entonces cuando él llegó en su carro que había traído, pues de Caracas, su caravana de carros, se bajó del carro y fue a abrazarme, y yo le extendí la mano.

Y le dije: Presidente Chávez, esto comenzó muy mal.

Y él se quedó como sorprendido:

—¿Qué pasó?’

Y le repetí: Usted dio unas declaraciones que me puso en serios problemas.

—¿Yo qué dije, Presidente Santos?

Le dije: Usted dijo que yo cumplía 48 años y me puso en problemas con mi señora, que me va a exigir mucho más.

Entonces eso rompió el hielo y tuvimos una buena relación desde ese momento hasta el día de su muerte.

Y nos decíamos que éramos completamente diferentes. Él me decía que yo era un oligarca neoliberal y yo le decía que era un mamerto obsoleto.

Así nos tratábamos pero dentro de unas reglas de juego de Jefe de Estado a Jefe de Estado que convino mucho. Y eso cambió mucho la geopolítica de la región.

Que era una de las condiciones para poder pensar en un proceso de paz exitoso. Y esa condición se logró y entonces comenzamos el proceso.

En todo proceso de paz la agenda es importantísima. Ponerse de acuerdo en qué puntos hay que negociar para ponerle fin al conflicto, es más del 50 por ciento de la negociación.

Y establecimos que íbamos a hacer esa parte de la negociación en total secreto.

A mí me dijeron: ‘No les crea a las Farc, porque ellos no se van a guardar la tentación de hacer público lo que ustedes van acordando en la negociación o por lo menos decir que están en eso’.

Entonces yo les dije: Pues si hacen eso yo rompo el proceso, porque aquí hay que generar un mínimo de confianza.

Y la verdad que mantuvieron el secreto hasta 5, 6 días que se filtró —tal vez por el lado nuestro, nunca supe—, antes de que se anunciara que habíamos llega a un acuerdo que habíamos llamado el Marco General con los cinco puntos de la agenda, que si acordamos esos cinco puntos, termina el conflicto.

Y duramos más de un año, año y 3 meses, en total secreto negociando esos puntos.

En ese proceso, desde el puro principio yo me he venido asesorando de gente que ha tenido experiencia real en negociaciones de este tipo.

Personas como Jonathan Powell, que fue la mano derecha diez años del Primer Ministro Británico (Tony Blair) y fue el negociador de la paz de Irlanda del Norte con el IRA.

Personas como Joaquín Villalobos, que fue el comandante del FMLN, negociador principal de la paz en El Salvador.

Personas como el excanciller israelí Shlomo Ben Ami, que fue el arquitecto del famoso acuerdo de Camp David entre Israel y Palestina.

El profesor de Harvard, William Ury, que es considerado el genio de las negociaciones.

Gente de ese tipo me ha venido ayudando a dar cada paso. Desde el puro principio- desde la etapa secreta. Ellos vienen con mucha frecuencia, estamos en permanente comunicación.

Y ellos me aconsejaron que negociara con una serie de condiciones básicas desde el principio. Una de ellas era la de que nada está acordado hasta que todo esté acordado.

Y ahí la explicación es muy sencilla y es muy importante que la gente lo entienda.

Cada punto, cada elemento de una negociación de este tipo, analizado por sí solo, es un elemento impopular, la gente reacciona en contra. Y eso lo estamos viviendo y lo hemos vivido en este proceso.

Algunos dicen que es como cuando hacen las leyes, que algunos, Bismarck decía que es como cuando hacen las salchichas o las morcillas. Verlas hacer es muy feo, malo, produce reacción, pero cuando uno la ve ya toda hecha es mejor.

Los procesos de paz tienen algo parecido a eso.

Yo uso el símil del artista que está pintando un cuadro. No quiere que el comprador vea el cuadro está en el 20 o en el 30 o en el 50 por ciento; quiere ver el cuadro completo. Lo compra o no lo compra. Y eso está sucediendo en el proceso de paz.

Si uno toma un elemento, que las Farc participen en política y uno le pregunta, la gente dice no, semejantes bandidos, asesinos, secuestradores qué van a participar en política.

Entonces cada elemento genera una reacción negativa.

Pero si uno tiene el tratado de paz, los acuerdos y le muestra al pueblo colombiano esta es la paz, estos son los dividendos de esa paz y estos son los costos ¿la compra o no la compra?, generalmente la población dice lo compro, porque los dividendos siempre son superiores a los costos.

No hay paz mala ni guerra buena. Y eso lo hemos tenido muy claro desde el principio. Entonces por eso es que nada está acordado hasta que todo esté acordado.

Y la segunda condición —que esa fue más de mi cosecha—, fue no hay cese al fuego sino hasta que lleguemos al final del proceso.

Y ahí hay varias condiciones. Primero, la experiencia de nuestros propios procesos nos enseñó que el cese al fuego lo aprovechan ellos mucho mejor que el Gobierno, que el Estado. Y que en esta nueva coyuntura, donde la correlación de Fuerzas Militares ya no está a favor de la guerrilla sino a favor del Gobierno, pues es un contrasentido darles esa concesión.

Y fíjense cómo han cambiado las cosas. En el Cagúan era el Gobierno el que le pedía cese al fuego, o en la época de Belisario el Gobierno era el que pedía el cese al fuego y ellos decían que no. Ahora, hoy, son ellos los que piden cese al fuego y el Gobierno dice que no.

Eso es un cambio en esas condiciones de las que les hablaba al comienzo. Entonces, esa es una razón.

Una segunda razón. Viendo el escepticismo del pueblo colombiano, la reacción que todos teníamos frente, por ejemplo, a ceder un milímetro de nuestro territorio, con la experiencia del Cagúan.

Entonces les dijimos: estas negociaciones tienen que ser por fuera y no vamos a ceder un solo centímetro de territorio.

Y el cese al fuego, además, no lo vamos a aceptar, porque sería un incentivo perverso para prolongar las negociaciones indefinidamente.

La mejor de las situaciones, el mejor mundo para las Farc, es tener un diálogo, tener las armas y no tener ofensiva militar, no tener presión militar.

Entonces esa es otra razón por la cual no se acepta el cese al fuego.

Una tercera razón: ya tiene que ver más con egoísmo mío, una cosa personal. Yo no quiero pasar a la historia como otro presidente que tuvo la ingenuidad de iniciar un proceso de paz y que el proceso de paz fracasó y al final de ese proceso la guerrilla quedó mejor y el Estado quedó más debilitado.

Eso no quiero que me suceda.

Entonces por esa razón no he aceptado el cese al fuego. Que lo piden cada vez más. Y muchos sectores de la opinión también dicen, pero bueno, ¿qué sentido tiene que ustedes hablen de paz en La Habana y aquí siga la guerra?

Pues a veces en la política y en las responsabilidades de estado como decía De Gaulle, gobernar es escoger, entre muchos males, el mal menor.

Creo que en este momento sigue siendo válido que el mal menor es mantener la ofensiva militar, mantener la guerra —porque es una guerra— en medio de las conversaciones.

Puede que cambien las circunstancias pero hasta ahora no han cambiado.

Pero esa la razón fundamental para que sigamos conversando en medio del conflicto, que yo sabía desde un principio que iba ser costoso.

Porque la gente no entiende. ¿’Cómo es que estos tipos matan a nuestros policías, matan nuestros soldados, atacan las poblaciones? ¿No dizque están hablando de paz?

Condición que nosotros hemos puesto por esas razones.

Entonces desde el principio se dijo estas son las condiciones. E iniciamos la negociación, se logró el acuerdo general y después, ya en público, después de lo de Oslo —acabamos de cumplir 2 años desde que se anunció lo de Oslo— pues hemos venido avanzando en los temas de la agenda, el Acuerdo sobre Desarrollo Integral.

¿Qué fue lo que realmente se negoció ahí?

No se negoció nada diferente a lo que se tiene que hacer con el campo colombiano con o sin Farc.

Todo lo que ahí está en la lista de acuerdos son más inversiones en el campo, más tierra para los campesinos. Pero no a expensas de los agricultores que están cultivando su tierra legalmente y que la adquirieron legalmente.

Los únicos que tienen que estar preocupados son los que adquirieron la tierra ilegalmente, los que se robaron los baldíos, que son del Estado, o los que desplazaron campesinos a punta de fusil.

El resto tiene que dar es la bienvenida a estos acuerdos, porque lo que significa es más inversión, más progreso en el campo.

Y ahí se aprobaron. No es como están diciendo algunos que apoyamos esas concepciones de los soviets de los años 60, que Stalin impuso en Rusia. Eso no tiene ningún sentido, no tiene nada que ver con la realidad.

Lo que aprobamos fue un plan de desarrollo muy agresivo, que va a costar dinero, para el campo colombiano, pero que va a ser muy positivo para el país.

Y un segundo punto, la participación política. Nuevamente, ahí lo que acordamos fue profundizar nuestra democracia. Toda institución necesita modernizarse, necesita adecuarse a las circunstancias.

Las democracias son un conjunto de instituciones. Y lo que estamos haciendo es adecuando, profundizando nuestra democracia, dándoles representación a zonas que nunca han tenido representación, precisamente, porque han estado en conflicto.

Pero aquí no se les está dando ninguna prebenda especial a las Farc.

Tal vez lo único donde la gente dice esto sí es una prebenda, y puede que sea, es lo que acordamos de circunscripciones especiales en zonas de conflicto, donde en forma transitoria se pueden elegir representantes a la Cámara más fácilmente durante un tiempo determinado, dos períodos.

Pero eso no necesariamente es una concesión a la Farc, porque en muchas de esas zonas de conflicto la gente ha estado bajo el yugo de las Farc, por los fusiles, por la violencia, por el terror, el régimen del terror.

Cuando no existan esos fusiles, cuando no exista ese régimen del terror, esa gente se va a sentir libre y va a votar en contra de los que los han tenido subyugado durante dos o tres generaciones.

O sea, no necesariamente en esas zonas van a ser elegidos los candidatos de las Farc. Que como digo, y repito, son un número muy limitado y por un tiempo también determinado.

El tercer punto, que lo incluí yo —fue difícil incluirlo pero era fundamental si queremos resolver este conflicto—, que fue el del narcotráfico.

¿Por qué lo incluí? Porque el narcotráfico, ustedes saben mejor que yo, ha sido el combustible, la fuente de la violencia que hemos sufrido en este país en los últimos 30 o 40 años. Ha alimentado toda la violencia que hemos tenido.

Y si tenemos la enorme posibilidad de que quien ha sido señalado como el primer cartel del mundo, porque así han señalado a las Farc —ellos siempre han dicho que ellos no son narcotraficantes, que ellos se lucran del narcotráfico—, sea lo que sea, el lograr acuerdos con ellos para que dejen el negocio, para que se alíen con el Estado y en lugar de estar matando a nuestros soldados, policías o a los erradicadores manuales, contribuyan a eliminar los cultivos ilícitos y a reemplazarlos por cultivos lícitos y contribuyan a erradicar el flagelo del narcotráfico de la faz de Colombia, imagínense lo que eso representa para el país. Y para la región y para el mundo.

Colombia ha sido el principal proveedor de cocaína del mundo en los últimos 30 o 40 años.

Por eso cuando anunciamos un acuerdo sobre ese tercer punto, curiosamente aquí no hubo mayor entusiasmo, internacionalmente, me llamó el Secretario General de Naciones Unidas, el Secretario Kerry de Estados Unidos, presidentes de Europa, decían oiga, esto es transcendental, porque esto tiene repercusiones a nivel mundial.

Esos tres puntos, de los cinco que acordamos, ya están, por así decirlo, ‘chuleados’.

¿Qué falta? Falta el punto transcendental, fundamental que hemos llamado de víctimas y de justicia transicional.

Y el quinto punto, que ya es la finalización del conflicto, que es lo que llaman el DDR, en inglés y en español, DDR: desarme, desmovilización y reintegración.

Acordamos comenzar a discutir esos dos puntos simultáneamente. Y acordamos hacer cosas audaces.

Eso fue una decisión que —perdónenme que hable en primera persona— que yo tomé a conciencia: voy a autorizar que vayan las victimas a confrontar a los victimarios y a expresar sus esperanzas y su forma de ver cómo las victimas pueden ser satisfechas en sus derechos.

¿Por qué esto es tan importante? Porque ya no puede haber amnistía o indultos.

El mundo ha cambiado, nuestra Constitución nos lo prohíbe, somos parte del Tratado de Roma, que también lo prohíbe. Los derechos de las víctimas tienen que estar respetados en cualquier solución de cualquier conflicto.

De ahí nació el concepto de justicia transicional. Y Colombia es el primer país del planeta, en la historia, que va a negociar un conflicto armado bajo el paraguas del Tratado de Roma. Ningún otro país lo ha hecho, porque antes no existía el Tratado de Roma.

Entonces tenemos necesariamente que respetar —pero lo hacemos por convicción— los derechos de las víctimas.

Por eso hemos puesto las víctimas en el corazón de la solución de este conflicto.

¿Y cuáles son esos derechos? El derecho a la verdad. Muchas veces las victimas quieren saber dónde está su hijo enterrado, dónde está su mamá, dónde está su familia. No quieren saber nada más, simplemente quieren tener esa información. La verdad. Y la verdad libera.

Yo lo discutía con Mandela cuando le entregue yo la presidencia de la Unctad. A comienzos de los años 90, que hablamos mucho de los procesos de paz.

Y me decía la comisión de la verdad es muy importante, porque eso libera odios, libera resentimientos. Conocer la verdad, por más dolorosa que sea, es una terapia. Entonces el derecho a la verdad.

El derecho a la reparación. La reparación tiene que ser simbólica. ¿Cuánto vale un hijo, cuánto vale una mamá? No tiene precio. ¿Cuánto vale una masacre? Entonces es una reparación simbólica.

Y muchas veces las victimas me dicen mire, Presidente, lo único que quiero es que este señor me mire a los ojos y me diga: sí, cometí un error Perdóneme.

Por eso, esa carta de Constanza Turbay, que publicó, me pareció tan sentida y tan importante. Le asesinaron a su familia.

Y después dijo nunca he tenido una experiencia más alentadora, más conmovedora en mi vida que cuando este señor Iván Márquez me dijo ‘perdóneme, porque cometimos un error tremendo con su familia. Perdóneme’.

Y esa señora dijo esto era lo que yo quería para poder morir tranquila, después de todo lo que había sufrido.

El tercer derecho. El tercer derecho es el derecho a la justicia.

Aquí no puede haber amnistías, no puede haber indultos. Tiene que haber justicia. Por eso, los que hablan de impunidad están hablando de algo que no es posible.

Por eso hemos dicho: aquí no estamos negociando con impunidad, como me han atacado tantas veces. No puede haber impunidad. Lo prohíbe nuestra propia Constitución, lo prohíbe la Constitución Internacional, el Tratado de Roma. No puede haber impunidad.

¿Qué puede haber? Puede haber una aplicación diferente de la justicia para lograr la paz.

Y ahí está el meollo de esta negociación.

Cuánto de justicia, máximo de justicia que nos permita la paz.

Y en eso el mundo entero está pendiente, porque como somos el primer país en negociar eso bajo el Tratado de Roma, estamos sentando precedente. Lo que hagamos nosotros que el mundo lo acepte, se vuelve precedente para el resto de los países que quieran el día de mañana negociar sus conflictos armados.

Entonces por eso todo el mundo está pendiente: las Naciones Unidas, la Corte Penal Internacional, las ONG’s.

Y eso es bueno y es malo, porque generalmente en estas situaciones, los extremos comienzan a ser mucho más beligerantes.

Y lo estamos viendo aquí también en Colombia en ese sentido. Pero esos derechos se van a respetar y ese es el tema de las víctimas.

Y el quinto punto, el DDR, cómo van a dejar las armas, en manos de quién

Esta mañana publicó un periódico una frase que no es exacta. Yo nunca he dicho que las Farc les van a entregar las armas al Ejército colombiano.

Lo que he dicho es que van a dejar las armas, tienen que dejar las armas, no es posible que haya un acuerdo sin que ellos se desarmen, no tiene ningún sentido.

Hay que negociar cómo se desarman. Y quién mejor que nuestro propio Ejército para intervenir en esa decisión.

Por eso yo también tomé la decisión de enviar a un general en servicio activo, acompañado de una serie de oficiales de las demás Fuerzas que tuvieran conocimiento del conflicto, que hayan estado en el campo de batalla, para ir a opinar cómo va a ser ese desarme, cómo va a ser esa desmovilización y cómo va a ser esa reintegración.

Algunos dicen que eso fue una humillación para nuestras Fuerzas Militares. Todo lo contrario, es darles la oportunidad a quienes han puesto el pecho durante 50 años que se sienten con el enemigo y que tomen las decisiones sobre cómo el enemigo va a dejar las armas.

Y lo que dije ayer. ¿Y quién se queda con las armas de la República?

Pues nuestro Ejército, nuestras Fuerzas Armadas. Eso dignifica a nuestros militares, a nuestros policías. Así lo han entendido además. Y así lo aprecian.

Y están opinando sobre cómo debe ser, porque ellos son los que conocen el campo de batalla, ellos son los que conocen en dónde es mejor que se desmovilicen y hacia dónde.

Es lo lógico. Y así ha sido a través de la historia.

Toda guerra ha terminado en una mesa de negociación. Toda guerra.

¿Y quiénes se sientan en la mesa de negociación? Pues los que han combatido, los militares.

Y eso es bien importante, porque eso es lo que cierra con broche de oro el final del conflicto.

Entonces quedan esos dos puntos, que no son fáciles, que están llenos de complejidades, pero que yo veo que cada vez vamos avanzando.

No quiero ser demasiado optimista, siempre en esto he querido ser más pesimista que optimista, en el sentido de no entusiasmarse demasiado. También es una lección de estudiar otros procesos.

Pero vamos por buen camino. Y necesitamos que la población colombiana entienda el proceso y luego apoye cualquier decisión que se tome, porque eso es bien importante.

Nosotros acordamos que cualquier paquete, el cuadro completo, se lo presentamos al pueblo colombiano. Y el pueblo colombiano dice me gusta o no me gusta.

Pero para que le guste tiene que entenderlo.

Y como en el proceso hay gente que no quiere que ese proceso tenga éxito, por cualquier razón —por razones económicas, algunos se lucran de las guerras, eso siempre ha pasado; por razones políticas, algunos tienen poder político por diversas razones— y como es tan difícil la pedagogía durante el proceso, ahí ustedes pueden ayudar, porque ustedes son multiplicadores, son líderes, cada uno en sus diferentes municipios, departamentos, a explicarle a la gente.

Porque el dividendo de la paz, es un dividendo infinito.

Nosotros aquí en este salón, creo que ninguno hemos vivido un solo día de paz.

Entonces nos hemos acostumbrado a la guerra, a la violencia. Masacran 10 policías, si acaso publican en la segunda página de un periódico. Nos acostumbramos a la guerra.

Inclusive hemos descubierto que mucha gente le tiene miedo al cambio. Miedo.

Dicen la paz, pero es que la paz, ¿qué nos traerá la paz?

Entonces como algunos dicen que la paz es entregarle el país a Chávez o al castrochavismo o entregarle el país a la Farc, entonces la gente se asusta.

No. La paz es simple y llanamente convertirnos en un país normal. Somos el país anormal de toda la región, el único país de todo el hemisferio occidental que tiene un conflicto armado.

Y lo único que estoy buscando es volver a la normalidad, a que seamos un país tranquilo. Nos merecemos porque hemos vivido demasiado tiempo en esta guerra.

Por eso ayúdennos a replicar más. Por eso —y con esto termino—, ayúdenme, ayúdennos a todos —esta paz no es mía, esta paz es de ustedes, esta paz es de todos los colombianos— a replicar en qué consiste este esfuerzo, entre los empresarios, entre los ciudadanos, entre los actores regionales.

No estamos improvisando nada y nada de lo que se está negociando atenta contra los intereses ni de los empresarios ni mucho menos de los colombianos. ¡Todo lo contrario!

Cuando en la campaña le dije al país que con paz haremos más, no estaba exagerando.

Si hemos logrado lo que hemos logrado en medio de un conflicto, póngase ustedes a pensar lo que podríamos alcanzar si no tenemos ese conflicto.

Por eso les pido que se conviertan, como dicen, en apóstoles de este mensaje, de esta narrativa y estoy seguro que eso ayudará a que logremos ese objetivo, que a todos nos va a convenir, lo más pronto posible.

Muchas gracias.