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 Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en la presentación del libro ‘La restitución de tierras en Colombia: del sueño a la realidad’

 Bogotá, 7 abr (SIG).

En septiembre de 2010, cuando radiqué ante el Congreso el proyecto de Ley de Víctimas y Restitución de Tierras, dije que si lográbamos pasar esa ley –y cumplirla– habría valido la pena ser Presidente de la República.

¡Y claro que valió la pena! El esfuerzo que estamos haciendo como Estado y como Gobierno para saldar la deuda histórica que tenemos con los cientos de miles de víctimas que ha dejado esta guerra sin sentido, lo vale todo.

Porque –como lo muestra el libro que hoy presentamos–, la restitución de tierras en Colombia dejó de ser solo un sueño y se está haciendo realidad.

Colombia es el único país del mundo que se ha embarcado en un esfuerzo de estas proporciones para reparar a las víctimas y restituir las tierras despojadas sin haber terminado el conflicto armado.

¿Y cómo lo hicimos? Creamos una institucionalidad totalmente nueva, con normas y procedimientos para hacer justicia y recuperar las tierras arrebatadas, respetando siempre el debido proceso.

Ya no son más la arbitrariedad y el capricho de los fusiles los que deciden la propiedad sobre la tierra: ahora son las decisiones de los jueces de la República.

Los retos han sido inmensos desde el principio pero, si no hacemos justicia para las víctimas, si no sentamos unas bases sólidas para la reconciliación entre los colombianos, ¿cómo vamos a alcanzar una paz duradera?

La cantidad de solicitudes que se han recibido dan cuenta de la magnitud del despojo –y por supuesto del reto que tenemos ante nosotros–.

Pero son también una muestra de la confianza y la esperanza que el proceso de restitución genera entre las víctimas.

¡Estamos hablando de un poco más de 70 mil solicitudes!

De estas, más de 26 mil están trámite en la Unidad de Restitución, por estar en zonas habilitadas por el Ministerio de Defensa debido a sus condiciones de seguridad.

7.800 casos ya fueron radicados ante la jurisdicción agraria, de los cuales 2 mil ya fueron resueltos.

¿Qué significa esto? Que cerca de 100 mil hectáreas han regresado a sus legítimos dueños, beneficiando a unas 3 mil familias.

La jurisdicción de restitución se creó hace menos de tres años, y –aunque queremos y tenemos que avanzar más rápido– el balance es positivo.

Antes, un proceso de restitución tomaba entre 10 y 20 años... Hoy toma poco más de un año.

La verdad es que, si se compara con políticas similares, lo que se está logrando es histórico.

Con la Ley de Justicia y Paz, por ejemplo, se han logrado apenas 22 restituciones… Y esa ley lleva 9 años implementándose.

Y menciono otro ejemplo: la Ley de Extinción de Dominio.

Esta se aprobó hace 15 años y ha logrado recuperar solo cerca de 730 predios en áreas rurales.

Vamos bien –entonces– pero podemos hacerlo todavía mejor y más rápido. Y eso lo reconocemos.

Por eso, para avanzar de forma cada vez más ágil, la Unidad de Restitución de Tierras ha puesto en marcha la Estrategia 20-15.

En el marco de esa Estrategia nos propusimos un objetivo muy ambicioso, que consiste en evacuar este año la totalidad –óigase bien: el ciento por ciento– de las solicitudes de restitución que existen en 8 regiones del país, y que son competencia de la Unidad.

Esto equivale a dejar en manos de los jueces más de 24 mil solicitudes de restitución, que son casi el 35 por ciento del total de reclamaciones que se han recibido.

Y quiere decir también que, al terminar 2015, el proceso de restitución habrá llegado a feliz término –en lo que al trámite administrativo corresponde– en Atlántico, Magdalena, Bolívar, Cesar, Sucre, Cundinamarca, Santander, Caldas y Quindío.

Con la Estrategia 20-15 vamos a hacer un barrido de casi 400 municipios –que son más o menos el 40 por ciento del total en los que hay solicitudes de restitución–, haciendo énfasis en la Costa Norte y el centro del país.

Con esto ganamos todos los colombianos porque, además de la normalización del mercado de tierras, la Estrategia permitirá fortalecer –aún más– la presencia de nuestra fuerza pública y avanzar con las iniciativas que ya venimos poniendo en marcha para el posconflicto.

No somos ajenos a las voces críticas que nos piden ir aún más rápido y tener mayores resultados. Tampoco ignoramos a quienes piden que en aras de la rapidez no se sacrifique la calidad de las investigaciones.

Somos los primeros en reconocer que el proceso de restitución puede mejorar, y estamos siempre abiertos a escuchar ideas y a recibir críticas constructivas.

De ahí nuestro llamado permanente a los tribunales de restitución para que avancen de manera más ágil, y el diseño de estrategias como la 20-15, con la que queremos darle al proceso un ritmo no solo más rápido sino definitivo.

El país no puede olvidarse de que partimos de cero –al crear unas instituciones totalmente nuevas, incluida la jurisdicción agraria–, y de que estamos avanzando en medio de un conflicto que todavía no ha terminado.

Porque se trata de cerrar –¡así de importante es el tema!– los ciclos de violencia que generaron en nuestro país los conflictos sobre la propiedad de la tierra.

Porque la justicia es un valor esencial para alcanzar la paz y lograr la reconciliación entre todos los colombianos.

Porque devolverle la tierra al campesino es devolverle su esencia... Es darle la posibilidad de ser plenamente productivo y tener su lugar en la sociedad.

La paz –lo sabemos– va mucho más allá de firmar un acuerdo o de silenciar los fusiles.

La paz se construye con justicia social, con hechos que cambien vidas... Y a través de la restitución lo estamos haciendo.

Por otro lado, resulta claro que, si ponemos fin al conflicto armado, vamos a avanzar mucho más rápido en materia de restitución.

De hecho, el acuerdo sobre desminado que se alcanzó con las FARC nos va a ayudar mucho para ingresar a zonas en las que no ha sido posible hacerlo.

Un problema que nos desvela es el de la seguridad de los líderes del proceso y los reclamantes de tierra en general, pues los intereses oscuros que les quitaron sus predios siguen agazapados para amenazarlos.

¡Ni un solo reclamante de tierra puede perder la vida o ser amenazado por exigir el respeto de sus derechos!

Hoy por hoy, la Unidad Nacional de Protección brinda medidas de protección a más de 350 reclamantes que han manifestado alguna clase de riesgo.

Hay avances significativos y ninguno de quienes han retornado se ha visto obligado a desplazarse nuevamente, pero tenemos que mantenernos alerta, y esa es mi instrucción al Ministerio de Defensa y la fuerza pública.

Por otra parte, hoy tenemos –en materia de restitución–una institucionalidad robusta y eficaz, que entrega resultados sostenibles.

La Unidad de Restitución de Tierras cuenta actualmente con más de 1.500 colaboradores y oficinas en 17 departamentos.

Las víctimas confían en esta institucionalidad: se están viendo los resultados y ese es el mejor antídoto contra el escepticismo.

Más de las dos terceras partes de quienes han logrado una decisión de restitución a su favor, ya retornaron a trabajar su tierra.

Y se han producido varias decisiones emblemáticas…

Una de ellas es la de la hacienda Las Tangas –propiedad del Clan Castaño, desde donde se estructuró y consolidó el proyecto paramilitar–.

Esa tierra ahora se llama Nueva Esperanza... Así la rebautizaron las comunidades que ahora la trabajan honradamente.

Otro ejemplo es la hacienda Santa Paula, en Montería, desde donde Sor Teresa Gómez operaba su maquinaria de despojo.

Allí, hoy, un cultivo de maracuyá crece vigoroso y esperanzador, y es administrado por las víctimas restituidas.

Igualmente, se tomaron decisiones contra las mafias que aprovecharon la zozobra y la violencia para usurpar tierras, como fue el caso de alias El Alacrán, en el Valle del Cauca.

Otro fallo tiene que ver con más de 200 casos en Ataco, en el Tolima, donde los reclamantes señalaron a las FARC como los despojadores… Esa tierra ya se les regresó a sus legítimos dueños.

Y hay otra decisión, la del predio Guayacán –en el Meta–, que le fue restituido a un grupo empresarial…

Esa es una decisión bien novedosa, porque se le restituyó el derecho a una persona jurídica.

***

La voz de los reclamantes es un elemento clave para acercarnos a la verdad del abandono y el despojo.

Acercar a las víctimas a estos procesos, dignificarlas, es la clave para romper de una vez por todas y para siempre el ciclo de violencia en Colombia.

Contamos con funcionarios comprometidos, que se la están jugando para sacar adelante la restitución.

Mis agradecimientos a Ricardo Sabogal –y a su equipo en la Unidad de Restitución de Tierras–, así como al exministro Juan Camilo Restrepo y a Alejandro Reyes, quienes impulsaron la consolidación de la política desde sus inicios.

Igualmente, gracias a los magistrados y jueces de la jurisdicción agraria, y en particular al magistrado Néstor Raúl Correa, del Consejo de la Judicatura, quien puso todo su empeño para garantizar los recursos necesarios para su cabal funcionamiento.

También quiero reconocer a quienes desde la Procuraduría, la Superintendencia de Notariado y Registro, la Unidad de Víctimas, la cooperación internacional, y las distintas entidades públicas y privadas, han dado su concurso a este proceso.

Porque la restitución nos está ayudando a construir un nuevo país…

Un país en el que las víctimas ya no cargan solas, en silencio y desarraigadas, el peso de su dolor y su tragedia.

Por eso el libro que presentamos hoy nos llena de satisfacción, pues da cuenta de más de tres años de experiencias, desafíos y logros.

También da cuenta de la seriedad y el compromiso con el que desde el Gobierno estamos enfrentando el despojo de tierras.

Ojalá su contenido anime un debate argumentado, profundo y –sobre todo– de altura, que nos permita seguir mejorando.

Los invito a seguir trabajando aún más duro porque, como dije al principio, los despojados han esperado mucho y merecen toda nuestra entrega y celeridad.

Los invito a que redoblemos esfuerzos para seguir haciendo realidad este sueño de consolidar una Colombia digna y en paz.

Una Colombia en la que la reparación y la restitución son sinónimo de justicia y no de venganza…

Son la respuesta a tantos compatriotas que solo esperan volver a su terruño.

Muchas gracias.