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 Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en la conmemoración de los 250 años del nacimiento de Antonio Nariño y el lanzamiento del Año Antonio Nariño

 

¡Sean todos bienvenidos a la CASA DE NARIÑO!


Lo digo como inquilino temporal de esta sede del poder ejecutivo que se levanta en el mismo lugar, la misma casa, donde nació –hoy hace 250 años– uno de los más grandes colombianos de la historia.


Así que les doy la bienvenida, más que como Presidente, como representante del verdadero dueño de este inmueble y de las ideas precursoras de nuestra libertad, aquellas sobre las cuales se cimienta nuestra república.


Bien dijo alguna vez Miguel Antonio Caro: si buscamos “la cuna de la República, esa se encuentra en la biblioteca de Nariño”.


Porque Nariño –más allá que con las armas– es el padre de nuestra libertad CON LAS IDEAS.
Él es la prueba palpable de que un hombre, un intelecto, un lector, puede cambiar el mundo con la fuerza del pensamiento y de la palabra.


Por eso lo honramos… 


Por ese este día –que es también el Día de la Memoria y la Solidaridad con las Víctimas– lo recordamos como una víctima de la causa de la libertad –que sufrió prisión por casi 20 años y la pérdida de todos sus bienes– y como el padre de los derechos humanos en Colombia.


Lo exaltamos, además, como un indiscutible promotor de la cultura y la ilustración en nuestro país.


Nariño, como impresor –que fundó el primer taller tipográfico privado de Bogotá–, trajo al país las ideas de Voltaire, de Montesquieu, de Rousseau, de Franklin, que transformaron el mundo en las postrimerías del siglo dieciocho.


Nariño –como periodista– fundó La Bagatela y La Gaceta Ministerial de Cundinamarca.


Nariño –como hombre libre, como hombre de ideas, como promotor del cambio social– organizó por varios años tertulias con los jóvenes de la época –a las que llamaba “El Arcano Sublime de la Filantropía”–, en las que se reunían a discutir y compartir opiniones sobre literatura, política, filosofía… 


Nariño –como gobernante, como estadista– fue alcalde de Bogotá, fue presidente del Estado de Cundinamarca y fue –luego de la independencia– vicepresidente de la República, teniendo a su cargo la instalación del Congreso de Cúcuta de 1821 que dio vida a la República de Colombia.


Y hay que decir que fue un buen gobernante, un gobernante de avanzada.


Sustituyó la educación escolástica por la científica, destinó recursos de emergencia para los más necesitados, proyectó una audaz reforma agraria, creó los bonos de tesorería para fortalecer el fisco, hizo importantes mejoras urbanas en Bogotá y promovió la producción agrícola para exportar.


¡Cuántas obras, cuántas realizaciones, en un hombre que pasó la tercera parte de su vida en prisión y que fue incomprendido por muchos de sus coetáneos!


Hoy esa incomprensión se ha convertido en admiración, y todos coincidimos en señalarlo como uno de los más grandes colombianos de todos los tiempos, al que debemos –en gran parte– nuestra libertad y nuestra democracia.

No es coincidencia, por eso, que en este homenaje se reúnan las academias del país: la Academia Patriótica 

Antonio Nariño –presidida por el destacado historiador, y “nariñista” por excelencia, Antonio Cacua Prada–; la

Academia Colombiana de Historia; la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, y el Patronato Colombiano de Artes y Ciencias.


El ejemplo de Nariño, la vida de Nariño y, sobre todo, las lúcidas ideas de Nariño tienen que ser fuente de estudio e inspiración para todos, comenzando por nuestros niños y jóvenes.


Por eso, con el Ministerio de Cultura, hemos decidido designar este año 2015 como el “Año Antonio Nariño”.


Y vamos a promover –en todo el territorio nacional– el legado de su vida, su pensamiento y su obra.


Un ejemplo es esta edición facsimilar que hemos repartido, en la que la Biblioteca Nacional ha reconstruido el documento original de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, impreso y destruido por el propio Nariño en 1793.


Es emocionante tener en las manos este documento histórico como pocos, y leer no solo la hermosa declaración sino también la introducción de Nariño, donde recuerda los años de prisión que sufrió por su causa, porque “los tiranos aborrecen la luz y al que tiene los ojos sanos”.


También vamos a consolidar los documentos originales que publicó Nariño, en su llamada Imprenta Patriótica, en un solo repositorio digital que permita su acceso a todos los colombianos.


Y hay iniciativas que me parecen especialmente simbólicas.


En la Biblioteca Nacional se va a recrear El Santuario, que era el espacio donde Nariño organizaba el Arcano Sublime de la Filantropía, y –además– se van a realizar “Tertulias del Arcano Sublime” en las bibliotecas públicas de las regiones por donde pasó o hizo presencia el Precursor.


Nariño, por otro lado, como un gesto de armonía entre los pugnaces bandos políticos, ordenó –en 1813– plantar un árbol de arrayán en la Plaza Santa Fe y en distintas poblaciones del país.


Vamos a convocar a las comunidades para que identifiquen los árboles sobrevivientes –que ya serán bicentenarios– o el lugar donde se plantaron, para convertirlos en símbolos de encuentro y recuperación de la memoria, y de valores como la libertad, el respeto a la diferencia y la paz.


También se realizarán exposiciones y habrá otras formas de conmemoración por parte de la Casa del Florero, el Museo Nacional, el Instituto Caro y Cuervo, y la Universidad Nacional.


Y, por supuesto, no se quedarán atrás las academias.


Porque hay tanto que aprender de Nariño. ¡Hay tanto que exaltar!


Yo propongo recordar sus palabras, sus discursos memorables que son piezas de oratoria que nos siguen iluminando.


Hoy, cuando los colombianos buscamos la paz pero –al mismo tiempo– el espíritu de la discordia ronda por nuestros líderes políticos, ¡qué importante recordar estas frases!:


“Nuestra ruina es irresistible si no  nos unimos, si no deponemos todas las miras personales, todos los resentimientos pueriles y, sobre todo, esta apatía, esta confianza estúpida, esta inacción tan perjudicial en momentos críticos”.


Hoy, desde la Casa de Nariño, en este día en que honramos y recordamos a las víctimas de la violencia, en este día en que renovamos nuestro compromiso con los derechos humanos, retomo sus palabras.


Tenemos que ser capaces de unirnos; tenemos que ser capaces de deponer todas las miras personales y los resentimientos pueriles; tenemos que ser capaces de vencer la apatía… por el bien de Colombia, por la paz de Colombia, por la felicidad de los colombianos.


Desde los tiempos de la independencia, desde la era de los próceres, no hemos hecho más que luchar, que batallar, y nuestros soldados y policías han entregado todo –sacrificio, vidas y sangre– para defender la republica que nos legó Nariño.


En honor a nuestros héroes… ¡tenemos que hacer la paz!


En honor a nuestras víctimas –para que no haya más víctimas–… ¡tenemos que hacer la paz

!
Recordemos –para terminar– una de las sentencias de Nariño más sabias y pertinentes para nuestro momento actual:


“De nada sirven los triunfos…”. 


Repito: “De nada sirven los triunfos… ¡SI LA PAZ NO LOS CORONA!”.


¡Honor y gloria a Don Antonio Nariño, padre y precursor de nuestra libertad, de nuestra democracia y de nuestras instituciones.


Y retomando esa última palabra: De nada sirven los triunfos, si la paz no los corona, y pensando precisamente en ir avanzando hacia esa paz, en el día de mañana se cumple un mes de la orden que di para suspender los bombardeos a los campamentos de las Farc. 


Las informaciones que me han suministrado el día de hoy, el Ministro de Defensa (Juan Carlos Pinzón) y los altos mandos militares, indican que durante este mes las Farc han mantenido y han respetado el cese al fuego unilateral.
Por este motivo he decidido prorrogar por un mes más y lo iré haciendo hacia el futuro, la suspensión de los bombardeos. 


La Fuerza Pública continuará cumpliendo su deber constitucional, de proteger la vida y los bienes de los colombianos cuando se requiera. 


En todo caso –como lo he dicho en reiteradas ocasiones- no vamos a renunciar a los bombardeos, si vemos una amenaza inminente sobre una población. 


Esperemos que esto nos siga acercando a esa paz que también añoraba don Antonio Nariño. 


Muchas gracias.