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 Palabras del Presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, al intervenir en la plenaria de la Cumbre Social de las América

 Ciudad de Panamá, 10 abr (SIG).

Hace tres años, cuando éramos anfitriones de esta misma Cumbre en Cartagena, dijimos al final de la cumbre que no podría haber otra cumbre, que no se podía celebrar una nueva cumbre sin la presencia de Cuba. Qué bueno que hoy estemos en esta cumbre con la presencia de Cuba.

Se fue el Presidente Obama, pero aquí está su Secretario de Estado. Quiero reiterarles, a nombre creo que de todos los latinoamericanos y caribeños, ese gesto audaz, valiente, esa decisión que tomaron para acercarse y normalizar las relaciones con Cuba.

Desde el norte de Río Grande a veces no perciben lo importante que es ese paso. Y lo importante que será para que el diálogo entre Norteamérica y América Latina y el Caribe también se normalice. Esa pequeña ampolla que teníamos por fortuna está siendo eliminada.

Dije también en la Cumbre, hace tres años, allá hicimos un experimento de crear un grupo empresarial, que ojalá se constituyera como algo permanente. Esta mañana qué bueno constatar que así fue. Ya hay un Foro Empresarial que se convirtió en un foro permanente en las cumbres.

También dije que algo muy importante que sucedió en Cartagena fue que se elevó, en forma diría dramática, positiva, la participación de la sociedad civil en esas cumbres. Y que ojalá se mantuviera a ese nivel o que inclusive se mejorara aún más. Veo que así es en esta cumbre y también lo celebro, porque la sociedad, como aquí se ha dicho en repetidas ocasiones, es uno de los pilares fundamentales de cualquier democracia. Escucharla, tenerla en cuenta, oír sus opiniones, interactuar, es fundamental para ese proceso de mejoramiento continuo de cualquier democracia.

Yo quisiera aprovechar este espacio, brevemente, para informarles a ustedes, como representantes de la sociedad civil, de un fenómeno, de un proceso que se está adelantando, que tiene mucho que ver con todo esto que ustedes están recomendando en materia de objetivos para nuestras ciudadanías, para nuestras poblaciones.

Cuando hablamos de equidad, cuando hablamos de prosperidad –este foro se llama ‘Prosperidad con Equidad’–, cuando hablamos del respeto a los derechos humanos, del derecho a la salud, a una buena salud, a una buena educación, uno se pregunta cuál es la antítesis de esos probables objetivos: la violencia, las guerras.

Infortunadamente en mi país queda la última guerra, el último conflicto armado de todo el hemisferio, el más viejo, tal vez también el más duro, el más sangriento que hemos tenido en estos 50 años.

Por eso quería compartir con ustedes el esfuerzo que estamos haciendo para acabar con ese último conflicto en el hemisferio americano.


Ayer 9 de abril se conmemoró el Día de las Víctimas. Y salió la población, por todas las ciudades, a marchar por las víctimas y por la paz. ¿Qué tienen que ver esas dos palabras? Porque en esas dos palabras se entrelazan los objetivos que estamos buscando.

Cuando tomamos la decisión de iniciar este proceso para terminar esta guerra, lo hicimos a conciencia y lo hicimos tomando pasos audaces como, por ejemplo, que fuese el primer conflicto que se resuelve poniendo a las víctimas en el centro de su solución.

Eso también es compatible con este nuevo mundo que hoy tenemos. Un mundo donde ya esas amnistías totales no son posibles. Un mundo donde tenemos unos tratados internacionales que nos obligan –no lo hacemos por obligación sino por convicción– a respetar los derechos de las víctimas: su derecho a la verdad, su derecho a la reparación, su derecho a la justicia y a la no repetición.

Por eso aprobamos una ley histórica en Colombia, que se llama la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras. Y comenzamos a respetarles los derechos a las víctimas, inclusive, por primera vez en la historia de cualquier país, antes de que se terminara el conflicto.

Este mes, el 30 de abril, habremos reparado ya a 500 mil víctimas, a medio millón de victimas que han sido efectivamente reparadas.


Estamos ya con una institucionalidad y un proceso para devolverles a los campesinos las millones de hectáreas que les despojaron los violentos a punta de fusil. Ya llevamos 100 mil hectáreas y el proceso está marchando en la dirección correcta.

Esas víctimas muchas veces solo reclaman reconocimiento o una verdad. Hicimos un experimento que resultó maravilloso. Fuimos muy criticados por haberlo ensayado, pero retrospectivamente hemos constatado que fue un gran paso: llevamos a representantes de las víctimas a La Habana, a Cuba, a que hablaran directamente con las dos partes que estaban negociando.

Porque por primera vez las víctimas y sus derechos van a hacer el corazón de la solución de este conflicto. Y queríamos que ellas expresaran cómo quisieran que sus derechos fuesen respetados, porque no tenemos antecedentes, no hay ningún otro proceso que haya colocado las víctimas en esa posición.


Fue un experimento y un proceso muy bonito. Víctimas que regresaron y me dijeron: ‘Presidente, ya puedo morir tranquila’. Una señora a la que le habían matado sus hijos y su marido. Y me dijo: ‘Puedo morir tranquila porque el victimario me pidió perdón y no quiero más’. Me lo decía con las lágrimas en sus ojos.

Otras que me decían: ‘Yo lo único que quiero es que me digan dónde están enterrados mis hijos. Llevo 15 años clamando por saber dónde están enterrados mis hijos. Eso para mí sería suficiente como reparación para poder perdonar y seguir adelante’.

Eso es lo que estamos haciendo en Colombia. Estamos sanando las heridas, siempre teniendo a las víctimas en el centro de la solución.

El gran desafío ahora, el que tenemos por delante, porque hemos avanzado como nunca antes en una negociación. Tengo que confesar que la contraparte, las Farc, tienen voluntad de llegar a un acuerdo. Pero lo importante ahora es poder acordar que el mundo de hoy exige, requiere de algún tipo de lo que llaman justicia transicional para que los derechos de las víctimas sean respetados.


Si nosotros somos capaces de aceptar eso, y estamos en ese punto preciso en este momento, podremos, estoy seguro, finiquitar esta guerra, este conflicto que lleva más de 50 años, y que le ha costado demasiada sangre, no solamente a los colombianos sino a toda la región. Este conflicto afecta a toda la región. Por eso seguimos empeñados en sacarlo adelante.

Las víctimas y sus derechos seguirán siendo el centro de la solución. Por eso el apoyo de la sociedad civil de todo el continente, para que podamos encontrar ese punto de equilibrio, que lo defino con una frase: estamos buscando el máximo de justicia que nos permita la paz.

No hay ningún otro país que haya negociado un conflicto armado bajo el paraguas del Tratado de Roma, bajo los parámetros que hoy nos obligan por convicción y también legalmente. Por eso en cierta forma estamos haciendo camino al andar.

Es ahí donde el apoyo de los gobiernos, de la sociedad civil, de todo el continente, resulta tan oportuno y tan necesario. Porque es con ese apoyo con que tendremos la legitimidad suficiente para tomar las decisiones difíciles que nos permitan esa paz en Colombia.


Por eso les agradezco enormemente esta oportunidad. Decirles que estamos avanzando cada vez más en la dirección correcta. Y que si continuamos con esta dinámica, ojalá este año, si fuese posible, lograríamos terminar el último conflicto que tiene este continente.

Y ahí en el caso colombiano se despejarían, con mucha más claridad, políticas sociales que de todas formas estamos adelantando, y que tienen mucho que ver con las recomendaciones que aquí se están haciendo.

Finalmente, haciendo referencia al último informe sobre educación que nuestra amiga mexicana nos leyó –las recomendaciones todas muy pertinentes–, se ha traído a esta cumbre una iniciativa que encaja perfectamente dentro de estas recomendaciones: la de crear una instancia interamericana para la educación. Una instancia que precisamente nos permita medir, hacerles rendición de cuentas a los gobiernos, adoptar las mejores prácticas.

Lo hacemos con una lógica muy sencilla y muy elemental. Es una vergüenza que América Latina siga siendo el continente más desigual de todo el planeta. Tenemos demasiados pobres. Y el vehículo más efectivo, sin duda alguna, para luchar contra esa inequidad y esa pobreza es la educación.

Por eso la creación de un sistema que nos permita a todos trabajar mancomunadamente, generar sinergias en torno a este vehículo que nos permitirá ser, ahí sí, más prósperos y más equitativos, sería un gran logro de esta cumbre, para que dentro de tres años podamos hacer una rendición de cuentas, como tenemos que hacerlas todos los Jefes de Estado ante nuestros propios ciudadanos.

Muchas gracias.