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 Palabras del Presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, en la plenaria de la VII Cumbre de las Américas

  Ciudad de Panamá, 11 abr (SIG).

189 años después del Congreso de Panamá –que buscó, sin lograrlo, realizar el sueño de Bolívar de una América unida–, nos reunimos otra vez en el Istmo, con diferencias que subsisten, pero una realidad que a todos nos debe alegrar: esta es una cumbre que congrega a todos los países del hemisferio, sin excepciones.

Hace tres años, en Cartagena, dije que sería inaceptable otra cumbre sin Cuba, y hoy celebramos su presencia y el camino emprendido con Estados Unidos hacia la reanudación de las relaciones diplomáticas.

Se levanta, así, un escollo de mucho tiempo en las relaciones entre América del Norte y América Latina y el Caribe.

Propusimos también, en la Cumbre de Cartagena, que iniciáramos una evaluación objetiva, científica, sin apasionamientos, de los métodos y resultados de la llamada Guerra contra las Drogas –que infortunadamente no se ha ganado–, para buscar una mayor eficacia frente al problema de las drogas ilícitas.

El estudio lo realizó la OEA hace dos años, y está desde entonces a disposición de nuestros gobiernos, de la academia, de los grupos de interés, para ayudarnos a crear una posición más informada y más coherente.

Dicho informe nos sirvió como base para aprobar una política común en el interior de la OEA y fue entregado a las Naciones Unidas, donde el próximo año será tratado el tema en una asamblea especial.

Los invito a que sigamos estudiando y debatiendo ésta y otras fuentes de análisis para encontrar –entre todos– una respuesta a esta asignatura pendiente de la humanidad que tanto, ¡tanto daño!, le ha hecho a nuestro hemisferio.

Otro problema al que no podemos dar la espalda es el cambio climático.

Colombia está comprometida con la lucha contra el cambio climático y con el éxito de la Cumbre de París que se celebrará a fines de este año, y considero que es un compromiso que debemos también asumir a nivel continental.

América Latina y el Caribe no es un emisor históricamente significativo de gases de efecto invernadero, pero sí somos una región muy vulnerable, y no podemos permanecer al margen.

Por eso debemos llevar una voz unida a París, para que el resultado de esa cumbre sea un acuerdo jurídicamente vinculante donde todos nos comprometamos con metas de mitigación y adaptación, comenzando por los grandes emisores.

Me alegra también venir hoy a Panamá y presentar a mis colegas la realidad de un país que se ha transformado en los tres años transcurridos desde nuestra última cita.

Colombia ha obtenido resultados muy destacables en crecimiento económico, en disminución del desempleo y, sobre todo, en inclusión social, sacando a millones de nuestros compatriotas de la pobreza y de la pobreza extrema.

Nunca habíamos obtenido resultados sociales tan positivos.

Sin embargo, nos falta mucho camino por recorrer y, sobre todo, nos falta terminar un conflicto armado anacrónico que nos ha desangrado por más de medio siglo.

Hoy tenemos, como ustedes saben, una mesa de negociación en Cuba que ha avanzado, en estos últimos tres años, en acuerdos de fondo como nunca antes.

Ahora mismo, en este momento, se discuten los dos últimos temas de los cinco acordados para llegar a un acuerdo final: la realización de los derechos de las víctimas, y la terminación misma del conflicto a través de la dejación de armas y la reincorporación de los excombatientes a la vida civil.

Somos optimistas, pero también sabemos que nos falta por discutir y acordar lo más difícil.

Lo cierto es que nunca antes habíamos llegado tan cerca de poner fin a nuestro largo conflicto y de lograr esa paz, que será una paz de todo el continente.

Los derechos de las víctimas a través de la aplicación de una justicia transicional tienen que respetarse, entre otras cosas, para dar seguridad jurídica y garantizar que la paz sea estable y duradera.

Si nos ponemos de acuerdo sobre este principio fundamental, inevitable en el mundo de hoy, llegaremos a puerto seguro.

Por eso necesitamos el respaldo y la confianza de la comunidad internacional, ojalá para lograr este año un acuerdo que silencie definitivamente los fusiles y termine nuestro conflicto interno.

Con el Eln seguimos perseverando. Y de corazón agradezco, en nombre de los colombianos, el apoyo del hemisferio ¬¬–que hemos recibido desde el principio– a nuestro esfuerzo de paz.

Quiero concluir destacando una propuesta que ha hecho Colombia a esta cumbre y que esperamos se convierta en una realidad promisoria para la región: la de crear un Sistema Interamericano de Educación.

En Colombia nos hemos puesto el desafío de erradicar la pobreza extrema y lograr un nivel de excelencia en educación en una década –para el año 2025–, y proponemos esas metas no solo para nuestro país sino para todo nuestro hemisferio.

Si América quiere dejar de ser el continente con mayor desigualdad en el mundo, debemos asumir el desafío de incluir a millones de habitantes que no se han favorecido con el desarrollo.

Y no hay duda –no tengo ninguna duda– de que el motor, el camino más poderoso y eficaz para alcanzar esa prosperidad incluyente y derrotar la pobreza es lograr, para nuestros habitantes, una educación de calidad que nivele las oportunidades y aumente su competitividad.

En América Latina y el Caribe hay 106 millones de jóvenes, de los cuales cerca del 40 por ciento aún vive en la pobreza.

Sabemos que la educación más importante es la que se da en los primeros años de vida pero constatamos, tristemente, que 3 de cada 10 niños no asisten a la educación preescolar.

Debemos hacer un inmenso esfuerzo por invertir en la primera infancia, y tenemos que comprometernos –de verdad– con la educación de nuestros niños y nuestros jóvenes.

Para eso proponemos crear una nueva institucionalidad dentro del Sistema Interamericano que apoye la formulación de políticas para aumentar la calidad educativa, e incrementar la inversión en conocimiento, ciencia y tecnología.

Se trata de que –unidos– establezcamos metas comunes y promovamos las mejores prácticas en nuestros países en materia de educación.

La institucionalidad que proponemos se crearía en el ámbito de la OEA, y contaría con el concurso del Banco Mundial, del BID y la CAF.

En el siglo pasado se crearon instituciones interamericanas en el campo de la salud, del desarrollo agrario y de los derechos humanos.

Colombia propone que en este siglo –el siglo del conocimiento y la información– el Sistema Interamericano se vuelque hacia un nuevo objetivo: educación de calidad para todos.

Queremos que América dé un gran salto en la calidad de su educación y, por consiguiente, un salto en la lucha contra la pobreza y la desigualdad.

Queremos que todos los jóvenes de América sobresalgan como los más cultos, los más educados, los más competitivos.

Señoras y señores mandatarios y líderes de la región:

Que esta Cumbre deje un legado al futuro, acordando la creación de un Sistema Interamericano de Educación.

Nada mejor –nada más importante– podemos hacer por nuestras naciones, por sus hijos, por sus nietos, por las nuevas generaciones.

Muchas gracias.