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 Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en el VIII Congreso de Asofondos

  Cartagena, 16 abr (SIG).

Hoy he venido a hablar de futuro a un congreso de fondos que cuidan nuestro futuro.

Hoy he venido a darles un mensaje realista, prudente, pero al mismo tiempo optimista, de confianza en nuestro país, de confianza en Colombia.

Hoy quiero hablarles de expectativas, porque las expectativas también son capaces de mover. O no son capaces; las expectativas mueven las economías.

Y somos un país que tiene certeza sobre su presente. Y creo yo que hay buenas perspectivas hacia el futuro, lo que significa que aquí hay –y habrá– oportunidades.  Por supuesto también muchos retos y muchas dificultades.

Pero quiero referirme concretamente a las oportunidades para invertir en Colombia, para seguir invirtiendo en Colombia.

Que no todos los días tiene uno al frente a los representantes de una organización como la FIAP, que congrega a un centenar de fondos de pensiones –que a su vez administran miles de millones de dólares de trabajadores de todo el mundo–.

Así que hablemos primero de las certezas del presente. Una de ellas, que creo que no tiene discusión, es el crecimiento.

Dentro de las seis mayores economías de América Latina, somos la economía que más crece. En los últimos dos años, por ejemplo,  lo hicimos un 4,9 y 4,6 por ciento. Y gracias a ese crecimiento hoy pasamos a ser la tercera economía de la región, superados solamente por Brasil y por México.

Otra certeza: la generación de una NUEVA CLASE MEDIA –4,4 millones de colombianos salieron de la pobreza, ingresaron a la clase media,  en los últimos cinco años.

El crecimiento y fortalecimiento de esa clase media –con mayor poder adquisitivo– dinamiza la demanda interna, atrae inversión extranjera, promueve la inversión nacional.

A muchos inversionistas extranjeros yo siempre les pregunto  por qué quieren invertir en Colombia.


Y una parte importante me dicen: porque usted está creciendo pero están creciendo aún más futuros clientes, que son la clase media. 

Ese aumento de la clase media también es uno de los motores de nuestro propio  desarrollo, teniendo en cuenta –además– que estamos en un entorno de inflación controlada y de generación de más y mejores empleos.

O sea, ha sido un crecimiento sano, un crecimiento con inflación baja, un crecimiento que genera empleo.

Ahora bien, por supuesto que la coyuntura internacional, la baje del precio del petróleo, ciertas coyunturas internacionales que hemos visto en diferentes sitios del mundo, son realidades que nadie puede desconocer y que nos afectan.

Pero incluso en ese contexto nuestra economía mantiene señales muy positivas.

Entre todos podemos trabajar con empeño –con prudencia y a la vez con optimismo, porque una cosa no excluye la otra–.

Es claro –nadie lo discute, por ejemplo– que no controlamos los precios internacionales del petróleo, pero sí podemos –y debemos– mejorar nuestra productividad.

Justamente en eso hemos estado trabajando con las empresas petroleras, con los mandatarios locales. Y hoy podemos decir que llevamos seis meses continuos con una producción superior al millón de barriles diarios.

Tenemos que ver cómo podemos fomentar–y lo estamos haciendo– la exploración, para que nuestras reservas no permitan seguir manteniendo un ritmo de exportaciones de ese nivel.

Pero hablemos de esas señales que nos permiten tener CONFIANZA –esa palabra mágica que es tan importante– confianza en Colombia.

Un ejemplo muy diciente. Hace menos de un mes hicimos una de las emisiones de bonos más exitosa en la historia de Colombia: colocamos 1.000 millones de dólares –con plazo a 30 años– y nos demandaron cinco veces más, nos demandaron 5.000 millones de dólares.

¿Por qué esa es una muestra de confianza? Porque hay que tener en cuenta que los inversionistas ven es el futuro.

Y esta emisión se hizo con un interés más bajo del que tuvimos que pagar a comienzos de año.

Y entre enero y hoy, o hace un par de semanas, esos bonos se valorizaron. Es decir, bajaron las tasas de interés.

Esto significa que los mercados internacionales advierten una consolidación favorable de nuestras expectativas. O de lo contrario nos hubiesen castigado con unos intereses más altos. 

O sea, mantenemos esa confianza en la economía de nuestro país.

‘Y eso por qué?

Porque estamos reaccionando ante las situaciones con frecuencia pero con realismo y contundencia.

Sin duda los precios del petróleo nos afectan. Como ustedes todos lo saben, tienen un impacto directo en nuestras finanzas públicas, en nuestra balanza cambiaria. 

Pero al mismo tiempo, el mensaje que estamos dando  para afrontar esa situación creo que es positivo, de una economía responsable. Bajamos el gasto, bajamos la inversión, nos acomodamos a esa nueva coyuntura. Y estamos reaccionan positivamente.

Algunos dicen que hay una crisis. Y en cierta forma, pues crisis no creo que haya, pero sí hay algunas dificultades, que lo que nos corresponde a nosotros en el Gobierno, lo que le corresponde a cualquier Jefe de Estado, es manejar esa situación difícil y convertirla, en la medida de lo posible, en una oportunidad.

Por ejemplo, nosotros nos estábamos acercando hacia una situación que yo la llamaría de “resfriado holandés”. No enfermedad holandesa, pero sí estábamos dependiendo demasiado del petróleo, de la minería, para nuestras exportaciones, para nuestras finanzas públicas.


Esta baja del precio del petróleo y de los commodities de minería por ejemplo, nos obliga a reaccionar en un momento oportuno para precisamente fortalecer todo nuestro sector productivo diferente al mineroenergético. Y eso pues, representa una oportunidad. Y eso es lo que estamos haciendo.

Por otro lado, la inversión extranjera directa disminuyó en los sectores del petróleo y en los mineros, pero hubo una especie –y eso lo estábamos previendo– de balance automático, porque casi en la misma proporción que bajó el petróleo y la minería, aumentó la inversión en otras industrias.

Se los explico con cifras: el año pasado, por cada 100 pesos que dejamos de recibir en inversión extranjera directa –dirigida a los sectores mineros y al sector petrolero– recibimos más de 90 pesos nuevos para otros sectores.

Y como parte de la misma coyuntura, surgió una nueva oportunidad pues con la tasa de cambio, que tenemos un sistema, tasa de cambio  flexible, que ha sido manejado con prudencia, con responsabilidad. Una política monetaria que ha permitido estos buenos resultados.

Y esa depreciación de nuestra moneda en estos últimos meses, que ha sido significativa,  como reacción a la caída del precio del petróleo, pues también generan oportunidades en otros sectores porque ganan automáticamente mucha competitividad.

Hace un par de meses, hablaba con el Presidente de Asocolflores. El día más importante para los exportadores de flores, el día de San Valentín, nuestros floricultores vendieron sus flores a Estados Unidos con un dólar que estaba en ese momento a 2.400 pesos.

Hace un año estaban vendiendo con dólar por debajo de 2.000 pesos. Y por eso están en una situación mucho más competitiva y más favorable.

Y eso se puede multiplicar en otros sectores exportadores que son los que tenemos que impulsar para compensar la baja del petróleo. Y también –doctor Bruce (Macmaster, Presidente de la ANDI– para nuestra industria.

Es cierto que  las cifras de la industria decrecieron en el último mes en 1.3 por ciento con respecto al año anterior. Sin embargo, si sacamos la refinación de ese sector real,  pues el sector real creció 2.4 por ciento.

Y aquí hay algo muy importante: se sigue manteniendo y aumentando el empleo formal en la industria. Y eso se ha venido viendo mes tras mes.

Además otros indicadores también nos demuestran que la dinámica económica se mantiene a muy buen ritmo:

No desconocemos que ha bajado, pero se mantiene a buen ritmo.

El Índice de Confianza Industrial que publica Fedesarrollo es positivo y viene mejorando. Y está por encima del primer trimestre del año pasado.

En enero y febrero las ventas del comercio  crecieron 5,2 por ciento, con respecto al mismo bimestre del año anterior, que fue muy bueno.

La producción de algunos artículos que son muy dicientes para pronosticar el futuro, por ejemplo el cemento gris creció el último año –de febrero de 2014 a febrero de 2015– a una tasa superior al 13 por ciento. ¿Y eso por qué es importante? Porque advierte el dinamismo que mantendrá el sector de la construcción en general, pública y privada.


La demanda de crédito, que es un indicador también muy diciente de la salud de la economía, sigue su desempeño favorable: según la Superintendencia Financiera (y aquí tenemos al Superintendente encargado, me salud al doctor Gerardo (Hernández), que está suspendido injustamente; debía estar aquí sentado; suspendido por cumplir con su deber), esa Superintendencia dice  que a febrero la  cartera de los establecimientos de crédito mostró un crecimiento del 11 por ciento real anual, impulsada principalmente por la cartera comercial.

Y ese indicador resulta aún más positivo porque la calidad de la cartera se ha mantenido en sus niveles, habiendo mejorado la cartera hipotecaria y la de microcrédito, lo que también es un indicador muy positivo.

De otra parte, estamos tratando y hemos implementado y estimulado  una serie de políticas y medidas que los economistas llaman “anticíclicas” para tratar de morigerar el golpe de la baja del precio del petróleo.

Y esas medidas en el pasado –ustedes se acordarán, la audiencia de colombianos aquí–, nosotros pusimos en marcha un programa anticíclico en el año 2013, a comienzos, que llamamos en PIPE.

Eso tuvo un efecto muy positivo y muy oportuno. Algo parecido estamos haciendo ahora.

No les voy a contar en detalle, pero con eso concluyó la misión del Fondo Monetario hace un par de semanas. Y la directora de esa misión antes de irse hizo un informe y cita lo siguiente:

“El impresionante récord de crecimiento de Colombia en los últimos años y el avance en los indicadores sociales se basa en la aplicación exitosa de un conjunto de políticas que ha asegurado la estabilidad macroeconómica y ha fortalecido la resistencia a los choques externos”.

Y ayer precisamente el Fondo Monetario Internacional publicó su informe sobre perspectivas económicas del mundo y de la región. Y a todos nos bajaron las perspectivas de crecimiento por los fenómenos que todos conocemos.

Pero celebro que Colombia aparece en el primer lugar de toda América Latina por su facilidad para hacer negocios. El país con el mayor crecimiento económico dentro de las economías de cierto nivel y el primer país en la generación de empleo en toda región, en el informe que ayer publicó el Fondo Monetario.

El sector de la construcción es un ejemplo de lo que hemos hecho como medida anticíclica –y seguimos haciendo– para estimular la demanda.

Ya está en marcha un programa de diferentes iniciativas para seguir con una construcción de vivienda muy dinámica, como la hemos tenido en los últimos años.

Estamos implementando unos programas de vivienda masivos, que contemplan cientos de miles de casas algunas gratis, otras subsidiadas. ¿Pero eso por qué lo hacemos? Pues por el aspecto social, pero porque la industria de la construcción jalona 32 industrias. ¡3!

Estamos además implementando –ustedes lo saben bien, lo mencionó el doctor Montenegro–, el programa de infraestructura vial más ambicioso en la historia de Colombia –tal vez el más grande que hoy se ejecuta en América Latina–: las llamadas autopistas de cuarta generación o 4G.

Ya ustedes han expresado –lo mencionó el doctor Montenegro– su determinación de invertir en estos proyectos –así como lo han hecho ya en el pasado con otros sectores de infraestructura– y el Gobierno los apoya, quiere ser socio de ustedes en esa iniciativa.

El ahorro pensional es un financiador natural de este tipo de concesiones y hay espacio para varios tipos de financiadores.

La magnitud de estos proyectos es tan grande que la chequera de los bancos no va a ser suficiente.

Estimamos que los privados van a requerir más de 40 billones de pesos en financiación –alrededor, al tipo de cambio de hoy, de 16 mil millones de dólares–, y valga decir que esas inversiones, mientras duren los contratos, serán repagadas con peajes y con aportes de la Nación por el orden de los 50 billones de pesos –unos 20 mil millones de dólares–.

Prevemos que la banca va a financiar cerca de la mitad de esos 40 billones de pesos, y para el resto esperamos que participen fondos como ustedes y fuentes extranjeras.

Y precisamente con el propósito de reducir el riesgo cambiario –tanto para bancos como para los concesionarios– hemos aprobado vigencias futuras en dólares. Un paso que hemos dado concretamente para eliminar ese riesgo.

También creamos la Financiera de Desarrollo Nacional, que va a apoyar a los concesionarios y les va a ofrecer varias herramientas para el cierre financiero de los proyectos.

En esa Financiera está por ejemplo la IFC del Banco Mundial. En estos días un banco privado japonés va a anunciar que también se convierte en socio de esa Financiera y eso va a ser un gran apalancamiento financiero para estas y otras construcciones de infraestructura hacia el futuro.

Y –aparte de las iniciativas que hemos sacado adelante y que el doctor Montenegro ha destacado, como la Agencia Nacional de Infraestructura –que la creamos precisamente para tener una entidad seria, con credibilidad, que maneje todo el sector de infraestructura, donde Colombia estaba tan atrasada y que hasta ahora nos estamos comenzando a desatrasar– y creo que a pasos muy rápidos y concretos.

Estamos también en el proceso de crear los fondos de deuda.

Y a través de esa figura queremos que ustedes, los administradores de los fondos de pensiones, participen de esta revolución en la infraestructura, de esta revolución vial, y que –al mismo tiempo– el fruto de semejante inversión se traduzca –como ustedes esperan– en una pensión más alta para sus afiliados.

Estamos abiertos a considerar otros mecanismos, que no sea a través de los fondos, para que –en un marco de necesaria seguridad, todos estamos comprometidos con la darle la mayor tranquilidad a los inversionistas y la mayor seguridad hacia el futuro, porque al fin y al cabo son los recursos de los futuros pensionados, proteger ese ahorro de los afiliados– pero con ese criterio puede articularse al financiamiento de estas autopistas de cuarta generación.

Y el interés que han demostrado hasta ahora es un claro ejemplo de su optimismo en el futuro.

Y nosotros compartimos ese optimismo, como muchos otros colombianos, entre los cuales están –por supuesto– los empresarios.

Hace poco leía yo al Presidente de Bancolombia –el doctor Carlos Raúl Yepes– y al Presidente de Argos –Jorge Mario Velásquez–, hablaban sobre el optimismo que ellos tienen sobre cómo esperan que este año les vaya mejor a esas dos empresas emblemáticas de Colombia, Bancolombia y Argos, les vaya mejor este año que lo que fue el año pasado. Y el año pasado les fue a esas dos empresas mejor de lo que les ha ido en muchísimo tiempo.

Nosotros tenemos unas perspectivas parecidas y que creemos que podemos materializar en realidades, empezando porque, por ejemplo, la recuperación de Estados Unidos nos va a beneficiar. Es el principal socio comercial; hay una correlación directa entre el aumento de sus importaciones y el PIB de nuestra industria.

Ayer precisamente estábamos reunidos, por la tarde, con una de las cadenas industriales. De confitería.

No sentamos, les preguntamos  cómo ustedes creen que pueden exportar más.

Hicimos un barrido, los obstáculos que tienen, las preocupaciones que tienen y vamos a tomar las medidas para que puedan crecer mucho más de lo que vienen creciendo.

Y así vamos a hacer con diferentes sectores, doctor Bruce, de la industria de los exportadores.

Y creo que aquí hay unas oportunidades de oro. No hemos aprovechado, por ejemplo, el mercado latinoamericano después del Tratado de Libre y Comercio como lo debíamos haber aprovechado.

Tenemos que sentarnos, ver dónde están esos cuellos de botella y aprovechar el crecimiento de la economía norteamericana, que es el principal mercado del mundo. Y estamos, de aquí a Miami, a dos horas de vuelo.

Los pronósticos de nuestro crecimiento oscilan entre 3.5, 3.4 a más o menos 4 por ciento, pero muy por encima del promedio de América Latina –que está alrededor del  1.3 por ciento–.

Y en el mediano plazo –de aquí al año 2018– esperamos que los resultados sean mucho mejores a este año, crecer más o menos al 5 por ciento. Queremos bajar la tasa de desempleo al 8 por ciento y generar más empleos formales.

Doctor Montenegro, esos 2 millones y medio de empleos que hemos creado en los últimos cuatro años, 2 y medio millones, por primera vez, afortunadamente estamos creando más empleos formales que informales. Es un buen signo.

Estamos también haciendo lo posible para bajar la informalidad. Llevamos creo que –María Lorena (Botero, Ministra Consejera de Gobierno y Sector Privado)– 6 por ciento de baja en la informalidad. 6 puntos porcentuales.  Usted sabe lo difícil que es bajar la informalidad, es muy importante.

Somos totalmente conscientes y compartimos con usted la preocupación de que todavía tenemos una economía con una informalidad demasiado alta, casi en 50 por ciento, algo como el 48 por ciento.

Y estamos en el mismo monte, por así decirlo, queriendo bajar todavía más esa informalidad.

Aparte queremos seguir bajando la pobreza. Hemos logrado bajar la pobreza 12 puntos porcentuales en estos últimos años, 5 años. Eso no lo había hecho Colombia nunca ni lo ha hecho ningún país de América Latina en un periodo tan corto.

Y no quiero terminar sin referirme brevemente a lo que usted dijo, doctor Montenegro.

Creo que usted tiene razón cuando dice que hay que fortalecer el régimen de prima media, y en eso estamos.

Recuerden ustedes lo que era el Seguro Social. Y por eso creamos Colpensiones, entidad que –entre otras cosas– asumió la muy difícil tarea de atender casi 350.000 solicitudes pensionales que estaban represadas. 350 mil.

Usted ha sido funcionario, y muy importante funcionario del Gobierno, y conoce mejor que nadie las dificultades del Estado colombiano. Tenemos, no sé por qué, una especie de incapacidad para liquidar las empresas que  decidimos liquidar. Y  a veces esas empresas duran años y años en liquidarse.

Pues en dos años y medio logramos liquidar totalmente el Seguro Social en materia de pensiones, que tenía más de 4 mil empleados y unos activos muy importantes.

Esto se une a la liquidación de otras entidades emblemáticas, que nadie daba 5 centavos por la posibilidad de liquidarlas rápidamente: el DAS (Departamento Administrativo de Seguridad), la Dirección Nacional de Estupefacientes, totalmente liquidadas.

Y con ese paso del Seguro Social a Colpensiones se protegieron los derechos de colombianos que llevaban décadas esperando que el Estado les reconociera lo que les correspondía por derecho: su pensión.

A la fecha, con Colpensiones hemos resuelto más de un millón de solicitudes por concepto de vejez, invalidez, sobrevivencia, indemnizaciones, reliquidaciones y hasta auxilios funerarios.

Además, hemos corregido cerca de 2 millones de historias laborales, que representan el 97 por ciento de las solicitudes que se han hecho. En esto quiero reiterar y felicitar a todo ese equipo de Colpensiones, porque estos resultados son muy positivos.

Y eso es muy importante, porque la historia laboral es uno de los activos más importantes de cualquier trabajador.

Incluso, en muchos casos esa historia laboral es el único soporte patrimonial que se tiene al llegar a la vejez, o en contingencias como la invalidez o la muerte.

Ahora bien, Colpensiones hace parte de un modelo de protección para la vejez –que creo que no hay precedentes en la historia de la seguridad social colombiana–.

Con dicho modelo NO solo estamos administrando los aportes de quienes cuentan con un ingreso fijo y un trabajo formal, sino que además ampliamos la cobertura para poblaciones de bajos recursos o de ciertas condiciones laborales.

Hoy, por ejemplo, pueden cotizar quienes trabajan por días antes no podían: meseros, empleados de servicios domésticos y jornaleros –entre otros–, que además pueden estar cobijados en materia de riesgos laborales y afiliarse a las cajas de compensación sin renunciar al régimen subsidiado de salud.

En el mismo sentido hemos obrado con decretos especiales, por ejemplo para el sector de los taxistas, o con la Ley de la Pensión Familiar.

Y a eso súmenle la cobertura –que triplicamos– para asistir con subsidios a los adultos mayores y los Beneficios Económicos Periódicos –dos temas que ustedes conocen ya ampliamente–.

Sobre los ajustes al sistema pensional, que usted propone con mucha razón, doctor Montenegro, estamos de acuerdo. Estamos de acuerdo en que se necesita que sea un sistema sostenible –esa es una regla básica, todos los países del mundo están buscando sistemas sostenibles–, que sea mucho más equitativo; tiene toda la razón que nuestro sistema es, al contrario muy inequitativo, y que por supuesto aumente la cobertura.

A la OCDE, que es ese grupo de países, no de países ricos sino países con mejores tácticas y que entramos –o queremos entrar, porque todavía no hemos entrado, tienen una serie de requisitos bastante estrictos en materia de calidad de las políticas públicas para ser uno parte de ese grupo de países y que ingresamos precisamente para podernos comparar, no entre Cundinamarca y Chocó, sino Cundinamarca y Dinamarca–, precisamente para poder tener esos mejores parámetros a nivel mundial, que es lo que queremos aquí en Colombia.

No compararnos con los mediocres sino compararnos con los mejores. Y lo estamos haciendo con la educación, lo estamos haciendo en muchas de nuestras políticas.

El ingreso a la OCDE obedece exactamente a esto.

Y le pedimos a la OCDE y al Banco Interamericano de Desarrollo que nos hicieran llegar una propuesta de cómo ellos ven nuestro sistema pensional.

La OCDE ya tiene unas ideas concretas. El BID ya concluyó recientemente –me dijo el doctor (Luis Alberto) Moreno– su estudio y creo que está próximo a divulgarlo.

Cuando tengamos esa materia prima, las recomendaciones de la OCDE y las recomendaciones del BID, vamos a iniciar un proceso de concertación con el Congreso de la República, por supuesto.

Tenemos aquí a estos señores congresistas. Yo no tengo sino palabras de agradecimiento. Una parte muy importante de estos resultados macroeconómicos que hemos logrado y que hoy nos muestran como una economía ejemplar a nivel mundial, se debe en buena parte a ese trabajo con el Congreso de la República, a las reformas que el Congreso de la República ha venido aprobando, a los impuestos, a las leyes.

Por ejemplo, ahora que estuve en la Cumbre de Panamá, hablábamos sobre la importancia de esa reforma constitucional que le dio a la sostenibilidad social el rango de criterio de derecho fundamental en nuestra Constitución. Y la Ley de Regla Fiscal que hoy estamos aplicando en esta situación difícil con los precios del petróleo.

Eso se debe a ustedes. Por eso esa gobernabilidad con la oposición, por supuesto, muy constructiva de algunos senadores, pero siempre constructiva, es muy importante para que la economía pueda seguir funcionando.

Entonces con ese criterio constructivo vamos a discutir entre todos un sistema nuevo o un sistema reformado de pensiones, porque sabemos que el que tenemos le falta mucho camino por recorrer.

Y que involucre a todos los actores del sistema para que construyamos el régimen pensional que Colombia necesita.

Y permítanme finalizar esta intervención usando algunas palabras que al principio utilizó el doctor Montenegro.

Usted citó al famoso filósofo Edmund Burke y su concepción de la sociedad como un “contrato” que se hace entre vivos y los que aún NO han nacido –entre una generación vigente y una generación que vendrá después, como ocurre cuando se define un sistema pensional–.

Quienes tomamos decisiones en el presente tenemos la inmensa responsabilidad de pensar en quienes vendrán luego.

Otro gran, no tanto filósofo pero político británico, Disraeli, señores congresistas, decía: Siempre hay que legislar pensando en la próxima generación. No en la coyuntura. Y no pensando en el gobierno, porque el día mañana puede ser oposición.

Con ese mismo criterio tenemos que tomar esas decisiones.

Y quiero usar esa misma figura para que pensemos en el “contrato” que podemos firmar los colombianos adultos de hoy.

Podemos hacer un compromiso desde ya, por ejemplo para dejarles –y ese es mi empeño, ese es mi deseo–, dejarles a nuestros hijos, a los que no han nacido, una Colombia normal.

¿Una Colombia normal en qué sentido? En que nosotros somos un país, como lo han dicho muchos empresarios, anormal. Un país en guerra. Una guerra que ha durado 50 años.

Yo le agradezco sus palabras de apoyo y de respaldo por lo que ayer sucedió.

Yo pensaba cómo reacciona uno frente a esa situación, frente a ese sueño que yo tengo, de la paz.

Y se le viene uno a la cabeza el consejo de grandes pensadores. Y alguno decía miren, el gran ganador, el que pelea y gana, nunca se pone furioso.

Y yo decía: qué difícil no ponerse furioso, no morir de rabia, cuando uno ve a estos soldados asesinados por las Farc.

Pero entonces se le vienen a uno a la cabeza otros grandes pensadores: No. Está bien sentir la rabia. Está bien ponerse furioso. Pero canalizar esa rabia hacia soluciones productivas.

Eso es lo que tenemos que hacer los colombianos en este camino tortuoso hacia la paz.

El contrato que yo quiero firmar es para que sus hijos y sus nietos, mis hijos y mis nietos, vivan en un país norma.

Y un país normal es un país en paz. Así. Un país en paz que nos permita realmente aprovechar ese inmenso potencial que tenemos. Este conflicto armado ha sido como un freno, nos ha costado muchísimo.

Usted hablaba de la productividad. El cálculo que se hace del costo, solamente productividad, de 6 millones de desplazados por la violencia en la economía, es inmenso.

Esos desplazados salen de su hábitat natural y se van a esos tugurios en las ciudades, en las poblaciones, a demandar servicios. Pero su aporte a la economía se baja entre un 50 y un 90 por ciento. Su productividad.

Imagínense el costo de eso o al revés, imagínense lo que produce eliminar ese freno, eliminar esa guerra, que genera 6 millones o más de desplazados y de víctimas.

Entonces, ese es el contrato que yo quiero dejarles a los colombianos: un país en paz, un país con más equidad. Y ahí también podemos trabajar porque es un país muy inequitativo.

Y a eso se le he agregado el vehículo más efectivo, que es un país mejor educado.

Es a través de la educación, en el largo plazo, cómo podemos lograr esa paz y cómo podemos sostenerla en el futuro, y cómo podemos ser un país más equitativo.

Estoy seguro que con el apoyo de todos ustedes y con sus inversiones en las 4G,

pues vamos a seguir progresando.

Muchas gracias.