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 Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en la asamblea de Proantioquia

 Medellín, 20 abr (SIG).

El agradecido, doctor Rafael (Aubad), soy yo con usted por darme esta oportunidad de estar presente en este homenaje a Nicanor (Restrepo) en su segunda casa, que fue toda la vida Proantioquia.

Y no podía ser de otra forma y no me lo hubiera perdido por nada del mundo –si no me invita me cuelo–, porque Nicanor estuvo presente en todos los pasos importantes que he dado yo en mi vida pública. Nicanor y Proantioquia.

Y por eso quiero empezar agradeciéndoles a ustedes y repitiendo esa frase con que terminó el documental, el video, que decía: No le decimos adiós sino gracias a Nicanor.

Yo recuerdo hace 25 años, cuando tomamos un paso muy audaz, de abrir la economía y me encargaron del Ministerio de Comercio Exterior, el primer Ministerio, lo primero que hice fue venir aquí a Proantioquia a recibir consejos, a ver cómo hacíamos para que ese paso no fuera tan traumático.

Ya estaba en primer lugar Nicanor Restrepo.

Me acuerdo que me dijo: ‘es un paso grande pero necesario. No va a encontrar usted al principio aquí mucha gente que lo acompañe, porque es natural que cualquier persona, en cualquier actividad que esté protegida. Si le quitan de una u otra forma la protección va a reaccionar. Pero adelante. Adelante, porque esto lo necesita el país’.

Diez años más tarde estábamos en la crisis tal vez más profunda que ha tenido este país en los últimos 100 años. La economía acababa de sufrir un retroceso en su crecimiento del 4.6 por ciento. Estábamos ad portas de una cesación de pagos y me nombraron Ministro de Hacienda.

¿A dónde fui o a dónde vine? A Proantioquia.

¿A quién le pedí consejo? A Nicanor Restrepo.

Y tomamos unas medidas supremamente drásticas, impopulares a morir. Me quemaban a mí en todas las plazas públicas de todo el país.

La famosa reforma a las transferencias, la reforma constitucional, la Ley 617, que ponía en cintura a los municipios; la Ley 715 que por eso Fecode hizo un paro de varias semanas.

Pero eran medidas necesarias para ese momento tan difícil que tenía la economía. Y hoy, mirando hacia atrás, podemos decir que hicimos lo que tocaba.

Estaba al lado mío, dándome ánimo, Nicanor Restrepo y Proantioquia.

Luego, cuando me nombraron Ministro de Defensa, hicimos un análisis sobre qué nos faltaba para poder tener las mejores Fuerzas Armadas, la mejor Policía. Nos faltaban recursos, por supuesto, y teníamos que aprobar el famoso impuesto al patrimonio.

La primera institución que visité para preguntarles cómo hacíamos para ambientar un impuesto al patrimonio en este momento fue Proantioquia.

¿Quién estaba ahí? Nicanor Restrepo.

Y lo digo y lo repito con mucho orgullo como colombiano: no hubo un solo empresario antioqueño presente en esa reunión –y había muchísimos, muchos de ustedes que están aquí presentes– que dijo no. Todos al unísono dijeron: esto es necesario.

Y eso fue lo que permitió que pudiésemos continuar el fortalecimiento de nuestras Fuerzas Armadas, el fortalecimiento de toda nuestra institucionalidad militar y policial.

Cuando me eligieron Presidente de la República, que iba a dar el paso difícil –lo sabía desde un principio– de iniciar un proceso de paz, acudí a Nicanor Restrepo y me dijo: no lo vaya a dudar un solo minuto. Ese es el camino, adelante. Lo apoyo con todo lo que tengo.

Y me apoyó hasta el día de su muerte.

Por eso no me podía yo perder este homenaje, doctor Rafael.

Y con ustedes, de Proantioquia, lo único que tengo es gratitud.

Nicanor, además, representaba en forma gráfica y real esa visión de país que yo he querido comenzar a poner a funcionar. Que ese sueño que tengo, que se vuelva realidad. Ese país en paz, ese país con más equidad y mejor educado.

La educación fue uno de los temas que Nicanor, desde hace mucho tiempo, promovió como el factor de movilidad social más importante y como la inversión también más importante que puede hacer cualquier sociedad.

Fue uno de los promotores, si no el mayor promotor, el principal promotor de Empresarios por la Educación, que tanto ha contribuido a fijar los caminos correctos para que nosotros podamos avanzar en ese frente tan importante.

Y él entendía, como debemos entender todos, que es solo a través de una buena educación, una educación concedida como lo decía Garcia Márquez –estamos conmemorando también un año de su muerte– que tiene que comenzar en la cuna y terminar en la tumba.

Y Nicanor, efectivamente hizo de ese lema una realidad.

Yo le decía cómo lo envidiaba cuando, después de retirado, estaba montando en bicicleta allá en Paris y seguía estudiando. Y así deberíamos hacer todos.

Pero él hizo un trabajo muy, muy especial que todos debemos agradecerle para promover la importancia de la educación. No solamente entre los empresarios; en el país entero.

Y por eso, este sueño que tengo yo de poder colocar a Colombia como el país mejor educado en el año 2025, pues es un sueño que va a estar acompañado y apoyado por Nicanor siempre, porque él, el tema de la educación lo asumió con verdadero entusiasmo y con verdadera pasión.

Hemos hecho mucho de lo que él quería: darle importancia a la primera infancia. Ahí es donde se forman los futuros ciudadanos, los futuros estudiantes.

Nosotros teníamos bastante descuidada esa primera infancia y que hoy en día representa la inversión más rentable socialmente de cualquier sociedad.

Decretamos la gratuidad de la educación, del grado cero al grado once. Estamos promoviendo más acceso a la educación superior.

Esta mañana se celebró una de las múltiples promociones de la política de Ser Pilo Paga, que aquí en Antioquia ha tenido especial importancia. De las 10 mil becas, casi el 20 por ciento están aquí en las universidades antioqueñas. Y eso dice mucho, porque demuestra cómo aquí la educación va adelante del promedio del país. Más del 13 por ciento de los estudiantes beneficiados son antioqueños.

Y toda la política que estamos haciendo lo que busca es precisamente lo que Nicanor siempre decía: un país mejor educado, un país con una educación de calidad, es un país que va a tener mejores ciudadanos, un país que va a tener personas que respeten los principios, los valores. Esos principios que él mencionaba en el video.

Y el otro tema donde con Nicanor estuvimos identificados –no de ahora, la llamada mía a Nicanor cuando me eligieron Presidente, le dije voy a tomar este paso– no fue por el momento y la coyuntura. Hace mucho tiempo con Nicanor habíamos discutido la necesidad de buscar la paz para este país.

Era un obsesionado de ese tema, porque entendía perfectamente es el valor supremo de cualquier sociedad y que un país no puede vivir en permanente guerra. Que esa paz había que buscarla en forma definida, en forma contundente.

Y eso es lo que estamos haciendo.

Con Nicanor desde hace muchos años hicimos intentos.

Inclusive en una ocasión a mí me acusaron de estar conspirando contra el Gobierno, en la época de Samper, con Nicanor, por estar buscando alguna forma de encontrar esa paz.

Y esa paz que es la que estamos buscando y le agradezco mucho, doctor (David) Bojanini sus palabras de apoyo.

Me da pena, querido Alcalde Aníbal Gaviria, venir acompañado de esta contaminación de ruido que están escuchando ustedes en este momento.

Pero aquí es donde tenemos nosotros que buscar la forma de unirnos.

Los que están haciendo ese ruido me dicen que tienen unas pancartas que dicen: ‘¡No más Farc!’

Ojalá pudiésemos decirles a ellos y poderles explicar que precisamente la mejor forma de acabar con las Farc es encontrar la paz.

Y que para eso tenemos que unirnos todos. Tenemos que unirnos en torno a esos objetivos comunes. Solamente así las sociedades pueden lograr grandes propósitos. La unión hace la fuerza, como dice la frase.

Y en ese sentido, tengan ustedes la absoluta seguridad que voy a continuar con ese propósito sin titubear.

Hace dos años estuve aquí con ustedes y les tracé el rumbo. Les dije cuáles eran mis líneas rojas. Cómo concebía yo ese puerto de destino, esa Colombia en paz. Cuál era el tipo de paz que íbamos a negociar.

Y ninguna de estas líneas rojas ha sido traspasada. Una paz sin impunidad, una paz sin entregar nada de lo fundamental de nuestro país, ninguna de nuestras políticas fundamentales. Una paz que nos permita realmente, como decía Nicanor, desarrollar el verdadero potencial que tiene Colombia para realizar.

Esa paz la estamos acariciando precisamente porque gracias, entre otras a ustedes, pudimos fortalecer nuestras Fuerzas Armadas. Y pudimos darle los golpes más contundentes, más determinantes, a esa organización en toda su historia.

En estos últimos cuatro años les hemos dado de baja o neutralizado 58 de sus cabecillas. No se les olvide. Incluyendo el número uno, ‘Alfonso Cano’, y el número dos, el ‘Mono Jojoy’.

Los hemos llevado a ese escenario de la negociación no porque ellos sean unas buenas personas, ni por que nos estén haciendo un favor. Porque no tienen otra alternativa.

E inclusive antes de mi Presidencia, cuando estábamos de ministros, iniciamos esa contundencia, haciendo unas modificaciones en la Inteligencia, en la forma de operar, que nos abrió el espacio para poder dar esos golpes certeros y contundentes que nos permiten hoy ver la posibilidad de esa paz.

Esa paz nos va a traer enormes, enormes dividendos. Enormes dividendos.

Y yo les reitero a ustedes lo que les dije hace dos años: las líneas rojas que pusimos siguen presentes y seguirán presentes hasta llegar al punto final.

No me voy a dejar presionar por hechos como los que vivimos infortunadamente la semana pasada, para iniciar un cese al fuego bilateral.

Les dije yo hace dos años ese cese al fuego bilateral tendrá al finalizar el proceso, cuando tengamos la convicción de que es el momento adecuado. Y ese momento no ha llegado, ese momento no está presente en este instante, pero es por supuesto lo que todos buscamos.

Pero no puede ser un cese al fuego improvisado. Tiene que ser un cese al fuego muy bien estructurado, muy bien planeado, muy bien diseñado, muy bien ejecutado.

Y es por eso mismo que hoy están en la Habana oficiales generales y almirantes diseñando cómo seria ese cese al fuego, cómo sería ese fin del conflicto, que es el quinto punto que hemos puesto en la mesa de negociación.

Cómo sería el desarme. Porque tengan la absoluta seguridad, a quién se le puede ocurrir, como dicen algunos, que vamos a aceptar un fin del conflicto sin el desarme de las Farc.

Eso es un contrasentido. Todo lo que se está haciendo es precisamente para desarmarlas. Que continúen haciendo política pero por las vías legales. Desarmados.

Ese fin del conflicto, que requiere por ejemplo que se concentren en un momento dado en ciertas formas, tiene que ser verificado.

Yo no tengo en este momento la capacidad ni siquiera de decretar esos centros de concentración, que vendrá eventualmente cuando hayamos avanzado lo suficiente.

Y la reincorporación a la vida civil de muchas de las personas que pertenecen hoy a las Farc, afortunadamente hemos acumulado una buena experiencia.

Llevamos desmovilizados más de 52 mil combatientes entre paramilitares y guerrilleros y algo hemos aprendido.

Errores y éxitos. Pero vamos por el camino correcto.

Ese punto, ese pinto de lo que llaman el DDR, punto número 5 de la agenda, lo estamos negociando en este momento. Y cuando esté listo veremos si lo ponemos en marcha inmediatamente o no, dependiendo de cómo avancemos en el punto cuarto, que es también un punto fundamental: la justicia transicional.

Es un punto de principios y es un punto de fondo, porque sin justicia transicional no se puede garantizar hacia adelante que esta paz sea perdurable, que sea duradera, que sea una paz de largo plazo.

Esa justicia transicional es lo que garantiza que podemos mirar el futuro sin el peligro que intervenga la Corte Penal Internacional. Sin el peligro de que nuestros propios jueces inicien el proceso en el día de mañana contra colombianos, bien sea de la guerrilla de las Fuerzas Militares o civiles.

Esa justicia transicional es lo que garantiza el blindaje jurídico del proceso en el largo plazo.

La guerrilla no ha querido aceptar eso. Ellos dicen: nosotros no vamos a ser los primeros en entregar las armas e irnos a una cárcel.

Nosotros les decimos: el mundo ha cambiado. Las amnistías de antaño ya no son posibles. Y ahí estamos en esa negociación.

La justicia transicional lo que permite es que la justicia se aplique con ciertos beneficios para que sea aceptable.

Y el lema que yo tengo muy claro es que vamos a procurar el máximo de justicia que nos permita la paz.

Y ese es el punto de fondo de esa negociación en este momento. Y tenemos muy claro hasta donde podemos llegar y el tipo de justicia transicional que podemos aplicar. Y cuando lleguemos a ese punto y superemos ese obstáculo fundamental es cuando podremos poner en marcha el fin del conflicto y ojalá terminar esta guerra de una vez por todas.

Pero por eso quiero darles a ustedes la tranquilidad de que así como hace dos años sabíamos perfectamente para dónde íbamos, hoy, con más razón, tenemos muy claro hacia dónde vamos y cuáles son nuestros límites. Que los tenemos en la ley, los tenemos en la Constitución y los tenemos también en nuestro corazón.

Y esos límites se los hemos expuesto a la guerrilla muchísimas veces.

Los negociadores saben perfectamente cuáles son esas líneas rojas, cuáles son mis líneas rojas.

De manera que ustedes en eso pueden tener la total tranquilidad de que estamos haciendo las cosas en forma responsable, muy planeada, pero también con firmeza.

Si la guerrilla cree que me van a presionar con ataques como el que hicieron la semana pasada para un cese al fuego, pues se equivocan.

Es todo lo contrario. La respuesta es mayor contundencia militar. Porque tenemos la ventaja en esa correlación de fuerzas gracias al apoyo que ustedes nos dieron hace unos años.

De manera que en temas de paz, Nicanor sí que ha sido un compañero y seguirá siendo un compañero, porque siempre lo tendremos presente en cada paso que demos hacia ese propósito que –como les decía– es el valor supremo de cualquier sociedad.

Y finalmente, el otro pilar de esa visión: la equidad.

La equidad que este país necesita. Este país para ser viable y para que la paz sea sostenible necesita cerrar brechas. Necesita generar más prosperidad pero una prosperidad mejor repartida.

Nicanor también era muy consciente de ese punto.

Por eso la responsabilidad social de todas las empresas que condujo, ese concepto de responsabilidad social que tiene Proantioquia, pues Nicanor siempre estuvo ahí muy presente.

Pero esa prosperidad social viene acompañada de una economía sana, una economía que genere los recursos para que esa prosperidad se pueda dar.

Y eso es lo que también hemos venido construyendo.

Desde el primer día de Gobierno lo que hicimos fue coloquémonos en una situación de fortaleza de la economía, generemos confianza para que esa confianza y esa fortaleza nos den los recursos para ser política social agresiva.

Y nos dedicamos con los dos ministros de Hacienda que he tenido –con el doctor (Juan Carlos) Echeverri y el doctor Mauricio Cárdenas a construir esa economía fuerte, aprobando reformas audaces en el Congreso como la Reforma Constitucional de la sostenibilidad fiscal, como la Ley de la Regla Fiscal, que nos obliga a mantener una prudencia en la parte financiera, en la parte de las finanzas públicas y que nos obliga a ser responsables para mantener esa confianza.

Y la hemos mantenido, porque, por ejemplo, qué pasó ahora cuando bajó el precio del petróleo.

Nos reunimos, calculamos cómo nos iba a afectar la baja al precio del petróleo y tomamos las medidas necesarias, tomamos las medidas en la parte fiscal, tomamos las medidas en la parte de restricción del gasto público, tanto el gasto del Gobierno como la inversión, y tomamos la medida que nos permitía la Regla Fiscal de endeudamiento –porque la Regla Fiscal lo permite– para conjurar esa situación.

Y fíjense cómo esas medidas oportunas no tocaron la confianza en la economía.

Una emisión de bonos que hicimos hace unas semanas, un par de semanas, por mil millones de dólares para financiar la totalidad de las necesidades de este año, la hicimos con un éxito rotundo.

Cinco veces fue demandada la cifra de mil millones de dólares a una tasa inferior a la tasa que emitimos a comienzos de año y a pesar de todo lo que ha sucedido.

Los mercados, que son los jueces más implacables en materia de confianza de una economía, nos dieron su visto bueno y nos retribuyeron, porque nos cobraron un interés menor al que nos habían cobrado hace unos meses.

Y eso es lo que tenemos que mantener hacia el futuro, la confianza en nuestra economía.

Tengan ustedes también la seguridad de que iremos administrando esta situación. Las coyunturas se van presentando, los hechos se van produciendo y hay que reaccionar ante la coyuntura con medidas oportunas pero nunca sin perder el rumbo. Hay que mantener ese rumbo en la parte económica y en la parte social.

Y fíjense cómo en la parte social sí hemos podido dar los resultados que estábamos buscando.

Hace unos días, que vinieron unos analistas, decían: ‘miren, es impresionante lo que ustedes han logrado, los vamos a invitar a que vayan a la próxima reunión del G-20 –uno de ellos fue el Presidente Mundial de Coca-Cola (Muhtar Kent)– para que muestren los resultados de ustedes en la parte social.

Que ahí están.

Hemos bajado la pobreza en los últimos 4, 5 años 12 puntos porcentuales. 4.4 millones de colombianos que salieron de la pobreza.

Me decía el Presidente de Coca-Cola, es que eso es lo que hace a Colombia atractiva, porque no solamente crece por encima de América Latina, sino que crece la clase media. Más consumidores de Coca-Cola, más consumidores de muchas de las empresas.

Y la pobreza extrema, algo parecido. La hemos bajado a un dígito como lo habíamos prometido.

Y tenemos el firme propósito de desaparecer la pobreza extrema en el año 2025. Y si logramos mantener la tendencia vamos a poder lograr ese objetivo.

El empleo, que sé que es el tema que más preocupa a la mayoría de los colombianos. Hemos bajado la tasa de desempleo 56 meses seguidos, mes tras mes, frente al mismo mes del año anterior. Ningún país del mundo ha logrado eso.

Claro que nos falta mucho camino por recorrer. Claro que todavía hay muchos pobres –28 y medio de los colombianos–. Claro que tenemos todavía mucho desempleado, más de 2 millones.

Por eso tenemos que perseverar unidos todos, porque así es como vamos a poder tomar las decisiones correctas, vencer los obstáculos que se nos presenten.

Por eso, invocando también a Nicanor, quiero no solamente agradecerles sino pedirles que me sigan acompañando, que nos sigan acompañando, como lo han venido haciendo estos 25 años. Porque estamos en un momento, en un punto de inflexión de nuestra historia.

Yo soy muy optimista, muy optimista de lo que podemos hacer, sobre lo que podemos lograr.

Pero para eso necesitamos a todos. A todos, incluyendo a los que hoy piensan totalmente diferente.

Yo he hecho grandes esfuerzos para tender la mano, para poder crear algún tipo de lazos de comunicación, de entendimiento. Estoy siempre abierto a eso. Diálogo, concertación, reconciliación, es lo que necesita este país.

Ustedes lo conocen mejor que yo y por eso les pido que me acompañen.

Finalmente, doctor Federico (Restrepo), viéndolo hoy se me ocurrió algo en este homenaje a Nicanor.

¿Por qué no le ponemos el nombre de Nicanor Restrepo a la obra más importante que estamos construyendo en Antioquia, que usted sabe que nunca antes se habían hecho tantas obras de infraestructura aquí en Antioquia?

Pongámosle el nombre de Nicanor a la autopista más importante de las que estamos construyendo.

Si quiere le propongo que usted la decide y le ponemos el nombre a esa autopista, de Nicanor Restrepo Santamaría.

Muchas gracias.