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 Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en la instalación de la tercera sesión del Consejo Nacional de Paz

 Bogotá, 21 abr (SIG).

El pasado 9 de abril tuvo varias connotaciones históricas.

Celebramos el Día Nacional de la Memoria y la Solidaridad con las Víctimas, en cuyo marco presentamos el concurso para diseñar el que será el Museo Nacional de la Memoria.

Conmemoramos otro aniversario del magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán, uno de los caudillos políticos y sociales más importantes que ha tenido nuestra historia.

Y recordamos el nacimiento, hace 250 años, de uno de los más grandes colombianos de todos los tiempos: Antonio Nariño, precursor de nuestra Independencia.

Ese día recordé una frase suya, una frase muy linda, que tiene la mayor pertinencia: “De nada sirven los triunfos si la paz no los corona”.

¡Qué verdad tan grande! En Colombia hemos vivido y sufrido innumerables guerras y batallas, incluyendo el actual conflicto interno armado que lleva más de medio siglo.

Hemos tenido millones de víctimas, jóvenes que ¬–como los soldados del Cauca– mueren en la flor de la vida por causa de una guerra absurda, anacrónica.

Tanta sangre derramada… tanto dolor… tanto coraje… y ¿al final qué?

¿Estamos dispuestos a que todo esto sea para perpetuar la guerra, o estamos decididos a que la paz sea el destino final de este camino tortuoso?

Yo escogí, yo escojo la paz como puerto de destino. Asumo –como he asumido– los inmensos riesgos de buscarla, y mantengo –como ha tocado– la decisión de enfrentar la guerra, la guerra que no queremos, hasta que logremos terminarla.

Es fácil –es muy fácil– seguir hablando de guerra sentados en un escritorio o desde las “trincheras” de las redes sociales.

¿Les han preguntado a quienes están en medio de las balas si resisten más guerra?

¿Les han preguntado a los campesinos y a las miles de familias que han puesto –y siguen poniendo– los muertos de esta guerra si eso es lo que quieren?

El camino del odio, el deseo de venganza, son a veces las salidas más fáciles, pero no las mejores. Nunca son las mejores. No son las que llevan a ese valor supremo que es la paz.

Cincuenta años de guerra y más de 200 mil muertos deberían ser suficiente saldo trágico para convencernos de que seguirá regándose más sangre si no negociamos el fin de este conflicto.

Los conflictos, por duros que sean, por crueles que sean, siempre son crueles, siempre terminan en una mesa de diálogo. Así no lo ha enseñado la historia, así lo prueba la historia… Pero dialogar entre adversarios no fácil, no es sencillo. Toda negociación es difícil, más aún cuando el conflicto sigue vivo.

Íbamos por un camino razonable donde los enfrentamientos y las muertes se habían reducido, pero las FARC –absurdamente– insistieron la semana pasada en seguir demostrando que tienen el poder de destruir vidas, destruir familias, destruir esperanzas.

¡Y eso no puede seguir!  No lo podemos soportar más años… y eso es lo que algunos insisten en perpetuar al sugerir que acabemos con el proceso de paz.

Vamos a seguir enfrentando a los violentos con toda la decisión.

Vamos a seguir protegiendo la vida de los colombianos de cualquier amenaza, pero eso no nos puede distraer de una verdad diáfana como la luz: la guerra no es la solución.

Si las FARC convierten su lucha en luchas democráticas, en batallas libradas con palabras y propuestas sociales, no con balas, tendrán ahí sí una gran oportunidad.

Pero no es con muertes, no es con asesinatos aleves como se construye la confianza. Y el país –como lo he dicho ya–, tiene una paciencia que se le está agotando, no aguanta una frustración más.

Saben bien que, como Estado, no vamos a dejar de atacarlos si vemos que amenazan el bienestar de nuestros compatriotas.

Es nuestra obligación y así lo haremos.

La protección a nuestros ciudadanos no es negociable.

Somos y seremos firmes en la defensa de los colombianos, pero eso sí, tampoco nos dejaremos presionar por quienes buscan a toda costa ponernos contra la pared y llevarnos a romper las negociaciones.

El objetivo de este proceso es –precisamente– romper el círculo vicioso del odio y la violencia, que tanto dolor y daño ha causado a nuestra sociedad.

Desde este Consejo, que reúne la diversidad de nuestra sociedad, yo les digo a las FARC: Colombia reclama pruebas de que su voluntad de paz es real.

No queremos más retórica, no más justificaciones a lo injustificable, no sigan incumpliendo sus promesas. Asesinar colombianos desarmados no es un acto de guerra, es una infamia.

Yo fui elegido como Presidente de la República para alcanzar la paz, ese bien supremo que nos merecemos todos. Pero no será a cualquier precio.

Señores de las FARC, la pelota queda de su lado.

Y es hora de que nos demuestren que para ustedes la paz es también ese bien soñado y que la legalidad es su próximo escenario.

Y en medio de este empeño, ¡qué bueno contar con el concurso, con el aporte diverso y enriquecedor, de la sociedad civil aquí representada, en este Consejo Nacional de Paz!

Quiero empezar por recordarles a todos ustedes y a toda la opinión pública qué es y qué esperamos del Consejo Nacional de Paz, una instancia que volví a convocar –luego de siete años sin ser citada y lo hice hace poco menos de un año y lo instalé, este Consejo, formalmente en octubre de año pasado.

Este Consejo es un órgano asesor y consultor, y es ante todo  un escenario de participación ciudadana. Y sin duda el más representativo y plural para tratar el tema de la paz.

De hecho, hoy no contamos con otro espacio que tenga igual participación, participación –participación de todos los sectores de la sociedad colombiana– a un nivel como este.

Este es un espacio yo diría que único, que permite el encuentro de representantes de alto nivel de la Rama Ejecutiva, de la Rama Legislativa, del Ministerio Público, para dialogar con representantes de todos los sectores de la sociedad civil, a nivel nacional, a nivel territorial.

Y uno se pregunta ¿y dialogar sobre qué, discutir sobre qué? Pues ni más ni menos que sobre la construcción y la búsqueda de esa paz que nos merecemos. 

No hay discusión más importante, no hay objetivo más loable, que ese que estamos discutiendo en este Consejo.

Hemos tenido discusiones sobre las actualizaciones que necesita hoy el Consejo sobre la construcción y la búsqueda de la paz, pasados además  17 años desde su conformación en materia de representación. Pero más allá de eso es que el  que el Consejo tiene una vocación representativa y ese aspecto es el primordial y así fue como se creó en su momento, así fue concebido. 

Los participantes del Consejo Nacional de Paz –los que se encuentran hoy y los que no pudieron acompañarnos por diversos motivos–, no solo tienen un alto grado de representación, porque se sientan con el Presidente, con el Alto Comisionado para la Paz o con los negociadores a mirar uno a uno los puntos de la mesa, lo cual sin duda es importante.

Pero no, ustedes son ante todo la cara de la construcción de paz hacia la sociedad civil, hacia sus instituciones, hacia los territorios –muy importante– hacia las regiones y hacia cada uno de los sectores.

Por eso estamos hoy sentados en la misma mesa más de 100 personas –entre representantes e invitados–, y tenemos que concentrarnos en buscar unas formas, unas metodologías de trabajo y formas para que este Consejo realmente tenga incidencia sobre la paz que esperamos construir entre todos para Colombia.  

Y lo he dicho muchas veces y lo vuelvo a repetir: esta paz no es mía, esta paz no es de Juan Manuel Santos, no es de mi Gobierno; es de ustedes, de todos los colombianos.

Y todos tenemos que hacer un esfuerzo para irla construyendo, para obtenerla y para perpetuarla.

Y permítanme contarles también de qué se trata –porque sé que algunos de ustedes han hecho esa pregunta–, de qué se trata esa Comisión Asesora para la Paz que creamos y que convoqué a comienzos de año, y que en cierta forma es complementaria; de ninguna forma ni excluyente ni reemplaza las funciones de este Consejo.

Esa Comisión Asesora para la Paz es algo parecido pero ad hoc y temporal como la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores, es un espacio de discusión, de asesoría al Presidente, al equipo negociador, cuyas opiniones puedo consultar cuando sea necesario, de cara a la posición del Gobierno en la Mesa de Paz.

Y escogí a muchos de los integrantes de esa Comisión porque son críticos del Gobierno y críticos del proceso.

Y  muchas veces lo que me ha sucedido en diversas instancias es que esos críticos, cuando confrontan los argumentos y cuando uno les explica lo que se está haciendo, se quedan sin argumentos. Se diluye la argumentación en contra del proceso.

Porque ustedes saben mejor que nadie lo que ha visto sucediendo con este proceso, la desinformación que se ha venido generando.

Y por eso, qué bueno tener instancias para controvertir y discutir. Cuando se trata de personas que quieren realmente lograr una buena paz, esa paz justa, una paz conveniente, y tienen ese sentido patriótico, pues ahí hay una instancia muy propicia para poder discutir con amplitud, con franqueza, muchas de esas situaciones, donde nosotros mismos estamos a veces confundidos.

Yo también lo he dicho. No tengo ningún poder supranatural, no soy dueño de la verdad, tengo muchas dudas. Y procesos como estos hay que asumirlos con determinación pero con humildad. 

Uno se puede equivocar. Y por eso escuchar la mayor cantidad de gente posible, opiniones contrarias, me ayudan nos ayudad a todos a acertar.

Fue con ese espíritu con que creamos esta Comisión. Y este es el espíritu que he mantenido desde el momento en que tomé ese paso tan difícil –porque ha sido difícil, lo estamos viviendo en este momento–, pero un paso necesarísimo.

Yo cada vez estoy más convencido de que el paso que tomé era el correcto es el correcto, y seguiré en esa dirección.

Y para llevar a buen término estos diálogos de paz –máxime cuando éstos se encuentran en un punto de inflexión, como el que estamos en este momento–, todo el acompañamiento y toda asesoría es bienvenida, es fundamental, y por eso no solamente nos hemos rodeado de asesores nacionales sino también asesores  internacionales que nos brinden visiones  diferentes, que nos expliquen qué sucedió en otros procesos; que nos sugieran caminos diferentes.

Y que también nos critiquen. Bienvenida la crítica, cuando esa crítica es una crítica honesta, constructiva, sincera.

Nada mejor que una buena crítica para poder tomar buenas decisiones.

Y así mismo, yo necesito y seguiré necesitando cada vez más el gran apoyo y el acompañamiento a este proceso que ustedes, los aquí presentes, pueden brindar; un acompañamiento y un apoyo que también, en cierta forma, es una asesoría pero con una calidad muy especial: que debe repercutir en los sectores que ustedes representan.

Porque ustedes tienen una especie de función en doble vía.

Por un lado, “subir” al Gobierno nacional, a los más altos órganos del Estado, el sentir de las regiones, el sentir de los diferentes sectores.

Muchas veces uno se aísla de esos sectores o de esas regiones. Entonces necesita  canales de comunicación, canales de transmisión. Ustedes son esos canales de transmisión.

Y por otro lado, son ustedes también los que tienen la tarea de “bajar” las ideas que se producen como parte del desarrollo de estas conversaciones de paz a sus respectivos sectores, a sus regiones, a la sociedad civil en general. Si eso no se hace correctamente, si no se hace eficazmente, la paz no se va a poder  consolidar.

Por eso le doy tanta importancia a este Consejo y al papel que todos y cada uno de ustedes representa.

Entonces, uno se pregunta al final de cuentas, ¿para qué sirve este Consejo Nacional de Paz?

Pues no solo sirve sino que es clave, es fundamental para lograr cuatro elementos: articulación, incidencia, preparación y movilización.

Articulación de todos los sectores que hoy hablan y construyen paz, y articulación entre el nivel nacional y el nivel territorial.

Incidencia porque, como representantes, ustedes son las personas que –con su liderazgo, sino fueran líderes no estarían aquí sentados– pueden tomar los temas de la paz en el debate, pueden poner a la gente a hablar de paz, e impactar en diversos espacios sociales de forma positiva.

Estuvimos en Granada, Meta, en una reunión  el sábado pasado, con María Alejandra Villamizar, que nos está ayudando a hacer la pedagogía de la paz, nos inventamos una forma de hacer esa pedagogía y es poner la gente a jugar, a ser actores de una discusión sobre la paz.

Y fue un ejercicio lindísimo. Cuatro personas de Granada que asumieron ese papel delante de mucha gente, unos a favor y otros en contra del proceso, o de aspectos del  proceso.

El ejercicio resultó maravilloso, porque fue un ejercicio abierto, y sobre todo pedagógico.

Ejercicios de esa naturaleza tenemos que multiplicarlos por todos lados.

Preparación, tercer elemento, porque necesitamos que en espacios como estos se den los diálogos, se den los debates y las recomendaciones sobre esas transformaciones políticas y transformaciones sociales para las cuales se van a tener que preparar las regiones y los distintos sectores para la implementación de los acuerdos y las transformaciones que requiere este país para que la paz sea estable y duradera.

Por ejemplo, desde la Secretaría Técnica que ejerce el Alto Comisionado para la Paz me han dado a conocer sus preocupaciones sobre el Plan Nacional de Desarrollo.

Precisamente en este espacio se deberían dar debates y producir recomendaciones que ayuden a la ejecución de ese Plan en torno al posconflicto; a prender alertas y a revisar los temas. 

Y lo decía Sergio (Jaramillo, Alto Comisionado para la Paz) hace un momento. Es que muchas veces, si ponemos todo en el Plan de Desarrollo, entonces nos quedamos sin argumentos para decir, bueno, entonces qué es lo que vamos a negociar o qué es lo que vamos a presentarle al pueblo colombiano como producto de estos acuerdos.

Aunque por el otro lado tampoco es que vamos a dejar de hacer las cosas que corresponden y tenemos que hacer. Porque en eso he sido muy claro: Nosotros con o sin FARC vamos a hacer que el agro y toda la zona rural se vuelva como un motor de nuestro desarrollo.

Ahí vamos a concentrar los recursos en el campo, porque allá están concentradas la inequidad y la pobreza y la pobreza extrema. Con o sin FARC lo vamos a hacer porque lo necesitamos hacer. Es parte de nuestra concesión, nuestra visión de Estado.

Y el cuarto elemento, la Movilización, porque este proceso cada vez más requiere del respaldo de la sociedad civil. Y lo estamos viviendo en estos momentos.

Y no solo hablo de aquellos sectores que están convencidos de la salida negociada del conflicto. Hay que recordarles que tienen que ayudar, pero también tenemos que movilizarnos para convocar a quienes hoy están indecisos, porque no entienden bien los inmensos beneficios que nos traería la paz.

O también críticos que pueden ser convertidos fácilmente. Me ha tocado convertir a muchos, simplemente explicándoles cómo lo que se está diciendo no es cierto y cómo la paz nos va a traer a todos, a todos los colombianos –sobre todo a los colombianos que están naciendo hoy y que van a nacer en el futuro– inmensos beneficios. Los beneficios para el ciudadano de a pie.

Alguien me decía el otro día pero Presidente ¿yo en qué me beneficio? Alguien aquí en Bogotá en un barrio marginal.

Y le decía: ¿cuánta gente está compitiendo con usted aquí por el cupo de sus hijos en el colegio? O cuando usted se enferma, esa cola larguísima que tiene que hacer para que lo atiendan en un hospital… Usted sabe que mucha de esa gente llegó a Bogotá desplazada por la violencia. Y si a esa gente se le da la oportunidad de rehacer sus vidas, pues usted aquí en Bogotá también va a tener un beneficio enorme.

Cosas así, prácticas, la gente tiene que entenderlas para que entiendan que el proceso trae beneficios a todo el mundo.        

Y esta es la tarea más urgente de todas.

Hay que poner el acelerador al trabajo con cada uno de sus sectores para promover el diálogo en las regiones, activando el puente con la sociedad civil, que son ustedes mismos.

Cada sector debe dar insumos al Consejo y, a partir de ahí, el Consejo podrá establecer las prioridades y poner en marcha las acciones, todas las que sean necesarias, las que a ustedes se les ocurran. Este es un trabajo mancomunado, un trabajo en equipo y un trabajo que genera unas sinergias muy importantes.

Todo esto –claro– requiere de presupuesto. Y estoy dispuestos a destinar los recursos necesarios que tenemos en el Fondo Paz y lo más pronto posible para que el funcionamiento del Consejo se pueda hacer sin ningún problema en lo que resta del año.

Y por supuesto esperamos que para el año entrante sea la implementación de los procesos del posconflicto, que también tendrán los recursos necesarios.

Eso sí, tenemos que ser conscientes de que un espacio como este –tan diverso, tan plural, tan incluyente– exige también de unos procedimientos, de una organización y una disciplina para que podamos tener resultados tangibles.

Por eso tenemos que aprovechar muy bien estas reuniones para que ustedes adopten las decisiones que crean que son las necesarias, las pertinentes, para que el funcionamiento y la composición de este Consejo y sus diferentes grupos puedan tener los resultados que todos esperamos.

Hoy quiero hacerles un llamado para que de esta sesión salgan con decisiones, con esas decisiones que van a permitir darle fuerza y pertinencia a este espacio de participación en el tema –repito– más crucial que puede tratar cualquier sociedad en cualquier parte del mundo: LA PAZ.

Me decía el presidente de una organización internacional experta en resolver conflictos, me decía: en este momento hay 21 conflictos en el mundo; todos están empeorando. El único conflicto tiene una posibilidad de solucionarse, es el de Colombia.

Por eso el mundo entero está fijando sus ojos en Colombia y en la forma como nosotros resolvamos nuestro conflicto.

Somos el país que tendrá que resolver su conflicto armado bajo el paraguas del Tratado de Roma por primera vez. O sea, estamos sentando precedentes.

Y por eso también el mundo entero nos está mirando. Y nos está apoyando.

Es impresionante el apoyo unánime que hemos recibido del mundo entero. No solamente de la región como lo vimos ahora en Panamá. Desde Alaska, desde Canadá hasta La Patagonia, todos los países, los 35 países, sin excepción,  apoyando de forma vehemente este proceso y diciendo con mucha razón está paz no es solamente de Colombia; es de la región, porque este conflicto afecta a toda la región.

Pero también Europa. Allí estaba la Canciller europea, de la Unión Europea –vamos a tener una Cumbre CELAC–Unión Europea en el mes de junio–  y allá me dijo: vamos a reiterarle el apoyo de toda Europa a este proceso, porque es muy importante para el mundo.

Y vino la Presidenta de Corea y me dice: el Asia también está muy interesada en la paz de Colombia. Y el Canciller ruso.

El mundo entero nos está apoyando y nos está observando. Por eso esa responsabilidad tan grande que tenemos nosotros: lograr ese objetivo. 

Entiendo que este salón está reservado durante todo el día, así que no les quito más tiempo y los invito a avanzar con entusiasmo.

¡Manos a la obra! ¡Manos a la obra por la paz, señoras y señores! 

Muchas gracias.