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 Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en la instalación del XVIII Congreso de Naturgas

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Medellín, 27 abr (SIG).

Antes que nada, quiero unirme a las voces de felicitación al Grupo EPM, por sus primeros 60 años.

Ustedes contribuyeron a hacer de Medellín una ciudad admirada en muchos sentidos, y hoy llegan –con su esquema de buen servicio– a otras ciudades y regiones del país. ¡Muchos éxitos y muchos años más!

Le cuento, doctor (Juan Esteban) Calle que tuve la oportunidad de poner mi granito de arena en su crecimiento. Hace ya varios años, una mujer extraordinaria, ella se llama Cristina Stenbeck, la dueña de Millicom, me dijo: ¿Usted que piensa de EPM, que queremos ver si de pronto nos asociamos?

Le dije: No puede encontrar un mejor socio. Y hoy digo, va viento en popa.

Por otro lado hace algunos meses otra mujer extraordinaria, hoy Presidenta de Chile, Michelle Bachelet, me dijo que qué opinaba yo de EPM, que iba a hacer una inversión muy interesante en Chile.

Le dije: no puede tener mejor inversionista. Acaban ustedes de hacer una inversión, tal vez  la más grande en su historia, con Aguas de Antofagasta, donde les deseo mucha suerte.

Mi obsesión, la obsesión de nuestro gobierno de avanzar en la lucha contra la pobreza, contra la desigualdad, tiene muchos frentes.

Ustedes, acuérdense, lo que quiero para este país. Esa visión de un país en paz, un país con más equidad y un país más educado.

Y hay frentes muy visibles como la inversión en educación, la inversión en salud, la inversión en empleo, donde hay logros indiscutibles.

Sin embargo, hay un frente del que no se habla tanto y donde los avances han sido fundamentales en la mejora de la calidad de vida de los colombianos. Me refiero al acceso a la energía.

La energía –y en particular el gas– ha sido la protagonista de una revolución silenciosa que ha beneficiado a millones de compatriotas

En el año 2010, cuando llegué a la Presidencia, me hice una pregunta muy concreta: ¿Cómo masificar el acceso al gas? ¿Cómo aprovecharlo para que sea un gran generador de bienestar?

Y desde el primer momento nos sentamos con mi equipo de gobierno y con las empresas del sector a diseñar una estrategia sólida, viable,  de largo plazo, que nos permitiera lograr este cometido.

Iniciamos con la expedición de un decreto, se recordará al doctor (Eduardo) Pizano, la discusión sobre ese decreto –doctor (Antonio) Celia, usted participó –el 2100– que nos dio las pautas de política y los principios de funcionamiento del sector.

Recordemos que veníamos del peor desastre natural de nuestra historia,  el Fenómeno de El Niño, que había dejado en evidencia los problemas del sector del gas, y la desconexión entre la oferta y la demanda al interior de la cadena. 

A partir de ese decreto pudimos construir la regulación para mejorar el funcionamiento y para promover las inversiones requeridas. También  la formación de unos precios transparentes y unos precios competitivos.

Los resultados, cuatro años después, nos llenan de orgullo.

En los últimos cuatro años casi 2 millones de hogares adicionales se conectaron al servicio de gas natural por redes: más de 2,5 veces la meta que nos habíamos planteado al principio.

¿Eso qué significa, en qué se traduce? Pues en mayor calidad de vida para muchísimas familias, que hoy pueden preparar sus alimentos con una energía segura y una energía más barata.

Significa ahorrar tiempo y ahorrar dinero –cuidar el bolsillo–; significa salud, salud para las mujeres y los niños que no tienen que exponerse al humo de la cocina con leña; significa también menos bosque cortado para producir leña y un mejor medio ambiente.

Y no me resisto de contar una anécdota, porque también ayuda a mantener fuertes los matrimonios. Y la anécdota que les quiero contar, que quiero compartir con ustedes, sucedió en una población, un municipio muy pobre. Se llama  El Cerro de San Antonio; queda en el Magdalena, queda al otro lado de Suán, que queda en el Atlántico.

Allá llegamos, allá estaban  el doctor Celia, el doctor Pizano, a conectar unas casa con gas natural. Todo mundo estaba muy contento, había llegado gas a esa población muy pobre y estábamos en la casa de una familia. Y de pronto la señora me dice: ‘Presidente, aparte de todos los beneficios, yo quiero agradecerle porque usted está salvando mi matrimonio’.

Yo  le dije: ¿por qué estoy salvando su matrimonio?

Me dijo, con ese humor caribeño, ‘pues Presidente, muy sencillo. Mi marido se levanta a las 4:30 de la mañana a ir a cortar leña y trabaja todo el día. Y cuando llega por la noche, llega tan cansado que ni me mira y llega a dormir. Ahora, que no tiene que levantarse a   cortar leña a las 4:30 de la mañana, vamos a tener el beneficio del mañanero’.

Entonces el gas también ayuda a los buenos matrimonios. 

Con el gran avance que dimos entre el año 2010 y el año 2014, hoy tenemos –como lo mencionó Antonio– más de 7 millones 600 mil hogares conectados a la red de gas natural del país.

Nuestra meta de aquí al 2018 es conectar por lo menos otro millón de familias adicionales al servicio de gas natural. Otro millón.

Hemos logrado llegar con este servicio a 926 centros poblados, en 624 municipios del país; esto representa un 65 por ciento más de poblaciones que las que tenían el servicio a comienzos del Gobierno, en agosto de 2010.

Y casi todos municipios pequeños, de menores recursos, donde el gas ha dado un impulso muy importante, muy significativo, a las economías de las familias.

Además, se han construido más de 7.600 kilómetros de gasoductos troncales. ¿Cuánto son 7.600 kilómetros? Es una distancia equivalente a lo que supondría ir de aquí de Medellín a Nueva York. Ir y venir.

Esta es la muestra de cómo el trabajo conjunto entre el sector privado –con sus inversiones– y el sector público –con una regulación adecuada y también con recursos– puede generar un gran beneficio social, en esta oportunidad a través del gas natural.

En el centro de todo esto han estado los recursos del fondo para aumentar la cobertura de gas que –desde el año 2008– ha entregado 144 mil millones de pesos para complementar los esfuerzos de los distribuidores, y ejecutar 87 proyectos de distribución, transporte y conexión de usuarios al servicio.

Con estos recursos se han beneficiado cerca de 600 mil familias, familias colombianas, sobre todo las familias más pobres. Por eso digo que el acceso a la energía es una política social muy muy efectiva.

Ahora bien: la cobertura no solo se ha extendido a las familias, sino también a los usuarios industriales, a los del sector comercio, que usan esta energía competitiva para crecer, para generar empleo.

Comparado con 2010 –que es el término de referencia–, hoy hay más de mil nuevos industriales y 40 mil nuevos establecimientos de comercio con servicio de gas.

Lo mismo ha ocurrido en el sector transporte: entre el año 2010 y el año 2014, la conversión de vehículos a gas natural pasó de 325 mil a 510 mil.

Esto ha permitido tener unos vehículos con menores costos de combustible y mucha menor contaminación.

Aquí, en Medellín, por ejemplo –lo mencionó el señor Alcalde–, se ha implementado el gas natural como el combustible del sistema de transporte masivo –del Metroplús–, que hoy tiene 321 vehículos de transporte colectivo de pasajeros dedicados a gas natural.

De la misma forma, Empresas Varias, la empresa que recolecta las basuras en Medellín, ha incorporado una flota de 25 camiones con motores dedicados a gas natural.

Tuve la oportunidad ahora de subirme a uno de esos camiones, ver cómo funciona y constatar cómo tiene la misma fuerza, me decía el conductor de los camiones, con diésel.

Pero no solamente contamina menos sino que hace mucho menos ruido. Entonces puede recoger la basura, por ejemplo, por las noches, sin  despertar a los usuarios.

Sabemos que Cartagena está en esta misma línea de acción y que antes de finalizar el año esperan incorporar una flota de buses con motores a gas natural.

Y ojalá otras ciudades replicaran esta iniciativa. Ahí todo el mundo gana. Eso es un gana-gana por donde uno lo vea.

Todas estas cifras –importantes como son para mostrar la magnitud de los avances–  esconden millones de historias en que el gas, literalmente, ha transformado vidas.

Aquí en Medellín conocí la historia de un taxista que pudo tener casa propia gracias al ahorro en combustible por pasarse a gas –él decía ‘hay que ser pendejo para no convertirse’.  O una historia de una señora que con los ahorros de su horno de gas en la panadería pudo sacar a su hija médica de la universidad.

Son historias concretas que hemos detectado y que son importantes de resaltar.

Y hacia adelante, ¿qué sigue para mantener esta dinámica?

Pues yo diría que enfocarnos en tres áreas en particular: seguir aumentando la cobertura, garantizar el abastecimiento y mejorar la confiabilidad.

Ya hablamos del aumento de cobertura que esperamos lograr, manteniendo la excelente dinámica que hemos tenido hasta ahora. Tenemos que asegurar los mecanismos que nos permitan mantener el trabajo entre Gobierno y empresas para llevarles gas a los colombianos que aún no lo tienen.

En cuando a la garantía del suministro eficiente de gas natural, sin duda ésta tiene que ver con tener reglas claras.

Desde hace 4 años nos pusimos en la tarea de renovar la regulación del sector para soportar el crecimiento de la demanda de gas que ha acompañado el crecimiento económico del país.

Regular no es fácil. Usted decía que gobernar es muy difícil, y lo es.

Y regular también es muy difícil, porque también alguien decía, el general De Gaulle decía que gobernar es el arte de escoger entre muchos males el mal menor. Y en cierta forma eso es exacto, cada decisión tiene un costo, cada decisión afecta a alguien; algunos positiva y algunos negativamente.

Entonces ahí, lo que hay que hacer es buscar el menor costo posible o buscar lo que mayor beneficio genere.

En la regulación hay algo parecido. Mantener un equilibrio, mantener toda la cadena en buenas condiciones.

En 2011, con el Decreto 2100, dimos los lineamientos de política para asegurar la expansión del sector y la atención prioritaria de la demanda nacional.

Con base en este marco expedimos, en 2013, una resolución que liberó el precio del campo Guajira y que permitió una reducción significativa del precio.

Y ese mismo año expedimos otra resolución que organizó el mercado mayorista de gas natural y que le ha permitido funcionar de una manera mucho más eficiente al definir los tipos de contratos, de transacciones y de mecanismos para la compra y venta de gas

De esta regulación se desprendió también la creación del Gestor de Mercado de Gas que le ha inyectado dinamismo y transparencia a las operaciones de compra y venta de gas natural en Colombia. Y hoy tenemos –podemos decir– más información que nunca para entender, para regular y para vigilar el mercado de la manera correcta.

Esta resolución de comercialización, que fue producto de 2 años de trabajo con el sector, muestra –al igual que el decreto– cómo es mi visión de trabajar con ustedes: de colaboración; con respeto y transparencia, pero siempre de colaboración.

Hay un tema regulatorio y de política pública del que se ha hablado mucho y que sé le preocupa al sector.

El año pasado introdujimos un programa de subsidios al Gas Licuado del Petróleo (GLP) en cuatro departamentos: Nariño, Caquetá, Putumayo y San Andrés. Lo hicimos para apoyar a la población más pobre en zonas donde el mayor proveedor de energía es el  GLP.

Este programa se construyó después de uno de los procesos de formalización más exitosos que hemos emprendido —el de re-cambio de cilindros y transición a un esquema de marcas—, y del que hemos podido aprender y hacer ajustes.

Este programa en los 4 departamentos no tiene por qué frenar los planes de expansión de gas en el país, y vamos a asegurarnos de que así sea.

Para eso, le he pedido al Ministerio de Minas que expida un decreto reglamentario que dé la claridad que se requiere, basándose en tres principios fundamentales: que la competencia entre energéticos sea por mérito y no por subsidios, que con los subsidios se privilegie la cobertura, y que con los subsidios se busque sustituir el uso de leña por gas combustible.

Bajo estos principios debemos ser capaces de avanzar en cobertura, conciliar los principios de eficiencia y equidad, y dar mayor seguridad en materia de abastecimiento.

Por supuesto, para garantizar el abastecimiento es también fundamental impulsar la exploración de nuevos campos, incluyendo los No Convencionales y Costa Afuera.

Sabemos que tenemos un potencial inexplorado en nuestro mar Caribe y en los Yacimientos No Convencionales, donde podríamos encontrar importantes reservas de crudo y de gas.

Hoy los No Convencionales cuentan con reglamentos técnicos y ambientales rigurosos, con el apoyo del Gobierno para impulsar los proyectos y con condiciones económicas especiales que nos hacen competitivos frente a los otros países de la región.

Esperamos que muy pronto estos proyectos sean una realidad y nos ayuden a fortalecer la oferta de gas, para seguir generando empleo y regalías.

De la misma manera, con la creación de las zonas francas para la exploración Costa Afuera, hemos dado las señales para hacer viables las grandes inversiones que se requieren en este tema.

Los resultados hasta hoy son esperanzadores: en el pozo Orca 1, en La Guajira, se dio el que podría ser el mayor descubrimiento de hidrocarburos de América Latina en 2014.

Y también hay que destacar los descubrimientos recientes de Canacol, Hocol y Pacific Rubiales.

En cuanto a los posibles problemas que puedan surgir por la superposición de áreas entre yacimientos no convencionales y títulos mineros, establecimos en el Plan Nacional de Desarrollo –que ahora se discute en el Congreso– un mecanismo de decisión, con criterios que maximicen el recobro de hidrocarburos y minerales.

Son criterios claros que espero que puedan dirimir ese dilema.

El Gobierno nacional sigue apoyando decididamente los Programas de Interés Nacional y Estratégico, PINES.

En el sector de gas tenemos dos PINES que cuentan con el respaldo de todas las entidades para que se cumplan adecuadamente.

Además de los proyectos de upstream, hay dos proyectos más abajo en la cadena que van a ser indispensables para el futuro de la industria.

El primero es el proyecto de la planta de regasificación que nos ayudará a garantizar el abastecimiento de gas en el país, y el segundo es la ampliación del sistema de gasoducto del Sur, de Promigás: Loop del Sur- San Mateo Mamonal, que es una solución integral de transporte.

En el Plan Nacional de Desarrollo estamos impulsando los proyectos PINES a través de una reglamentación que dé claridad sobre las competencias respecto a los trámites ambientales en cabeza de la autoridad ambiental, y también respecto a los territorios en los que se desarrollan los PINES.

Y paso al tercer tema fundamental hacia el futuro, que es la confiabilidad en el suministro.

Nuestra prioridad es garantizar la continuidad en el abastecimiento, no solo por los millones de usuarios de gas natural, sino porque del gas natural también depende una parte de la generación de energía eléctrica.

Y con esto en mente –además de promover la generación local con gas nacional, y de los criterios para inversiones en confiabilidad que muy pronto expediremos–, estamos impulsando la construcción de la planta de regasificación en Cartagena.

La semana anterior, como aquí también se dijo, la ANLA le aprobó la licencia ambiental –creo que en un tiempo record, según me dicen, nunca habían aprobado una licencia tan rápido– y esperamos que la planta esté concluida ojalá a finales del 2016.

Porque la prioridad de nuestra arquitectura energética debe ser y es la confiabilidad.

Y, si queremos un suministro confiable, tenemos también que tener una infraestructura de transporte adecuada y eficiente que nos permita aumentar la producción de los campos existentes e incorporar los nuevos descubrimientos.

Actualmente –por ejemplo– tenemos un gran potencial para incrementar la producción en los Llanos orientales y en el valle inferior del Magdalena –especialmente en Sucre y Córdoba–, pero, por restricciones de transporte, no hemos podido ingresar este potencial al sistema.

Tenemos que construir los proyectos de infraestructura que garanticen la confiabilidad en el suministro, y que impidan costosas interrupciones.

Estamos en el proceso de discusión de un decreto que establezca los mecanismos e incentivos para lograr que la infraestructura de transporte de gas se construya y entre en operación de manera oportuna.

Esto no quiere decir que se vaya a cambiar el esquema vigente de expansión del sistema de transporte mediante iniciativa de las empresas. Todo lo contrario: lo vamos a complementar.

Queridos amigos del sector gasífero; apreciados Antonio y Eduardo:

Colombia necesita un sector energético fuerte y bien regulado para asegurar el acceso y la confiabilidad, y eso es lo que buscamos de la mano de ustedes.

Queremos que el gas le traiga prosperidad al país y que compita por sus propios méritos con los demás energéticos.

Sabemos que cada hogar que se conecta al gas es un hogar que se acerca más a salir adelante, prosperar y cumplir sus sueños.

Pero hay un factor de competitividad que va más allá de las medidas y las políticas para el sector del gas.

Reflexiones sobre la paz

Ustedes saben que hay un elemento fundamental para hacerlo más competitivo y más seguro: y me refiero ahí sí al entorno de todo el país y al entorno de paz.

Yo sé que a ustedes también les interesa por la importancia que tiene para el país y para el sector, por lo que concluyo con una breve actualización sobre este tema, para ponerlos a ustedes, como quien dice, al día en lo que va este proceso de paz.

Desde hace más de 2 años, que me reuní en un Congreso, les dije a muchos de ustedes cuál era esa visión que yo tenía sobre el proceso. Y les dije que había unas  líneas rojas que no iba a traspasar bajo ninguna circunstancia.

Que en ese proceso no íbamos a negociar nada de lo fundamental de nuestra democracia, nada de lo fundamental de nuestra economía; no íbamos a negociar ninguna de las políticas que estén afectando al sector, como el sector del gas, y que lo que queríamos era establecer unos temas en torno a los cuales, si nos podíamos de acuerdo, le poníamos fin al conflicto.

Eso que les dije en ese entonces es exactamente lo que hemos hecho. En un proceso muy bien planeado, muy bien pensado, y ejecutado con la velocidad  y la prudencia que requiere un proceso tan complejo como en el que nos embarcamos.

Y vamos avanzando en la dirección correcta.

Ustedes han escuchado que negociamos los cinco puntos en torno a los cuales, si nos ponemos de acuerdo, termina la guerra. De esos cinco puntos nos hemos puesto de acuerdo en tres.

El primero, el del desarrollo rural, que no es nada diferente, nada diferente, a lo que haríamos de todas formas con o sin Farc, porque somos un país –de los pocos países en el mundo– con un  inmenso potencial para convertirnos en una potencia agroalimentaria.

Hay siete países, según la Fao (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura). Uno de ellos es Colombia.

Una de las razones por las cuales no hemos logrado desarrollar el campo ha sido precisamente por la presencia del conflicto armado, entre otras muchas otras razones. Ahí está concentrada la pobreza y la inequidad.

Por eso, con o sin Farc, tenemos que invertir más en el campo, invertir más en su desarrollo. Y eso es lo que exactamente hemos acordado en el punto número uno.

Ahí están los textos, no estamos expropiando a nadie que esté cultivando el campo legalmente por sus propios méritos, sino aquí va a ser un  complemento con una importante participación de los campesinos en proyectos asociativos, en zonas que todavía ni siquiera han sido exploradas o explotadas y que no están en producción. Ahí tenemos un inmenso potencial.

Segundo punto, el que llamamos participación política. Ahí también lo que hemos negociado no es nada diferente a lo que hace cualquier democracia, y que debe hacer cualquier democracia, para mantener sus instituciones vigentes.

Toda institución tiene que irse acoplando a las nuevas circunstancias. Por ejemplo, las democracias hoy tienen las redes sociales, que no existían antes; tienen sectores de la población que claman por una mayor participación, que antes no existía; zonas del país que nunca han tenido una buena participación que reclaman una participación en las instancias de decisión política.

Lo que hemos acordado es exactamente eso, una profundización de nuestra democracia, que tendríamos que hacer de todas formas para mantener nuestra democracia, por imperfecta que sea.

Recuerden la frase de Churchill: la democracia es el peor de los sistemas, tiene todo tipo de contradicciones, pero excluyendo todos los demás. Pero el mejor sistema que nos hemos podido inventar, con todas sus falencias. Pero eso es lo que acordamos en el segundo punto.

En el tercer punto, el punto referente al narcotráfico, un punto que yo insistí desde el principio que tenía que estar ahí.

¿Por qué insistí en ese punto? Porque el narcotráfico ha sido el combustible que ha alimentado toda esta violencia que hemos padecido en estas últimas décadas y ha alimentado y financiado todos los grupos violentos de cualquier origen.

Y por eso, si podemos cortar de raíz o por lo menos mitigar el efecto del narcotráfico daríamos un paso importante para la seguridad del país y para el progreso del país.

Y las Farc, que ellos dicen que no son narcotraficantes, pero que se lucran del narcotráfico de la misma manera que el Gobierno se lucra de los impuestos de los empresarios, dicen que es una discusión eterna.

Pero lo que sí acordaron es que no van a continuar, se desvinculan totalmente del negocio del narcotráfico y por el contrario, ayudan al Estado a la sustitución de cultivos ilícitos y a la desaparición de las rutas y de los laboratorios.

Imagínense ustedes por un minuto lo que significa que este grupo,  considerado por muchos durante muchos años como el primer cartel del mundo –aunque ellos resienten muchísimo ese calificativo, pero así lo han considerado–, que en cierta forma cambie de bando, y que digan: a partir del momento en que firmemos la paz, yo ayudo a erradicar los cultivos ilícitos, a combatir las mafias del narcotráfico, a desaparecer los laboratorios y a desaparecer las rutas de exportación.

Eso tendrá una repercusión, no solamente en Colombia, en el mundo entero.

Por eso cuando acordamos ese punto, las llamadas de Ban Ki-moon, del Secretario General de las Naciones Unidas, del gobierno americano, de los gobiernos europeos fue tan efusiva: ¡Qué maravilla que hayan logrado ese punto!

Y ese punto ya está acordado.

¿Qué falta? Estamos hace ya más de un año en los dos puntos más difíciles –siempre se deja lo más difícil para lo último– que son los puntos referentes al tema de las víctimas y sus derechos –y ahí entra la justicia transicional– y el punto del fin del conflicto, lo que llaman los ingleses el DDR: el desarme, la desmovilización y la reincorporación a la vida civil.

Esos dos puntos los estamos abordando simultáneamente.

El punto de las víctimas. Ahí sus derechos: el derecho a la justicia, a la verdad, a la reparación y a la no repetición.

Ya estamos en el tema de la verdad, las condiciones de la verdad. Hemos avanzado bastante. Yo espero que pronto tengamos ese punto terminado.

Y falta el tema, sobre todo, de la justicia, que hay que aplicar una justicia transicional.

Y ahí ese punto es el clave. El punto más importante de todo este proceso se refiere a la justicia transicional, que es lo que el mundo se ha inventado para facilitar proceso de paz como el colombiano.

¿Cuál ha sido la dificultad? Que somos el primer país en la historia del planeta que estamos negociando un proceso de paz bajo el Tratado de Roma, bajo los estándares internacionales que fueron impuestos por ese tratado. Y por eso en cierta forma estamos haciendo camino al andar. Esa ha sido la dificultad.

Pero tenemos que encontrar la forma de conciliar el respeto por los derechos de las víctimas con el deseo de paz.

Por eso ahí hay una frase que describe exactamente cuál ha sido la posición nuestra desde el principio: vamos a procurar el máximo de justicia que nos permita la paz.

Dónde trazar esa raya es en lo que estamos exactamente negociando y lo que tenemos que buscar, ese equilibrio que satisfaga a las víctimas, que satisfaga a la comunidad internacional, la comunidad nacional, pero que nos permita la paz.

Hacia allá tenemos que avanzar.

La guerrilla ha dicho que ellos no quieren ser la primera guerrilla en la historia del mundo que entrega las armas para irse a una cárcel. Porque sería la primera.

Nosotros les decimos: el mundo ha cambiado, el mundo es diferente. El mundo ya no acepta esas amnistías y ese perdón y olvido que se decretaron en el pasado, en otros países, inclusive aquí en Colombia. Eso ya no es posible.

Cómo conciliar esas dos posiciones es el gran reto en el que estamos.

En el último punto, el fin del conflicto. Ya están sentados negociando, militares en servicio activo, que son los que conocen la letra menuda de dónde podrían concentrarse los miembros de las Farc, de cuál sería la forma para garantizarle sus seguridad, de cómo entregarían o cómo se desarmarían.

Todo eso está siendo negociado simultáneamente.

Se presentan episodios trágicos, censurables desde todo punto de vista, como el que vimos hace poco en el Cauca.

Se presentan porque estamos todavía en guerra. Y la guerrilla ha pedido desde hace mucho tiempo un cese al fuego bilateral y yo he dicho no, yo no acepto cese al fuego bilateral porque no voy a desproteger a los colombianos sino hasta que tenga la garantía que voy a lograr la paz.

Y por eso hemos mantenido la presencia de los militares y la ofensiva militar durante todos estos años, porque ese fue un compromiso que yo hice desde el principio y que seguiremos cumpliendo hasta que negociemos un cese al fuego bilateral con todas sus condiciones, que son muchas y muy complejas.

Pero antes no, porque sería imposible de administrar.

Esto ha tenido todo tipo de obstáculos, ha habido todo tipo de desinformación. Ustedes habrán oído. Que estamos entregándole el país al comunismo y al castrochavismo.

Nada de eso es cierto.

Lo que dije hace tres años –creo que fue casi tres años– es exactamente lo que hemos venido haciendo.

Y tenemos muy claro –y quiero darle a ustedes la total seguridad de lo que les estoy diciendo–, tenemos muy claro para dónde vamos. Tenemos muy claro ese puerto de destino a donde queremos llegar a esa paz.

Esa paz es lo mejor que le puede suceder a este país bajo cualquier circunstancia.

Lo que pasa es que como nos hemos acostumbrado a vivir en guerra,  entonces no hemos apreciado realmente lo que es vivir en paz.

Solamente para esta industria ¿cuánto representaría un aumento del 2 por ciento de crecimiento en la economía de por vida? ¿Qué significaría solamente ese aspecto? Sin hablar de todos los demás beneficios que trae un país en paz.

Por eso yo me puse ese puerto de destino desde mi primer día de mi posesión, hace cuatro años. Por eso me religieron los colombianos.

Ese puerto de destino lo tengo clarísimo. Sé que se presentan tormentas, se presentan huracanes. Pero a mí me enseñaron en la Marina que cuando uno quiere ser un buen navegante, tiene que mantener el puerto de destino siempre fijo y tratar de llegar a él, no importa los vientos, no importan los obstáculos.

Y allá vamos a llegar no importa los vientos, no importan los obstáculos.

Muchas gracias.

(Fin)