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 Palabras del Presidente Juan Manuel Santos con motivo de la celebración del Festival de la Leyenda Vallenata

 Bogotá, 30 abr (SIG).

Queridos amigos vallenatos:

No tengo que decirles cuánto quiero y admiro la música vallenata. Ustedes son testigos de las incontables veces en que los he acompañado, con inmensa alegría, en este Festival de la Leyenda Vallenata. Por eso saben que no les miento si les digo que mi corazón está ahí con ustedes. 

El festival de 2015 rinde un homenaje sentido y, sobre todo, merecido, a una dinastía, la de los López, apellido ligado al folclor nacional como pocos otros. Este reconocimiento se iba a hacer el año pasado pero, en gesto generoso y solidario, ellos mismos decidieron ceder su privilegio al Cacique, Diomedes Díaz, para entonces recientemente fallecido.

Los López han sido, y seguro seguirán siendo, tanto pioneros como protagonistas en muchos aspectos. A finales de los años sesenta fueron de los primeros en grabar la música vallenata y difundirla por todo el país. Impulsaron el concurso de acordeoneros profesionales y la inclusión de la figura del cantante en los grupos vallenatos, catapultando a infinidad de artistas.

Todo comenzó con Juancito López Molina, el abuelo de todos, y de ahí vinieron Pablo Rafael y sus 14 hijos, llenos de inspiración y de empuje vallenato. Los estantes de sus casas están llenos de trofeos porque han sido reyes de este festival y han ganado también, en Barranquilla, el emblemático Congo de Oro. Ni qué decir del éxito del grupo de los Hermanos López que vendieron millones de discos.

Rendir homenaje a los López es rendir homenaje a los amantes del vallenato. Sin ellos sería impensable el famoso “solo de caja”. Sin ellos el mismo Cacique no habría tenido oportunidad para dar a conocer su talento, y la portentosa voz de Jorge Oñate no hubiera demostrado que la interpretación vocal es tan protagonista como el acordeón.

Y digo más: en este mes en que conmemoramos, con pesar, la partida hace un año de nuestro querido Gabriel García Márquez, tenemos que recordar también que fueron los López quienes lo acompañaron e hicieron sonar la música de Colombia, la música de nuestro Caribe, en las frías tierras escandinavas, en aquel inolvidable momento en que Gabo recibió el Premio Nobel de Literatura.

Los López vienen de un hermoso municipio que tiene un nombre que todos queremos y deseamos: La Paz… ¡Qué simbólico! Sobre todo ahora cuando avanzamos en su búsqueda y tenemos una oportunidad grande para lograrla. Porque con paz el Cesar será más grande, nuestro folclor brillará más, y serán los acordeones y no los fusiles los que se escuchen en las veredas de nuestra querida nación.

¡Cómo lamento no estar allá! Pero al menos podré recordar sus canciones y tararear esa que acompañaba el ‘Debe’ López con su acordeón: “Hágame el favor, compadre Debe, llegue a esa ventana marroncita, toque tres canciones bien bonitas, que a mí no me importa si se ofende”.

No les quito más tiempo porque el tiempo en Valledupar es para la música y la parranda. Solo quería enviarles el más afectuoso de los abrazos y decirles que el Festival de la Leyenda Vallenata es orgullo de Colombia y es patrimonio nacional ante el mundo.

¡Que viva el vallenato! ¡Y que siga la música!