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 Alocución del Presidente Juan Manuel Santos al cumplir su quinto año de gobierno

 Bogotá, 6 ago (SIG).

Colombianos: Hoy, cuando termina el quinto año de nuestro gobierno –el primero del segundo periodo– quiero decirles que yo, como presidente, y mi equipo de gobierno, somos conscientes de que tenemos muchos retos y de que ustedes tienen preocupaciones por el país.

Y no solo preocupaciones sino expectativas… en empleo, en economía, en la disminución de la pobreza, en la seguridad ciudadana, en la justicia, en la atención en salud, y en las oportunidades y la calidad de la educación.

Por supuesto, también sobre la terminación del conflicto armado, que genera inquietudes pero que es una prioridad –debe ser una prioridad– no solo del Gobierno sino del país entero, porque somos una gran nación que no tiene por qué resignarse a vivir otro medio siglo de guerra.

La búsqueda de la paz es muy importante –claro–, pero no es lo único a lo que dedicamos nuestros esfuerzos…

Es mucho el trabajo que hacemos día a día para mejorar la calidad de vida de todos y cada uno de ustedes, de los colombianos, que es además otra forma de construir la paz.

Con todo mi equipo de gobierno –hombres y mujeres consagrados al servicio público– trabajamos sin descanso para buscar soluciones a tantos problemas que se presentan a diario y para generar más oportunidades para todos, especialmente para los más vulnerables.

Porque estamos comprometidos con una visión que nos hemos propuesto: que Colombia sea un país en paz, un país con más equidad y un país mejor educado.

Mañana 7 de agosto, cuando se conmemora otro aniversario de la Batalla de Boyacá, los invito a que –entre todos– sigamos librando otras batallas que no hemos ganado…

La batalla contra la pobreza, la batalla contra la desigualdad, la batalla contra la violencia y la inseguridad, la batalla contra la corrupción, la batalla por la paz… en fin, las batallas que nos permitan lograr que las oportunidades sean verdaderamente para todos. ¡Estas son las únicas batallas que debe librar Colombia!

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Nuestra obsesión, en estos cinco años, ha sido avanzar en mejorar las condiciones de vida para los colombianos más pobres, los más vulnerables… para generar más equidad.

¿Y qué es equidad? Que cada persona, cada ciudadano –sin importar dónde nació ni con cuántos recursos–, tenga un sitio digno para vivir, con agua potable, luz, alcantarillado…; un buen colegio; una buena universidad; un buen servicio de salud; una opción real de trabajo…

Yo sé –y me avergüenza, como debe avergonzar a todos– que persisten enormes desigualdades, que hay todavía mucha pobreza, que hay zonas donde no hemos sido lo exitosos que quisiéramos.

Es un camino largo y una situación difícil de superar –que viene de décadas–, pero lo que se ha avanzado nos debe llenar de esperanza.

Colombia –después de 5 años– tiene 4 millones 400 mil pobres menos. Piénsenlo… Esto es como sumar la población de los departamentos de Atlántico y Bolívar, y que todos ellos salieran de la pobreza.

Hablamos de millones de compatriotas que ya comienzan a consolidarse como clase media.

Eso significa tener mejor vivienda, mejor salud, mejor educación, mejores servicios… y trabajo… –muy importante–… ¡trabajo digno!

En cada familia tenemos casos de desempleados: amigos o parientes que buscan trabajo y no lo encuentran… Esa es la preocupación constante en cada hogar. Y es la nuestra también. Por ellos tenemos que seguir avanzando.

Pero también –si miran a su alrededor– verán muchos casos de personas que han encontrado empleo o que pasaron de la informalidad a la formalidad.

Han sido 3 millones de colombianos los que han encontrado trabajo en estos 5 años, y nuestro reto es seguir avanzando en la lucha contra el desempleo, para que siga bajando.

Es alentador que la última cifra muestra que el desempleo está en su nivel más bajo en este siglo.

¿Y cómo más se logra esa equidad que buscamos?

Haciendo que más familias tengan un techo, una casa digna a la que puedan llamar propia.

Por primera vez, los más pobres de los pobres están teniendo acceso a vivienda totalmente gratuita, con internet y servicios comunitarios.

En este gobierno hemos dado más oportunidades para que muchos más colombianos tengan casa propia.

Y lo hemos hecho ayudando no solo a las familias pobres –con casas gratis o con generosos subsidios–, sino además a las familias de clase media.

En el campo estamos también construyendo o mejorando las viviendas para que sean más amplias, con piso de cemento, de mejor calidad… beneficiando a miles de campesinos.

Adelantamos programas que han llevado agua potable a 5 millones de colombianos que no la tenían; alcantarillado a 5 millones 200 mil personas que no contaban con él, y gas natural a 2 millones 100 mil nuevos usuarios… ¡Eso también es equidad!

Y si algo diferenciaba al campo de la ciudad era el acceso a las tecnologías… Pero ya lo estamos corrigiendo.

Nos comprometimos a llevar fibra óptica e internet de banda ancha a todos –a todos– los municipios del país, y ya lo hicimos, junto con centros y quioscos digitales para que los habitantes de las regiones se conecten entre sí y con el mundo.

Para que los más pobres tengan el mismo acceso a la tecnología que los más ricos.

El campo, el campo… Nos falta mucho, pero les aseguro que seguimos trabajando por un mayor acceso a la tierra, por más y mejores créditos, por más proyectos productivos, por más acueductos y alcantarillados, porque la cobertura rural sigue rezagada.

Y también nos hemos concentrado en las víctimas –las víctimas del absurdo conflicto armado– que merecen el apoyo del Estado y la sociedad…

Por primera vez las estamos indemnizando con programas de reparación integral –¡ya van medio millón de víctimas indemnizadas!– y estamos poniendo la justicia a su servicio para que recuperen, con sentencia judicial, sus tierras despojadas.

Si queremos equidad, también necesitamos una mejor salud.

Puedo asegurarles –y ustedes lo saben– que hoy todo colombiano tiene acceso a la salud, y que ya no hay pacientes de primera y pacientes de segunda… aunque también sabemos que necesitan y exigen un mejor servicio.

Muchos se quejan –con razón– por las demoras para obtener una cita, por la congestión en las urgencias, por las condiciones del servicio en algunos hospitales…

Hemos tomado medidas, y las seguiremos tomando, para que se acabe el llamado paseo de la muerte, para que los medicamentos sigan bajando de precio –ya son centenares los que se consiguen mucho más baratos– y para que no se le niegue la atención a ningún paciente por razones económicas.

Y todo nuestro compromiso –ustedes lo han visto– está con la educación, con lograr una educación de calidad que no sea solo para los de mayores recursos sino para todos.

Cómo nos alegra que hoy más de 1 millón de niños entre cero y 5 años –los más vulnerables– tengan atención integral; que la educación sea gratuita en todos los colegios oficiales, y que cada día haya más colegios con jornada única.

Y con varios programas estamos logrando que esos jóvenes bachilleres, que antes salían a engrosar las filas del desempleo, estudien carreras profesionales o técnicas de la mejor calidad sin importar si tienen o no recursos. ¡Eso también es equidad!

Esto se une a más de 100 bibliotecas públicas que hemos abierto por todo el país, y a 18 millones de libros gratis con que hemos dotado estas bibliotecas y las de los colegios y hogares infantiles.

A este paso, Colombia va a ser –como nos lo propusimos– el país más educado de América Latina para el año 2025.

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Yo sé que hay preocupación por la situación económica, y es explicable porque la tormenta internacional es fuerte y nos afecta.

El principal producto de exportación de Colombia es el petróleo, y sus precios internacionales se han reducido a la mitad. Lo mismo ha sucedido con otros productos como el carbón y el café.

Esto nos ha obligado a ajustarnos el cinturón. Lo estamos haciendo de una manera prudente, de una manera inteligente, para mitigar las consecuencias negativas.

En 2014 fuimos uno de los países que más creció en el mundo.

Nuestra economía crecerá este año menos que el año pasado –y así pasará en el mundo entero–, pero vamos a crecer, en todo caso, 6 o 7 veces más que el promedio de América Latina.

¿Y por qué? Porque hemos sido responsables en el gasto; porque estamos adelantando programas de vivienda e infraestructura que jalonan el empleo y a varias industrias; porque estamos decididos a fortalecer nuestro sector productivo, y porque cada vez hay más colombianos que consumen, y con su consumo dinamizan la economía.

La devaluación del peso frente al dólar trae más ganadores que perdedores, y nos ofrece una gran oportunidad para diversificar nuestras exportaciones y sustituir importaciones, generando así más empleo.

Es cierto que en los titulares de cada día se ven noticias poco alentadoras en materia económica, pero muchas familias colombianas –muchos de ustedes–, si se comparan con su situación hace cinco años, pueden decir que están mejor, que han progresado…

Seguiremos trabajando para que cada vez más colombianos puedan decir lo mismo

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Y hay un tema que nos afecta a todos y que merece toda nuestra atención: la seguridad ciudadana.

Yo sé que los colombianos todavía NO nos sentimos seguros.

Hay robos, atracos, extorsiones, agresiones, que generan miedo en la población, que nos hacen mirar para todos lados al caminar por la calle o simplemente al tomar un bus.

Podría decirles que hemos reducido el homicidio o el secuestro –los dos crímenes de mayor calibre– a niveles mínimos históricos, lo que es cierto, pero no es suficiente.

No basta con saber que no los van a matar o secuestrar… Los colombianos también quieren sentirse seguros en sus calles, en sus parques, en sus casas…

Por eso incrementamos el pie de fuerza de policía y las cámaras de seguridad, y estamos implementando planes continuos de choque en las ciudades y las zonas más calientes, para asegurar, cada día más, que esa inseguridad disminuya.

Nuestra prioridad –de la Policía y toda la fuerza pública– será ir con todo contra el crimen organizado, contra las mafias –grandes y pequeñas–, contra el crimen callejero.

Y, si hay paz, tendremos muchos más recursos y más capacidades a nuestra disposición para concentrarnos en este propósito.

Queridos colombianos:

Quedan tres años a este gobierno y cuatro años para que celebremos el bicentenario de la batalla que nos dio la libertad.

Yo los invito a que imaginen el país que tendremos entonces, ese país que estamos construyendo entre todos por encima de las dificultades.

Así es Colombia. Así es nuestro talante… ¡Siempre nos crecemos ante los obstáculos!

El mundo nos está viendo con buenos ojos, y la prueba es que cada vez nos abren las puertas de más países sin necesidad de visa.

Porque ese país del futuro no es un sueño; ¡ya comienza a hacerse realidad!

Con las grandes autopistas que se están construyendo, nuestro territorio estará conectado por kilómetros y kilómetros de dobles calzadas –con viaductos y túneles– que nos llevarán en mucho menos tiempo de Medellín a la costa, de Buenaventura a Bogotá, o de Bogotá a Cúcuta.

Será un país con más jóvenes estudiando en los mejores centros educativos.

Un país con más familias propietarias de vivienda.

Un país con un buen servicio de salud para todos y cada uno de sus ciudadanos.

Un país más seguro, donde los colombianos hayamos recuperado el derecho a caminar por nuestras calles y nuestros campos con tranquilidad, sin miedo…

Y súmenle a eso –porque tenemos que hacerlo posible–… ¡un país en paz!

Que la guerra y las bombas queden en los libros de historia, y ya no más en los noticieros de cada día.

¡Esa Colombia es posible! ¡En esa Colombia podemos creer!

 A esa Colombia nos estamos acercando.

Los invito a ser optimistas, a unirnos, porque juntos –entre todos– ¡PODEMOS LOGRARLO!

Buenas noches.