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 Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en la ceremonia del Día del Ejército y aniversario de la Batalla de Boyacá

 Bogotá, 7 ago (SIG).

Hace 196 años estaban batallando en Boyacá los soldados de nuestro Ejército. En un día como este, porque el día de la Batalla de Boyacá llovía y llovía. Lo mismo que el día del Pantano de Vargas; también fue un día muy lluvioso.

Y ese día ganamos nosotros esa libertad que hoy mantenemos y que siempre defenderemos.

Quiero comenzar estas palabras pidiendo un minuto de silencio por nuestros héroes que en esta última semana han muerto en cumplimiento de su deber.

Los que han muerto combatiendo y los que murieron también en dos absurdos y trágicos accidentes.

Comienzo a mencionar los soldados que hoy murieron en el municipio de Teorama,  en Norte de Santander.

El soldado profesional Juan Carlos Duque Riaño

El soldado profesional Wilmer Gonzalez Mejia

También el intendente Richard Moreno, de la Policía Nacional, que murió en Bogotá en cumplimiento de su deber, defendiendo a la ciudadanía.

Al personal de la Fuerza Aérea Colombiana fallecido en el accidente aéreo del avión Casa el día 31 de julio.

Mayor Adalberto Ramírez
Teniente Sergio Boyacá
Subteniente Andrés Rojas
Subteniente Luisa Salazar
Técnico subjefe Giovanni Roa 
Técnico subjefe Edgar Contreras
Técnico primero Juan Correa
Técnico segundo Elkin Sierra
Técnico segundo Jorge Angulo
Técnico tercero Juan Rivera
Técnico tercero Abel Moreno

Y nuestros héroes de la Policía Nacional fallecidos en el accidente aéreo del helicóptero UH-60 en los límites de Piedras Blancas, en el Chocó, el día 4 de agosto pasado.

Capitán John Palacio
Capitán Hernando Guzmán
Intendente José Narváez 
Subintendente Rene Cruz
Subintendente Sergio Cano
Subintendente Diego Gualdrón
Patrullero Cristian Góngora
Patrullero Jesús Polo
Patrullero Ubaldo Escobar
Patrullero Norberto Cáceres
Patrullero Wilson Reyes
Patrullero Deymer Montaña
Patrullero Iván Díaz
Patrullero Eider Correa
Patrullero Camilo Ortiz
Patrullero Wilmer Hernández

Nuestros corazones, los corazones de todos los colombianos están con las familias de estos héroes acompañándolas, mostrándoles nuestra solidaridad. Nunca los olvidaremos.

Como ellos han caído miles y miles de nuestros soldados de tierra, mar y aire, nuestros policías, en cumplimiento de su deber. A todos ellos también los honramos.

Qué bueno haberle podido imponer una muy merecida condecoración a las banderas de guerra de todas las divisiones de los comandos conjuntos de la Fuerza de Tarea Omega. CECOE.

En este acto simbólico lo que estamos haciendo es condecorando a todos y cada uno de los miembros de nuestro Ejército en su día.

Agradeciéndoles a nombre del pueblo colombiano su magnífica labor, su sacrificio. Porque no tenemos palabras que puedan expresar el agradecimiento que tiene el pueblo colombiano con nuestro Ejército, con nuestra Fuerza Aérea, con nuestra Armada, con nuestra Policía.

Hace 196 años estábamos luchando por nuestra libertad.

Hoy apareció un escrito en el periódico El Tiempo. Fabio Ramírez Alonso, su autor. Abogado y escritor. Quiero leer apartes de ese escrito:

“Hace 196 años, mientras el ejército de Bolívar se reponía de sus fatigas y heridas en Tunja, donde fue recibido con alborozo y hasta las naguas de las damas vinieron a cubrir los helados cuerpos de los patriotas. Barreiro y Jiménez deambulaban por Paipa y Duitama.

“Como habían recibido noticias de que el Gobernador de El Socorro, Lucas Gonzalez, venía con 2 mil hombres a reforzar el ejército realista, esperaban su llegada.

“Pero recibieron el aviso de que Gonzalez había sido atajado en Charalá. Por eso, desmoralizados, decidieron irse para Santa Fe.

“Pensemos por un momento –dice el doctor Ramírez Alonso en su escrito– si ese batallón, al que sí le cabía el nombre de Socorro, con sus 600 caballos y casi 2 mil combatientes, hubiera llegado oportunamente a unirse a los casi 3 mil guerreros realistas ¿qué hubiera pasado?", pregunta.

Y se responde: “habrían sitiado a Tunja. Y ahí se hubiera terminado la campaña libertadora”.

Traigo esto a colación porque mis antepasados estuvieron en esa batalla en Charalá atajando al gobernador, que tenía el título de coronel.

Mi tatarabuelo, sus hermanas, sus hermanos, habían conformado una guerrilla, la guerrilla de Coromoro o guerrilla de los Santos. Una semana antes de esta batalla fusilaron a una hermana de mi tatarabuelo, Antonia Santos. 

Y tal vez por eso es que algunos contradictores dicen que en el fondo yo soy un guerrillero y que quiero entregarle este país a la guerrilla.

Pero no. Me enorgullezco de venir de una familia que siempre ha defendido la bandera, la libertad, la democracia. Y hoy, 196 años después, seguimos defendiendo esa libertad, esa bandera, nuestra democracia.

En ese mismo escrito el doctor Ramírez Alonso dice lo siguiente –y esto es hace 196 años-:

“Cuando los dos ejércitos quedaron frente a frente, se produjo un sublime y dramático minuto de silencio. Se miraron a los ojos los nuestros con la determinación de obtener su libertad; los otros a imponer la autoridad de un lejano país. Muchos de ellos reclutados a la fuerza o simples mercenarios. Ahí está la clave, la decisión, la motivación”.

Y dice después, finalizando el escrito, el doctor Ramírez Alonso:

“Vale la pena analizar las actitudes de tres principales actores de este magno acontecimiento. Altanera e imbécil la del coronel Miguel Tolrá, y no heroica, como dicen algunos, pues ante una causa que vio perdida, se mantuvo en su lucha de conquistador sin razón y ocasionó su muerte y la de centenares de subalternos.

“Razonable y humana la posición que oportunamente adoptó el coronel Jiménez cuando se entregó para evitar la masacre de sus compañeros. Noble y digna, la actitud de Bolívar, que ordenó respetar a los prisioneros. Y cuando vio que no eran un peligro para su campaña, les concedió la libertad e incluso, algunos pasaron a sus filas. Pero el oscuro individuo que lo había traicionado en Puerto Cabello, lo hizo fusilar”.

Aquí se hace realidad la estrofa de Núñez en el Himno Nacional, cuando dice: Soldados sin coraza ganaron la victoria, su varonil aliento de escudo les sirvió.

Pero habría que cambiar lo de varonil aliento por empuje y decisión, porque si la fe mueve montañas, la fe con motivación produce hazañas".

Qué palabras tan oportunas. Esas hazañas que nuestro Ejército ha venido produciendo a través de toda nuestra historia. Siempre combativo, siempre victorioso. Y estamos ad portas de otra gran victoria, de la más importante que puede tener un país.

Bolívar luchó por la libertad y también por la paz. Desde entonces este país se ha enfrascado en muchas guerras y en muchos conflictos internos. Pero siempre nuestro Ejército ha estado del lado de quienes defienden los principios, los valores de nuestra nacionalidad.

Y todo soldado, no importa a qué Ejército pertenezca, siempre debe luchar por un motivo y el más sublime de todos –lo han dicho así los grandes líderes, la historia– es la paz.

Por eso, esa batalla por la paz que estamos a punto de terminar, será otra gran victoria para nuestro glorioso Ejército.

Por eso uno no entiende que para detener esa victoria para que no llegue la paz, algunos lleguen al extremo de atacar a nuestras Fuerzas con acusaciones que nada tienen que ver con la realidad.

Cuando hacíamos este minuto de silencio por estos héroes que fallecieron en el accidente del avión Casa de la Fuerza Aérea y en el accidente del helicóptero, el Black Hawk de la Policía, pensaba yo qué motivación puede tener alguien para denegar de la verdad, para hacer acusaciones falsas. Cuál es el motivo. Y ahí me vino a la cabeza este escrito: la motivación, la decisión, tiene que imponerse.

Y así será.

La búsqueda en este momento de la victoria que es la paz, es esa motivación que nos debe unir a todos los colombianos. Es esa decisión que nos obliga a perseverar.

Por eso seguiremos ese ejemplo. Seguiremos buscándola, porque gracias al sacrificio de nuestros soldados, gracias al sacrificio de nuestro Ejército, es que estamos acariciando esa victoria y esa paz.

Al honrar a nuestro Ejército y a sus hombres, les decimos: no vamos a desfallecer hasta alcanzar esa gran victoria.

Esa es la motivación que todos debemos tener en este momento crucial de la historia del país. Son muchísimas las guerras, muchísimos los conflictos que a través de estos dos siglos hemos librado.

Tal vez de los países en el mundo, en el planeta, que más guerras civiles, que más conflictos armados internos hemos tenido, somos el único que hoy en todo el hemisferio occidental mantiene un conflicto armado interno. El único.

Por eso el interés del mundo entero en su solución. En su pronta solución.

Y ya no estamos peleando, como peleaba Bolívar, en guerras regulares, formaciones como las que hoy tenemos en esta escuela. Es una guerra irregular, asimétrica, que tiene que terminarse en una mesa de negociación.

Y eso es lo que estamos haciendo. Y eso es lo que vamos a hacer.

Y vamos a perseverar y continuar protegiendo siempre la seguridad de los colombianos, protegiendo siempre nuestras instituciones democráticas, protegiendo siempre la libertad y los principios y valores que nos han regido.

Ninguno de ellos está siendo puesto en tela de juicio. Todo lo contrario, lo que hemos estado buscando durante todos estos años, y lo que buscamos con la paz es que se ratifique ese principio de libertad, de justicia. Ese principio que siempre debe estar presente y debe alumbrar a toda democracia, que es el principio que todos debemos buscar, el de la convivencia, el de la paz.

Y por eso hoy, 7 de agosto del año 2015, le digo a nuestro a nuestro Ejército, le digo a cada uno de los comandantes de divisiones, de nuestras Fuerzas de Tarea, la Fuerza de Tarea  Omega, de nuestros comandos conjuntos, gracias.

Gracias, porque gracias a ustedes es que vamos a poder dejarles a nuestros hijos, finalmente, un país en paz, un país normal.

Miren la importancia de lo que está sucediendo en este momento. La Fuerza de Tarea Omega en buen momento fue creada para golpear el corazón, el corazón estratégico del enemigo. Y lo golpeó. Y lo fue golpeando año tras año hasta doblegar su voluntad de lucha.

Ya esa Fuerza de Tarea, que hoy tiene más de 18 mil de nuestros hombres metidos en las selvas, si llegamos a la paz no será necesaria. Esos 18 mil soldados bien entrenados, valientes, corajudos, podremos utilizarlos para poder darle más seguridad al resto de los colombianos.

Todas las energías que hoy estamos dedicando a esta guerra podrán reorientarse a darle más seguridad a los colombianos en los otros frentes y hacer de Colombia esa Colombia en paz, más equitativa, mejor educada con la que todos soñamos.

Monseñor (Fabio) Suescún, condecorado el día de hoy –felicitaciones, monseñor, a todos los condecorados; todos son merecedores de esas condecoraciones– nos decía el 20 de Julio en el Te Deum: “el Papa Francisco, repetía unas palabras maravillosas: no nos dejemos arrebatar la esperanza”. Y agregó: “si nos perdemos en el pesimismo llegaremos a una calle cerrada en donde se destruirán todos nuestros sueños”.

Qué lindas palabras, monseñor Suescún, usted que hace una labor maravillosa con nuestro Ejército. Lo he seguido estos diez años. Y lo felicito.

Y hoy esas palabras son muy oportunas.

Este Ejército de Colombia que estamos hoy honrando es un Ejército que nos debe llenar de optimismo, que nos debe llenar de emoción para poder abrazar un mejor futuro. Porque gracias a este Ejército es que vamos a tener ese mejor futuro.

Ese optimismo se alimenta de la confianza que nuestras Fuerzas Armadas han venido sembrando y seguirán sembrando, que nos permite librar esas otras batallas que todavía no hemos concluido: la batalla contra la pobreza, la batalla contra la corrupción, la batalla contra la desigualdad.

Todas esas batallas las tenemos que seguir luchando. Pero si ganamos la más importante de todas, la batalla por la paz, tendremos todas las herramientas y todos los recursos para también ganar las demás batallas.

Y por eso es tan importante el momento que estamos viviendo.

Tenemos que perseverar en la batalla por la paz hasta obtenerla. Y eso es lo que nos va a permitir ganar las demás batallas. Y eso lo podremos hacer gracias a nuestro Ejército; de la mano del Ejército, con nuestro Ejército hacia el futuro.

El general (Alberto) Mejía hace unos días me decía, cuando yo le pregunté a todos los Comandantes en un programa de televisión, general ¿por qué no nos cuenta a los colombianos, o les cuenta a todos los conciudadanos cómo ve usted a nuestro Ejército en unos 20, 25, o 30 años?

Y el general Mejía, que es un estudioso, se ha preparado toda su vida para comandar este Ejército, y que ha estudiado también para dónde va nuestro Ejército –ha estado presente en todas las discusiones sobre el futuro de nuestro Ejército–, respondió con toda la transparencia, y decía: en 20 o 30 años posiblemente tendremos un Ejército más pequeño, porque ya no se van a requerir tantos soldados.

Como el general (Carlos Eduardo) Bueno posiblemente dirá no vamos a necesitar en 20 o en 30 años tantos pilotos, porque los pilotos ya no serán tan necesarios, porque los aviones no necesitarán pilotos, porque la tecnología así lo determina; nunca quiso decir el general Mejía que es que por la paz íbamos a reducir el número de soldados o policías. Nunca.

Pero esos mismos que dicen que el avión de la FAC lo derribó el enemigo, que el helicóptero de la Policía lo derribó el enemigo, esos mismos se vinieron lanza en ristre contra el general Mejía a decir: Ve, él está comprobando que efectivamente van a desmantelar el Ejército.

Así es que están atacando esa batalla por la paz.

Yo no me explico por qué cada vez que nos acercamos más a la paz, se llenan de ira e intenso dolor y acuden a esas armas malévolas, torcidas, que son las mentiras, para hacer acusaciones que ningún beneficio le traen a la Patria.

Este Ejército hoy es el mejor Ejército que hemos tenido en nuestra historia. El mejor capacitado, el mejor equipado, y así se mantendrá durante muchísimas décadas. Porque lo necesitamos. Y lo necesitaremos más que nunca después de firmar la paz.

Y ese es el mensaje también que les quiero decir.

196 años y serán muchos más, donde espero que todos los 7 de agosto podamos decir gracias, gracias a nuestro Ejército.

Que ojalá hacia el futuro no tengamos  que hacer ese minuto de silencio por sus hombres caídos en ese mismo día, porque la Patria, nuestra nación, Colombia, será una Colombia en paz gracias a nuestro Ejército.

De manera que a todos los soldados, a todos los oficiales, suboficiales de nuestro glorioso Ejército en su día, a nombre de toda Colombia, de los 48 millones de colombianos, les decimos una vez más mil gracias. Mil gracias por su labor  y gracias por su heroísmo. Mil gracias por lo que le han entregado a Colombia.