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 Exsecuestrada del avión de Avianca se declara ante el Presidente como una ‘embajadora de la paz’

• En un emotivo encuentro en Bucaramanga, la empresaria Gloria Amaya de Alfonso, que fue secuestrada por el Eln en 1999, expresó su apoyo a las negociaciones de La Habana.

• El Presidente reiteró a la empresaria y a su familia la importancia que tiene la voz de las víctimas en el proceso de paz.

 Bucaramanga, 23 ago (SIG).

Gloria Amaya de Alfonso, la empresaria que vivió el cautiverio más prolongado entre los pasajeros del Fokker de Avianca secuestrados por el Eln en 1999, declaró al Presidente Juan Manuel Santos su apoyo al proceso que se lleva a cabo en La Habana, su vocación de seguir luchando contra el odio en Colombia y su voluntad de seguir siendo una “embajadora de las paz”.

La declaración de la empresaria tuvo lugar el pasado viernes en la sede del diario Vanguardia Liberal, de Bucaramanga. Durante el emotivo encuentro, en el que también estuvo presente su esposo, Hermann Alonso, ella expresó que su apoyo al proceso se origina en su certeza de que “el odio y la venganza destruyen”.

Por su parte, el Presidente reiteró la importancia que tiene la voz de las víctimas en la Mesa de negociación y el valioso significado que tiene el apoyo de personas como ella. “Me llenan de entusiasmo”, expresó el Mandatario.

Contadora y madre de dos hijas, Gloria Amaya tenía 44 años cuando fue secuestrada. Trabajaba como gerente de un concesionario de automóviles, y el 12 de abril de 1999 tomó el vuelo de Avianca de cubría la ruta Bucaramanga-Bogotá.

Recuerda que a los 10 minutos de vuelo aparecieron unos personajes encapuchados que advirtieron que se trataba de un secuestro. Lo que al principio anunciaban como un rápido operativo para dejar a un comandante en el sur de Bolívar terminó siendo, en el caso de ella, un secuestro de 19 meses en los que pasó por 10 lugares de cautiverio distintos.

El grupo de secuestrados se fue reduciendo con el paso de los días. De los 41 pasajeros seleccionaron 32. Luego fueron 16, luego 8, luego solo ella. “Uno no se puede dejar morir –comenta Gloria–. En esa época la Universidad de la UIS tenía una emisora en la que los familiares de los secuestrados enviaban mensajes por radio. Mis hijas me decían: ‘Mamá, lucha, estamos trabajando por ti, no te preocupes, acá estamos nosotras’. Decidí vivir por ellas”.

El 20 de abril de 2000 recuperó la libertad. Fue la última en ser liberada. Pero a pesar de las circunstancias y las humillaciones, no permitió que su corazón se envenenara. “Pensaba que era un grupo de personas equivocadas, pero que perfectamente podían convivir con nosotros. Por mi salud espiritual, no podía tener rabia ni odio. Debía perdonar”.

Ese sentimiento de perdón fue secundado por su esposo e irradiado a sus hijas. “Hay una diferencia cultural entre ellos y nosotros –comenta Hermann Alfonso–. No es que haya aceptado el secuestro, pero yo no tengo por qué responder violentamente a un acto violento. Las cosas pasaron ya, tenemos que contribuir para que no vuelvan a pasar”.

Hoy se declaran “defensores furibundos de la paz” y recuerdan que el tiempo de negociación en muchos procesos en el mundo ha sido tan prolongado como el tiempo de conflicto. Por eso, Gloria puntualiza: “No es posible que sí hayamos tenido tolerancia a 50 años de guerra y no a tres años de negociación”.