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 Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en el Foro Democracia de Nueva Generación para las Américas

 Bogotá, 26 ago (SIG).

Quiero en primer lugar saludar en forma muy afectuosa a todos los expresidentes, expresidentas, que hoy nos acompañan. A todos los invitados especiales.

Decirles, nos complace mucho tenerlos aquí en nuestro país. Y sobre todo para discutir un tema tan relevante y tan oportuno como es la nueva generación de democracias, ‘Democracia de Nueva Generación para las Américas’.

Y quiero felicitar al Club de Madrid y a la Fundación Buen Gobierno por esta iniciativa.

Y es cierto que América se precia de ser un continente en democracia, eso es cierto. Pero no cabe duda de que hay muchos desafíos todavía y de eso se trata –tengo entendido– esta discusión.

Hay tendencias inclusive regresivas. Hay en algunas partes más democracia formal que democracia real. Y se requieren subsistemas de participación que sean mucho más incluyentes.

¿Cómo es esa democracia de nueva generación que requiere nuestro hemisferio?

¿Qué estamos, por ejemplo, tratando de hacer aquí en Colombia?

Nosotros creemos que una democracia debe ser una democracia que respete las libertades. No hay democracia con autoritarismo y donde rijan los caprichos del líder de turno.

Las democracias deben respetar las libertades. Y una libertad esencial es la libertad de expresión. La democracia y la mordaza simplemente no pueden convivir. Yo prefiero un país lleno de críticos con libertad que uno lleno de alabanzas sin libertad.

El peor enemigo de la democracia es la arrogancia, la arrogancia de creerse poseedor de la única verdad.

Esto incluye también, por supuesto, otras libertades, como la libertad de cultos, la libertad de educación, de asociación, entre muchas otras.

En mi Gobierno yo concibo también una democracia de nueva generación como una democracia que valore las diferencias. Vivimos en sociedades diversas y no respetar estas diversidades es atentar contra la esencia misma del ser humano.

En la esencia de la democracia está la tolerancia, está el respeto. Yo vivo citando a ese gran escritor Voltaire, cuando decía que ‘no estoy de acuerdo con sus ideas, pero daría mi vida por su derecho a expresarlas’.

Respeto por las diferencias, a pensar diferente, a vivir diferente, a las opciones sexuales, a las opciones religiosas, a las opciones políticas, siempre que no representen daño a la sociedad.

Una democracia de nueva generación debe ser una democracia también efectiva. Efectiva en la realización de los derechos. Y no sólo respetarlos sino garantizarlos.

Para esto se requiere buen gobierno, los principios del buen gobierno: eficacia, eficiencia, transparencia, rendición de cuentas. Un gobierno que trabaje con honestidad para cerrar las brechas sociales y generar desarrollo incluyente.

A eso he dedicado toda mi vida.

La Fundación Buen Gobierno que está copatrocinando o ayudando en este evento, la creamos con esa intención. Y es la regla y ha sido la regla de mi Gobierno: democracia eficaz para combatir la pobreza, para combatir el desempleo, la corrupción, la inseguridad sin llevarse por delante los derechos de los demás.

Hemos logrado aprobar unas reformas históricas. Reformas de las regalías, por ejemplo, para que todos los colombianos, todos los municipios de Colombia,  pudiesen percibir algo de las regalías que les pertenecen a todos los colombianos y que antes estaban concentradas en unos pocos.

La reforma para comenzar desde ya, antes de que termine el conflicto, la reparación de las víctimas y la restitución de las tierras de los campesinos que han sido despojados por la violencia de sus tierras.

Y una reforma constitucional y legal muy importante que va en esa dirección de garantizar los derechos, que es la de la sostenibilidad fiscal.

Y eso lo hicimos porque nos dimos cuenta, cuando tuvimos la crisis a comienzos del siglo –la peor crisis de nuestra historia económica en los últimos cien años–,  que las crisis fiscales lo primero que se llevan por delante son los derechos de los ciudadanos.

Cuando hay que restringir el gasto por la crisis queda en entredicho el derecho a educación, a la salud, el derecho la justicia, a la seguridad.

Y por eso ser responsables fiscalmente –evitar las crisis– debería elevarse en cualquier constitución a ese nivel para poder realmente hacer efectiva la realización de los derechos.

Creo también que una democracia de nueva generación debe ser una democracia real y no sólo formal, que respete la división de los poderes.

No se trata sólo de elecciones, se requieren garantías políticas. La perpetuación en el poder no es sana, mantenerse en el poder no es sano.

Y lo que hemos visto en la región es una tendencia infortunadamente en esa dirección.

Mientras en varios países se aprueban reformas para poder garantizar reelecciones a perpetuidad, en Colombia vamos a en la dirección contraria. Aquí hicimos una reforma para terminar la reelección presidencial. Y no sólo del presidente; la reelección de muchos de los altos funcionarios, de los altos funcionarios del Estado.

Buscamos retornar el necesario equilibrio entre los diferentes poderes públicos. Creemos lo que decía Roosevelt cuando se refería a los poderes, que es como el arado que es jalonado por tres bueyes. Esos bueyes son el poder ejecutivo, el poder legislativo y el poder judicial, que tienen que ser bueyes del mismo tamaño que avancen en la misma dirección porque si no, no se puede arar. Pero que tienen que ser independientes.

La democracia necesita alternatividad política, renovación de la clase dirigente, oposición constructiva, pero con todas las garantías, espacios para el libre debate y requiere mucha, mucha autocritica.

Y finalmente, para nosotros aquí en Colombia es una necesidad. Toda democracia necesita la paz. Esa es tal vez la asignación pendiente que tenemos aquí en Colombia.

Y por eso me he consagrado a sacarla adelante.

Llevamos medio siglo -50 años– en un conflicto absurdo, interno, que nos ha desgarrado, que nos ha desangrado. Hoy es el conflicto más antiguo, el último de todo el continente.

Necesitamos terminarlo para garantizar la paz, no solamente en Colombia sino la paz en la región. Y para consolidar una democracia cuyos beneficios puedan llegar a todos los rincones de nuestra patria.

La paz también nos traerá más seguridad, porque los recursos de la guerra se convertirán en recursos para una mayor seguridad ciudadana en todos sus aspectos.

Así que para resumir, yo concibo la democracia de nueva generación como una democracia que promueva y garantice las libertades, que respete y valore las diferencias. Sin personalismos, sin caudillismos, con un equilibrio entre los poderes públicos, en paz y con mayor seguridad.

En esa dirección queremos llevar a Colombia y ojalá podamos llevar a toda la región.

Muchas gracias.