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 Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en la clausura del VII Congreso de Asobolsa

 Cartagena, 28 ago (SIG).

“Estábamos en un Consejo de Ministros, estábamos analizando la situación que estamos viviendo con Venezuela. No es una situación fácil, pero donde tenemos claro una serie de principios, una serie de patrones de comportamiento. Nosotros siempre hemos tenido unas norma de conducta: conducir nuestras relaciones internacionales con firmeza, pero con diálogo y diplomacia. Eso hemos querido hacer y eso seguiremos haciendo. Y estamos ahora concentrados en atender en la parte humanitaria que ha generado esta situación.

Nos retrasamos porque apenas terminó el Consejo de Ministros llegaron los representantes de todos los gremios. Yo quiero destacar esto muy especialmente porque es algo que el país necesita. Llegaron todos los gremios a manifestar su respaldo al Gobierno y la unidad. Un llamado a la unidad del país en estos momentos. Fueron ante la prensa e hicieron esa misma manifestación, después de reunirse con el gabinete y con el Presidente.

A renglón seguido, llegaron los representantes, directores, presidentes de todos los partidos políticos, sin excepción. Eso no se había visto hace décadas en este país. También para hablar de respaldo al Gobierno, respaldo a la forma cómo hemos venido administrando este problema y respaldo a esa combinación de firmeza y prudencia en nuestra diplomacia. Eso lo quiero destacar porque me parece importante que en estas coyunturas tan complicadas surja ese sentimiento de unidad. El país necesita estar unido en momentos difíciles, dejar nuestras diferencias a un lado, y todos tratar de buscar las mejores soluciones cuando las situaciones así lo ameritan. Le agradezco doctor Juan Pablo Córdoba (presidente de la Bolsa de Valores de Colombia) por sus palabras de apoyo. La unidad es bien importante en momentos como este.

Quiero hablarles de otro estado de ánimo, que me parece que es muy importante también en esta coyuntura, ya no en la parte con Venezuela y los problemas bilaterales, sino de la tormenta internacional que estamos atravesando. Esa palabra es ‘optimismo’. También requerimos optimismo y fe en nosotros mismos y fe en el futuro. Quiero hablarles un poco de ese necesario optimismo para poder navegar en estas aguas turbulentas, y hacer referencia a lo que el doctor Córdoba mencionaba: las condiciones macro para la inversión. Luego teníamos previsto un conversatorio con el señor Ministro de Hacienda (Mauricio Cárdenas) sobre algunos de los temas. Nos pareció que era una forma de clausurar este Congreso más práctica y más interesante para ustedes.

Empiezo entonces por la parte del optimismo y por qué es tan importante y por qué tenemos realmente motivos para ser optimistas. Desde el comienzo del Gobierno, nosotros nos pusimos unas metas, nos pusimos unos objetivos en materia marco-económica. Nos propusimos fortalecer esos indicadores básicos, que dieran confianza a los inversionistas a nuestra economía, que dieran confianza y permitieran que Colombia ingresara a ese grupo de países de crecimiento medio y alto.

Para eso necesitábamos tomar una serie de medidas y pasar por el Congreso una serie de reformas. Poco a poco fuimos adoptando esas medidas, poniendo en marcha unas políticas y presentando y aprobando en el Congreso unas reformas que nos han venido dando las bases para colocarnos en ese círculo virtuoso que, afortunadamente, Colombia tiene y en donde debemos mantenernos si queremos continuar con un crecimiento relativamente alto y con una confianza en nuestra economía.
 
Ese círculo virtuoso tiene que ver con la parte fiscal. Redujimos el déficit fiscal y aprobamos una serie de reformas: la reforma a la Constitución poniendo la responsabilidad fiscal como una norma equivalente a un derecho fundamental. La razón es muy sencilla: cuando hay crisis económicas, cuando hay crisis financieras, los primeros sufren son los derechos de los ciudadanos, porque hay que sacrificarlos simplemente porque se esfuman los recursos. Entonces ese fue un debate muy interesante, muy importante, en el Congreso de la República y en la Corte Constitucional. Esa Reforma Constitucional en Colombia se ha vuelto ejemplo a nivel mundial.

A renglón seguido, como complemento de esa reforma, hicimos aprobar una regla fiscal que nos obliga al Gobierno, es una especie de camisa de fuerza, a mantener una disciplina fiscal a través de los años, que nos dan cierta flexibilidad pero qué sobre todo introduce confianza en el futuro de la economía desde la perspectiva fiscal. Nos introdujimos en esa camisa de fuerza. Ahí estamos y ahí nos quedaremos. Esa es una de las razones por las cuales, hoy, en materia de confianza en la capacidad del Gobierno de pagar sus deudas, la confianza de nuestros papeles soberanos, se ha mantenido y se ha mantenido en términos relativos en una muy buena posición.

Esa reducción del déficit y la confianza que ha generado, nos llevó a tener menos costos en materia de acceso al crédito. Ese menor costo de acceso al crédito nos da un espacio para atraer más inversión, para estimular la inversión. En el primer trimestre de este año, la inversión en Colombia llegó a su nivel más alto en su historia: 30,7 por ciento fue el porcentaje de inversión con respecto al tamaño de nuestra economía. Eso usted se recordará, doctor Córdoba, hace algunos años era un sueño. Decíamos: los países asiáticos han llegado a eso, qué bueno que nosotros llegáramos a esas cifras. Pues hemos llegado.

La inversión extranjera ha seguido creciendo. En estos últimos meses se ha venido abajo por la razón que todos conocemos, pero esa inversión sigue fluyendo hacia el país. Y el interés de los inversionistas sigue vigente. Están viendo a Colombia como un país con una buena perspectiva hacia el futuro.

En ese círculo virtuoso nos pusimos en la senda de un crecimiento más alto. El año pasado crecimos más que cualquier otro país de América Latina y en este año vamos a crecer más que cualquier otro país de América Latina. Posiblemente, con Perú, nuestra perspectiva es que vamos a seguir con la camiseta en esa materia. Y eso ha sido gracias a una serie de políticas que hemos puesto en marcha: el Pipe 2.0 que ahora lo podemos comentar con el Ministro, unas políticas anticíclicas y todo este paquete, todo este círculo virtuoso nos ha permitido atraer la confianza de inversionistas de todo tipo y mantener una cierta estabilidad en nuestro manejo macro-económico.

Tenemos, como ustedes saben mejor que yo, un Banco de la República independiente, que ha manejado la política monetaria a través de todos estos últimos años con gran eficiencia y con gran tino. Redujimos la inflación. Yo me acuerdo cuando era Ministro de Hacienda- que pusimos en marcha la política de inflación objetivo. Nos hemos mantenido en esa inflación. O sea que nuestro entorno macroeconómico, que comenzamos a fortalecerlo hace cinco años, a comienzos de este año estaba en muy buen momento.

Se vino la baja del precio del petróleo. Quién iba a imaginar hace un año que el precio del petróleo iba a llegar a 42 dólares, que fue el piso al que llegó hace una semana. Nadie se imaginaba eso. Esto nos ha golpeado muy duro en diferentes frentes, en el frente de las exportaciones, en el frente de los recursos fiscales. En Ecopetrol y sus utilidades, que es una fuente de financiación importante, también nos golpea. Las regalías se han reducido. ¿Y qué hicimos? Reaccionar oportunamente, manteniendo esos principios básicos que informaron todas nuestras acciones desde hace cinco años, para mantener la confianza en nuestra economía y mantener la fortaleza macroeconómica que habíamos logrado.

¿Qué se hizo? Pues lo obvio, lo normal, lo que haría cualquier país sensato en su manejo económico frente a esa nueva coyuntura: apretarnos el cinturón de un solo envión. Sacamos 17 billones de pesos de nuestra perspectiva de inversiones en el Plan de Desarrollo. Y la regla fiscal nos permite un margen de aumento de deuda, de aumento del déficit, moderado en ambos casos, y también acudimos a una reforma que nos dio más recursos tributarios. Eso a grandes rangos fue la reacción que tuvimos, que hemos tenido, porque eso es dinámico. Vamos analizando las diferentes variables para ir calibrando nuestras políticas y nuestras decisiones en función de esta coyuntura tan complicada que estamos viviendo.

¿Eso qué nos ha permitido? Nos ha permitido mantenernos en una posición relativamente buena, aunque somos los primeros en reconocer que la coyuntura cambió y que no vamos a crecer al 4,7 por ciento, sino que vamos a crecer alrededor de entre 3 y 3,5 por ciento. Yo todavía tengo fe en que vamos a poder crecer alrededor de un 3,5 por ciento. Eso en la coyuntura que vive la región es un crecimiento supremamente positivo.

Ese crecimiento que hemos logrado en estos últimos años y que seguimos logrando, es un crecimiento sano, un crecimiento con una inflación baja. Aunque este año posiblemente no vamos a estar dentro de la franja, dentro de la meta que puso el Banco de la República de entre el 2 y el 4 por ciento, posiblemente superemos marginalmente ese 4 por ciento, las expectativas de inflación siguen positivas. Y esta devaluación le pega a la inflación, pero le pega por una sola vez. Es algo que mucha gente no entiende. El efecto de la devaluación en la inflación es de una sola vez. No es la tendencia. Si me toca importar un producto que me cuesta 20 ó 30 por ciento más por la devaluación, pues voy a pagar 30 por ciento más de un mes al otro o de un año al otro, pero eso no quiere decir que siga aumentando de 30 en 30 hacia el futuro. O sea, es una sola vez.

Por eso le hemos dicho a quienes están preocupados por la inflación en la propia Junta del Banco de la República, que ojo que en esta coyuntura es más importante mantener el crecimiento y no preocuparse tanto por la inflación, porque no hay razones para preocuparse por la inflación. Las expectativas de inflación se mantienen dentro de la franja y eso nos deja cierta tranquilidad para no tener que subir las tasas de interés.

El efecto de la baja del precio el petróleo ha generado una devaluación, que somos los primeros en reconocer que ha sido acentuada, pero que al mismo tiempo nos genera una serie de oportunidades de largo plazo, que deben fortalecer todavía más esa situación macro para atraer a los inversionistas y a traer la confianza que tanto necesitamos. ¿Por qué digo eso? Porque ustedes también saben, mejor que yo, que nos ha golpeado especialmente duro la baja del precio del petróleo y la baja del precio de los minerales y el carbón, precisamente porque nosotros habíamos comenzamos a depender demasiado del sector minero-energético.

Esa es una oportunidad de oro que tenemos en este momento y eso es lo que estamos tratando de hacer, que estamos tratando de estimular. Nos hemos reunido reuniendo con los industriales, con los exportadores. Yo he tenido reuniones en los últimos tres meses, cuatro meses, con más de 800 empresarios, haciendo una microgerencia sobre qué es lo que tenemos que hacer a corto, a mediano y a largo plazo para aprovechar, como usted sugería, doctor Córdoba, aprovechar esta coyuntura y que esta crisis se nos convierta en una oportunidad. Y así lo vamos a hacer.

Entonces aprovechar esto para convertirlo en una oportunidad de fortalecer y diversificar nuestra economía y salir mejor después de esta tormenta, de lo que estábamos antes, y no me cabe la menor duda de que vamos a poder hacerlo. Y lo vamos a poder hacer porque tenemos con qué, tenemos todos los instrumentos, todas las oportunidades, todas las condiciones para lograrlo.

Ayer no más estaba inaugurando la planta de etanol de Riopaila allá en el Valle del Cauca, la planta más moderna del mundo en materia de producción de etanol. Riopaila ha hecho unas inversiones importantes en la Altillanura. La Altillanura, ustedes saben también mejor que yo, esos millones de hectáreas que están todavía por comenzar a producir. Le decía al presidente de Riopaila, un brasilero, de apellido Teixeira de Lima: ‘¿Ustedes qué están produciendo en la inversión que hicieron en la Altillanura?’. Y me dice: ‘Estamos produciendo palma, estamos produciendo maíz’. ¿Qué productividad tiene el maíz? Dice: ‘Tiene la productividad que le puede competir a cualquier maíz del mundo’.

O sea, si nosotros ponemos en marcha, como lo estamos haciendo, ya vamos por la mitad del camino, una ley que les dé seguridad jurídica a los inversionistas para invertir en la Altillanura –esa ley lo que hace es darles seguridad jurídica a los inversionistas, permitir que hagan una asociación con los campesinos y que vayan a invertir para producir, no para especular con la tierra, esa ley que está en el Congreso, ya pasó por la Cámara de Representantes, está en el Senado, ayer asignaron los ponentes para la comisión quinta del Senado, estoy seguro de que será aprobada antes de finalizar este año–, nos va a permitir hacer algo maravilloso en ese país, que es, por ejemplo, sustituir las importaciones de maíz y de soya, porque podemos producir con una productividad igual o más alta que los países con los cuales estaríamos compitiendo o donde estamos importando.

Les voy a dar una cifra: nuestro déficit comercial que ha producido esta baja del precio del petróleo, lo que nosotros calculamos son 6 mil millones de dólares para este año. Es decir, el desbalance entre importaciones y exportaciones. Simplemente para darles un dato sobre por qué ser optimistas: si nosotros logramos remplazar las importaciones de maíz y de soya, como efectivamente podríamos hacerlo o vamos a hacerlo en muy corto tiempo, poniendo a producir la Altillanura, eso más lo que va a producir la inversión que hicimos en Reficar, aquí en Cartagena, en la Refinería, entre lo que vamos a ahorrarnos en importaciones y lo que vamos a exportar, nos puede producir alrededor de 1.800 millones de  dólares. Las importaciones de soya y maíz son alrededor de 3 mil. O sea, ahí está prácticamente, en solamente en esos dos rublos, ya el balance comercial.  O sea que una de las razones por las que todo el mundo dice que es que Colombia está en un problema muy serio, porque el desbalance en materia cambiaria es muy grande, porque es uno de los más grandes del mundo, eso lo podemos corregir con relativa facilidad.

Lo podemos corregir haciendo muchas otras cosas, que nos van a permitir fortalecer nuestra economía. Ayer mismo allá en Riopaila me presentaron unas piñas. Ya tenemos 500 hectáreas aquí cerquita produciendo estas piñas. Les pregunté: ¿Qué productividad tienen ustedes? ‘Estamos produciendo con una productividad mucho más alta que Costa Rica’. Costa Rica es hoy en día el país que ha conquistado todos los mercados de piña en este lado del mundo. Pues ahí estamos con ese solo producto para hacer unas exportaciones muy importantes. Podría seguir con una lista de oportunidades que tenemos frente a esta coyuntura, que si la manejamos bien podemos salir fortalecidos en muchos sentidos. En el sentido que usted preguntaba sobre las condiciones macro cómo vamos hacia adelante.

Usted y he oído al doctor López también diciendo que la reforma tributaria entró unas expectativas y los inversionistas tienen miedo y hay cierta preocupación y hay cierta frustración sobre la parte tributaria. Yo quiero decirles: yo entiendo perfectamente que nos ha tocado, a mí también me tocó pagar los impuestos este año, y fueron altos, y soy el primero en reconocerlo. Pero cuando usted dice, doctor Córdoba, que la reforma tributaria debería tener tres cosas. Que eliminar el impuesto al patrimonio, pues ya está. Ya está la eliminación del impuesto al patrimonio, no tenemos que aprobar, se va eliminando año tras año, y de aquí al año 2018 queda eliminado completamente. Se va  bajando la tarifa. Que hay que eliminar o reducir el CREE más el impuesto de renta, también está. En la ley dice: El impuesto del CREE desaparece en el año 2019. Y el 4 por Mil, también eliminado.

¿Pero por qué lo hicimos también así? Precisamente para obligarnos a tener una reforma estructural de una vez por todas y ojalá de largo plazo. Una de mis frustraciones cuando salí del Ministerio de Hacienda fue que dejamos una reforma estructural, después de haberla estudiado muchísimo tiempo. Y no se adoptó, porque no consideraron que políticamente era viable, porque no consideraron que era la adecuada. Yo soy el primero en reconocer, creo que el doctor Cárdenas también, que necesitamos una reforma tributaria que sea mucho más amigable a la inversión y mucho más amigable al empresario. Porque somos también los primeros en reconocer que los que estamos pagando todos los impuestos, estamos pagando demasiados impuestos. Unos pocos que pagan mucho y muchos que pagan poco. Y que hay que hacer una reforma mucho más equilibrada, que realmente sea progresiva, pero que sea amigable a la inversión y que nos permita ser competitivos.

Estamos totalmente de acuerdo con eso. Vamos a esperar el informe de la misión. Tenemos ideas que nos ha aportado la OCDE. Tenemos ideas que nos ha aportado el BID y vamos a concertar con los empresarios cómo armamos el paquete que nos permita elevar, porque tenemos un nivel de ingresos tributarios relativamente bajo, que nos permita ser mucho más eficientes en el recaudo, es decir elevar el recaudo, pero ser mucho más justos con el contribuyente, en la medida en que paguen mucho más y lo que están pagando todo paguen menos.

Esa es un poco la filosofía que tenemos. Estamos obligados a hacerlo, porque los impuestos van a desaparecer y esos recursos los necesitamos. De manera que vamos en esa dirección y vamos con cuidado, vamos con mesura y vamos a ir discutiendo y analizando para poder acertar y poder tener la reforma que realmente el país necesita.