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 Historia del Galeón San José (1696-1708)

 Bogotá, 5 dic (SIG).

El Galeón San José fue construido en 1696 por el vasco Pedro de Aróstegui. Su ejecución fue realizada en los astilleros de Mapil, en Usúrbil.

Era un galeón de tres puentes, pesaba 1,066 toneladas, tenía lastre de piedras y se le montaron 44 cañones de hierro.

El San José y el San Joaquín (nave hermana) fueron reservados desde su llegada a Cádiz para el Consulado y el Comercio de Sevilla. Se mandaron a construir exclusivamente para ser designados como capitana y almiranta y hacer parte de la Armada de Tierra Firme, pero desde su llegada a Cádiz en 1699 hasta 1706 por variadas circunstancias no pudieron partir.

El San José sufrió varias modificaciones. En su último inventario realizado en Cadiz, antes de partir hacia América, se relaciona la artillería y las armas que se le montaron: 46 cañones de bronce calibre 16; 8 cañones de bronce calibre 10 y 8 Sacres de bronce calibre 7. Además, 2 Pedreros de bronce, 50 Mosquetes, 15 Escopetas, 20 Tercerolas, 80 Pistolas, 25 Templores, 25 Picos, 25 Chuzos y 26 Alfanges (espadas). Su tripulación y pasajeros (oficiales, soldados, artilleros, marineros y grumetes) sobrepasaban los 500 hombres. Finalmente, el 10 de Marzo de 1706, sale del Puerto de Cádiz, José Fernández Santillán, Conde de Casa Alegre y Capitán General de la Armada de Tierra Firme, en su capitana, San José. 

El 27 de Abril de 1706, después de una travesía de 48 días sin incidente, arribó a la Bahía de Cartagena la Armada del Conde de Casa Alegre. Entre los ilustres pasajeros embarcados estaba el Marqués de Castelldosrius, elegido por el Rey Felipe V como el nuevo virrey del Perú, con su familia y séquito y el Arzobispo de Santa Fe.

Durante el verano de 1706, se celebró en Cartagena una pequeña feria a la que acudieron comerciantes de Popayán, Santa Fe y Quito. En esta feria el San José fue la gran atracción.  El 5 de Enero de 1708, después de casi dos años de espera en Cartagena, se elevaron las anclas y partió la Armada del Conde de Casa Alegre desde Cartagena hacia Panamá. Durante la salida se varó el San José y se supo que “al navegar las 80 leguas que hay desde Cartagena a Portobelo experimentaron los defectos por la mucho agua que la capitana hacía”. La Armada arribó a Portobelo (Panamá) el 10 de febrero de 1708.

El nuevo virrey del Perú, reunió 1, 798,188 pesos, carga que llegó a Puerto Perico, Panamá, el 20 de Enero de 1708. Los caudales que se embarcaron en la Armada de Casa Alegre y específicamente en la capitana San José no se conocen de manera precisa puesto que el valor del embarque no se registró. Sin embargo el 20 de mayo de 1708, finalizada la Feria de Portobelo, se efectuó el registro final de lo que se consignó para la Corona. En el mismo, se especifica que el total fue de 1.115.252 pesos y 6 reales y medio y que se envía por mitad entre la capitana y la almiranta.

La Armada del Conde de Casa Alegre zarpó de Portobelo el 28 de mayo con destino una vez más a Cartagena. La armada estuvo integrada por 15 naves: sus dos galeones principales de 62 cañones, el San José como la capitana y el San Joaquín como almiranta.

La Batalla

El regreso a Cartagena comenzó lento pero sin contratiempos. El día 7 de junio se alcanzaron a ver las Islas de San Bernardo -a unas 15 leguas del puerto de Cartagena- y antes de ponerse el sol se atravesó la Capitana poniendo la proa al noroeste, manteniéndose así hasta el amanecer del día 8 cuando prosiguió su armada al nordeste en demanda del puerto. A las 2 o 3 de la tarde el galeón Gobierno (el tercero al mando dentro la Armada) alcanzó ver cuatro navíos. Se trataba de la escuadra inglesa del Comodoro Charles Wager que estaba esperando desde hace ya algún tiempo la llegada de la Armada procedente de Portobelo.

La escuadra inglesa estaba formada por cuatro navíos, el Expedition (buque insignia de Wager) con 70 cañones; el Kingston, con 60 cañones; el Portland, con 50 cañones y el brulote Vulture.

Sobre las tres de la tarde, el viento había girado al nordeste dificultando a la Armada avanzar por tener el viento en contra y a la vez ayudaba a los ingleses a acercarse más a los españoles. Sin embargo la Capitana aún continuaba con su travesía hacia el puerto. Se acercó más a tierra y entre las cuatro y media y cinco de la tarde, viendo que no podía remontar la Isla Ciruelo (Rosario) y la Isla del Tesoro, viró hacia fuera. Puso la proa al noroeste para buscar una mejor posición y ventaja en el inminente enfrentamiento con los ingleses. Sin haber podido largar el estandarte real, realizó un disparo, que era la señal de ponerse en combate y comenzó a formarse la línea para la batalla.

“Media hora antes de ponerse el sol, los ingleses se dejaron caer contra los galeones que ya estaban formados en línea… la almiranta en la retaguardia, el gobierno en la vanguardia, la capitana en el centro y todos los demás navíos de la conserva al sotavento de los galeones” comentó el Almirante de la Armada.

El Comodoro Wager señala: “justo cuando el sol se ponía yo enfrente a la capitana y una hora y aproximadamente una media más tarde, ya muy oscuro, la capitana estalló”

En cuanto a la hora a la que se perdió el San José, varios testigos, españoles e ingleses coinciden con la hora estimada de Wager.  La discrepancia radica en qué fue lo que provocó su hundimiento de forma repentina. Vale la pena resaltar que sí hubo numerosos impactos de cañones del Expedition a la capitana. Hubo fuego entre cubiertas y explotaron numerosas granadas. Pero como dijeron los testigos españoles en aquel momento, la verdadera causa del súbito hundimiento de la capitana, no fue una gran explosión en el pañol de la Santa Bárbara (cuarto de la pólvora), como afirman muchos autores, sino el pésimo estado en el que estaba su estructura. Al realizase la segunda andanada, fue suficiente para que se acabara de abrir una enorme abertura en su casco y provocara ese hundimiento repentino del que todos hablan y nadie se explica.

La arqueología subacuática es la única disciplina científica que puede reconstruir la historia, no solamente utilizando como apoyo fuentes escritas, sino también mediante evidencias materiales. Solo un estudio arqueológico nos podrá proporcionar las pruebas que confirmen las hipótesis sobre la causa de su hundimiento.