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 Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en la instalación del conversatorio ‘Los dividendos de la paz’

 Bogotá, 9 dic (SIG).

Quiero primero que todo celebrar este foro, la convocatoria de este conversatorio ‘Dividendos de la paz’. Es muy oportuno y muy importante. Y voy a explicarles por qué creo que es tan oportuno y tan importante.

Este tema de la paz es un tema etéreo, un tema que ha estado en la discusión pública durante mucho tiempo. Un tema que poca gente realmente lo ha internalizado, lo ha apreciado en su verdadera magnitud.

Y esto se debe, entre otras muchas razones, a que hemos vivido tanto tiempo en guerra, tanto tiempo en el conflicto armado. Entonces nos acostumbramos a vivir en esa situación.

Y en cierta forma ya lo tenemos como descontado, es parte de nuestra vida cotidiana. Lo ve uno en los medios de comunicación. Cualquier incidente de la guerra ya no hace noticia de primera página, muchas veces ni siquiera registran. Lo que sucede en muchas zonas del país,  que en otros países sería motivo de gran escándalo o de gran noticia, aquí pasa desapercibido.

Entonces esa especie de costumbre con la guerra pues ha significado que la gente se vuelva indiferente frente a esa situación.

Y por eso, cuando iniciamos este proceso, uno de los grandes desafíos era no solamente hacer conocer que el pueblo en general, de los ciudadanos del común, los dividendos de la paz, sino hacer un ejercicio de pedagogía sobre qué es lo que realmente se estaba negociando.

Pero para eso era muy difícil comenzar a contar lo que estábamos negociando por la dinámica misma de las negociaciones.

Una negociación de un proceso tan complejo como el que venimos adelantando tiene puntos que de por sí son impopulares.

El solo hecho de sentarse uno con un grupo como las Farc, eso es impopular. Las Farc tienen más del 95 por ciento de percepción negativa por parte de la población.

Y cuando uno comienza a discutir los beneficios que podrían dárseles a un grupo de esta naturaleza, para conseguir la paz, cada uno de esos beneficios genera una reacción.

A la gente no le gusta, lo muestran las encuestas. No le gusta que a las Farc se le den posiciones en el Congreso o que tengan la posibilidad de convertirse en partido político.

A la gente no le gusta que le den beneficios jurídicos. Por qué le van a dar beneficios jurídicos a un grupo que ha causado tanto daño.

Y por eso se negoció bajo la modalidad de que ‘nada está acordado hasta que todo esté acordado’ y poder mostrar el paquete integral –el paquete de la paz– para que la gente lo apreciara en su verdadera magnitud.

Sin embargo eso no fue posible porque en el trascurso de la negociación pues no solamente comenzó a filtrarse que se estaba negociando X o Y, sino que se comenzaron a inventar todo tipo de cuentos. Que estábamos entregando el país, que estábamos entregando la política económica, que estamos entregando las instituciones.

Y nos obligó a publicar los acuerdos. Pero parciales. Y cada acuerdo parcial pues no dice mucho, porque lo que dice realmente es el acuerdo integral.

Y el gran desafío que tenemos nosotros ahora es poderle mostrar al pueblo colombiano, ese acuerdo integral qué beneficios trae, qué costos tiene, frente a mantener la guerra 20 o 30 años más.

Por eso tal vez este es el primer conversatorio, el primer foro sobre los beneficios de la paz, los dividendos de la paz.

Por eso creo que llegó el momento, por eso digo que es muy oportuno y muy importante, porque lo que nos corresponde ahora es que el pueblo colombiano, que Colombia entera, entienda qué estamos negociando y qué beneficios nos va a traer esa paz, ese cese del conflicto, del conflicto armado.

Y por eso celebro tanto que se esté realizando este foro.

Dividendos de la paz. Esa es una frase que envuelve muchísimos temas.

Creo que ustedes se van a concentrar en el dividendo económico. El diario La República –un diario económico- y Planeación con sus técnicos pues creo que tienen unos modelos que tratan de explicar cuáles son los beneficios económicos de la paz.

Que son muchísimos. Y el doctor (Simón) Gaviria (Director del Departamento Nacional de Planeación) y los técnicos les dirán cuáles son los resultados de estos modelos.

Yo no quiero meterme en este tema, en esta discusión. Entre otros temas porque yo soy economista y la experiencia me ha demostrado que esa definición de economista que algunos tienen es muy válida. Que la mitad del tiempo los economistas se la pasan haciendo proyecciones y la otra mitad explicando por qué las proyecciones no resultaron.

Entonces no voy a hacer ese ejercicio. Sin embargo si quiero hacer unas consideraciones de tipo general que son casi de sentido común para que todos ustedes.

Y creo la discusión en los próximos meses tiene que ser entorno a este tema: qué es lo que es la paz, por qué la paz es tan importante, por qué la paz realmente nos abre unos nuevos horizontes y unas nuevas oportunidades que jamás habíamos sospechado.

Entre otras cosas porque todos los aquí presentes creo que ninguno  ha vivido un solo día de paz aquí en Colombia. Un conflicto que lleva cerca de 60 años, no hemos vivido un solo día de paz.

Entonces tenemos que imaginarnos cómo va a ser ese país en paz.

La parte económica. En la parte económica uno puede comenzar a decir, para tratar de valorar el beneficio, puede enfocar el tema desde el punto de vista de los costos. Cuánto le ha costado al país esta guerra.

Yo leía en una columna, en El País, de España, un analista internacional diciendo: ‘Colombia ha ido progresando, en qué forma,  pero con un freno de mano, que es el conflicto armado’.

Durante todo este tiempo hemos vivido bajo ese conflicto armado, con ese freno de mano.

Y yo creo que el símil es bueno. El verdadero potencial del país nunca se ha podido realmente aprovechar, precisamente por la presencia del conflicto armado.

Y los cálculos sobre esos costos son inmensos. Cuánto le ha costado.

El otro día veía una cifra de The Economist, del 18 por ciento del PIB. Creo que eso es un poco exagerado.

Pero sí puede uno decir, por ejemplo, y hay estudios que dicen que el costo en términos de crecimiento puede oscilar –y voy a ser muy conservador– entre 1.5 y 2 por ciento de crecimiento, digamos en los últimos 30 años, al año.

Eso, si uno lo acumula, es un costo muy inmenso.

Entonces en sentido contrario, si uno dice si le quitamos ese freno de mano, la economía va a poder crecer alrededor de 1.5 por ciento adicional de por vida.

Cuánto es 1.5 por ciento adicional de por vida, muchísimo.

Un crecimiento de 1.5 por ciento este año esperamos crecer alrededor del 3, un poquito más del 3, sigo siendo optimista en esa cifra.  Entonces en lugar de estar creciendo al 3, estaríamos creciendo al 4.5.

Eso hace toda la diferencia.

Y eso, cuando uno lo traduce en beneficios reales, cuánto se demora el país en convertirse en un país con un ingreso per cápita de país desarrollado estilo Portugal.

Entonces uno hace los cálculos y ese crecimiento adicional, solamente eso, tiene un beneficio enorme.

Cuando va uno a ciertas zonas del país donde el conflicto ha estado localizado, pues el beneficio es muy superior, porque precisamente por presencia del conflicto, ahí no ha habido inversión, no ha habido presencia del Estado, no hay bienes públicos. Y entonces ahí el potencial de crecimiento es aún mayor.

Estudios que hemos visto sobre el crecimiento departamental o las zonas del conflicto dan una cifra hasta del 8, 10 por ciento de crecimiento en ciertas zonas donde no ha habido cierto tipo de desarrollo, precisamente por el conflicto.

Entonces uno puede ir haciendo ese cálculo tanto a nivel global como a nivel territorial y efectivamente va a tener unos impactos diferentes, en diferentes zonas del país. Y en diferentes sectores.

Por ejemplo, nosotros tenemos, dentro de nuestros objetivos generales a largo plazo, dentro de nuestras potencialidades, el tema agropecuario como una de las prioridades, teniendo en cuenta que el mundo cada vez está buscando más alimentos, el mundo está creciendo y el mundo no tiene mucho espacio para aumentar de forma significativa la producción de alimentos.

Ahí Colombia tiene una ventaja y una oportunidad muy, muy importante. Somos –creo que ustedes lo han escuchado en varias oportunidades–, somos uno de los siete países de acuerdo a la FAO con verdadero potencial para aumentar la producción de alimentos.

Pero no hay que ir a la FAO. Simplemente si quiere viajar por el país y constatar, como lo constató el Censo Agropecuario, que el campo está muy atrasado, que la productividad de la mayor parte del campo que está hoy produciendo es muy baja y que hay un campo muy grande que ni siquiera está produciendo, que está todavía por conquistar. Toda la Altillanura y muchas de las zonas donde precisamente ha estado concentrado el conflicto.

Entonces por qué –aquí viene la relación con los puntos de La Habana–, por qué se aceptó discutir en La Habana el tema agropecuario, el tema de desarrollo rural.

Precisamente porque el conflicto nació en el campo, le ha pegado especialmente duro al campo, ha significado atraso en el campo y por consiguiente la gran oportunidad está en el campo.

Entonces ahí se nos abre un espacio enorme y un potencial enorme para poder crecer. Los estudios que se han hecho señalan que si bien del crecimiento del país puede estar entre 1 y uno medio por ciento adicional la economía en general, en el campo, en la parte agrícola, puede estar por el 3 o más por ciento, precisamente por eso.

Entonces ahí, por ejemplo, el beneficio, el dividendo es enorme. Y ese dividendo,  estoy seguro, no lo va a contabilizar en su verdadera dimensión y magnitud los modelos económicos que va a presentar ahora Planeación.

Otro estudio que a mí me llamó mucho la atención, un estudio que hizo la Universidad de Los Andes sobre la productividad. Me llamó mucho la atención porque lo ve uno muy claro, sin necesidad ni de ser economista ni de ser experto en medir productividades.

Pero el estudio decía: una persona desplazada de su entorno, que se va a los cinturones de miseria de los pueblos o de las ciudades, su productividad como ciudadano, como una persona que contribuye a la economía, se le baja el cálculo era entre el 50 y hasta el 80 por ciento.

Y eso es normal. Una persona que está produciendo en el campo papa y de pronto lo desplazan y se va a las ciudades, pues su productividad baja.

Pero a eso se le podría agregar el costo para las ciudades de mantener a esas personas en esa situación, porque esas personas, esas familias llegan, demandan salud, demandan educación, demandan empleo. Si no consiguen empleo se dedican a delinquir, tienen que sobrevivir, entonces qué hacen.

Pues eso todo sumado es un costo enorme, no solamente en la productividad de esa persona o de esas familias, sino los costos colaterales que implica un desplazado del campo a la ciudad.

Entonces por ahí también uno podría hacer unos cálculos de los dividendos enormes que significaría parar eso, parar ese desplazamiento.

Y por el contrario, como ya está sucediendo en varios municipios, retornar esas familias a sus lugares de origen y ayudarles a volverse nuevamente productivos,  inclusive con la actitud de volverlos mejor de los que estaban, inclusive antes de ser desplazados.

Hay otro tipo de dividendos que son difíciles de medir, porque son muy importantes. La parte psicológica, la parte de un país que se acostumbró a una guerra, de un país que de cierta forma esta se acostumbró a vivir con miedo.

Imagínense ustedes tantas zonas del país donde a los niños que van al colegio a veces 10, 5, 10 kilómetros. ‘Mijo, mucho cuidado váyase por aquí, porque por allá es peligroso. ¿Por qué es peligroso? Porque esta minado el campo’.

Imagínense los niños creciendo en ese entorno, que lleguen a los colegios o a las poblaciones cada cierto tiempo a reclutar a los niños a la fuerza. La angustia de la mamá 24 horas al día, 7 días a la semana.

Se acostumbraron a eso. Porque así nacieron.

Pero eso tiene un costo enorme, ¡enorme!, para una sociedad. Esa parte psicológica sí que es importante y cuando tengamos esa tranquilidad de que eso no va a volver a suceder. Por eso la insistencia en ese derecho de las víctimas de la no repetición. Mucha gente subestima la importancia de eso. Eso es muy importante porque eso da una tremenda tranquilidad a la población donde esto no se va a volver a repetir.

Qué bueno a ver visto a la guerrilla, a las Farc, el domingo, allá en Bojayá, pidiendo perdón. Eso para la paz es muy importante.

Pero eso de la no repetición tiene sobre todo un impacto muy directo en la siquis de la gente.

Y eso para un país, para una sociedad, es de una gran, gran importancia.

Una psicóloga de Manizales me escribió el otro día cuando me oyó decir por qué será tan difícil convencer a la gente sobre las bondades de la paz. Y me daba la siguiente explicación que quiero compartirla con ustedes porque me pareció interesante.

Me decía mire, a la sociedad colombiana, precisamente por haber vivido tanto tiempo en el conflicto le sucede lo que le sucede a un niño que ha sido maltratado en su casa durante mucho tiempo. Si a ese niño lo rescatan de esa casa, de ese hogar donde ha sido maltratado durante mucho tiempo y lo llevan a un hogar para protegerlo del maltrato, el trauma de ese niño en ese nuevo hogar donde no lo están maltratando, es que le cambiaron su costumbre, su forma de ver la vida, el ya estaba acostumbrado a que llegaba el papá a las 7, 8 de la noche borracho y le pegaba. Ya lo tenía descontado.

Y le cambiaron ese entorno, entonces se siente vulnerable.

Me pareció muy interesante esa explicación. Pues mire la sociedad colombiana hay que hacerle entender –por eso nuevamente tan importante este foro y espero que hayan muchos foros como este–, irles mostrando las bondades de la paz, los beneficios de la paz. O recordarles los costos inmensos que hemos incurrido por la guerra.  

Hay sin duda otro tipo de beneficios enormes. 

¿Cuál es la preocupación en este momento de la mayoría de los ciudadanos aquí en Bogotá, en Medellín, en Cali en casi todas las ciudades?

La seguridad, la seguridad ciudadana. Los robos de los celulares, que los atracan en la calle, que a veces los extorsionan en ciertos sectores.

Esa seguridad del ciudadano de a pie es una de las prioridades número uno.

Ahí también va haber un beneficio enorme, enorme.

Se ha dicho, algunos han dicho ‘no, es que no es que en El Salvador, en Guatemala la seguridad se agravó, porque mucha de la gente que dejó las armas lo único que hacía era delinquir. Entonces siguieron delinquiendo’.

Esa no va a ser la situación en Colombia por varios motivos.

Primero, porque el desafío de la desmovilización que entre otras cosas –eso es lo que estamos negociando ahora, la reintegración de esta gente a la vida civil, el desarme–, ese ejercicio para nosotros no va ser tan difícil, porque nosotros ya hemos desmovilizado, ya hemos reintegrado, más de 53 mil combatiente entre paramilitares y guerrilla.

Y hemos venido aprendiendo qué hay que hacer con ellos.

Y hay todo un proceso, un proceso técnico muy bien elaborado que ha sido señalado como un ejemplo para el resto del mundo.

Aquí está una delegación de Birmania en este momento aprendiendo del proceso de reintegración colombiano. Han venido de Sri Lanka, de todas partes, para ver cómo es que Colombia ha venido desarrollando un proceso de reintegración de combatientes a la vida normal.

O sea, nosotros ya tenemos una experiencia y creo que lo podemos decir con mucho orgullo, somos tal vez el país del mundo que más hemos aprendido a hacer bien ese proceso.

Y cuando uno suma el número de combatientes que tienen las Farc, se calcula que máximo 8 mil combatientes, entonces absorber 8 mil no es un desafío muy grande frente a lo que le tocó hacer a Guatemala o a El Salvador, o a otros países donde todo el ejército estaba, el ejército de un lado y el ejército del otro. Casi que a los dos había que absorberlos, porque en la dinámica de la guerra en esos sitios era diferente a la nuestra.

Entonces por ese lado no hay problema. Pero por el lado de lo que se libera, las energías que se liberan, los recursos que se liberan al no tener que dedicarlos a la guerra, y podernos dedicar a la seguridad ciudadana, también son inmensos.

Les voy a dar un ejemplo. El corazón de las Farc, el que irrigaba toda la logística, allá se entrenaban, todo, era el Caguán; las selvas del Caguán.

Para combatir a las Farc en su corazón se creó lo que se llama una fuerza de tarea –eso es una expresión militar, es un esquema militar– una fuerza de tarea que se denominó la Fuerza de Tarea Omega, para ir al corazón y combatir a las Farc en su madriguera real.

Pues allá todavía hay hoy más de 120 mil soldados profesionales esparcidos por toda la selva. ¡120 mil!

Entonces cuando firmemos la paz, allá dejaremos algunos haciendo presencia pero ya no todos preparados para ver en qué momento atacamos o en qué momento nos atacan.

Y todos esos soldados los podemos distribuir, redistribuir por el país entero en función de la mayor seguridad de los colombianos.

Entonces los recursos que se nos liberan y solamente les estoy mencionando 120 mil soldados allá en la Fuerza de Tarea Omega. Son muchísimos más en otras zonas del país.

Y la Policía también. A la Policía nuestra le tocó por obligación asumir papeles, roles, responsabilidades inclusive del Ejército.

Entonces nosotros tenemos por ejemplo en Ibagué, cerquita a Ibagué, un campo de entrenamiento de la Policía contraguerrilla. Se llaman los Jungla. ¿Por qué? Por la guerra, por la guerrilla. La Policía no debería estar haciendo eso.

Entonces uno ve policías con fusiles de largo alcance, con morteros, con armamento que es propio del Ejército.

¿Y cuántos policías? Miles de policías. Esos todos pueden dedicarse a cuidar mejor a los ciudadanos en las ciudades. Y se van a dedicar. Entonces va a haber una redistribución a favor de la seguridad ciudadana, porque ya no tendremos que invertir o que focalizar el grueso de nuestras Fuerzas, que son unas fuerzas muy bien entrenadas, muy bien capacitadas, las mejores de nuestra historia sin lugar a dudas –hoy tenemos la mejor Policía, el mejor Ejército, la mejor Armada, la mejor Fuerza Aérea sin duda alguna–; entonces lo podemos refocalizar hacia la parte de la seguridad.

Entonces ese es otro dividendo enorme, porque esa seguridad –y aquí vienen todos los vasos comunicantes–, una mayor seguridad es una condición muy importante para hacer mejores negocios, para atraer inversión.   

Por ejemplo la inversión, la inversión extranjera. Nosotros hemos logrado muchísimo en materia a través de inversión. Tenemos ya una tasa de inversión que hace unos años no lo soñábamos. Este año, el primer trimestre de este año,  por primera vez rompimos la barrera del 30 por ciento en materia de inversión. El año pasado rompimos todos los records en materia de inversión extrajera. A pesar –y eso lo vemos todos los días– de que Colombia sigue teniendo un problema de prestigio, de imagen, de un lugar peligroso, porque simple y sencillamente somos un país con un conflicto armado, estamos en la vista de los países con conflicto armado.

Entonces muchas de las juntas directivas de muchas empresas localizadas en todas partes del mundo tienen sus computadores y los miembros de esa junta dicen ¿dónde vamos a invertir? 

Entonces vamos para América Latina.

¿En qué país de América Latina?

Y en el computador de pronto salen ‘países con conflicto armado’. ¡Pum!  Colombia. Y automáticamente nos borran del mapa.

Eso, por ejemplo, va a cambiar. Y el hecho de convertirnos en un país, es que somos el único país de todo el hemisferio occidental que tenemos un conflicto armado, el más viejo y uno de los más crueles.

Entonces la inversión también de tener un impacto muy positivo. La inversión –eso me imagino que eso estará en los modelos, porque eso sí repercute directamente en el crecimiento, pero eso es otro de los muy importantes dividendos.

Cosas como por ejemplo, la universidad, cualquier universidad colombiana que quiera hacer unos intercambios para mejorar la calidad de la educación en la universidad con otras universidades, por ejemplo universidades americanas.

Entonces vamos a intercambiar estudiantes y mandamos nuestros estudiantes a Estados Unidos ¿y los estudiantes Estados Unidos vienen a Colombia?

No, no pueden ir a Colombia.

¿Por qué no pueden venir a Colombia?

Porque tienen un travel warning.

¿Y eso por qué?

Porque somos un país con conflicto armado. Entonces no pueden venir a Colombia.

Usted comienza a sumar todos esos costos, son costos muy, muy grandes que se traducen nuevamente en dividendos positivos si terminamos el conflicto armado.

De manera que yo lo que les diría es que el mejor negocio que puede tener aquí en Colombia es poderle poner fin al conflicto.

Yo estuve la semana pasada allá en París en la COP21. Y yo tenía un discurso que fue un discurso muy escuchado y que ya tiene efectos positivos.

Les dije a los ambientalistas: señores ambientalistas estamos en el mismo barco, queremos salvar el mundo del cambio climático y Colombia está totalmente comprometida.

Dimos la cifra de cuánto vamos a bajar nuestras emisiones. El 20 por ciento. A pesar de que somos un país muy poco contribuyente al cambio climático, a las emisiones, sí somos un país muy vulnerable, somos el país más rico por kilómetro cuadrado en materia de biodiversidad y nada más peligroso para nuestra biodiversidad que el cambio climático.

Sube la temperatura, un grado o dos grados, y todo el entorno, toda nuestra biodiversidad sufre. Y sufre en forma grave. Por eso a nosotros nos debe interesar mucho ese discurso.

Entonces les decía, aquí hay un dividendo de la paz en materia ambiental que es el siguiente. La guerra, el conflicto armado, ha permitido y las propias Farc lo reconocen, que el narcotráfico es el combustible de esa guerra, es lo que financia.

Y ese narcotráfico que hemos venido combatiendo, los cultivos ilícitos, explica una parte importantísima de la deforestación.

Más de 5 millones de hectáreas de bosques tropicales han sido deforestados por causa de la presión del narcotráfico en nuestras selvas.

Los ambientalistas: ‘¿5 millones de hectáreas?

Sí. Y es cierto.

Pero doy una cifra todavía más impresionante. Cuando uno suma la cantidad de barriles, de petróleo que han sido vertidos a nuestras aguas, ríos y mares, por cuenta de los ataques a los oleoductos, sumado todo, son más de 4 millones de barriles.

4 millones de barriles equivalen a más de 16 veces el peor desastre natural en la historia de la humanidad, que fue el Exxon Valdez.

O sea que nosotros hemos contaminado 16 veces más por cuenta de las voladuras de los oleoductos, nuestros ríos, nuestras aguas, nuestros mares, o sea los ríos, las aguas y los mares de la humanidad, 16 veces más que el Exxon Valdez.

¿Por cuenta de quién? De la guerra.

Entonces al doctor Rafael Pardo le va a tocar administrar, porque todos esos dividendos se van a producir con mayor holgura, por así decirlo, en la medida en que planeemos bien, planeemos bien esa transición de la guerra a la paz.

Posconflicto. ¿Qué vamos a hacer? ¿Cómo lo vamos a hacer?  ¿Dónde vamos a enfocar los esfuerzos? ¿Dónde vamos a priorizar?

Los bienes públicos, la infraestructura. Lo hablábamos también en el Congreso de Infraestructura hace un par de días, hace un par de semanas. La infraestructura que hay que construir y las oportunidades –aparte de lo que ya estamos haciendo-  cuando no exista el conflicto armado, las zonas que hay que ir a conquistar a través de obras de infraestructura, son inmensas.

Entonces las oportunidades ahí también se multiplican.

Y pues yo podría seguir enumerando dividendos y beneficios de la paz, pero creo que voy a dejarles a que hagan la discusión.

Lo que les quiero decir es repetirles, no hay mejor negocio para el país que esta paz. Se nos abren unas oportunidades enormes.

Y lo que a mí me gustaría –y aprovecho para solicitarle a todos ustedes– es que esta paz no es mía, esta paz no es de Juan Manuel Santos ni es de mi Gobierno. La paz es de todos los colombianos, de todos ustedes y todos tenemos que en cierta forma apoderarnos de esa paz, internalizar sus beneficios, explicarlos y contribuir para que esos beneficios se den.

Y tenemos esa oportunidad. A través de la historia uno ve esas sociedades y esas naciones que aprovechan ciertos puntos de inflexión, ciertas coyunturas, para unirse y dar un salto. Un salto como sociedad, un salto como nación, un salto como país.  Vamos a poner unos objetivos ambiciosos, unos objetivos altos.

La paz nos puede permitir eso.

No se les olvide que lo que estamos negociando es el fin del conflicto. La paz la tenemos que construir entre todos. Y esa oportunidad, por ejemplo, el día que votemos todos a favor, es decir, terminar el conflicto. Eso es el primer paso.

Y si todos nos proponemos a aprovechar eso para darle el impulso a la nación hacía horizontes mucho más atractivos, pues lo vamos a lograr.

Y la comunidad internacional está toda pendiente de esto, porque ese es otro dividendo, el dividendo internacional. Lo ve uno en todas partes.

El mundo está teniendo todo tipo de problemas, todo tipo de conflictos. Ustedes ven en todas partes, Medio Oriente, toda la parte de migración, las migraciones hacia Europa. Colombia es un caso exitoso.

Entonces los países están muy interesados en que ese éxito se protocolice, se materialice. Y por eso ese apoyo internacional, que tenemos también que canalizarlo bien y aprovecharlo.

Entonces yo lo que quiero es que nos ayuden a que esos dividendos de la paz realmente los podamos convertir en más progreso, mejor calidad de vida para todos los colombianos.

Muchas gracias.