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 Palabras del Presidente Juan Manuel Santos durante la sesión plenaria del Foro de Asuntos Francia-Colombia

 París, 27 enero (SIG)

​Me complace muchísimo estar  aquí nuevamente. Hace cuatro años casi que exactamente, 26 de enero del año 2011, estuve aquí en MEDEF haciendo una serie de anuncios, contándoles cuáles eran mis planes para Colombia, lo que queríamos o pretendíamos hacer en ese momento.

Pensé que lo más adecuado el día de hoy es hacerles una especie de rendición de cuentas a ustedes sobre qué fue lo que dije entonces y qué ha sucedido.

Contarles qué tenemos para los próximos años y finalizar con un aspecto muy importante, que va a cambiar positivamente –ojalá– la historia de nuestro país y de la región, y tiene que ver con el proceso de paz que estamos adelantando en Colombia.

¿Qué dije hace cuatro años?

Me vine lleno de entusiasmo y lleno de compromiso, compromiso con la Unión Europea, compromiso con Francia. Este ha sido un país que ha tenido una relación muy especial con Colombia desde la época de nuestra independencia. 

La presencia francesa en Colombia, la influencia de Francia en Colombia, ha sido muy marcada desde hace mucho tiempo y por eso apreciamos tanto este tipo de oportunidades.

En ese entonces les dije que yo había enarbolado una gobernabilidad lo suficientemente amplia para pensar en grande. Para pasar reformas que  no se habían pasado en años o décadas.

Y mi país pues se había empezado –eso sí–, pero que por esas razones políticas que ustedes conocen mejor que yo, no había sido posible.

Y que iba a hacer una gran reforma, por ejemplo constitucional, para evitar los problemas que muchos países en Europa han tenido en los últimos años y que siguen teniendo.

Una reforma constitucional que denominamos de responsabilidad fiscal, para que en la propia Constitución la responsabilidad fiscal sea un derecho de los colombianos, casi que del mismo tenor de los derechos fundamentales a la educación, a la salud.

Con un argumento muy sencillo: que cuando hay crisis fiscal, lo primero que se sacrifica son los derechos fundamentales, porque hay que recortar el presupuesto en la salud, en la justicia, en la seguridad, y que por eso evitar las crisis fiscales era una prioridad.

Pues eso se cumplió. Eso se aprobó en el Congreso de la República, se aprobó en la Corte Constitucional –nosotros tenemos una Corte muy garantista– y se puso en marcha, acompañado de una regla fiscal que obliga al Gobierno a mantener una disciplina en sus finanzas públicas a través de los años, para que las expectativas y las proyecciones puedan mantener la confianza en nuestra economía.

Les anuncié que estaba haciendo una reforma muy importante para distribuir mejor todo el producto de la regalías y tener un país más equitativo, algo que hacía mucho tiempo estábamos añorando en Colombia.

También eso requería una reforma constitucional.

Eso se logró y hoy está operando un sistema que distribuye las regalías en todos los municipios y en todos los departamentos de una forma mucho más equitativa y ha tenido un gran impacto.

Les hablé que acababa de publicarse un informe de uno de los bancos, el HSBC, donde decía que Colombia tenía el potencial para poder ser un país con un gran desempeño en el contexto latinoamericano y en el mundo.

Y yo les dije, pues voy a hacerle caso a los analistas de este banco y vamos a colocar a Colombia como una especie de cabeza de serie en materia económica en América Latina.

Y lo logramos. Colombia el año pasado fue el país con el crecimiento más alto de todos los países, digamos de economías medias o grandes. 4.7 por ciento de crecimiento.

Pero ha sido un crecimiento muy sano. Un crecimiento acompañado de una serie de indicadores muy positivos en otros frentes. Porque yo no concibo el crecimiento como un fin en sí mismo sino como un medio para lograr objetivos que todos los gobiernos quieren lograr, que todos los ciudadanos nos exigen.

Entonces este crecimiento ha venido acompañado de creación de empleo como nunca antes. Hemos logrado crear más de 3 millones de empleo en los últimos cuatro años y eso nos ha permitido reducir la tasa de desempleo durante 48 meses seguidos, mes tras mes, sin interrupción.

Me dicen algunos que eso no lo ha logrado ningún país en la historia reciente del mundo.

Prometimos en esa época que íbamos a bajar el desempleo a un solo digito y lo logramos.

Este crecimiento ha venido acompañado de una inflación baja. Nosotros tenemos un sistema de manejo monetario muy efectivo, muy responsable.

El Banco de la República, el banco central, es un banco independiente, donde tiene asiento el Ministro de Hacienda pero tiene una junta independiente, que maneja con mucha responsabilidad la política monetaria, pero en estrecha colaboración con la política fiscal del Gobierno.

Eso ha funcionado muy, no solamente en este Gobierno; en gobiernos anteriores. Ha sido una de las características que ha destacado el mundo entero frente a la economía colombiana, el manejo responsable de sus políticas monetarias.

Y la inflación todos estos años la hemos mantenido dentro de los márgenes del objetivo. Nosotros tenemos el sistema de inflación objetivo. Los hemos cumplido año tras año.

El año tuvimos la inflación más baja tal vez de nuestra historia, la más baja de América Latina.

O sea un crecimiento alto con inflación baja.

Al mismo tiempo hemos logrado aumentar la inversión como nunca antes. Una inversión que está compuesta por inversión privada, nacional y extranjera, e inversión pública.

Todas esas inversiones han venido creciendo.

Nuestra inversión extranjera ha venido creciendo a niveles que nunca habíamos tenido. La inversión privada externa también ha venido creciendo y la inversión pública ha crecido también a niveles sin precedentes.

Y esa inversión pública la hemos podido lograr, porque hemos podido aumentar, gracias al mayor crecimiento económico, gracias a una mayor eficiencia en el sistema tributario –nuestros recursos fiscales, nuestros recursos tributarios–,  prácticamente hemos  doblado ese monto. Y eso nos ha permitido hacer unas inversiones públicas muy importantes que, acompañadas de la inversión privada, han mantenido el crecimiento y la dinámica económica.

Entonces también cumplimos con eso que yo les dije aquí, de ser una especie de serie en América Latina en materia de crecimiento económico.

Y decía que el crecimiento ha sido sano porque también en la parte social –y esto es muy importante– hemos hecho avances sin precedentes.

Por ejemplo hemos logrado reducir la pobreza y la pobreza extrema en porcentajes o en números que nunca habíamos tenido. En cuatro años bajamos casi 10 puntos la pobreza, 10 puntos porcentuales. Aunque soy el primero en reconocer que todavía nos falta muchísimo.

Esa pobreza depende de los indicadores que uno utilice, pero la pobreza en Colombia la redujimos al 29 por ciento. Pero 29 por ciento de pobreza es demasiado para cualquier país y por eso tenemos que seguir insistiendo.

Pero estábamos casi en 39. Nos pusimos unos indicadores, tengo que decir, más eficientes para medir la pobreza. Utilizamos indicadores que el profesor Amartya Sen  mueve en su centro de desarrollo humano en la Universidad de Oxford.  Fuimos uno de los países piloto para la aplicación de esos indicadores.

Y ahí también logramos reducir la pobreza viéndola de otra forma. Es una forma de medir la pobreza no por ingreso sino por el acceso a los servicios fundamentales en una familia. Ahí también logramos unos indicadores muy importantes.

Y eso tiene una gran importancia económica, porque como muchas empresas me lo han manifestado –pues que han ido a Colombia– y yo les pregunto cuál es el atractivo de Colombia, entre los aspectos que mencionan dicen ‘que su crecimiento económico es un crecimiento que a nosotros nos interesa porque no solamente está creciendo la economía sino está creciendo la clase media. Por consiguiente están creciendo mis potenciales clientes que consumen los bienes que yo voy a producir’.

Entonces por esto decía yo que el crecimiento es un crecimiento sano y un crecimiento sólido y estable.

Tenemos una situación en este momento muy satisfactoria. O sea que podemos en esta rendición de cuentas, por así decirlo, mostrar un buen balance que por supuesto los empresarios, como los electores, como los ciudadanos, sientan señales hacia el futuro; Qué nos va a pasar, cuáles son los planes –hablemos muy 

rápidamente– los resultados, pero queremos saber qué va a pasar hacia adelante.

Y ahí lo que nuevamente podemos indicarles a ustedes y tenemos muy claro para dónde vamos, qué queremos hacer, cuáles son los desafíos, cuáles son los retos. Y queremos construir sobre lo que ya hemos venido construyendo.

Uno de los aspectos, uno de los objetivos fundamentales era lograr unas finanzas públicas y una macroeconomía en las mejores condiciones posibles. Eso se logró.

Tenemos todos los indicadores fundamentales de nuestra economía en buen estado.

Cuando uno hace un análisis crítico sobre los indicadores fundamentales, llega a la conclusión, como llegan a la conclusión todos los analistas, que la economía colombiana ha logrado avanzar en sus aspectos fundamentales en una forma muy importante. Que hoy tenemos una economía muy sólida. Por los indicadores macroeconómicos, el crecimiento de finanzas públicas.

Esta regla fiscal, esta reforma constitucional de responsabilidad fiscal, pues nos ha permitido ir reduciendo nuestro déficit fiscal de acuerdo a unos pronósticos y a una especie de camisa de fuerza que nosotros mismos nos pusimos. Y este es un tema hoy en día crítico para cualquier analista sobre el futuro de una economía.

Eso ha permitido además que las calificadoras de riesgo no solamente nos hayan devuelto nuestro grado de inversión, que habíamos perdido hace  muchísimo tiempo, sino que nos han venido, por primera vez en nuestra historia, han venido aumentando nuestra calificación en estos cuatro años en dos ocasiones.

Hoy en día somos grado de inversión y nos aumentaron la calificación dos veces. Lo cual, por supuesto, nos permite acceder a los mercados internacionales a unos costos mucho más bajos, y nos da un margen de flexibilidad financiera muy amplio.

Esa situación ya hoy la tenemos. Es más, acabamos de hacer una emisión de bonos la semana pasada.

Ustedes más que nadie son testigos de la turbulencia internacional, de las incertidumbres que hay frente al mercado financiero.

Sin embargo, salimos el miércoles pasado  con una emisión de mil 500 millones de dólares y la demanda fue extraordinaria y logramos colocar esos bonos a una tasa inferior, ¡inferior! a lo que la habíamos colocado en la última emisión que habíamos hecho hacía un año.

Eso pues demuestra cómo el objetivo que queríamos, de dar confianza al mundo entero, a los analistas, a los  inversionistas, se ha venido logrando.

El reto es mantener esa confianza, el reto es mantener esas políticas que nos permitan seguir con una tasa de crecimiento satisfactoria y que nos permitan continuar mejorando los indicadores sociales.

Que –repito– el crecimiento no es un fin sino un medio para lograr satisfacciones y una mejora en la calidad de vida de los ciudadanos. Y eso es lo que nos indican esos indicadores sociales que estamos buscando.

Entonces el reto nuestro es, dentro de esta coyuntura difícil del mercado internacional, del mundo financiero internacional, del comercio  internacional, cómo vamos nosotros a afrontar ese futuro.

Y es ahí donde creo que es importante resaltar algunos aspectos de las políticas que hemos venido poniendo en marcha.

El crecimiento de Colombia es un resultado de factores múltiples. Pero afortunadamente hay un componente interno que es importante.

Nosotros dependemos menos de los mercados internacionales que otros países, aunque la dependencia en un mundo cada vez más interdependiente y más globalizado, pues es importante.

Y hemos utilizado ese apalancamiento interno para mantener una dinámica económica saludable.

Hay fuentes que hemos identificado como frentes que jalonan la economía, que son montones en crecimiento. Uno de ellos que es de común uso por todas las economías del mundo es el tema de la construcción, sobre todo de la vivienda.

La vivienda en el caso colombiano jalona cerca de 32 industrias.

Y desde el primer día nos pusimos una meta muy ambiciosa en materia de construcción de vivienda, sobre todo de vivienda social. Y la hemos venido cumpliendo.

Y los indicadores de crecimiento de la construcción de vivienda han sido muy positivos y han jalonado la economía y continuarán siendo muy positivos, porque hemos puesto en marcha unos programas igual o más ambiciosos de lo que nos propusimos hace cuatro años.

O sea que ese factor, crecimiento, el motor de crecimiento de un frente donde va a seguir jalonando la economía, es algo que ya está diseñado y que estamos nuevamente poniendo en marcha.

La demanda por vivienda en Colombia, como sucede con la mayoría de los países latinoamericanos, es muy superior a la oferta. El déficit habitacional es grande, lo hemos venido reduciendo. Pero ahí hay un potencial de crecimiento importante que ya pusimos en marcha.

Los programas están ya diseñados, los programas están ya financiados. Entonces eso es uno de los seguros que tenemos para mantener el crecimiento.

Hay un factor nuevo que va en cierta forma a impulsar la economía que estaba presente en la mente del señor, en la mente de los ministros y del Presidente pero  que en términos prácticos solo hasta ahora los vamos a comenzar a ver, solo hasta ahora nos vamos a beneficiar.

Es un plan que diseñamos desde hace cuatro años, de infraestructura, de mejorar la infraestructura del país. Es un plan muy ambicioso, muy ambicioso. Que,  sumado, carreteras, aeropuertos, ferrocarriles puede sumar unas inversiones superiores a los 27, 28 billones de pesos de dólares.

Es algo que en este momento coloca a Colombia en materia de infraestructura como un proyecto, tal vez el más grande de América Latina, sin duda alguna. Y ese plan ya está en marcha, porque en estos últimos cuatro años lo que hemos venido haciendo es estructurándolo bien. No precipitándonos a acelerar los proyectos, a adjudicar los proyectos a la carrera, sino estructurar bien esas obras  de infraestructura.

Y son en su mayoría obras en concesión de lo que hemos llamado de cuarta generación. Y ya hoy está están adjudicadas. Son tres olas, digamos tres partes,  que están adjudicadas las primeras dos, que van a iniciar obras, es decir ya van a iniciar la construcción, en los próximos  seis meses.

O sea que la inyección de unos recursos muy importantes que van a comenzar a irrigar la economía colombiana en materia de infraestructura, se  va a comenzar a ver en los próximos seis meses. Y los vamos a ver en los próximos cinco, seis o siete años que va a durar este gran plan de infraestructura.

De manera que ahí tenemos también otro motor económico que va  a significar,  calculan los economistas, un crecimiento adicional mientras duran las obras –doctor Mauricio (Cárdenas, Ministro de Hacienda)–, entre uno, uno y  medio por ciento del PIB. Y van a dejarle al país un crecimiento adicional con una mayor competitividad de casi  uno por ciento,  0.65 por ciento permanentemente por el efecto que tienen estas grandes obras en la competitividad del país.

Que ha sido para nosotros uno de los cuellos de botella. Colombia se fue atrasando en materia de infraestructura. Y por eso lo que yo quise hacer es desatrasarlo y ponernos a tono con  otros países que tienen el mismo nivel  de desarrollo nuestro o mejorarlo inclusive a un nivel más alto.

Y lo estamos logramos. Como les digo no es que estemos pensando,  es que  ya  es una es una realidad, ya está financiado, ya las obras están adjudicadas, ya hemos firmado lo que llaman el inicio de obra. Ya el taxímetro comienza a correr. Y por eso vamos a ver un país en construcción, un país literalmente en construcción,  en los próximos cinco o seis años. Y eso va a representar también una gran dinámica económica.

Tenemos una suerte –uno tiene que tener suerte en la vida, dicen los politólogos los líderes con suerte les va mejor que los líderes sin suerte–, nosotros hemos tenido la suerte que seguimos dependiendo,  aunque mucho menos, de los que es muy importante, del café.

E infortunadamente  para algunos vecinos y algunos productores de café el clima no ha sido el más favorable; para nosotros sí. Y logramos aumentar nuestra producción de café  de 7 millones de sacos a casi o más de 12 de millones  de sacos. Y el precio del café subió  por la escasez de café  en otros países,  especialmente  en Brasil, por una sequía que están teniendo, muy seria, y  ese factor también tiene un factor multiplicador de la economía muy importante.

Es tal vez el factor  que más jalona la economía, porque ese ingreso cafetero se traduce inmediatamente en consumo de todos los productos casi que en forma inmediata.

Y ahí tenemos ese colchón adicional, que en este momento estamos en esa especie de bonanza cafetera que se está traduciendo en una dinámica económica muy positiva.   

En el lado negativo, por supuesto, el precio del petróleo. Colombia es uno de los países que se perjudica con la disminución en el precio del petróleo.

Algunos en América Latina se benefician y algunos se perjudican. Colombia está dentro de los que se perjudican. No tanto como otros países, países vecinos nuestros, pero sí nos perjudicamos porque tenemos una dependencia relativamente importante pero no exagerada, del petróleo, en materia sobre todo de ingresos fiscales.

Y ahí también hemos sido previsivos. ¿Qué calculamos, por ejemplo, para este año, cuánto nos va a costar en materia de menores ingresos la caída del precio del petróleo?

Hemos calculado, con el Ministerio de hacienda y con otros ministerios que puede ser una cifra del orden de los 4.000 millones de dólares menos que vamos a recibir en materia de ingresos  por cuenta de la baja del precio del petróleo

¿Que estamos haciendo frente a esta situación? Porque lo responsable es no reaccionar después sino prever y tomar las medidas para mitigar los efectos de los cambios bruscos en la economía mundial, en la economía interna.

En ese sentido nos ha ido muy bien, anticipándonos a ciertos ciclos económicos. En el año 2013  al comienzo, que veíamos que la economía comenzaba un poco a decaer, hicimos un plan de reactivación económica. Lo llamamos el PIPE, tuvo gran impacto mucho éxito. Y la economía volvió otra vez a despegar y por eso hemos tenido esos crecimientos tan importantes en los últimos dos años.

Pues algo parecido ya lo estamos haciendo.

¿Cómo vamos a financiar  –que es lo que se pregunta– ese déficit?

Ya lo tenemos muy claro.

El 50 por ciento de ese faltante vendrá de una reforma tributaria que ya se aprobó. Con una reforma tributaria que el Congreso de la República en  la legislatura pasada aprobó y que nos va a dar recursos suficientes para coger la mitad de ese faltante, cerca de 2.000 millones de dólares.

La otra mitad la vamos a financiar con mayor endeudamiento y mayor déficit, porque la regla fiscal que nos propusimos lo permite y eso es lo conveniente de tener uno unas reglas claras que den confianza en los mercados.

Como hemos venido bajando el déficit, como hemos venido mejorando el desempeño  de nuestra economía, como hemos venido mejorando la confianza en los inversionistas, la propia regla fiscal es una especie de autodisciplina, es como tener un trainer que todos los días lo lleva a uno al gimnasio y lo pone a uno a sudar.

Pues ese trainer nos dice a nosotros ‘usted, en circunstancias como estas, no tiene ningún problema en acudir a los mercados internacionales, que además le dan todo el crédito que quiera porque tienen la confianza en usted y usted puede aumentar el déficit en forma amplia mientras va a arreglando las cargas hacia el futuro’.

Y eso es exactamente lo que estamos haciendo.

La emisión que hicimos la semana pasada es parte de eso. No hay ningún problema en aumentar el déficit en medio por ciento, que es lo que hemos calculado, y en materia de financiación no tenemos absolutamente ningún problema.

O sea que estamos, por así decirlo, bastante tranquilos frente a esta coyuntura y nos preocupa, eso sí, que tenga efectos muy demoledores en la economía mundial.

La gente se está tratando de acoplar. Ustedes mismos,  empresarios, pues están viendo qué impacto tiene toda esta turbulencia internacional. Aquí en Europa  me imagino que la gran pregunta –no me imagino, ya lo he podido percibir– es qué va a pasar  con el resultado de las elecciones en Grecia y qué va a  pasar con el Ébola y  qué va a pasar con la política monetaria en Europa. Y eso cómo impacta a la economía mundial.

Todo eso es parte  de ese proceso en donde uno tiene que irse acoplando, lo mismo que irse preparando y tomando las medidas, repito, anticipándose a los acontecimientos

Como toda política, prevenir. Toda política de prevención, por ejemplo, alguno de ustedes sé que   están en la industria  de la salud y la salud  no hay nada más eficiente que prevenir, hacer que el paciente  no tenga que  ir donde adonde el médico, al país le cuesta mucho menos y  al paciente le cuesta también  menos. Lo mismo en la economía. En la medida en que uno hace política preventiva sale mucho más barato y es más efectivo.

Entonces estamos haciendo eso. Tenemos un factor positivo adicional. Nuestro mayor socio comercial y en inversión  es Estados unidos y la economía norteamericana está creciendo.

Entonces ahí también vemos  que ahí podemos jalonar y compensar en parte la disminución del precio de productos para nosotros importantes en la exportación, como son el precio del petróleo y también el precio del carbón.

Pero en términos generales nos sentimos tranquilos. Estamos manejando la situación sin mayor sobresalto y encontrando esa microgerencia que nos va a permitir, –aquí con el doctor Bruce Mac Master (Director de la Asociación Nacional de Empresarios) y todos los industriales–, cómo podemos de pronto aprovechar esta crisis mundial.

No desperdiciar las crisis es una recomendación de los economistas sensatos y de los chinos, Toda crisis crea oportunidad.

En esta circunstancia, por ejemplo, tenemos que ver cómo fortalecemos nuestra base industrial y nuestra base de producción para dejar de depender cada vez menos, o sea depender menos de las exportaciones minero-energéticas y fomentar más las exportaciones de manufacturas y de servicios.

Ahí en los servicios quería también resaltar algo que estamos adelantando con mucho entusiasmo.

Nos propusimos, también hace cuatro años, conectar al país, todo, con fibra óptica y banda ancha. Con la tesis que la tecnología bien utilizada es factor fundamental en aumentar la productividad de nuestra economía y en aumentar las capacidades del Estado para hacer su política social.

Iniciamos un proceso de conexión –nosotros somos un país de muchos municipios, más de mil doscientos municipios–, quisimos conectar, al comienzo íbamos a conectar 400, después dijimos que 600 y después de unos meses dijimos ‘no, pensemos en grande, conectemos todos los municipios’.

Nos dijeron eso es demasiado, no prometan lo que no pueden cumplir. Eso es imposible.

Pues hoy todos los municipios de Colombia están conectados con fibra óptica y banda ancha. El único país de América Latina que tiene esa infraestructura.

El gran reto es cómo utilizarla mejor. Ya está conectado. Cómo hacemos para que esa infraestructura, esas carreteras tecnológicas, tengan un mejor uso.

Estamos haciendo unos esfuerzos enormes para general la masa crítica para desarrollar aplicaciones que nos permitan usar esa tecnología y aumentar, no solamente la productividad, sino también una cantidad de servicios que podemos ofrecer.

Ya Colombia, por ejemplo, se ha vuelto un centro importante de los call center, de ¿cómo se llama?, de los BPO (Business Process Outsourcing).

Inclusive porque tenemos una especie de inglés, de español pero equivalente al inglés, no de Oxford sino inglés, que uno no sabe de dónde viene. En el español tenemos un buen español, nos preciamos de hablar el mejor español del mundo pero sin mucho acento.

Entonces las compañías van a Colombia a decir queremos que ustedes sean nuestro centro de comunicación en materia central de la utilización de esos BPO de esos sitios.

En fin. Ahí tenemos unos proyectos importantes y ahí es donde necesitamos cada vez más presencia de los inversionistas extranjeros, de personas como ustedes.

Para nosotros el inversionista extranjero es un socio. Es un socio –así se lo digo a todos los inversionistas que llegan al país–, bienvenidos. Los necesitamos, los tratamos como uno de los nuestros. Quiero que se sientan en un país cómodo, amigable a la inversión, amigable a los negocios.

Hemos querido, en la medida de lo posible, establecer unas reglas de juego que sean claras, predecibles.

Digo yo a veces que yo quiero ser un país muy aburrido para los inversionistas.

Me dicen ¿por qué aburrido?

Yo les digo mire, en lo personal, cuando a uno le dicen el señor fulano de tal o la señora o la señorita  X.

Cecilia Álvarez, por ejemplo, nuestra Ministra (de Comercio), le dicen: Cecilia Álvarez. Ah sí. Cecilia es predecible, totalmente predecible. No es que sea predecible ella, sino yo.

Entonces uno dice totalmente predecible. Qué aburrido.

Pues en materia de inversión lo que quieren los inversionistas es un país predecible. Nosotros somos un país apegado a nuestro estado de derecho, la democracia más antigua de América Latina. No hemos renegociado ni una sola vez nuestra deuda, cumplimos con los contratos. Y en ese sentido queremos ser un país predecible.

Y esto es parte de nuestro atractivo para los inversionistas.

Pero necesitamos la inversión. Necesitamos la inversión para mejorar nuestra capacidad productiva, para mejorar nuestra tecnología, para mejorar los recursos que se convierten en más empleo y en más prosperidad.

Y por eso, pues, me complace tanto estar aquí para, primero que todo agradecerles a muchos de ustedes que ya están en Colombia, que ya conocen el país, que están viendo, explorando posibilidades de ampliar sus inversiones.

Ahí también hay otros aspectos que no quiero alargarme mucho pero que son interesantes, la creación de la Alianza del Pacifico.

La Alianza del Pacifico es tal vez el proceso de integración más importante y más exitosa en la historia de América Latina, vamos bien. Son las cuatro economías de mejor desempeño de toda América Latina: México, Chile, Perú y Colombia.

Y cada vez nos estamos integrando más. Es un mercado superior al Brasil, con un ingreso per capital por encima de Brasil, y con un pronóstico de crecimiento muy interesante.

Lo que estamos haciendo como centro logístico geográfico. Una de las ventajas de Colombia es su localización, único país de Suramérica que tiene dos mares. Estamos mejorando la infraestructura en materia de carreteras, puertos.

El aeropuerto de Bogotá es hoy el aeropuerto más avanzado en toda América Latina en materia tecnológica, en materia de eficiencia. Un puerto como el de Cartagena es el más eficiente de todo el Caribe. El aeropuerto de Bogotá ya es el número uno en carga de toda América Latina y el número tres en pasajeros después, por supuesto, de Sao Paulo y Ciudad de México.

Y acabamos, hace una semana, de autorizar una expansión que va a aumentar la capacidad del aeropuerto de 27 millones de pasajeros a 40 millones de pasajeros en los próximos años, que es lo que creemos que van a llegar a Colombia.

Nunca nos habíamos imaginado que los pasajeros crecerían a un ritmo tan alto. Comenzamos hace unos años, hace cuatro años, con 16, vamos en 27 y vamos para 40. Eso les da una idea de la dinámica de lo que está sucediendo en nuestro país.

Y voy a finalizar diciéndoles que, si hemos logrado todo esto en medio de una guerra –porque llevamos nosotros luchando una guerra de 50 años, un conflicto armado interno–, imagínense ustedes lo que podríamos lograr sin esa guerra.

Una guerra que nos ha frenado, una guerra que nos ha desangrado, una guerra que ha significado un costo altísimo en todo sentido para la sociedad colombiana y para la economía colombiana. Por eso yo estoy empeñado en acabarla.

No es explicable bajo ninguna circunstancia que un país tenga 50 años de conflicto armado y que no sea capaz de terminar ese conflicto. Es el único conflicto armado que todavía subsiste en el hemisferio occidental. El único. O sea, es el último, el más viejo y uno de los más sangrientos.

Y estamos en ese proceso de sentarnos a terminar la guerra como se terminan todas las guerras, en una mesa de negociación. Desde una posición de fuerza sí, porque hemos mejorado la capacidad de nuestras Fuerzas Militares como nunca antes.

Tenemos hoy el mejor Ejército, la mejor Armada, la mejor Fuerza Aérea y la mejor Policía de nuestra historia. Y eso nos permite negociar con más tranquilidad.

Pero negociar la terminación de un conflicto de 50 años pues es algo de inmensa importancia y que cambiaría el país para bien en forma muy importante.

Los efectos, los dividendos de esa paz, mucha gente todavía no los ha asimilado. La gente, como se acostumbró a vivir en guerra. Es increíble que en Colombia la mayoría de los habitantes no hemos vivido un solo día de paz.

Entonces nos acostumbramos a vivir en guerra y es normal que ataquen un pueblo, que maten X policía, que maten X guerrilleros todos los días. Entonces se volvió una especie de costumbre, cosa que me ha parecido a mí aterradora. Y por eso estoy empeñado en terminar este conflicto.

Entramos en una negociación con la guerrilla de las Farc. Llevamos tres años. Un conflicto de 50 años no se termina en 50 semanas.

Hemos avanzado como nunca antes. Ya de cinco puntos que establecimos de una agenda específica hemos llegado a acuerdos en tres de esos cinco puntos. Faltan dos de esos cinco puntos, son los más difíciles. Lo que tiene que ver con la justicia,  dónde traza uno la línea entre justicia y paz.

Lo que llaman la justicia transicional, estamos ya discutiendo ese punto. Y el quinto punto, que es la terminación del conflicto propiamente dicho; lo que llaman los ingleses el DDR: Desarme, desmovilización y reintegración.

Esos dos puntos son los que estamos comenzando a negociar. Yo aspiro, es mi deseo y soy optimista de que vamos a llegar a unos acuerdos ya para ponerle fin al conflicto y eso tendría un efecto muy positivo en el país.

Calculan muchos economistas que la paz en Colombia podría significar 2 por ciento de crecimiento adicional

En algunas zonas del país entre 4 y 5 o 6 por ciento. Zonas donde no ha habido nunca inversión precisamente porque son zonas donde estaba concentrado el conflicto. La inversión que llegaría a esas zonas pues dispararía la actividad económica.

Nosotros tenemos la mitad del país por desarrollar. Es una mitad donde el potencial, por ejemplo, de producción agropecuaria es enorme. En un mundo que está viviendo o está comenzando a vivir un déficit de alimentos. Ahí hay un potencial muy, muy importante.

Les voy a dar un ejemplo de cómo el fin de esta guerra tendría unos efectos económicos muy positivos hacia el futuro.

En la Universidad de los Andes, que es una de las mejores universidades que tenemos en Colombia, hicieron un estudio de productividad de la economía en general y descubrieron que uno de los costos más altos para la productividad de la economía ha sido precisamente la guerra.

E hicieron el siguiente cálculo: en cuánto se disminuye la productividad de una persona que ha sido desplazada de la violencia, por la guerra.

Y calcularon que se disminuye entre un 50 a un 90 por ciento. O sea, el mínimo es 50 y llega hasta el 90 por ciento.

O sea, se disminuye enormemente.

Y tenemos 6 millones de colombianos desplazados. Imagínense lo que eso significa en menos productividad de la economía.

Pero al mismo tiempo imagínense lo que eso significa en mayor productividad si terminara el conflicto. Son aspectos de ese tipo que la gente  no ha asimilado sobre lo que significaría la paz en Colombia.

Para tranquilizarlos –y con esto cierro– ¿qué estamos negociando?

Estamos negociando una transición formal a que sigan su lucha política pero sin armas. No estamos poniendo sobre la mesa la política económica, la política tributaria, la política de inversión, la política democrática, nuestras instituciones democráticas. Nada de eso está sobre la mesa. Nosotros no estamos haciendo lo que yo llamo la revolución por decreto.

Algunos enemigos del proceso, algunos enemigos que por alguna razón no les gusta la paz, están regando toda clase de versiones. Que es que ya entregamos el país al comunismo, que aquí va a revivir Stalin y se va a instalar nuevamente en Colombia, y que aquí la propiedad privada la vamos a abolir.

Nada de eso es cierto.

Con un seguro, un seguro que lo puse desde el principio: todo lo que se acuerde como finales de esta guerra va a ser puesta a consideración del pueblo colombiano. El pueblo colombiano va a poder decir sí o no.

Pero lo que yo les quiero asegurar es que desde el punto de vista de un inversionista extranjero, lo único que hay para ese inversionista extranjero es oportunidades con la paz.

No tienen por qué preocuparse absolutamente de ningún efecto negativo.

Vuelvo y repito: no es cierto que estemos negociando la propiedad privada. No es cierto que estemos negociando nuestras políticas tributarias, las de inversión. Nada de eso es cierto. O que estemos negociando nuestras Fuerzas Armadas, nuestra Policía.

Han llegado a decir, inclusive, que la Policía va a ser conducido por un comandante guerrillero. ¿A quién diablos se le puede ocurrir que uno va a negociar semejante despropósito?

Pero lo dicen. Lo dicen sin ninguna vergüenza, para generar, y ustedes conocen aquí porque conocen la historia, cómo esa propaganda destructiva pues hace daño.

Pero afortunadamente el pueblo colombiano es un pueblo sensato, es un pueblo que ha sufrido mucho con esta guerra, que quiere la paz y que está apoyando esa paz y que va a apoyar esa paz.

Y con esa paz las oportunidades en Colombia se van a multiplicar.

Por eso espero que ustedes estén ahí presentes, sean partícipes.

Le decía yo al Presidente Hollande que la forma como él y su Gobierno han  manejado esta coyuntura difícil con los franceses, este ataque terrorista, donde vimos algo que nos inspira a los colombianos.

Vimos un pueblo francés –con dificultades, con divisiones, con los problemas normales de una sociedad– que va progresando, pero que cuando toca unirse se une. Y se unieron ustedes los franceses en una forma ejemplar que para nosotros ha sido una gran inspiración.

Muchas gracias.