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 Saludo del Presidente Juan Manuel Santos al Cuerpo Diplomático acreditado en Colombia

 

​Bogotá, 4 feb (SIG).

En la alocución que dirigí a los colombianos con ocasión del comienzo de año dije que –así como el 2014 había sido el año de la esperanza– el 2015 va a ser el año en que dicha esperanza se concrete en resultados concretos de equidad y de paz.

Anoté también que este puede ser uno de los años más trascendentales en la historia de nuestro país.

Hoy quiero decirles, apreciados miembros del cuerpo diplomático, que esta esperanza y estos resultados son posibles gracias –en buena parte– a su trabajo, y al respaldo generoso y amigo de las naciones y organismos internacionales.

Ustedes han sido –y serán– no solo testigos de los cambios positivos que ocurren en nuestro país, sino también protagonistas y promotores, y por eso les agradezco.

Bien lo ha dicho su Excelencia monseñor Balestrero, en sus palabras que reflejan muy bien el momento que vive nuestro país y los propósitos del Gobierno:

Ustedes representan a los socios a los “partners” de Colombia; ustedes son socios en nuestro empeño por una vida mejor para nuestra población, para la región y el mundo.

Hoy Colombia –con una visión más clara que nunca– avanza en la tarea de ser un nuevo país: un país, antes que nada, en paz; un país con más equidad, y un país mejor educado.

Ustedes me han escuchado muchas veces hablar de esos tres pilares de nuestro gobierno, y no es por retórica sino porque ellos reflejan cada acción y cada paso que damos, y son además el puerto de destino de nuestros esfuerzos.

En medio del panorama internacional –que no siempre es fácil, ustedes bien lo saben– Colombia se destaca hoy por su estabilidad económica, por su progreso social, por su aporte positivo a la comunidad mundial y por su empeño en alcanzar la paz.

Con reformas sensatas y bien pensadas, y con inversiones estratégicas –como las que hacemos en infraestructura y vivienda– hemos logrado mantener al país dentro de los que más crecen dentro de la región, inclusive, a nivel mundial.

El año pasado pudo haber cerrado con un crecimiento económico cercano al 5 por ciento, en tanto esperamos crecer este año –a pesar de la coyuntura y la baja en los precios de los productos básicos– alrededor del 4 por ciento (unos pronostican 3,8; otros 4,2…).

Algunos se preguntan si podremos mantener el buen momento económico con la drástica disminución de los precios del petróleo, un producto que forma parte importante de nuestras exportaciones.

Pues bien, la respuesta es afirmativa. Es cierto que bajarán las rentas petroleras, es cierto que nos va a tocar apretarnos el cinturón, pero la mitad de esa disminución será cubierta con los ingresos de la última reforma tributaria, y la otra mitad se puede cubrir con más déficit, para el que tenemos espacio suficiente gracias a la regla fiscal que nos rige.

La semana pasada conocimos la buena noticia de que la tasa de desempleo del año 2014 había sido la menor en lo que llevamos de este siglo, como se llevan las nuevas cuentas de cómo se mide el desempleo situándose por segundo año consecutivo en niveles de un solo dígito.

Son más de 2 y medio millones de colombianos los que han encontrado trabajo en los últimos 4 años, y algo muy importante la mayor parte de ellos trabajos formales, dignos, con todas las prestaciones…

¿Y en qué se refleja todo esto?

Lo destaqué en mi intervención en la cumbre de la Celac en Costa Rica la semana pasada: en menores niveles de pobreza o –dicho de otra forma– en una clase media creciente y fortalecida, que dinamiza la economía.

En cuatro años, 3 millones 600 mil colombianos han superado la pobreza, y 2 millones de compatriotas han salido de la pobreza extrema, de la indigencia, que es un verdadero record en la región.

Por supuesto, sabemos que falta mucho, muchísimo –en creación y calidad de empleo; en disminución de pobreza uno de cada tres colombianos están en la pobreza y mejora de las condiciones de vida– pero si de algo pueden dar ustedes testimonio, apreciados diplomáticos, es de un país que no solo crece, sino que usa ese crecimiento para trabajar por la equidad y la creación de oportunidades para los más vulnerables.

Cuando hablamos de la meta de ser el país más educado de la región para el año 2025 –es decir en 10 años– no son solo palabras.

La apuesta que estamos haciendo –con la educación gratuita en los colegios oficiales, con las becas con los créditos con cero interés real para la educación superior, con la jornada única, con el bilingüismo– es una apuesta firme, y dará réditos sociales y humanos.

Y, por supuesto, todos estos avances están enfocados a consolidar el valor supremo de cualquier nación en consolidar a Colombia como país en paz.

La comunidad internacional ha sido generosa y solidaria con Colombia en su búsqueda de la paz, y hoy quiero reiterarles mi gratitud y la gratitud, no solo la mía, la de todo el pueblo colombiano por ese acompañamiento y apoyo tan necesarios.

Cuba, Noruega, Venezuela y Chile han cumplido un papel fundamental en su condición de garantes y acompañantes del proceso de La Habana, y por ello tienen todo nuestro reconocimiento.

Estamos entrando –como ustedes saben– en uno de los momentos más complejos de la negociación.

El meollo en la solución de cualquier conflicto armado radica en dónde trazar la línea entre justicia y paz, es decir, en el tema que ahora se denomina la justicia transicional.

La guerrilla no quiere ser la primera en la historia que entrega las armas para irse a una cárcel.

Pero, al mismo tiempo, el mundo de hoy es diferente, y tenemos una legislación y una jurisprudencia nacional e internacional que no permiten los indultos y amnistías de antaño.

Cómo “cuadrar ese círculo” es uno de los grandes desafíos a los que nos enfrentamos, y allí la comunidad internacional juega un papel muy importante, para darle legitimidad a cualquier solución que nos permita la paz.

También estamos preparando ya –con el respaldo manifiesto de la comunidad internacional– lo que sería la etapa posterior a un acuerdo final de terminación del conflicto, vale decir, el llamado posconflicto, que es un periodo complejo y largo del que depende la propia consolidación de la paz, sobre todo en las regiones donde el conflicto se ha desarrollado con más ímpetu.

En mi gira de noviembre por 6 países de Europa, incluyendo una visita a la sede de la Unión Europea, recibí muestras concretas de apoyo a esta eventual etapa de posconflicto.

Lo mismo me han expresado diversas naciones como Estados Unidos, Canadá y como toda la región latinoamericana y del Caribe, entre otros.

Y no es para menos…. Porque, si logramos la paz, habrá terminado el último y único conflicto armado de todo el Hemisferio Occidental.

Si logramos la paz, la misma guerrilla –ya desmovilizada– contribuirá en el propósito de erradicar y sustituir los cultivos ilícitos, y nos acercaremos a la meta de una Colombia sin coca y sin cocaína.

Si logramos la paz, salvaremos millones de hectáreas de bosque nativo que hoy son sacrificadas para el negocio del narcotráfico, por el conflicto.

Si logramos la paz, la economía nacional crecerá a tasas más altas cada año, y ese crecimiento se reflejará en mejor calidad de vida para los colombianos.

Si logramos la paz, los viajeros del mundo descubrirán y disfrutarán, con mucho más seguridad, los tesoros turísticos y las maravillas naturales y culturales que tiene nuestro país, ustedes muchos de ustedes aprecian y conocen.

Si logramos la paz –en fin–, será la mejor noticia no solo para los colombianos, sino para la región y para el mundo.

Y será una noticia que vamos a compartir con ustedes y vamos a celebrar con ustedes, porque habrán sido copartícipes de su realización.

*****

El año pasado fue un año muy favorable en nuestras relaciones internacionales, en el que afianzamos nuestras relaciones con los países vecinos y participamos proactivamente en las diversas instancias multilaterales.

Seguimos avanzando, con resultados concretos, dentro de la Alianza del Pacífico, incluyendo la apertura de embajadas compartidas en Singapur, Vietnam y Azerbaiyán.

Y continuamos ofreciendo cooperación a países de África, Centroamérica y el Caribe en temas como seguridad, generación de ingresos, cultura, gestión de desastres o formación laboral.

En el caso del Caribe –en particular– nuestra cooperación ha sido bilateral, pero también a través de la Asociación de Estados del Caribe, cuyo Secretario General es colombiano.

Nos hemos empeñado en llegar a países antes inexplorados por Colombia en Asia Central, Asia Pacífico y África para que los empresarios y estudiantes colombianos encuentren nuevas oportunidades.

Los tratados de libre comercio que tenemos en este momento son una vía para llevar nuestros productos de calidad e inversiones a nuevos destinos, sumándonos a cadenas de valor mundial y a las grandes tendencias económicas globales.

Nos satisfacen, también, los avances de la Unasur –que ya cuenta con sede propia en Ecuador– donde otra vez un colombiano ocupa su Secretaría General.

Colombia, adicionalmente, asumió la Secretaría pro témpore de la Cumbre Iberoamericana y comenzamos a prepararnos para la realización de la Cumbre número 25, de la que seremos anfitriones en el año 2016.

Muy importante ha sido el proceso de eliminación del requisito de la visa en varios países.

El último que lo ha hecho ha sido República Dominicana, y estamos pendientes de que el proceso dentro de la Unión Europea concluya para que el visado Schengen a los colombianos también sea eximido, yo espero que eso se pueda producir en los próximos meses, ojalá este mismo año.

Este es un reconocimiento al buen momento que vive el país y a la mejoría de nuestra imagen a nivel internacional, que reconocemos y agradecemos.

Y quiero destacar –para terminar– tres retos que nos esperan a nivel mundial:

El primero, la Conferencia sobre el Cambio Climático COP 21 que se realizará en París a fines de este año. Nos estamos jugando el futuro de la humanidad.

Colombia ya anunció en Lima, en la COP 20, un aporte monetario al Fondo Verde del Clima, y seguiremos impulsando la agenda ambiental global, incluyendo la adopción de un nuevo acuerdo vinculante que reemplace al Protocolo de Kioto.

El segundo reto es la preparación de la Sesión Especial de las Naciones Unidas sobre el problema mundial de las drogas que tendrá lugar en 2016.

Colombia ha liderado la necesidad de realizar estudios científicos y objetivos que nos permitan evaluar nuevos caminos con mente abierta creativa para ser más eficaces en la lucha contra las drogas.

Porque nadie puede discutir que esa guerra contra las drogas que declaró las Naciones Unidas –hace más de 40 años–no se ha ganado.

Como ustedes saben, se realizó un informe por parte de la Organización de Estados Americanos, y es importante que se siga divulgando, analizando y debatiendo, con el fin de prepararnos para lograr los mejores resultados en la Sesión Especial.

Finalmente, en este año ha llegado la hora para definir los Objetivos de Desarrollo Sostenible –una propuesta que lideramos en la Cumbre de Rio + 20– que dan continuidad y dan evolución y desarrollo a los Objetivos del Milenio, que terminan este año.

Colombia hace parte del grupo informal denominado “Grupo de Amigos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible” y esperamos desde ahí y desde otras instancias contribuir de la mejor manera a la importante Agenda Post-2015.

*****

Así pues –estimados amigos del cuerpo diplomático–, nos esperan tiempos de mucho trabajo y desafíos, pero tiempos también de esperanza en un futuro mejor.

Cuando el terrorismo golpea, cuando la incertidumbre económica continúa, Colombia trabaja para ser una buena noticia para la comunidad internacional; un factor positivo de cambio; un país que trabaja de la mano del mundo por una humanidad en paz, con mayor bienestar con más felicidad.

Bien lo dijo el señor Nuncio: vemos el futuro “con realismo y esperanza”.

Realismo que nos invita a trabajar… Esperanza que nos permite soñar.

Muchas gracias.