Este es el sitio de la Presidencia Agosto 2014 - Diciembre 2015 - última actualización 10 de diciembre de 2015
Skip Navigation LinksPresidencia > Noticias > 2015 > Febrero > Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en la firma del decreto que reglamenta la Ley 1408 de 2010 sobre Víctimas de Desaparición Forzada

 Sistema Informativo del Gobierno

SIG

 

 Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en la firma del decreto que reglamenta la Ley 1408 de 2010 sobre Víctimas de Desaparición Forzada

 Bogotá, 20 feb (SIG).

Están en algún sitio…
concertados,
desconcertados,
sordos,
buscándose,
buscándonos…
bloqueados por los signos y las dudas,
contemplando las verjas de las plazas,
los timbres de las puertas,
las viejas azoteas…
ordenando sus sueños,
sus olvidos…
quizá convalecientes de su muerte privada.
Nadie les ha explicado con certeza
si ya se fueron o si no;
si son pancartas o temblores…
sobrevivientes o responsos.

Comienzo con este poema de Mario Benedetti porque refleja muy bien la más terrible condición que implica la desaparición: la incertidumbre.

Nada más terrible, nada puede generar más angustia, que no saber nada –no saber nada de nada– sobre dónde está un ser querido, qué pasó con él; si murió o no, y –si murió– dónde están sus restos.

La desaparición forzada de un ser querido es el peor martirio que pueda padecer cualquier persona.

La desaparición forzada es –además– una llaga abierta en la sociedad, una vergüenza para todos nosotros, que nos obliga a actuar y a hacer todo lo que esté a nuestro alcance para que esa incertidumbre tenga fin.

Una persona desaparecida NO es –no puede ser– una cifra estadística.

Tampoco es una pérdida que permita a sus supervivientes abandonarse a la dureza del duelo por la muerte.

Al menos a nuestros muertos los lloramos… pero a nuestros desaparecidos ni siquiera podemos llorarlos porque su suerte, su destino, nos llena de zozobra día tras día.

Una persona desaparecida es un drama perpetuo que cuestiona la humanidad misma.

Por eso, para mí personalmente, y para mi gobierno, este fenómeno no solo nos preocupa sino que nos mueve a buscar soluciones que ayuden a terminar, a paliar un poco, el dolor, el daño personal y social que produce.

Una sociedad indiferente a la desaparición de personas sería una sociedad enferma, y Colombia hoy –cuando buscamos la paz y la reconciliación– no quiere estar enferma sino sana… y esa salud pasa por conocer la verdad sobre nuestros desaparecidos.

Hoy, al expedir el decreto que reglamente la Ley 1408 de 2010, quiero rendir un sentido homenaje a todos y a cada uno de aquellos que buscan un ser querido.

El texto que hoy promulgamos es parte de nuestro compromiso, como gobierno y como país, con ustedes.

Sabemos que –por años– han luchado solitariamente, y han creído que su clamor era un grito en el silencio.

Si han sentido esto, hoy queremos cambiar las cosas, y hoy nos comprometemos a luchar junto a ustedes –hombro a hombro– para conocer, a ciencia cierta, la suerte de sus seres queridos.

El decreto que hoy firmamos es producto de un ejercicio conjunto entre las instituciones y la sociedad civil, con el acompañamiento de la comunidad internacional.

La misma Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Navi Pillay, ha destacado el carácter transparente y participativo del proceso, liderado por el Ministerio del Interior, para construir esta política pública.

Hoy agradezco a los ministerios y entidades estatales participantes; a la Arquidiócesis de Bogotá; a la Cruz Roja; a Naciones Unidas; a la Comisión de Búsqueda de Personas Desaparecidas presidida por el Defensor del Pueblo, y a las organizaciones de la sociedad civil, por su contribución.

Gracias a este esfuerzo mancomunado, hoy tenemos una herramienta básica para buscar, localizar e identificar personas desaparecidas.

Querida Verónica: el caso que usted nos ha contado –una lucha de 12 años para encontrar a su esposo– nos muestra hasta dónde puede llegar la persistencia y el amor de una mujer.

Eso que usted hizo –con tanto coraje–, es lo que el Estado, ahora, va a ayudar a hacer a todos los familiares de desaparecidos.

Para que termine el drama de la desaparición –y sobre todo el drama de la incertidumbre– el Decreto desarrolla 6 aspectos fundamentales:

Primero: se crea el Banco de Perfiles Genéticos de Desaparecidos, para la identificación de personas a través del ADN; un verdadero laboratorio de genética para la identificación de las personas.

Segundo: Habrá apoyo económico y sicosocial para los familiares de las víctimas al momento de la entrega de cuerpos identificados y localizados.

Tercero: Se elaborarán mapas de sitios donde se presuma la ubicación de cuerpos o restos de personas desaparecidas, y se crearán canales de comunicación institucional para que cualquier persona pueda acceder a ese tipo de información.

Cuarto: Se establecen lineamientos para la conservación en cementerios de cuerpos o restos humanos no identificados o no reclamados.

Quinto: Se crearán Santuarios de la Memoria.

Y sexto: Se fija la última semana del mes de mayo y el 30 de agosto, como fechas para enaltecer la memoria de las víctimas.

Así pues, con este decreto damos un paso muy importante para combatir esa condición que duele tanto o más que la pérdida de un ser querido: la incertidumbre sobre su paradero.

Y aprovecho esta oportunidad para decirles a las FARC que este es el momento para que ellos también contribuyan a la identificación de desaparecidos, en especial de los cientos de desaparecidos que murieron estando en su poder.

Yo sé que hay interés en hacerle ese gesto a la sociedad colombiana. Este es el momento de tomar esa decisión.

*****

Hoy, entonces, es un día importante en nuestro avance hacia la reconciliación, hacia el objetivo de sanar las heridas y, sobre todo, el de conocer la verdad.

Hoy decimos –con voz alta y fuerte– que no queremos que en nuestros cementerios o en nuestro suelo haya cuerpos huérfanos de pasado.

Todos –absolutamente todos– tendrían que ser recuperados para la memoria, para el afecto y para la paz emocional de sus seres queridos.

Si ni siquiera podemos despedir a los nuestros, llorar su partida o regar flores sobre sus tumbas, entonces habremos fallado como comunidad, como nación y como Estado.

Pero no vamos a fallar…

Con el decreto que hoy firmamos –y toda nuestra voluntad política– estamos ratificando nuestro compromiso con la memoria de los desaparecidos y con los derechos de miles de colombianos que merecen la verdad.

Muchas gracias.