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 Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en la instalación del foro “Comisiones de la Verdad y Proceso de Paz: Experiencias Internacionales y Desafíos para Colombia”

 Bogotá, 25 feb (SIG).

“La verdad os hará libres” es mucho más que una cita bíblica; es el resumen de una realidad que puede cambiar para siempre el porvenir de una nación.

Porque la verdad, más que nada –para una sociedad herida después de medio siglo de conflicto interno armado–, es un instrumento sanador y liberador.

Por eso es tan oportuno este encuentro –convocado por la Fundación Kofi Annan y el Centro Internacional para la Justicia Transicional–: porque nos da nuevas luces, nuevas ideas sobre cómo avanzar hacia la verdad como una forma de construir una paz sostenible y duradera.

Dentro de la búsqueda de la paz –el bien supremo de cualquier sociedad–, uno de los temas más importantes es el de la justicia transicional, que no es otra cosa que la aplicación de mecanismos necesarios para lograr justicia en tiempos de transición del conflicto armado hacia la paz.

Si queremos una paz cierta, debemos conciliar fines que a primera vista parecen incompatibles: la realización de la justicia y el respeto de los derechos de las víctimas –eso por un lado– y el fin de una violencia de décadas y la prevención de daños futuros, es decir, de nuevas víctimas –por el otro–.

El objetivo –sencillo de declarar ha sido difícil de lograr– es este: cómo lograr la paz con un máximo de justicia.

En el proceso que estamos adelantando hemos tenido claro que el centro de la solución radica en la máxima satisfacción posible de los derechos de las víctimas, vale decir, la verdad, la justicia, la reparación y la no repetición.

El nuestro es un proceso centrado en las víctimas –cuyos derechos son ahora mismo el tema de la agenda que se discute en La Habana– porque solo reparándolas, solo reconociéndolas, solo conociendo la verdad, podremos sanarnos como sociedad y seguir adelante.

Como es sabido, la mesa de conversaciones recibió el año pasado a 60 víctimas, que narraron sus testimonios e hicieron propuestas, ayer muchas de ellas se reunieron con el señor Kofi Annan, lo que se suma a varios foros de víctimas que hemos realizado en el país.

Eso no ha ocurrido en ningún otro proceso similar y –si acaso sucede– se deja para las comisiones de la verdad, que son instancias posteriores a la firma de acuerdos de paz.

Nosotros no hemos querido esperar porque creemos que la voz de las víctimas debe ser escuchada antes de construir los acuerdos, para que estos incorporen sus reclamos e intereses.

Y esa es la explicación, nos criticaron mucho por qué mandábamos las víctimas a hablar en la mesa de conversaciones y esa es la explicación, para que puedan expresar sus anhelos, sus preocupaciones, sus esperanzas. Para que en los acuerdos queden consignados.

Y quiero enfocarme hoy en el tema de la verdad como contribución a una paz real y duradera.

Si uno les pregunta a las víctimas cuál es su principal demanda, ellos responden no es el dinero, no son las tierras, ni mucho menos la venganza.

La mayoría quiere, en primer lugar, ser reconocidas; quieren que se sepa lo que les pasó y conocer lo que les pasó a sus seres queridos.

No hay dolor mayor que el de una madre, el de un padre, el de una esposa o unos hijos, que no saben el paradero de su familiar, que no saben si murió ni cómo, ni dónde están sus restos. ¡Esa es una incertidumbre que carcome el alma!

Por eso hemos dicho que, con la terminación del conflicto, llegará la hora de la verdad, la hora del esclarecimiento pleno de todo lo que nos ha sucedido en más de 50 años de violencia entre hijos de una misma nación.

Será la hora de la verdad y será la hora de las víctimas del conflicto armado, sin distingo de ninguna clase: víctimas de las guerrillas, víctimas de los paramilitares y –claro está– también víctimas de agentes del Estado. Porque todas tienen los mismos derechos.

En Colombia, por fortuna –y aun sin concluir el proceso de paz–, hemos ido avanzando en la realización del derecho a la verdad.

Hay que resaltar los informes que ha ido entregando el Centro Nacional de Memoria Histórica, que creamos para buscar y preservar la verdad de Colombia y su conflicto, por dolorosa que sea.

Su labor ha ido abonando el camino para una futura comisión de la verdad a través de la recopilación de información.

También ha sido importante –y así debe reconocerse– lo que se ha avanzado en los procesos de Justicia y Paz en materia de contribución a la verdad.

Y recibimos recientemente los informes de la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas que –sin tratarse de una comisión de la verdad, sino de un simple ejercicio académico– son un aporte en el proceso amplio de ir construyendo la verdad que deberá abordar la futura comisión.

El inciso 5 del acto legislativo de Marco Jurídico para la Paz condiciona cualquier tratamiento penal especial a la contribución, al esclarecimiento, porque nadie puede pedir un tratamiento especial si no está dispuesto –por lo menos– a decir la verdad y a liberar a otros con esa verdad.

Todos estos son avances que hemos logrado y que vamos a seguir impulsando mucho más si terminamos el conflicto. Porque será entonces –repito– “la hora de la verdad”.

En junio del año pasado el Gobierno y las FARC acordamos 10 principios para la discusión del punto de las víctimas.

Por primera vez, un grupo armado ilegal en nuestro país aceptó –junto con el Gobierno– que es necesario reconocer a todas las víctimas del conflicto, que cualquier discusión debe partir del reconocimiento de responsabilidad frente a ellas, y que sus derechos no son negociables.

Y llamo la atención sobre el principio de esclarecimiento de la verdad, porque en él nos pusimos de acuerdo sobre que “esclarecer lo sucedido es fundamental para la satisfacción de los derechos de las víctimas y también los derechos de la sociedad en general”.

Así vamos avanzando en el mayor reclamo de las víctimas, que –como sabemos– es la verdad.

Establecer qué pasó, cuándo, dónde, cómo, por qué pasó y quiénes son los responsables, son las preguntas que tienen y que sólo un ejercicio pleno de esclarecimiento puede develar.

Y tendremos que entender que un proceso pleno de esclarecimiento de la verdad en nuestro país, en nuestras condiciones dada la complejidad de nuestro conflicto, nos va a mostrar que verdades hay muchas –algunas muy incómodas– y que todas tienen que poder aflorar.

Comisiones de la verdad en lugares tan disímiles como Sudáfrica, Guatemala, El Salvador, Sierra Leona y Kenia nos han dejado importantes lecciones, que hemos tenido en cuenta para no cometer los mismos errores.

En este proceso, mi querido Kofi Annan, hemos querido, como le explicaba, aprender de todos los procesos del mundo, los hemos estudiado, sus éxitos, sus fracasos, qué es aplicable a nosotros y qué no y hemos ido paso a paso aprendiendo de las lecciones que nos dan otros procesos, de lo bueno y de lo malo. En la Comisión de la Verdad también estamos haciendo lo mismo.

En particular, hemos estudiado el informe de su Fundación, de la Fundación Kofi Annan y el Centro Internacional para la Justicia Transicional –sobre las comisiones de la verdad y los procesos de paz– que hoy se presenta en su versión en español.

De alguna manera parece escrito para Colombia, así que no podría haber llegado en mejor hora.

Además, mire la coincidencia, ayer viajaron los comisionados, los negociadores a La Habana. Sergio Jaramillo (Alto Comisionado para la Paz) se quedó hoy para asistir a este importante foro, pero sale esta noche, para discutir este tema específico, el de la Comisión de la Verdad. O sea que aquí hay una serie de coincidencias que son muy oportunas.

El informe parte por reconocer que usualmente hay intereses encontrados entre quienes buscan lograr un acuerdo de paz y quienes buscan crear mecanismos de rendición de cuentas por crímenes cometidos en el pasado.

Parecen a primera vista como excluyentes.

Por eso este informe es tan importante para nuestro país, porque –a diferencia de la mayoría de transiciones en donde los negociadores han firmado amnistías generales y luego los abogados han iniciado acciones para derrocar en cortes nacionales e internacionales los acuerdos de impunidad–, nosotros no queremos firmar un acuerdo de paz para que luego sea derrotado en las cortes.

Sabemos muy bien –somos muy conscientes- que tenemos que responderles a las víctimas e incorporar en los acuerdos mecanismos de rendición de cuentas, mecanismos de lucha contra la impunidad.

El informe que ustedes presentan hoy, reconoce, mi querido Kofi Annan, que no hay fórmulas estandarizadas de comisión de la verdad y que hay que atender a los contextos. Nada más cierto.

Por eso no pretendemos copiar modelos de una u otra comisión sino identificar de manera concreta las necesidades de esclarecimiento y construcción de verdad en Colombia.

No se trata de crear una comisión de la verdad porque toque o porque sea un estándar, sino porque realmente sea útil para nuestro proceso de transición.

En nuestro proceso, estoy convencido de que es necesaria una comisión de la verdad, no sólo porque las víctimas la están pidiendo sino porque aún hay deudas muy significativas de esclarecimiento, y de reconocimiento de lo ya esclarecido, que ameritan su creación. Son dos cosas muy diferentes pero muy importantes que ameritan su creación.

Es el caso, por ejemplo, de la violencia sexual y el reclutamiento forzado de menores; la búsqueda de personas desaparecidas; acabamos de firmar un decreto reglamentando la Ley de Víctimas para ese preciso objetivo, la obtención de datos estadísticos certeros sobre el número de víctimas frente a cada tipo de violación a los derechos humanos; la visión de la verdad desde los distintos sectores de la sociedad.

Parece increíble pero –por ejemplo– hay sectores de nuestra sociedad que aún hoy niegan que el fenómeno paramilitar existió y niegan las atrocidades que cometieron quienes participaron en él. ¡Eso no se puede seguir negando!

Necesitamos también una comisión de la verdad porque nos va a permitir poner en marcha un momento de catarsis, simbólico, que permita fortalecer la convivencia pacífica en los territorios.

Los expertos en estas comisiones que hemos consultado y hemos consultado muchos aquí han venido expertos de todos los países del mundo, de los países que han tenido experiencias, nos han explicado que en estos temas es más importante la puesta en marcha de audiencias públicas que el resultado mismo de un reporte final. Me pareció interesante esa apreciación.

El informe que hoy se presenta hace también énfasis en la importancia de limitar el mandato de la comisión. Aquí hay una expresión que usamos mucho los colombianos ‘el que mucho abarca, poco aprieta’ y yo creo que eso es aplicable a la Comisión de la Verdad, no hay que limitar su alcance.

Las experiencias internacionales nos enseñan que la comisión de la verdad tiene que partir de premisas realistas, tiene que tener un mandato concreto, como usted lo señalaba señor Kofi Annan, y no puede pretender develar TODOS los fenómenos políticos, sociales y económicos de la historia de nuestro país.

Hay muchos ejemplos en el mundo de comisiones de la verdad que, por querer abarcarlo todo, no dieron ningún resultado práctico, útil.

Por eso tendremos que diseñar muy bien y de manera acotada la comisión, de tal forma que lo que de allí surja sea verdaderamente útil.

Tomamos atenta nota ya lo habíamos discutido de la necesidad de poner gente por encima de cualquier sospecha.

Finalmente, el informe resalta la importancia del factor humano en las comisiones de la verdad, pues si nos equivocamos en quiénes serán los comisionados todo el proceso fracasa.

Y repito, deben ser personas con una independencia y una integridad a toda prueba.

Ha habido experiencias recientes de procesos muy complejos de selección de comisionados que –aunque participativos– han terminado en la escogencia de personas que luego han sido tachadas por su falta de idoneidad o por su parcialización y ¡Eso no nos puede suceder!

Así pues –querido Kofi Annan y amigos del ICTJ–, les agradecemos enormemente su presencia, la organización de este foro y el gran aporte que hacen a la paz con este informe que acaban de presentar que hemos estudiado y seguiremos estudiando con detenimiento.

Estamos considerando todas las lecciones aprendidas para poder lograr acuerdos en la mesa de conversaciones sobre los elementos centrales de una comisión de la verdad para Colombia y ojalá podamos hacerlo rápido.

Lo hacemos porque sabemos que avanzar hacia la verdad es avanzar hacia la paz.

Lo hacemos porque sabemos –como dije al principio– que la verdad libera y sana… La verdad nos hace libres.