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 Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en la conmemoración de los 45 años de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC)

 Bogotá, 7 jul (SIG).

No voy a saludar a nadie del protocolo; en las reuniones de ANUC todos somos iguales. De manera que un saludo a todos los campesinos.

¡Qué alegría estar hoy con los campesinos de Colombia!

Recuerdo muy bien, Luis Alejandro (Jiménez), cuando hace casi cinco años fui a una reunión de ANUC en Cereté. Usted estaba allá, muchos de ustedes estaban allá. Y les dije: aquí se acaba esa estigmatización de ANUC.

En ese momento, ANUC estaba señalada como una organización donde albergan comunistas, guerrilleros, terroristas.

‘Aquí no hay conflicto armado’, decían. ‘Aquí lo que hay es un ataque del terrorismo al Estado colombiano. Aquí no hay campesinos muertos, aquí no hay guerra’.

Pues les dije: eso terminó.

Sí hay conflicto armado y lo vamos a resolver. Y los campesinos no soy enemigos del Estado, son parte fundamental del Estado.

Y la ANUC es una organización que merece todo el reconocimiento y que bueno, cinco años más tarde, estar aquí hoy en esta celebración con ustedes, con los miembros de ANUC, los primeros 45 años de su asociación. Inclusive con himno, con el himno.

Y don Arturo Isaza nos decía que él no era artista, que no era cantante.

¿Qué tal que fuera artista? ¿Qué tal que fuera cantante después de esa canción, de ese himno tan bonito que nos acaba de ofrecer?     

Son 45 años de servicio a los campesinos, a su calidad de vida, a su productividad y al buen futuro de sus cosechas.

Yo he querido venir a acompañarlos porque soy consciente, muy consciente, de la importancia que tiene el campo –y que tienen ustedes, campesinos– para el país, para nuestro futuro, para la consolidación de la paz.

Sabemos bien que el campo es el que más ha sufrido los efectos adversos del conflicto interno armado. Que son los campesinos las principales víctimas. Y en el campo también es donde más se concentra esos otros enemigos de mi Gobierno, la desigualdad y la pobreza del país.

Por eso es tan importante trabajar por el campo, avanzar en los temas en que estamos rezagados, mejorar el uso y la distribución de la tierra, e incrementar su productividad. 

Y, por supuesto, terminar el conflicto.

La diferencia entre un campo con conflicto y un campo sin conflicto es del cielo a la tierra, y ustedes, campesinos, son los que realmente entienden esto.

En mi primera campaña presidencial dije que mi sueño –allá en la Plaza de Bolívar–, dije que mi sueño era hacer de cada campesino colombiano un próspero Juan Valdez, es decir, con una vivienda digna, con acceso al crédito, con acceso a la tecnología, con buenas condiciones para trabajar la tierra. 

Y hemos avanzado en esa dirección. Sabemos que falta mucho, ¡muchísimo!, camino por recorrer pero creo que vamos en la dirección correcta.

Por ejemplo, en el tema de la vivienda rural hemos entregado 57 mil y vamos a hacer un plan intensivo para construir o mejorar más de 35 mil en lo que resta del año.

Ese desafío lo tiene Aurelio Iragorri (Ministro de Agricultura) y me dijo que lo iba a cumplir. ¡Un esfuerzo monumental, pero que vale la pena! 

Serán viviendas más grandes, con mejores acabados y con menores tiempos de entrega.

Y aprovecho, esta oportunidad, para saludar a las mujeres campesinas de Colombia, porque ustedes son la fuerza vital de sus hogares en el campo. 

Hoy quiero decirles GRACIAS, GRACIAS por su aporte a sus familias, por su aporte a Colombia.

Por eso, como mínimo, el 30 por ciento de las viviendas que entregaremos serán para las mujeres rurales.

En el tema del crédito –tan importante para la actividad campesina–, hemos diseñado nuevas líneas de crédito ajustadas a las necesidades de los campesinos.

Por ejemplo, Agro Ágil, que es un cupo de crédito, lo que llaman crédito rotativo, por 10 millones de pesos, para esas necesidades urgentes y de corto plazo. De esta modalidad ya se han desembolsado más de 7 mil préstamos.

En total, desde que comenzamos el gobierno se han desembolsados 1 millón 250 mil créditos a los productores rurales por más, óigase bien, por más de 30 billones de pesos.

¡Eso es más de la mitad de lo que costará hacer todas las grandes autopistas que estamos construyendo para mejorar la competitividad del país!

Y en otro tema que es de gran interés para mí y para ustedes, el tema de la formalización de tierras. Que les entreguen los títulos de propiedad a los campesinos. El avance ha sido muy importante. Desde que comenzó mi gobierno hemos formalizado 1 millón 800 mil hectáreas que ya están legalizadas en manos de quienes las han ocupado y las han trabajado por años, por décadas.

También, por supuesto, estamos comprometidos –y aquí lo reitero ante ustedes– con el cumplimiento de los compromisos que adquirimos con ustedes, los campesinos de Colombia, en las diferentes mesas de negociación.

Ya van prácticamente 22 meses de diálogo continuo con organizaciones de base campesina, como esta gran organización, como ANUC, y los frutos comienzan a verse.

Les doy un par de ejemplos:

Ya están llegando 20 mil toneladas de fertilizantes, que esperamos nos ayuden a conseguir precios más justos para nuestros productores –de hecho ya comienzan a verse disminuciones en un 10 y un 20 por ciento del precio–, y creamos la Tarjeta de Agroinsumos para que no sigan pagando tasas de usura para comprar sus insumos.

Y sacamos adelante la Ley de Reactivación del Sector Agropecuario, para que los campesinos con deudas vencidas se puedan poner al día y puedan volver a tener acceso al crédito.

Con el llamado FONSA se han beneficiado ya más de 110 mil pequeños productores.

Otro mecanismo muy importante ha sido lo que hemos llamado el Pacto Agrario, gracias al cual se tienen ya pre-aprobados cerca de 800 proyectos productivos, proyectos de empleo rural, de vivienda rural, de proyectos productivos en todos los departamentos del país.

La ANUC tendrá más de 5 mil millones de pesos en proyectos productivos priorizados por ustedes en mesas de trabajo.

Y ojo: la DIAN nos está ayudando a revisar para que no haya colados y todo quede en manos de los pequeños productores, de los campesinos. No de los grandes terratenientes, que no necesitan esos apoyos del Estado. 

Y hoy quisiera hacer un énfasis especial en el tema de la reparación de las víctimas y la restitución de tierras, pues sabemos que la mayoría de las víctimas del conflicto han sido campesinos y que muchos de ustedes también sufrieron el desplazamiento y el despojo por los grupos violentos, por los grupos ilegales.

Colombia es el único país del mundo que se ha embarcado en un esfuerzo de estas proporciones para reparar a las víctimas y restituir las tierras despojadas sin haber terminado el conflicto armado.

Lo sabe nuestro querido amigo, Representante de las Naciones Unidas; lo sabe nuestra representante de la Embajada de Suecia.

¡Y qué bueno poder decir que ya pasamos el medio millón de víctimas reparadas individualmente!. Esa ley a la que vino el Secretario General de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, a ser testigo de su promulgación.   Eso no lo pueden contar en ningún otro país que haya sufrido un conflicto armado.

Aquí están en este momento los negociadores de parte y parte del conflicto armado en Indonesia y le decían a la Canciller (María Ángela Holguín): ‘eso que están haciendo ustedes aquí en Colombia es para el resto del mundo un ejemplo en materia de reparación’.

Y ahora viene otro reto que es la reparación colectiva a comunidades que han sido afectadas como grupo.

Ya tenemos más de 300 comunidades, grupos y organizaciones sociales y políticas avanzando por las diferentes fases de la ruta de reparación, y tenemos 72 planes de reparación colectiva aprobados.

Y me alegra constatar –ustedes lo vieron ahora en el video- que el proceso con la ANUC –que fue reconocida como víctima del conflicto en septiembre del año pasado–  avanza bien avanza a buen ritmo.

Ya se formuló el plan de reparación colectiva, se identificaron las acciones reparadoras y se acordó realizar 10 encuentros regionales, gracias al alto nivel de organización y al compromiso de la ANUC.

En cuanto a la restitución de tierras, creamos una institucionalidad totalmente nueva, porque comenzamos de cero, no teníamos ni siquiera jueces  agrarios. Así era abandono del campo de ese país por tantos años, ni siquiera teníamos jueces.

Pero ya tenemos esa institucionalidad con normas con procedimientos para hacer justicia, para recuperar las tierras arrebatadas, respetando siempre el debido proceso.

La cantidad de solicitudes que se han recibido dan cuenta de la magnitud del despojo –y por supuesto del reto que tenemos todos ante nosotros–.

Pero son también una muestra de la confianza y la esperanza que el proceso de restitución generado entre las víctimas.

Estamos hablando de más de 75 mil solicitudes, de las cuales 35 mil –casi la mitad– están ya en trámite en la Unidad de Restitución. Usted me corregirá,  doctor (Ricardo) Sabogal, más de 35 mil que son zonas habilitadas por el Ministerio de Defensa debido a sus condiciones de seguridad.

Cerca de 170 mil hectáreas ya han regresado –no es que vayan a regresar, ya han regresado– a sus legítimos dueños –con sentencia judicial, con título de propiedad–, beneficiando a unos 20 mil campesinos.

Pero yo soy consciente, soy el primero en reconocer que falta mucho, y sé que al comienzo los trámites han sido lentos, difíciles, complejos. Pero lo cierto es que como les decía, nos tocó crear una nueva jurisdicción y que cada vez está funcionando mejor.

De hecho, les digo algo: antes un proceso de restitución tomaba –óigase bien– entre 10 y 20 años... Hoy toma poco más de un año.

*****

Dije al comienzo que los campesinos –más que nadie, más que ningún otro sector del país– quieren la paz porque los campesinos la han sufrido más y sufren hoy todavía más esa guerra que yo quiero terminar.

Por eso, si hemos logrado avances en medio del conflicto, imagínense ustedes por un minuto, por 30 segundos, lo que se podrá hacer si logramos terminar el conflicto.

Como ustedes saben, el primer tema sobre el que se logró un acuerdo en La Habana fue precisamente el del desarrollo rural integral, y lo incluimos, yo acepté que ese fuera el único tema de política pública, porque sabemos que no puede haber paz verdadera si no garantizamos el desarrollo y el bienestar de nuestros campesinos, de nuestro campo.

La gente se pregunta: ¿Por qué la pobreza rural es mayor que la urbana? Entre otras cosas, porque tenemos el conflicto atravesado, sobre todo, en el campo.

Si lo sacamos de allí, nos vamos a quitar un obstáculo y estaremos no sólo mejorando las vidas de las personas sino construyendo esa paz para que sea sostenible y duradera.

Colombia tiene que darle la cara al campo… y hoy lo digo con toda claridad: ¡lo vamos a hacer con las FARC o sin las FARC! ¡Lo vamos a hacer con las FARC o sin las FARC!

Mucho mejor –por supuesto– si lo hacemos de la primera manera. Mucho mejor hacerlo si sacamos al conflicto la violencia del panorama, y nos dedicamos todos, todo unidos a construir progreso y desarrollo desde la paz y desde el campo.

Pero si las FARC insisten en la violencia contra su propio pueblo, si insisten en atacar la infraestructura que le da agua y luz a los campesinos y a los más humildes, si insisten en envenenar los ríos que irrigan nuestras veredas, son ellas las que pierden la oportunidad de hacer algo coherente con lo que siempre han dicho de palabra.

¡Más vale que no sigan por ese camino absurdo!

¿Y qué acordamos en el punto de Desarrollo Rural Integral?

En pocas palabras, en resumen y entre muchas otras cosas:

Acordamos en crear un Fondo de Tierras, alimentado en gran parte por predios adquiridos ilegalmente, que son muchos, para campesinos sin tierra o con muy poca.

Creamos una nueva jurisdicción agraria para proteger la propiedad rural, la propiedad de los campesinos…

Acordamos establecer incentivos para el buen uso de la tierra.

Desarrollar programas de desarrollo integral para territorios sobre todo los más afectados por el conflicto.

Adelantar planes de educación, que los campesinos tengan la posibilidad de que sus hijos vayan a buenos colegios, a colegios iguales a los que van los habitantes de las ciudades. Sistemas mejores de salud, tener vías, mejor de riego, sistemas de riego, agua potable y vivienda en las zonas rurales y todo esto además va ayudar enormemente a reducir la pobreza en el país.

Poner en marcha programas de seguridad alimentaria, programas de seguridad nutricional, incluyendo programas especiales contra el hambre. No hay derecho, que vergüenza un país tan rico, con tanta tierra y con tanta hambre en muchas zonas del país.

Lo que se ha acordado no es nada diferente a profundizar mucho más la inversión, a re-direccionar el presupuesto hacia el campo y venimos haciendo ese ya, y volcar los esfuerzos del Estado hacia los campesinos, hacia el campo, donde -repito- está concentrada la mayor pobreza y la inequidad.

Se trata también de tomar medidas que reversen de alguna manera los efectos del conflicto y que aseguren su no repetición.

Que nunca más, como se dice en el Centro de Memoria Histórica, jamás tengamos que repetir lo que hemos sufrido los colombianos, sobre todo los campesinos.   

Porque nuestro país y nuestro sector rural no resisten –¡no resisten ni merecen!– otros 50 años de miedo y de violencia.

Por eso estoy empeñado en esta paz, los campesinos quieren paz y progreso, ¡y tendrán la paz y progreso! Se lo digo yo aquí hoy.

Queridos campesinos y campesinas de Colombia:

¡En el campo sí que han vivido el conflicto! No como nosotros, en esta burbuja de las ciudades, en donde no hemos sido capaces de entender que la guerra no es la solución.

Ustedes son una víctima inmensa de esta guerra sin sentido.

Ustedes saben que el futuro de Colombia es verde y está en el campo.

Por eso, en este acto de los 45 años de la ANUC, quiero que varios de sus líderes se conviertan en embajadores de la paz, de la paz en sus regiones, y quiero invitarlos a asumir esa misión de patria:

Por ejemplo a nuestro querido Presidente (de la ANUC) boyacense como mi Padre, Luis Alejandro Jiménez, usted desde el 2009 es un valiente precursor del proceso de reparación colectiva a la ANUC.

A Nilson Liz, directivo departamental del Cauca, víctima  como pocos departamentos del conflicto armado y él mismo representante de las víctimas en la quinta delegación de víctimas a la Habana. Su voz es oída en todo el sur del país, un gran embajador.

A Alirio García, expresidente nacional de la Anuc y uno de sus más antiguos dirigentes. Víctima también del conflicto armado y participante en la constituyente del 91 para la redacción de los artículos sobre el trabajado agrario. Representa a esa gran zona del Eje Cafetero y el Chocó.

Quiero mencionar a otro de nuestros embajadores, futuros embajadores de la paz,

José Martinez, expresidente nacional de la ANUC, presidente de Anuc Meta y representante de la mesa de tierras de la región de los Llanos.

Y por supuesto, Rosmy Rojas, víctima del conflicto armado, presidente de la Anuc Córdoba y, por tanto, vocero de esa región Caribe que ninguna ha sufrido tanto con este conflicto armado.

A estos dirigentes y a todos ustedes quiero hacer algo simbólico, darle la bienvenida al mejor ejército de todos que es el ejército de la paz porque no hay batalla más importante por este país que es la batalla por la paz.

Todos ustedes son soldados de ese ejército.

Y les confieso que reuniones como esta donde ustedes expresan este apoyo a este proceso es lo que me reanima a seguir adelante.

Ha sido un proceso difícil, me lo advirtieron, me dijeron: ‘no se meta en eso, hacer la paz es muy difícil, siga haciendo la guerra”. ¡Pero no porque sé que es lo correcto y los obstáculos han sido grandes y son grandes, son complejos pero hay que seguir adelante, perseverando.

Y esa gasolina, ese ánimo hay que revivirlo de vez en cuando porque les confieso que muchas veces cuando uno ve esos ataques terroristas, cuando uno va a Tumaco y ve esa contaminación, cuando ve uno los ataques de los enemigos por la paz por todos lados a veces se desanima.

Pero vengo a estas reuniones con la gente que más ha sufrido o hablo con las víctimas y me llena el espíritu de pasión para seguir adelante.

Por eso les agradezco tanto a ustedes para seguir adelante buscando esa paz.

Porque la paz –todos lo sabemos- se siembra en el campo y por eso he venido a compartir con ustedes este aniversario, y a reafirmar ante ustedes nuestro compromiso con los hombres y mujeres que tienen tierra en sus manos, cielo sobre sus cabezas y la capacidad para alimentar a todo un país y al mundo entero.

¡Gracias, campesinos de Colombia! ¡Que Dios los proteja! Muchas gracias.