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 Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en la presentación y reconocimiento de los nuevos Comandantes del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea

Sistema Informativo del Gobierno

 Bogotá, 9 jul (SIG).

Nos encontramos en un evento muy especial, un cambio en la comandancia de nuestras Fuerzas Militares.

A los comandantes que se retiran, al general Jaime Lasprilla, al almirante Hernando Wills, al general Guillermo León, mis agradecimientos profundos a ellos y sus familias.

Qué bueno haber podido otorgarles antes de esta despedida esta condecoración,  que es la más alta que se le puede entregar a un oficial después de la Cruz de Boyacá. La Orden al Mérito Antonio Nariño en el grado de Gran Cruz.

Y esta condecoración es simplemente un símbolo más del agradecimiento que debemos tener todos los colombianos, no solamente el Presidente, su familia, el Gobierno, todos los colombianos, por estos grandes oficiales, por sus familias, porque sus familias juegan y han jugado un papel muy importante en sus brillantes carreras.

Muchos de los éxitos, buena parte de los éxitos que hoy podemos mostrar, se deben a estos tres grandes oficiales. Cumplieron su deber y le seguirán sirviendo a la Patria como lo han hecho durante toda su vida militar.

Y les damos la bienvenida a otros tres grandes oficiales como comandantes de nuestras Fuerzas.

Al general Alberto Mejía, Comandante de nuestro Ejército. Viene de ser Comandante del Comando Conjunto de Operaciones Especiales. Es el primer Comandante del Ejército hijo de un Comandante del Ejército. Nunca antes se había presentado esta situación.

Nació en esta gran institución militar, el Ejército de Colombia. Conocí a su padre, era amigo de mi padre. Y sé, por su carrera, por su talante, por su carácter, que va a desempeñar una gran comandancia de nuestro glorioso Ejército.

Vicealmirante Leonardo Santamaría. Hijo también de un oficial, de un coronel del Ejército; hermano de otro oficial del Ejército que murió en un accidente aéreo. Era piloto.

Tiene ahora un hijo también en las Fuerzas Armadas comenzando, su carrera como oficial militar en la Escuela Naval de Cadetes Almirante Padilla, donde yo tuve también el inmenso honor de formarme.

He seguido la carrera del vicealmirante Santamaría desde cerca y también sé que va a comandar nuestra gran Armada Nacional con gran inteligencia y con gran efectividad.

Y el general Carlos Bueno, Comandante de la Fuerza Aérea. Lo conozco también hace mucho tiempo.

Siendo él capitán, era el piloto de uno de los aviones de la Fuerza Aérea. Yo era Designado de la Presidencia de la República hace cerca de 25 años, Ministro de Comercio Exterior –el primero–. Nos tocó ir a una reunión muy importante, muy urgente, en Montevideo.

Y recuerdo compartir con el entonces capitán Bueno momentos muy angustiosos. Tal vez la única vez donde yo pensé realmente que iba a ir prematuramente allá donde el Señor.

Pero vi el temple, vi esa tenacidad del hoy general Bueno, a quien también le he seguido la carrera muy de cerca y sé que va a comandar la Fuerza Aérea como lo hizo en ese momento de angustia en ese avión donde tantos sufrimos.

Estos tres oficiales eran coroneles o capitanes de navío cuando hace nueve años, 20 de julio del 2006, yo asumí el Ministerio de Defensa.

El general Alberto Mejía era coronel, Comandante de la Brigada de Fuerzas Especiales; el Almirante Santamaría era capitán de navío, Comandante del Comando Específico de San Andrés y Providencia; y el general del Aire Carlos Bueno era coronel, Comandante de la Fuerza Aérea en Barranquilla, el Cacom 3.

Ellos son entonces testigos excepcionales de lo que hemos logrado desde ese momento, en estos últimos años. Porque lo han vivido, lo han sentido, han participado. Y por eso entenderán perfectamente el momento en que nos encontramos.

Hace nueve años llevábamos 42, 43 años de guerra contra una organización que no habíamos sido capaces de doblegar, cuyos jefes se pavoneaban por el territorio como pedro por su casa, burlándose de nuestras Fuerzas.

Esa situación nos propusimos cambiarla. Y la cambiamos haciendo unos cambios excepcionales en la forma como opera nuestra Inteligencia.

Pusimos a las Inteligencias a trabajar en forma coordinada, en forma conjunta, en lugar de competir entre ellas.

Eso nos llevó a hacer una serie de cambios en la forma como se desarrollaban las operaciones. Esas operaciones que se demoraban 15, 20 días entre el momento en que se tenía una información y el momento en que se operaba, se redujo a 12, 18 horas, 24 horas.

Y comenzamos a dar esos golpes contundentes a los objetivos de alto valor que se han venido dando en estos nueve años, y que cambió la correlación de nuestras Fuerzas.

Comenzaron a caer cabecillas, uno detrás de otro. Solamente en lo que lleva este Gobierno, vamos a cumplir cinco años, llevamos 64 cabecillas de las Farc, más de 20 del ELN. Unos resultados contundentes en todo sentido.

Se acordaran estos oficiales que cambiamos también la doctrina. Hasta ese momento los resultados se medían por número de bajas, de muertes, del enemigo. Yo cambié eso.

Me acuerdo muy bien un discurso en la Escuela de Suboficiales del Ejército, donde dije a partir de este momento las prioridades serán las siguientes: en primer lugar los desmovilizados, en segundo lugar los capturados, y en tercer lugar,  cuando haya necesidad, los dados de baja.

E iniciamos también un gran esfuerzo para internalizar la cultura del respeto por los Derechos Humanos, porque esa es la base de la legitimidad de cualquier Fuerza Armada. Aquí o en cualquier lugar del mundo.

Simultáneamente continuamos el ejercicio, el esfuerzo, de ir fortaleciendo las capacidades de nuestras Fuerzas en todo sentido: en sus equipos, en su entrenamiento, en su disciplina. Un ejercicio y un esfuerzo que comenzó hace muchos años, cuando estábamos en la época del Presidente Pastrana, que yo era Ministro de Hacienda. El general (Jorge Enrique) Mora era Comandante del Ejército, el general (Fernando) Tapias era el Comandante de las Fuerzas Militares.

Y ese proceso de fortalecimiento lo continuamos en el año 2006, hace nueve años. Hicimos pasar por el Congreso, con la ayuda del hoy Ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, quien se la jugó toda por el Impuesto al Patrimonio con destino al fortalecimiento de las Fuerzas Militares.

Unos recursos que han sido invertidos para que hoy podamos decir que tenemos las Fuerzas más poderosas, mejor entrenadas, mejor equipadas, de toda nuestra historia, dando resultado todos los días. Resultados que también tiene que ver con esfuerzos de la capacitación.

Creamos en estos últimos años los comandos conjuntos, siguiendo una doctrina de otros países. Siempre buscando la unidad, la coordinación entre las diferentes Fuerzas, porque esa unidad y esa coordinación resulta mucho más eficaz en la lucha contra cualquier enemigo.    

Creamos las Fuerzas de Tarea con objetivos específicos. Llevamos once, once  Fuerzas de Tarea. La última, la Fuerza de Tarea Titán, destinada al Chocó.

Qué gran tarea la que han hecho estas Fuerzas de Tarea. Ahí están los resultados. Nos les metimos por primera vez a las madrigueras del enemigo y eso nos permitió los resultados que hemos obtenido.

Por eso, qué voces tan insensatas y tan fuera de la realidad, cuando dicen que en estos últimos años el enemigo se ha fortalecido, que las Farc están más fuertes que nunca.

Eso es contraevidente, eso es falso, eso es simplemente una crítica sin ningún tipo de evidencia. ¿Para qué? No me explico. Porque ni las Fuerzas Armadas se van a desanimar con ese tipo de críticas, ni el Presidente de la República va a cambiar su determinación de seguir adelante.

Quisimos cambiar también la doctrina en materia de control territorial. Pusimos en marcha el Plan Patriota y después los planes o el Plan Espada de Honor, con objetivos precisos, con planes específicos. Y eso se ha venido cumpliendo año tras año.

Y ustedes, los nuevos Comandantes, también los que hoy salen, son testigos de los resultados, de la forma impecable como nuestras Fuerzas han venido cumpliendo esos planes.

Se crearon diferentes instancias. El CECOES, de donde viene nuestro nuevo Comandante del Ejército, el general Mejía, fue creación nuestra.

¿Para qué el Comando de Fuerzas Especiales? Para hacer operaciones especiales.

Y hoy nuestro Ejército, nuestras Fuerzas Armadas, son conocidos en el mundo entero por su eficacia en materia de lucha contra todo tipo de enemigos. Pero somos conocidos, a mucho honor, también por la efectividad de nuestras Fuerzas Comando, de nuestras Fuerzas Especiales.

Hace un par de días le entregué el Pabellón al equipo que va a competir en una competencia que llevamos once en estos últimos años, entre todas las Fuerzas Especiales de todo el continente, desde Canadá hasta Argentina. De esas once, en seis Colombia ha resultado ganadora.

Pero eso no solamente en las competencias olímpicas de las Fuerzas Especiales. También el campo de batalla, las Fuerzas Militares de Colombia han resultado ganadoras.   

¿Qué me dicen –porque nunca dejaré de recordarlo– de la operación Jaque como la operación de inteligencia militar más audaz y más exitosa en la historia militar del planeta?

Como me lo dijo Larry King, ese gran periodista norteamericano. Gomoso, experto en historia militar, me dijo operación como esta nunca se había dado.

Esas son las Fuerzas que hoy tenemos. Esas son las Fuerzas, general Mejía, general Bueno, almirante Santamaría, que ustedes pasan a comandar.

Las conozco bien. Entre las conozco más las quiero, más las admiro. Como el pueblo colombiano, que entre más ve los resultados, más admira, más confía, más respeta a sus Fuerzas Armadas.

Por eso hoy están mejor preparadas que nunca para el futuro. Para este futuro que estamos definiendo en estos momentos. Para esta disyuntiva. Porque lo que estamos definiendo en estos momentos es una disyuntiva: o llegamos a la paz o continuamos en la guerra.

Eso es lo que se está definiendo en estos momentos.

Este es el momento histórico, el punto de inflexión que estamos viviendo.

En esa disyuntiva, cualquiera que sea el camino, nuestras Fuerzas están preparadas.

Ojalá sea el camino de la paz.

Y creo que va a ser así, porque esa paz es la victoria de nuestras Fuerzas Armadas. Es lo que cualquier Ejército en cualquier parte del mundo añora, porque nadie, nadie va a pelear una guerra por el simple hecho de pelear.

Se pelea por un objetivo. Y no hay batalla más importante que la batalla por la paz,  que es la que creo que estamos a punto de ganar.

¿Por qué digo que estamos en un momento de inflexión? Porque ha llegado el momento de tomar decisiones, ha llegado el momento de las determinaciones.

Y se lo hemos dicho a los señores de las Farc: es el momento de las decisiones.

El gesto que hicieron sobre el cese al fuego el día de ayer, un mes a partir del 20 de julio, lo valoramos. Lo dije ayer, un gesto que valoramos.

Pero no es suficiente.

Tenemos que tomar decisiones de fondo y de una vez por todas. Definir si hay paz o si seguimos en la guerra.

Porque el tiempo y la paciencia de los colombianos y la mía son factores finitos, tienen sus límites. Y se han vuelto críticos.

El tiempo comenzó a jugar en contra del proceso de paz.

La gente entre más avanza el tiempo y menos avanza el proceso, menos cree en la posibilidad de lograr los acuerdos.

Por eso en este momento, no avanzar es retroceder. Y se lo hemos dicho claramente a los señores de las Farc.

Y la única forma de poder recuperar esa confianza fundamental para lograr la paz.

Porque una paz sin el apoyo y la confianza del pueblo colombiano es imposible de obtener.

Y la recuperación de esa confianza solamente se da con hechos, con avances específicos.

Por eso he dicho que el cese al fuego bilateral y definitivo, por ejemplo, que está dentro de los acuerdos generales como objetivo, lo debemos negociar a la mayor brevedad posible. Pero con todo lo que eso implica.

Porque sabemos mejor que nadie, lo hemos estudiado –el general (Javier) Flórez, aquí presente, con los generales y el almirante que lo acompañan, vienen estudiando eso hace más de dos años, dos años y medio– qué implica un verdadero cese al fuego bilateral y definitivo.

Tenemos que verificarlo, tenemos que tener todas las garantías, tenemos que saber cómo se administra. Y no es cosa fácil.

Estamos dispuestos y queremos acelerar esa negociación, esas conversaciones,  para tener listo ese cese al fuego bilateral y definitivo, que es al fin y al cabo a lo que tenemos que llegar si queremos paz.

Mucha gente dice ¿cómo es que van a negociar un cese al fuego bilateral y definitivo?

¡Por Dios! ¿Entonces cómo llegamos a la paz si no es dejando de dispararnos?

Y eso es lo que en este momento tenemos que acelerar.

Pero no va a ser un cese al fuego, como lo decía el Jefe Negociador (Humberto de la Calle) en una entrevista, temporal, jugando a lo que jugábamos de niños, a ser estatuas. No, nos quedamos quietos, porque esa no es la forma de implementar un verdadero cese al fuego, que proteja además la seguridad de los colombianos.

Y además el otro ingrediente fundamental es que no solamente se tiene que acelerar la negociación sobre el cese al fuego bilateral y definitivo, sino que se tiene que acelerar lo que queda de la negociación, los puntos fundamentales –sobre todo, el punto más importante que queda por negociar– para que así podamos concluir los acuerdos y ponerle fin al conflicto.

El país sabe que tenemos cinco puntos en la agenda. De ahí no nos vamos a desviar.

Ya tenemos acuerdo sobre tres de esos cinco puntos. Faltan los otros dos. Uno de ellos tiene que ver con el cese al fuego, lo que llaman el fin del conflicto.

El otro tiene que ver con los derechos de las víctimas.

¿Cuáles son esos derechos? Lo repito una vez más: el derecho a la verdad. Las víctimas lo único que quieren muchas veces es que les cuentan el por qué sucedió lo que sucedió. O dónde están sus seres queridos.

Que les digan la verdad. Y para eso se creó una Comisión de la Verdad, que va a procurar darles esa verdad a las víctimas para que se sientan satisfechas en ese derecho: el derecho a la reparación. Que ya inclusive lo hemos comenzado.

Por eso digo que el posconflicto comenzó.

Llevamos reparadas más de medio millón de víctimas.

Pero aquí la reparación tiene que ser por cuenta de todo el mundo, los que causaron los daños. Y estamos a punto de llegar a unos acuerdos sobre ese derecho, ese segundo elemento del punto a las víctimas.

Y falta el fundamental, el de la justicia.

Ese elemento, ese derecho de las víctimas a la justicia, que no solamente es un derecho de las víctimas, sino es una obligación hoy, legal y política, nacional e internacional. Porque estamos supeditados a los tratados que hemos firmado, a nuestra propia Constitución y también a la voluntad de nuestro pueblo y a la opinión de la comunidad internacional.

Por eso les hemos explicado a las Farc que no puede haber ni va ha haber esas amnistías generales que están pidiendo. Entre otras cosas, porque no quedaría blindada esta negociación, no quedarían seguros jurídicamente ninguno de sus participantes.

La Corte Interamericana de Derechos Humanos ha tumbado todas, todas, todas las amnistías que se han decretado en el continente americano en este último siglo. No hay una sola que hayan dejado en pie.

Por eso, si queremos cerrar este conflicto de por vida tenemos también que pasar por el cedazo de la justicia transicional.

Y si eso lo entienden los señores de las Farc, habrá paz. Si no lo entienden seguiremos en la guerra. Pero es el momento de definir ese tipo de puntos.

Por eso digo yo que estas Fuerzas, estas grandes Fuerzas Armadas están preparadas para lo uno o para lo otro.

Y yo también lo dije desde un principio: yo sabía que este camino de la paz era difícil para un Jefe de Estado. Me lo advirtieron, lo dicen los libros de la historia, es impopular buscar la paz; es mucho más fácil conducir una guerra.

Lo decía Churchill, lo decía Roosevelt, lo he vivido en carne propia.

Inclusive tomé el camino más difícil: hablar en medio del conflicto.

Ayer, ayer escuchaba ciudadanos comunes y corrientes diciendo algo con toda la razón: ‘pero es que, no nos sigan hablando, si vemos cómo caen nuestros soldados, cómo caen nuestros policías, cómo hay ataques insensatos como los que ha hecho la guerrilla en estas últimas semanas. No nos vengan a hablar de paz cuando vemos eso’.

Hay una evidente contradicción entre un Mandatario que habla de paz y sigue haciendo la guerra. Por eso para mí ha sido tan costoso políticamente.

Pero yo les digo a los colombianos ese es el camino más efectivo para lograr llegar al puerto de destino, a una Colombia en paz.

Y por eso vamos a insistir en ese camino, a sabiendas de que llegará el momento, –y espero que sea pronto– de comenzar a desescalar el conflicto, que es un procedimiento normal dentro de estos procesos.

Ir desescalando el conflicto para ir generando confianza, para terminar definitivamente una guerra. Así ha sucedido a través de la historia.

Por eso tampoco tienen ningún sentido esas voces que dicen que desescalar el conflicto es inhumano, que o todo o nada. Así siempre obtendremos nada. La historia nos lo enseña.

De manera que estamos llegando a ese momento de la verdad. En una situación,  tal vez la más difícil que hemos vivido en estos años de negociación.

Pero como dice el adagio popular, la noche es más oscura antes de amanecer.

Yo espero que ese amanecer se dé pronto. Yo espero que esa noche oscura, que ha durado para Colombia 50 años, podamos dejarla atrás.

Y en estos próximos días, en estas próximas semanas, lo sabremos. Porque como decía: se agotó el tiempo, se agotó la paciencia.

Y tenemos que recuperar, repito, esa confianza del pueblo colombiano en el proceso y en las bondades de la paz. A la gente se le olvida el costo inmenso de continuar una guerra.

Esto que hemos vivido en estas últimas semanas, que mucha gente dice ¡por Dios! ¿Qué está pasando? Es lo que hemos vivido en estos últimos 50 años, y es lo que yo he querido y me propongo terminar.

Y lo tenemos al alcance de la mano gracias, gracias a los resultados que ustedes,  soldados de tierra, mar y aire, policías de la Patria, han obtenido en estos últimos tiempos.

No estarían sentados en la Habana si ustedes no fuesen victoriosos.

Y yo miraba el futuro de nuestras Fuerzas.

La demanda que ya existe hoy  todos los Jefes de Estado me lo dicen: sus Fuerzas Armadas son ejemplares en el mundo entero. ¿Por qué no envía sus Fuerzas a las misiones de paz?

Miraba en estos días lo que le ha sucedido al mundo entero con esta ciberguerra, cuántos oficiales más no tenemos que  enviar a las universidades al exterior a  especializarlos en otras modalidades, por ejemplo en la cibernética. Que hoy las guerras cada vez más van a ser a través de la tecnología. Tenemos que prepararnos.

Esta noche voy a Colfuturo, al evento de Colfuturo. Más de 120 oficiales ya están siendo beneficiados por esas becas para irse a las mejores universidades del exterior a especializarse, a regresar y aportarle a nuestras Fuerzas su conocimiento para ir mejorando cada vez más su calidad, su capacitación su conocimiento.

Yo veo a nuestras Fuerzas Armadas cada vez más fuertes, cumpliendo misiones diferentes a irse a la selva a pelear con una guerrilla. Misiones inclusive más importantes desde el punto de vista de la estrategia militar de la defensa de nuestra soberanía, de la defensa de la seguridad de los colombianos.

Tengan la seguridad, queridos soldados de tierra, mar y aire, queridos policías,   que la paz es su victoria y la victoria de todos los colombianos. Y que estamos en los momentos fundamentales, cruciales, para definir ese futuro.

Pero que ustedes –y eso es lo que le quiero decir al pueblo colombiano–  tengan la tranquilidad que cualquiera de las decisiones que se tomen, nuestras Fuerzas Armadas están hoy en su mejor momento. Nuestras Fuerzas Armadas están preparadas para asumir y administrar la paz o para continuar la guerra.

Esta mañana, esta mañana un vocero de las Farc decía que reafirmaban su decisión de hacer dejación de las armas pero que pedían las garantías de que no los fueran a matar para impedir que tengamos que contemplar impasibles cómo vuelve a producirse en Colombia el exterminio de una fuerza política nacida de un proceso de paz, tal como ocurrió con la Unión Patriótica, porque queremos convertirnos en una  organización política abierta con derecho a pensar y disentir  actuando  sin la zozobra de la amenaza, la persecución y la muerte.

Yo les digo que efectivamente les daremos todas las garantías y que ¿quién los va a cuidar?

Aquí están. Nuestras Fuerzas Armadas son los que van a garantizarles a todos los colombianos  su derecho a disentir, su derecho a hacer política. Pero en el caso de las Farc, sin armas.

De esto se trata este proceso de paz. Nada más. Que dejen las armas.

Y sigan haciendo su política con todas las garantías constitucionales y democráticas. Pero sin violencia, sin guerra. Ni más, ni menos.

Y si entienden que este es el camino, bienvenido sea. Si no entienden que ese es el camino, seguiremos combatiendo como lo hemos venido haciendo. Pero en forma victoriosa, como también lo hemos venido haciendo.

¡Que vivan nuestras Fuerzas Armadas!

Muchas gracias.