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 Palabras del Presidente Juan Manuel Santos, durante la proclamación de beneficiarios de Colfuturo 2015

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 Bogotá, 9 jul (SIG).

Este es uno de los eventos que más me hace feliz en el año porque este evento me recarga de energía, de entusiasmo, de optimismo.

Lo digo porque aquí me encuentro familias que nos contagian a todos con su emoción y orgullo, profundamente conmovidas por lo que esta jornada representa para sus vidas, la vida de sus hijos, de sus parientes.

Si bien para mí este es un día de optimismo y positivismo, para ustedes significa algo mucho más trascendental. Hoy es cuando celebran la oportunidad –que se ganaron ustedes mismos– de alcanzar un futuro mejor, un futuro muchísimo mejor.

La semana pasada leí en Vanguardia Liberal, periódico de Santander, la historia de Julián Rodríguez Ferreira: él, hace siete años, estuvo en el mismo lugar donde ustedes están hoy, es decir, recibiendo una beca de Colfuturo.

En el caso de Julián, su beca era para estudiar astrofísica, ni más ni menos, en el Observatorio de París –allá, y no en otro lugar, es donde él quería estudiar–. 

Hoy, luego de dos maestrías y un doctorado –y ahora, mientras adelanta un posdoctorado– Julián cuenta con orgullo que participó en un proyecto espacial inédito: la primera misión a Mercurio de la Agencia Espacial Europea.

Julián se quedó en Europa –se habrá perdido la condonación del crédito, pero le está yendo muy bien en el exterior–, y lo más importante de todo es que está dejando en alto el nombre de nuestro país, el nombre de Colombia –es un embajador de todos nosotros–.

Por supuesto, hay muchos otros que han regresado para hacer patria desde aquí, como por ejemplo Mauricio Alvear, el nuevo y recientemente posesionado rector de la Universidad de Antioquia.

Él fue uno de los primeros beneficiarios de Colfuturo, por allá en el año 1993, recién habíamos lanzado Colfuturo, doctor Luis Carlos (Villegas) y volvió para aportar con su conocimiento en diferentes escenarios –como profesor, o como miembro de importantes comisiones académicas–.

Mucho ha pasado en más de 20 años y hoy me alegra observar que –cada vez que nos vemos– nos toca ampliar el espacio en el que nos reunimos: este año superamos, otra vez, el récord de beneficiarios. 

Recuerdo que el año pasado fueron 1.453 –lo que en su momento batió el récord histórico– y en esta ocasión son 1.509 los escogidos.

Igualmente, esta vez se recibió el mayor número de solicitudes en los 23 años de Colfuturo –más de 2.600, según me dicen. 

Eso refleja un dato muy importante: este año otorgamos becas-crédito en casi 6 de cada 10 solicitudes recibidas.

En lo personal, me complace especialmente que en el grupo de este año haya 44 oficiales de las nuestras Fuerzas Militares y de la Policía, el doble que el año pasado.

Ellos son beneficiarios gracias al convenio, como lo decía Luis Carlos Sarmiento, que promoví cuando yo estaba en el Ministerio de Defensa, lo firmamos, recordábamos en el Batallón Caldas.

Nuestro soldados y policías han contribuido muchísimo y han sacrificado mucho por la seguridad de todos, y es gracias a ellos –al soporte que significa esa mayor seguridad– que tenemos la posibilidad de hacer programas como estos, una economía que produce recursos con avances sociales y capaz de soñar hoy con la posibilidad de esa paz.

Hoy, y de cara al futuro, nuestros uniformados tienen mucho que aportar, por eso es tan importante que se sigan formando académicamente en diferentes ramas del conocimiento. 

De hecho –contando el grupo actual– ya son 118 oficiales los que han sido beneficiados con el programa de Colfuturo–.

Yo recuerdo, Luis Carlos un hecho que es muy significativo sobre la importancia de lo que estamos haciendo.

Yo estuve en la Escuela Naval de Cadetes, fui cadete naval.

La Escuela Naval de Cadetes era y pienso que, vamos a retornarle ese prestigio, tal vez, la fuente de los mejores ingenieros de Colombia. Durante muchos años los oficiales que salían de la Escuela se los rapaban todas las empresas privadas cuando se retiraban de su servicio de la Armada.

El responsable de toda esa excelencia académica en la escuela fue un oficial que tuvo la oportunidad por alguna circunstancia de ir a MIT y graduarse. Y regresó a la escuela y aplicó todo lo que aprendió y eso transformó esa institución.

Una sola persona.

De manera que eso es lo que hace tan importante este esfuerzo.

Y hoy tenemos una gran noticia para este programa que tanto queremos y tanto bien hace a Colombia, que ratifica que la alianza del Gobierno Nacional con esta institución –en beneficio de nuestros jóvenes– es de largo plazo, con misión hacía el futuro.

Es para mí un gusto anunciarles que en el pasado Conpes se aprobó la destinación de 700 mil millones de pesos adicionales a los que hemos venido aportando.

Con estos recursos vamos a garantizar la financiación de estas becas durante la próxima década –hasta 2025–, pero además servirán para llegar a las 2.000 becas anuales, como yo me comprometí el año pasado, doctor Luis Carlos con usted, y le estoy cumpliendo. 

De otra parte, en el mismo Conpes, decidimos que los recursos que aporta el Gobierno –para la condonación de los créditos– tengan un nuevo enfoque.

Queremos promover que los becarios regresen al país después de sus estudios, que se vinculen al sector público, a la investigación o a la educación, y que además lo hagan en las diferentes regiones del país.

Necesitamos que nuestras empresas, nuestros centros de investigación, nuestras universidades cuenten con profesionales del más alto nivel, porque personas como ustedes –talentosas, disciplinadas y con excelencia académica– son fundamentales para tener una Colombia, con esa que yo estoy soñando y de volver realidad en paz, con mayor equidad y mejor educada.

En concreto –a través de este Conpes– buscamos que más recursos se orienten a quienes se forman en ingeniería, ciencias básicas y ciencias agronómicas, puesto que son áreas en las que necesitamos más capital humano –según nuestras realidades y desafíos–.

Y vamos a incentivar que quienes estudien por fuera compartan su conocimiento con la academia, la investigación o con el sector público en Colombia, y ojalá en las regiones. La mayoría de los becados por Colfuturo se quedan en Bogotá.

Les doy un ejemplo de cómo va a operar a partir de 2017:

Quien regrese a Colombia con maestría o doctorado en algún área de las ciencias básicas o de la educación recibirá una condonación del 45 por ciento del capital de su crédito.

Si –además de eso– se vincula como funcionario público, docente o investigador se le condona otro 15 por ciento –hasta hoy sólo se condona hasta el 10 por ciento por este aspecto–.

Y, además de todo lo anterior, condonamos otro 15 por ciento si el graduado trabaja por fuera de Bogotá.

Es decir, a un beneficiario de Colfuturo podríamos condonarle hasta el 75 por ciento del capital de su deuda –a diferencia de lo que ocurre hoy en día, que se condona hasta el 60 por ciento, en el mejor de los casos–.

Ahora bien, este programa es apenas uno de los frentes en los que estamos trabajando para hacer de Colombia –de aquí a 2025– la nación más educada de América Latina.

Concretamente, en materia de educación superior estamos trabajando para que este tipo de formación llegue a todos los sectores de la sociedad, comenzando por los de menores recursos, porque es la mejor forma de cerrar las brechas.

Ustedes saben mejor que yo que la educación es el factor más importante de movilidad social de cualquier país o cualquier sociedad.

Las becas-crédito de Colfuturo llegan a estudiantes de todos los estratos, para que estudien en el exterior.

Este año, por ejemplo, dos de cada tres beneficiarios vienen de estratos 1, 2, 3 y 4, lo que es un muy buen ejemplo de cómo –hoy– un estudiante brillante puede competir por un posgrado en el extranjero y ganárselo.

Pero además estamos haciendo un esfuerzo especial –como bien saben– para los sectores más pobres con el programa “Ser Pilo Paga”, que comenzó con pie derecho.

Acaba de finalizar su primer semestre la promoción pionera de 10.000 “pilos” –que no tuvieron que pagar un solo peso por sus matrículas en las mejores universidades del país, porque solamente las que están acreditadas pueden participar en este programa y que, incluso, recibieron auxilios de sostenimiento–, muchos de ellos no tienen ni siquiera para sostenerse.

Y los reportes que tenemos sobre su desempeño son excelentes.

Otro gran aliado es el Icetex, hemos beneficiado a más de 600 mil jóvenes a través de sus créditos y casi la mitad de esos créditos los han recibido alumnos de bajos recursos.

El mes pasado abrimos la nueva línea de crédito “Tú Eliges”, sin codeudor y que cubre hasta el 100 por ciento de la matrícula para quienes lo necesiten –y así no tengan que acudir a otras fuentes de financiación como el “gota a gota” para completar el 25 o 50 por ciento que antes no prestaba el Icetex–.

Esto se suma a los beneficios que ya venían operando, como cobrar cero intereses por los créditos –salvo el incremento de la inflación–, además de la ampliación del plazo para que se paguen los préstamos luego de que los estudiantes se gradúen y cuando ya hayan iniciado su carrera laboral –eso funciona así, y seguirá funcionando así–.

Yo me siento muy, contento, muy orgulloso de lo que hemos hecho hasta ahora, porque han sido verdaderos avances para convertirnos en el país más y mejor educado de la región.

Nuestro lema es “más cobertura con calidad”, y en materia de educación superior la cobertura ha aumentado, desde 2010, de 38 a 47 por ciento – ¡9 puntos porcentuales!–.

Y, por supuesto, no nos queremos quedar ahí: nuestra meta es aumentar otros 10 puntos en este cuatrienio, y alcanzar para 2018 una cobertura del 57 por ciento, lo que implica crear 400 mil nuevos cupos.

De otro lado, le hemos puesto mucha atención a la deserción.

Con el Ministerio de Educación, y el apoyo de las instituciones de educación superior, hemos disminuido la tasa de deserción de casi 13 por ciento a poco más de 10, y nuestra meta –a 2018– es bajarla a 8 por ciento.

Tal vez lo más importante de todo esto es constatar que la cobertura aumenta con equidad, es decir, que esa ampliación de la cobertura está llegando a los más pobres.

Actualmente, el 60 por ciento de los nuevos estudiantes que ingresan a la educación superior –óigase bien, 6 de cada 10– provienen de hogares cuyos ingresos no superan los dos salarios mínimos mensuales.

Semejante oportunidad de formación, que antes era impensable para miles de familias de escasos recursos, significa un cambio enorme en las proyecciones y perspectivas de vida de los beneficiados.

Pero también –estoy seguro– esta oportunidad de formación para cientos de miles de jóvenes contribuirá poderosamente a transformar nuestro país porque repito no hay factor más transformador de un país que la educación.

Se trata de un capital humano que antes estaba “desperdiciado” –jóvenes “pilos”, brillantes, de todas las regiones y de todos los sectores que, por la injusta falta de oportunidades, no podían progresar a pesar de su potencial–.

Yo suelo decir que, con la inversión sin precedentes que estamos haciendo en infraestructura, vamos a cambiar la faz de este país.

Pues creo que, con la inversión que estamos haciendo en educación –que por primera vez supera la destinada al sector de seguridad y defensa–, estamos revolucionando, estamos cambiando la mentalidad y la capacidad de nuestra sociedad.

Y eso lo estamos haciendo a través de una nueva generación que –a diferencia de las anteriores– se educa más y mejor y no sólo en la etapa de la educación superior.

A los niños entre cero y cinco años los estamos atendiendo de manera integral, con el programa para la primera infancia; a todos los niños y jóvenes de escuelas y colegios públicos les estamos dando educación gratis hasta el grado 11; a los mismos maestros los estamos formando mejor.

Hoy mismo lanzamos un plan para premiar a los maestros con mejores ingresos si cumplen las metas de calidad.

Además, estamos haciendo especial énfasis en fortalecer la formación técnica y tecnológica –para que sea una educación orientada a atender las necesidades del sector productivo–.

Todo esto se los cuento en este evento para que ustedes –los “pilos” beneficiados de Colfuturo– entiendan que ustedes hacen parte de una revolución del conocimiento; una revolución con efectos a mediano y largo plazo, pero que comienza aquí y ahora.

Y quisiera ser claro en una cosa: está muy bien que le agradezcamos a Colfuturo; a su director, Jerónimo Castro que con tanta destreza ha venido gerenciando  este programa; al presidente de la Junta Directiva, Luis Carlos Sarmiento –que siempre nos inspira con sus palabras, con sus obras–; a Colciencias –porque con sus recursos, que hemos aumentado considerablemente, se pagan las condonaciones de las deudas–.

Pero al final, no les quepa duda, esto no es “un favor” que les hace un grupo de personas, el Gobierno, no.

Estas becas-crédito, así como las becas de “Ser Pilo Paga” y los créditos del Icetex, son un esfuerzo que hacemos porque ustedes lo merecen.

Miren no más estos datos sobre los beneficiarios de Colfuturo de este año: 200 de ustedes ocuparon los 10 primeros puestos en sus pregrados, y 87 se graduaron con honores cum laude o summa cum laude.

Aquí se evaluó la excelencia académica de cada uno, además del programa de posgrado que propusieron realizar.

En otras palabras, esto no es un “regalo”. Este día y lo que viene en adelante se lo han ganado ustedes.

Sus padres, por supuesto, tienen toda la razón de sentirse orgullosos, y los felicito por sus hijos. Y como Presidente les digo que son orgullo de Colombia.

Con su ayuda, estamos construyendo este nuevo país en paz, con más equidad y mejor educado, con el que sueño y todos soñamos.

Muchas felicitaciones, aprovechen esta oportunidad y muchas gracias a todos.