Este es el sitio de la Presidencia Agosto 2014 - Diciembre 2015 - última actualización 10 de diciembre de 2015
Skip Navigation LinksPresidencia > Noticias > 2015 > Julio > Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en la celebración de los 100 años de la Cruz Roja Colombiana

 Sistema Informativo del Gobierno

SIG

 

 Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en la celebración de los 100 años de la Cruz Roja Colombiana

 Bogotá, 30 jul (SIG).

La historia de la Cruz Roja Colombiana es, entre muchas otras cosas, una historia de dolor… aunque también de esperanza.

Su existencia ha estado atada a los más trágicos momentos de Colombia en el último siglo, desde esa violencia que a veces pareciera enquistada en nuestra cultura, hasta las emergencias ambientales que no supimos evitar o mitigar.

Han dicho que la Cruz Roja es y seguirá siendo el resultado de la guerra –y ponen como ejemplo la masacre de Solferino, en Italia, que motivó el Movimiento Internacional de la Cruz Roja… o la Guerra de los Mil Días, aquí, que fue el preámbulo de la Cruz Roja Colombiana–.

Yo discrepo un poco… Si bien es cierto que algunos de sus momentos más memorables –sus actos más heroicos– coinciden con los episodios más crueles de la violencia, eso no significa que ustedes sean “resultado de la guerra”. NO.

La Cruz Roja Colombiana es resultado del amor al prójimo.

La Cruz Roja Colombiana es consecuencia de esa compasión que demuestra que NO somos indiferentes.

La Cruz Roja Colombiana es reflejo de la mejor versión –la más humana– que tenemos los ciudadanos de este territorio.

Todos ustedes –voluntarios, directivos y empleados de esta institución– nos inspiran con su labor y nos enseñan que nosotros también podemos ser mejores: colombianos solidarios, que entiendan que no hay nada más importante que proteger la vida, por encima de cualquier confrontación.

Aquí ya han hablado ampliamente de todos esos momentos históricos en los que la Cruz Roja ha actuado para socorrer a cientos de miles de colombianos –el Bogotazo, Armero, los terremotos en Popayán y el Eje Cafetero, Bojayá...–.

Yo quiero enfatizar en el presente y en el futuro, teniendo en cuenta los tres desafíos planteados por Fernando José.

Uno de esos desafíos es el alto porcentaje de colombianos que aún siguen con necesidades básicas insatisfechas.

Primero que todo quiero manifestarle mi inmensa gratitud a la Cruz Roja –en nombre de todos los colombianos– por esa labor de llevar atención médica y de prevención –entre otros servicios– a las poblaciones más apartadas y vulnerables.

De nuestra parte, tenemos un compromiso diario para mejorar la calidad de vida de los colombianos más pobres.

A la fecha, 3,4 millones de colombianos han superado la pobreza MULTIDIMENSIONAL, es decir, la que tiene en cuenta aspectos como el acceso de las familias a la salud y a la educación, o incluso si el piso de sus viviendas es de tierra.

Y si habláramos en los términos tradicionales, es decir, de la pobreza que solo se mide por ingresos, la cifra es mayor: 4,4 millones de colombianos que dejaron de ser pobres.

Nuestro compromiso no para ahí: de aquí al año 2018 vamos a sacar de la pobreza multidimensional a un millón y medio de personas más.

Suena sencillo en cifras, pero es un reto inmenso… es como sacar de la pobreza ¡a toda la población de Barranquilla!

El segundo desafío que plantea Fernando José se refiere a los desastres naturales como resultado del calentamiento global.

Aquí también quiero agradecer a todos los miembros de la Cruz Roja Colombiana, especialmente por su labor cuando enfrentamos los estragos del fenómeno de La Niña.

Fue el peor invierno que haya vivido el país pero, gracias a su mano solidaria logramos atender a millones de afectados.

Sin su ayuda otra habría sido la historia…

Fue a partir de esa emergencia que rediseñamos y fortalecimos nuestra institucionalidad, tanto en atención de desastres como en materia de mitigación y gestión del riesgo.

Y ese trabajo lo hacemos con ustedes, de la mano de la Cruz Roja.

Hace dos meses –por ejemplo– estuve en Medellín entregando un centro logístico para la gestión del riesgo, cuya operación está a cargo de la Cruz Roja Seccional, lo que nos ayudará a responder mejor y más rápido a emergencias que se presentan en esta zona del país.

Se dice que por cada 10 pesos que uno invierte en prevención, se ahorran 90 en atención.

Por eso –además de las grandes inversiones que estamos haciendo en reubicación de familias o en construcción de infraestructura que evite el desborde de los ríos– hemos asumido la responsabilidad que nos corresponde en materia de calentamiento global y cambio climático.

Somos uno de los países más vulnerables y además más afectados por el cambio climático. Nuestra gran riqueza es nuestra biodiversidad y quien más resulta afectado por el cambio climático es la biodiversidad.

Nuestro compromiso es reducir nuestras emisiones de carbono en un 20 por ciento de aquí al año 2030, y así se lo haremos saber al mundo a finales de este año, en París, en la Conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático.

Eso va a requerir un cambio de mentalidad, de nuestro comportamiento frente a muchas cosas a las cuales estamos acostumbrados, pero creo que ese objetivo lo podemos cumplir y lo debemos cumplir como una contribución nuestra a esa lucha contra el cambio climático.

Finalmente, el tercer desafío al que se refirió Fernando José es el conflicto armado.

Son inmensas la deuda y la gratitud que el país tiene con la Cruz Roja, por tanto que han entregado y sacrificado.

Donde ha habido violencia, ustedes han tendido puentes de entendimiento.

Donde ha habido víctimas, ustedes han sido la mano que ayuda y que salva.

Donde ha habido combatientes heridos, ustedes han estado a su servicio, sin reparar en los uniformes de unos u otros.

Tiene razón Fernando José: la reparación y la inclusión de las víctimas son claves para el perdón y reconciliación.

Así lo estamos haciendo: este camino hacia la paz solo lo entendemos con la participación de las víctimas y con su reivindicación, y por eso están en el centro de la solución.

Aquí está Adriana Guzmán, víctima de la masacre de Bojayá cuando tenían apenas tres años –y rescatada de los escombros por Winston Perea, uno de los voluntarios de la Cruz Roja, que también está presente–.

Adriana perdió a tres hermanos, a su abuela, a un primo…

¡Imaginen cuánto dolor… cuánta injusticia tuvo que sufrir!

En ese programa de televisión que hizo Pirry –cuyos apartes acabamos de ver–, a Adriana se le hizo un nudo en la garganta y dijo lo siguiente:

“El Gobierno cree que con plata se va a sanar el dolor, y a mí eso no me parece”.

Adriana… Yo estoy con usted… yo tampoco creo que el dinero sane semejante dolor.

Todo este proceso de ir reparando víctimas, hemos reparado ya más de medio millón de víctimas, son gestos simbólicos porque, como lo he dicho ya tantas veces, cuánto vale un hijo, cuánto vale un papá, una mamá, un hermano, eso no tiene precio.

Pero es el gesto, es el simbolismo con la víctima, de decirle: aquí estamos con usted, aquí estamos para ayudarle. 

Por eso, mi compromiso con usted –Adriana–, con Bojayá y con todas las víctimas del país, es trabajar para garantizar sus derechos a la verdad, a la justicia y a la reparación.

Y tan importante como eso, Adriana, es acabar el conflicto para evitar que ningún otro colombiano pase por lo que usted ha pasado.

Haré todo lo que esté en mis manos para que ni usted ni nadie vuelvan a vivir una tragedia semejante por cuenta de la guerra. Le doy mi palabra.

A la Cruz Roja y a todos sus voluntarios  les reitero mi gratitud por reafirmar su compromiso con la reconciliación y por promover una cultura de la paz y de la no violencia.

Me alegra haber promulgado la Ley de Voluntariado como un primer paso en el justo reconocimiento que debemos hacerles.

Gracias a esta Ley, entre otros avances, más de 180 mil voluntarios –casi la totalidad–  están asegurados con pólizas que los amparan a ellos –a ustedes– y a sus familias.

Por su parte, el Ministerio de Salud ya creó el instrumento que permite el acceso de los voluntarios al Sistema General de Riesgos Laborales.

Adicionalmente, mantenemos vigente la discusión en la Cancillería –con el acompañamiento de la Unidad de Gestión del Riesgo–, para desarrollar un acuerdo que permita establecer aquí una oficina permanente de la Federación Internacional de la Cruz Roja y la Media Luna Roja –y esperamos tener en breve noticias positivas al respecto–.

Por lo pronto, este centenario es una ocasión más que ideal para reconocer a los más de 23.000 voluntarios, directivos, empleados, aliados, cooperantes que –cuando portan la Cruz Roja– llevan a Colombia en el corazón.

Usando las famosas palabras de Churchill, nunca les hemos debido tanto a tan pocos.

Por eso hoy, en compañía de todos los miembros del Sistema Nacional de Gestión del Riesgo, se le otorga la “Medalla de la Gestión del Riesgo” a la Cruz Roja Colombiana.

Además, el Gobierno nacional le concede –en sus 100 años– la Orden Nacional al Mérito en el grado de Cruz de Plata.

Es apenas una manera de exaltar su centenaria contribución a la seguridad, el bienestar, la calidad de vida de los colombianos y el desarrollo sostenible del país.

Ustedes nos inspiran a construir la paz… La reconciliación parte de un espíritu generoso como el suyo.

Su ejemplo nos da esperanza sobre el tipo de colombianos que podemos ser –pero que a veces nos cuesta–: con humanidad y vocación de paz, de servicio y de diálogo.

Sus hazañas se gestan en la tristeza del desastre o de los horrores que hemos padecido…, pero de ahí también han nacido historias de heroísmo, solidaridad y reconciliación.

La historia de la Cruz Roja y la de Colombia son una misma: la de un pueblo que nunca se ha rendido ante el dolor… un pueblo que ante cada tragedia reacciona con más esperanza.

¡Muchas gracias, cruz-rojistas de Colombia!