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 Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en el tercer encuentro de la Red Global de Pobreza Multidimensional

 Cartagena, 2 jun (SIG).

Como Presidente de Colombia, me siento muy feliz y orgulloso de que nuestro país sea el anfitrión de este Tercer Encuentro de lo que hemos denominado la ‘Red Global de Pobreza Multidimensional’. Por eso les doy esa calurosa bienvenida.

Y digo que me siento orgulloso porque, como lo dijo Sabina (Alkire, Directora el Centro de Investigación Económica de la Universidad de Oxford, OPHI), impulsamos esta Red y hemos querido contribuir de manera muy activa a su constitución y a su fortalecimiento.

Como bien también lo dijo Sabina, hace dos años que estuve en esa bellísima Universidad  de Oxford, lanzando la iniciativa, al lado de una persona que todos en el mundo admiramos, pero que yo especialmente lo admiro porque fue dos veces profesor mío: Amartya Sen. Una vez fue profesor en el London School of Economics y luego fue profesor en la Universidad de Harvard, y por eso lo admiro doblemente.

Y convencido de que la pobreza -el profesor Sen lo ha dicho muchas veces- tiene muchas caras, y que debemos enfrentar cada una de esas caras.

Ya antes habíamos presentado –en agosto de 2011– el Índice de Pobreza Multidimensional para Colombia, junto a Sabina (Alkire) y al profesor James Foster, en la Universidad de George Washington, con quienes tuvimos el privilegio también de trabajar juntos en este proceso.

Sin duda, es menos complejo –incluso “cómodo”– hablar de pobreza en términos tradicionales, es decir, siguiendo la inercia y solo midiendo los ingresos de la población, como en muchísimos países se ha hecho hasta ahora.

Uno podría decir que alguien “ya no es pobre” porque alcanza ciertos ingresos, pero la realidad es otra, si esa persona aún vive en unas condiciones infrahumanas, con piso de tierra o, por ejemplo, no tiene servicios de salud.

Por eso asumir la pobreza en sus diferentes dimensiones –entender la complejidad de sus distintas variables– no es una tarea fácil, pero es lo correcto, y es lo que debemos hacer y es lo que estamos haciendo.

Yo creo que por eso, además, podemos decir que estamos haciendo algo que nos hace más eficaces en la lucha contra la pobreza.  

El Índice de Pobreza Multidimensional es una brújula que guía nuestras acciones y que, incluso, ha inspirado varios de los programas sociales que lideramos, como, por ejemplo, un programa para darles viviendas gratis a las familias más pobres que, de otra manera, nunca habrían tenido la posibilidad de adquirir una casa propia.

Ustedes se imaginan personas desplazadas por la violencia, sin ningún tipo de ingreso, que de pronto tengan una casa digna donde vivir, eso les cambia la vida totalmente, las vuelve ciudadanos dignos.

Pasar a buscar trabajo tiene un impacto realmente positivo.    

Y es así como este programa, esta forma de medir la pobreza, nos ha obligado a focalizar mucho mejor la oferta social del Estado, y nos hemos concentrado en aquellas áreas en donde hay mayores carencias, mayores necesidades.

Por eso creo que estamos siendo más eficaces con nuestra inversión social. Las cifras así lo indican.

Lo que hemos hecho es potenciar el alcance del Estado, empezando por todos los ministerios para que, coordinadamente, seamos más efectivos en esa lucha que todo Gobierno con algo de corazón debe tener como prioridad, que es la  superación de la pobreza de nuestros compatriotas que están sumidos en la pobreza.

Incluso este Índice de Pobreza Multidimensional orienta hoy buena parte de nuestro Plan Nacional de Desarrollo, el que vamos a aplicar en los próximos años  2014-2018. Y entiendo que fuimos el primer país en incorporar este enfoque, este  procedimiento, esta forma de medir la pobreza, y desarrollar las políticas en un Plan de Desarrollo que es ley de la República.

De esta forma, monitoreamos de manera permanente –y al más alto nivel dentro del Gobierno– las metas que nos hemos propuesto y nos proponemos para reducir la pobreza.

Hoy estamos invirtiendo en, por ejemplo, atención integral a la primera infancia; estamos garantizando la educación gratuita a todos los niños y niñas en los colegios públicos; estamos otorgando becas o créditos a cero interés para todos aquellos estudiantes de menos recursos que quieran acceder a la educación superior.

Ya conectamos el país, algo que hace cuatro años nos decían que era imposible, todos los municipios del país están conectados con banda ancha, para que los más pobres tengan el mismo acceso a la tecnología, a ese maravilloso mundo de la tecnología, que los más ricos.

Y hoy en muchos municipios muy alejados de Colombia, porque también les hemos regalado computadores o tabletas, en todos los colegios hoy ya tienen conectividad, tarifas subsidiadas de internet, para que tengan el mismo acceso a ese mundo de la tecnología que tienen los niños ricos en Bogotá o en Miami o en París o en Oxford, porque ese mundo es uno.

Imagínese lo que significa para un niño muy pobre tener ese acceso: generalmente lo aprovechan mejor que los niños ricos.

Adicionalmente hemos llevado alcantarillado y agua potable a millones de familias que nunca habían tenido acceso a estos servicios básicos; y estamos implementando una estrategia –sin precedentes– en materia de vivienda que, como les decía, incluye un programa de 100 mil viviendas gratis a los más pobres de los pobres, viviendas dignas, viviendas que hoy pueden considerarse a nivel mundial como viviendas muy apropiadas.

Igualmente, hemos dado grandes pasos en materia de salud, desde cobertura, que hoy es casi del ciento por ciento de la población, hasta reducción en los precios de cientos de medicamentos.

En materia de salud, aquí está el señor Ministro de Salud, me dicen que un sistema se mide por tres variables: qué porcentaje de la población está cubierta; y nosotros ya tenemos cubrimiento universal.

Cuántos tratamientos, cuántas enfermedades están cobijadas por el sistema; nosotros tenemos un número muy amplio, muy generoso, de tratamientos que están cubiertos por el sistema.

Y la otra variable que se mide en los sistemas de salud es cuánto del bolsillo promedio del ciudadano tiene que gastar en salud, y Colombia en los dos primeros es de los más altos del mundo, y en el último es de los más bajos del mundo. O sea que el sistema como tal es un sistema que ha tenido un gran alcance, sobre todo para los más pobres.

Porque, ¿qué hicimos? Había dos regímenes: uno, el subsidiado, en que la persona no paga nada pero recibe el servicio, y el otro, lo que llamamos el contributivo, en el que paga algo de contribución para recibir el programa.

Pero ambos tenían un tratamiento diferencial. Eran como pacientes de primera clase y pacientes de segunda clase. Desaparecimos eso, elevando a los de segunda clase a primera clase, no a la inversa, y ahí también hemos hecho un gran avance.  

Porque la pobreza es compleja –tiene múltiples dimensiones–, y por eso debemos trabajar, al mismo tiempo, en varios frentes.

Les voy a contar una anécdota que sucedió ayer: me fui para La guajira. La Guajira es un departamento de aquí al norte  de donde estamos, la punta más al norte de toda Suramérica. Allá viven unas comunidades indígenas que se denominan los Wayúu. Viven hace siglos y son comunidades nómadas que no se quedan en un solo sitio. 

Fui porque estaba preocupado por unas informaciones que circularon, que los niños se estaban muriendo de hambre. Entonces fui a verificar qué estaba pasando.

Es una región muy seca, pero me encontré con dos fenómenos que yo realmente no estaba consciente que eran una realidad.

Primero: por el cambio climático en esa región, el mes de mayo, que es el mes de las lluvias, por primera vez desde que se llevan las cifras no llovió ni un solo día. Pero hay una tradición cultural de esas comunidades indígenas, en donde hay prioridades en los alimentos. Primero, se alimenta el padre, luego la madre y luego los hijos.

Entonces los que se alimentan de último son los niños chiquitos. Yo quedé muy sorprendido. Yo no sabía ese fenómeno.

Afortunadamente lo que logramos constatar era que la información que había circulado, que teníamos en la mano, no era la pertinente; claro que tomamos acciones para que ni un solo niño tuviera problema de alimentación, ni muriera por desnutrición.

Pero son ese tipo de fenómenos los que uno encuentra a diario en esta lindísima lucha contra la pobreza. Digo ‘lindísima’ porque esa lucha es lo que lo hace a uno amanecer, todos los días, lleno de entusiasmo.

Con el músculo de muchas entidades empujando todas hacia el mismo lado, hemos hecho muchísimo. Pero yo siempre les digo a mis ministros y a mis ministras que podemos hacer mucho más.

Algunas cifras. Desde que yo llegué al poder en 2010 hasta el año pasado, redujimos de manera sostenida la pobreza multidimensional.

Comenzamos con 30,4 por ciento, la redujimos a 21,9 por ciento en cuatro años. Es decir, disminuimos en 8 y medio puntos porcentuales, que equivalen a 4 millones 400 mil colombianos que superaron la pobreza en términos multidimensionales. Familias que dieron un salto enorme en su calidad de vida.

Eso también significa que cumplimos con la meta que nos habíamos propuesto; inclusive la superamos un poquito. Una meta que nos habíamos propuesto muy ambiciosa. El objetivo era 22 por ciento en el año 2014.

Pero si hacemos ese mismo balance con el indicador tradicional, el de ingresos, el que mide la pobreza por ingresos, los resultados son inclusive mejores. En los últimos cinco años la pobreza se redujo 12 puntos y la pobreza extrema bajó 6 puntos porcentuales.

Ahí también superamos con creces la meta, porque nos habíamos propuesto que bajábamos la pobreza al 32, y resultó finalmente 28 y medio por ciento. Y eso pues es motivo de satisfacción.

Pero eso también nos indica algo que nosotros mismos entendimos desde el comienzo. La lucha contra la pobreza multidimensional, la medición de la pobreza multidimensional, es más exigente, nos obliga mucho más, pero es mucho más efectiva. Y eso es lo que creo que podemos aprender de la lección en Colombia.

Ahora bien, tan importante como disminuir la pobreza, es el crecimiento económico, teniendo en cuenta que dicho crecimiento solo tiene sentido cuando representa un beneficio para todos, pero especialmente para los más pobres.

Por eso nos empeñamos tanto en tener un manejo responsable de nuestra economía: porque sabemos que, de no hacerlo, si no creciéramos a un buen ritmo, no vamos a tener los recursos para hacer las inversiones sociales, que nos permiten focalizar en los más débiles y los más vulnerables y avanzar en equidad.

El año pasado fuimos el país de mayor crecimiento entre las economías grandes y medianas de América Latina –y este año prevemos seguir creciendo por encima del promedio regional–.

Y otra forma de crecer sanamente es crear empleos, porque hay muchas veces crecimientos que no generan empleos. Nosotros nos hemos propuesto también fomentar la creación de empleos en todas las políticas, y hemos logrado algo muy importante.

Desde 2010 hemos creado 2,7 millones de empleos, la mayoría de empleos formales. Por primera vez en Colombia los empleos formales son más que los empleos informales que se crean. Y la tasa de desempleo, llevábamos hasta el último mes 56 meses seguidos bajándola todos los meses.

El tema se vuelve un círculo virtuoso, porque si sacamos a más personas de la pobreza, ampliamos y fortalecemos la clase media que, a su vez, jalona la demanda interna y, en consecuencia, produce más crecimiento económico.

Esto es crucial: hoy Colombia –según una reciente divulgación del BID–, gracias a las políticas de superación de pobreza, tiene ahora más de la mitad de su población en la clase media, que es la que realmente más dinamiza una economía.

Por eso, entre otras estrategias, para nosotros es clave mantener altos niveles de inversión pública que generen empleo y competitividad. Ese es el caso, por ejemplo, de una inversión muy grande que estamos haciendo en este momento en infraestructura.

Y estoy seguro, convencido, de que lo haremos todavía mejor si alcanzamos algo que nos ha frenado durante tanto tiempo. Colombia ha venido luchando durante mucho tiempo con un freno que hemos tenido permanente: una guerra interna, un conflicto armado que nos ha costado muchísimo también en términos de pobreza.

Los economistas dicen que, sin conflicto, tendríamos tasas de crecimiento de entre 1 y 2 puntos adicionales cada año. O sea que el año pasado crecimos 4,7. Sin conflicto estaríamos creciendo 5,7 ó 6,7.

Pero, sobre todo, el efecto positivo de lograr la paz se concentraría en el campo, donde está concentrada la pobreza y la desigualdad. Es mayor la pobreza y desigualdad en el campo que en las ciudades.

Entonces podríamos enfocar mucho más, que ese es el propósito de nuestro esfuerzo a donde más está centrada la pobreza y la desigualdad. O sea que la paz será un gran negocio en esta lucha contra la pobreza. Porque los campesinos van a poder ser más productivos al no tener actores armados que los intimiden o que los desplacen. 

Un costo altísimo de la guerra en materia de pobreza y de productividad de la economía. Hay estudios, el último fue de la Universidad de los Andes, donde demuestra: nosotros tenemos más de seis millones de víctimas, de desplazados. Y el estudio lo que demuestra es que la familia o la persona desplazada baja su productividad enormemente, y cae en la trampa de la pobreza en los cinturones de miseria de las ciudades.

Ese es uno de los muchos flagelos, de las muchas consecuencias negativas de esta guerra. Por eso estoy empeñado en también lograr terminar esta guerra.

La paz, la equidad y la educación -los tres ejes de mi Gobierno encaminados a construir un nuevo país- están íntimamente ligados a la reducción de la pobreza.

Si seguimos mejorando las condiciones de vida de los colombianos de menos recursos, tendremos mejores posibilidades de mantenernos en el tiempo como un país pacífico y dedicarle cada vez más recursos a mejorar nuestra educación.

Por eso si consolidamos la paz y logramos la excelencia en educación, será sostenible la reducción de la pobreza y la pobreza extrema –o inclusive su total superación–.

Nos hemos puesto metas muy ambiciosas: ser el país mejor educado en el 2025. O erradicar la pobreza extrema en nuestro país de aquí a una década.

Por lo pronto, los resultados alcanzados nos llenan de entusiasmo –cuánto más hacemos, más nos anima a continuar trabajando por los que aún siguen en la pobreza, que son demasiados–.

Hoy nos reunimos, en este Tercer Encuentro de la ‘Red Global de Pobreza Multidimensional’, para compartir experiencias.

Si bien nos honra decir que, junto a México, fuimos pioneros en la creación de esta Red, nos complace muchísimo escuchar de boca suya que ahora seamos 40 países participantes –40 naciones interesadas en hacer más, mucho más, por sus ciudadanos pobres–.

Hace apenas dos semanas, Malasia y Túnez anunciaron la adopción de sus propios índices de pobreza multidimensional. Sin ir tan lejos, Chile lanzó el suyo este año. Costa Rica, Ecuador, Honduras, República Dominicana, Uruguay y la Organización de Estados del Caribe Oriental, todos están en proceso de estructurar sus índices de pobreza multidimensional. La CEPAL ya publicó un índice regional para América Latina.

De parte nuestra, tenemos a disposición de las demás naciones las lecciones que hemos aprendido. Ha sido un esfuerzo de ir ensayando aquí, ensayando allá. Hemos tenido buenos resultados, también hemos tenido fracasos, donde podemos también compartir con ustedes, a través de las experiencias del DPS –nuestro Departamento Administrativo para la Prosperidad Social– o de otras entidades, la entidad encargada de las estadísticas, el DANE –nuestro Departamento Nacional de Estadística–.

El año pasado, por ejemplo, representantes de varios países de Latinoamérica vinieron a Colombia –con el apoyo de la OEA–, para conocer el trabajo del DPS, que creamos en este gobierno para hacer de nuestra política social una política más efectiva.

Así mismo, funcionarios nuestros han ido hasta China para compartir sus aprendizajes.

Y en estos días –en el marco de este encuentro– nuestra Agencia de Cooperación Internacional tendrá reuniones con muchos países para ver cómo podemos generar sinergias y seguir trabajando en esa causa tan linda que es la lucha contra la pobreza.

Estaremos especialmente atentos a las conclusiones de estas citas, para seguir avanzando en el fortalecimiento de esta Red y de sus lazos de cooperación.

Es muy diciente lo que, en el marco de la Red, estamos haciendo con la ONU: junto a México –entre otras naciones aquí representadas–, hemos participado activamente para que en los Objetivos de Desarrollo Sostenible se entienda la pobreza como multidimensional –y no como tradicionalmente se venía comprendiendo–.

El siguiente paso es que en la ONU adoptemos un índice que nos cobije a todos y que nos comprometa a cumplir con dichos Objetivos –que por supuesto serán más exigentes–.

Nuestra embajadora ante las Naciones Unidas ha liderado una serie de conversaciones con los representantes de otras naciones para explicarles la importancia de adoptar este Índice de Pobreza Multidimensional y aplicarlo en la ejecución de políticas públicas.

Esperamos que se tome una decisión al respecto en la “Conferencia Internacional sobre Financiamiento para el Desarrollo” –que tendrá lugar en julio, en Etiopía–.

Para finalizar, solo quiero reafirmar unas palabras que les compartí hace dos años, en el lanzamiento de esta Red.

Allá, en Oxford, dije que resultaba inspirador que un grupo de líderes se reunieran con el propósito de mejorar la vida de millones de personas en el mundo –algo que, como líderes, es tal vez nuestra responsabilidad más relevante–.

Hoy, al ver que somos cada vez más –al ver que se han animado otros líderes y naciones a sumarse a esta iniciativa– estamos más comprometidos que nunca.

Y no solo estamos comprometidos con Colombia, sino también con aquellas naciones que comparten este deseo –esta obsesión que yo tengo en lo personal– de sacar de la pobreza a millones de seres humanos que necesitan una mano.

“Una sociedad que no privilegia a los más débiles está condenada al caos”, decía sor Teresa de Calcuta.

Permítanme concluir dando un giro a esta frase:

Una sociedad que privilegia y cuida a los más débiles, para fortalecerlos y sacarlos de su condición, está destinada al progreso y a la felicidad.

Muchas gracias.