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 Palabras del Presidente de la República, Juan Manuel Santos, durante la ceremonia de ascensos del Ejército Nacional

 Bogotá, 3 jun (SIG).

Una vez más nos encontramos en este recinto, en este campo de paradas, para ascender a unos compatriotas, colombianos y colombianas, al grado de subtenientes. Ingresan a hacer parte de los oficiales de nuestro Ejército.

Quiero, en primer lugar, felicitarlos a ustedes. Sé del trabajo que han tenido que hacer, todo lo que han logrado aprender, esa disciplina, esos principios, esos valores que esta Escuela Militar les ha inculcado.

Sé que el solo hecho de graduarse ya dice muchísimo de todos y cada uno de ustedes. Los felicito de corazón, porque a partir de hoy hacen parte de un grupo de colombianos privilegiados que pueden decir con orgullo: ‘Soy oficial del Ejército de Colombia’.

Y quiero felicitar también muy especialmente a sus familias. Muy importante el acompañamiento de las familias en las carreras militares. Les preguntaba a todos los nuevos subtenientes a quienes les entregué el diploma si sus familias estaban aquí. Todos, sin excepción, me dijeron: ‘Sí, aquí están’.

¡Qué bueno! Muchas gracias a las familias porque este aporte que ustedes también hacen a la patria, a Colombia, es un aporte invaluable. Sigan apoyando a sus hijos, a sus familiares, porque ese apoyo es muy, muy importante en la carrera de cualquier militar.

Quiero también felicitar al primer puesto (Christian Camilo Ibagué Burgos) y a sus padres, porque es un ejemplo de un buen oficial, su esfuerzo durante estos cuatro años, sus comportamientos destacados.

Me dicen inclusive que es campeón nacional de natación, pero también se distingue en la parte académica, pero también se distingue en la disciplina militar. Sus padres están aquí con nosotros, deben estar llenos de orgullo, los felicito por ese hijo, como felicito a todos los familiares por sus hijos y por sus hijas.

El curso de hoy tiene el nombre del mayor general Hernando Hurtado Vallejo. El general Hurtado murió el año pasado a los 84 años, pero tiene una especial significación en la historia militar y en la historia de Colombia.

Él fue quien, siendo coronel, lideró la Operación Anorí contra el Eln, que comenzó en el año 1973 y terminó en el año 1975. Una operación desde el punto de vista militar impecable, que ha dejado pensando al país y lo ha dejado discutiendo a través de todos estos años.

Desde el punto de vista de la historia militar, no hay lugar a dudas que fue un error haber parado esa operación; hoy no estaríamos tratando de buscar la paz con el Eln.

Desde el punto de vista político, la discusión continúa. Recuerdo mis conversaciones largas con el general Valencia Tovar, gran amigo, gran general, gran historiador, cuando me explicaba, desde el punto de vista militar, por qué fue un error el haber detenido esa operación.

También recuerdo discusiones interminables con el expresidente (Alfonso) López Michelsen, quien hasta el último día defendió, desde su perspectiva, esa decisión, diciendo que, en esas circunstancias, era lo correcto.

Son esos avatares, esos dilemas, que confrontamos a diario los jefes de Estado en nuestra calidad de presidentes de la República y al mismo tiempo de jefes supremos de las Fuerzas Militares.

Hoy condecoramos también por sus servicios durante 35 años a tres generales de la República: los generales Jaime Alfonso Lasprilla Villamizar, Ernesto Maldonado Guarnizo y Juan Gilberto Valencia Hurtado. Hace 35 años, aquí mismo, como ustedes, queridos subtenientes, queridas subtenientes, ellos se graduaron de oficiales.

Treinta y cinco años. Nos lleva a 1980. Esa época Colombia, lo recordábamos ayer, en una gran conferencia de todos los encargados de la lucha contra las drogas en Cartagena, en esa época Colombia se encontraba prácticamente doblegada frente a las ‘todapoderosas’ mafias del narcotráfico.

En todas las revistas, en todos los periódicos del mundo, decían cómo las mafias del narcotráfico, el cartel de Medellín, el cartel de Cali, eran invencibles, todopoderosas. Esa era la época en que se graduaron estos generales de subtenientes. Veinte años después, año 2000, los generales Lasprilla, Maldonado y Valencia y sus compañeros habían logrado llegar a ser tenientes coroneles, después de una lucha muy dura, todos esos años fueron muy duros.

El presupuesto colombiano y el presupuesto de las Fuerzas Armadas era exiguo, muy pequeño, y con las uñas seguían tratando de cumplir con su deber. Siempre con esos principios, esos valores, ese coraje que adquirieron aquí en esta Escuela.

En ese año 2000, el país estaba a punto de ser declarado por los académicos el mundo como un Estado fallido, un Estado donde el Estado colombiano no tenía el control sobre el territorio, donde los paramilitares hacían de las suyas en una tercera parte del país, donde la guerrilla hacía de las suyas en otra tercera parte del país, y el Estado colombiano defendía su tercera parte.

Fue en ese momento cuando iniciamos el fortalecimiento de nuestras Fuerzas Militares. Fue en ese momento cuando decidimos que, con o sin Caguán, nuestras Fuerzas Militares debían ser fortalecidas, porque de otra forma no tendríamos futuro.

Y dimos los primeros pasos. Yo era Ministro de Hacienda. El actual Ministro de Defensa era mi secretario privado. Y nos sentamos con el General Mora, en ese entonces Comandante del Ejército; con el general Tapias, en ese entonces Comandante General de las Fuerzas Militares.

Y les dijimos, con el entonces Ministro de Defensa, Luis Fernando Ramírez: vamos a hacer un gran esfuerzo. Porque a pesar de la crisis económica estábamos viviendo la peor crisis económica de los últimos 100 años de Colombia. A pesar de esta crisis tenemos la obligación de iniciar un proceso de fortalecimiento de nuestras Fuerzas Armadas y por eso tenemos que comenzar a priorizar, a escoger, dónde comenzamos ese fortalecimiento.

Ahí se inició un proceso, un proceso que continuó durante todos estos años y que fue reforzado, y de qué forma, en el año 86, con el Impuesto al Patrimonio, que los empresarios colombianos con gusto pagaron para fortalecer nuestras Fuerzas. Y fuimos fortaleciendo las Fuerzas y las Fuerzas fueron respondiendo con resultados, nuevamente aplicando lo que aquí aprendieron, lo que aprendieron en todas las escuelas de formación nuestros soldados de tierra, mar y aire.

Y de ese Estado fallido, cuando el general Lasprilla era teniente coronel, hoy, 35 años desde que se graduó, pero 15 años luego de ser teniente coronel, hoy es el Comandante del Ejército, en un país que el mundo entero, como lo hicieron ayer, señala como un ejemplo de una democracia fulgurante, operativa, eficaz, a pesar de que seguimos en guerra.

Ayer lo decía el Embajador norteamericano y los que intervinieron en esta gran cumbre contra las drogas: Colombia nos ha dado un ejemplo de eficacia, de valor, de coraje, de determinación.

Y, a renglón seguido, fuimos a un evento organizado por varias organizaciones internacionales: Naciones Unidas y el Centro de Desarrollo Humano de la Universidad de Oxford, donde ahí también señalaron a Colombia como un ejemplo en el mundo entero por su política social, en sus resultados en la lucha contra la pobreza y la pobreza extrema.

Y ayer mismo viajó el Ministro de Hacienda a la Cumbre Ministerial de la OCDE, en donde lo invitaron a exponer cómo es que Colombia ha logrado colocarse como cabeza de serie, no precisamente en el fútbol, sino cabeza de serie en crecimiento económico, en generación de empleo, en atraer inversión, en crecer la clase media, porque somos ejemplo en el mundo a pesar de que muchos aquí no lo quieren creer, pero el mundo sí nos lo reconoce.

Pero ese esfuerzo, esos resultados, de pasar de ser un Estado prácticamente fallido a ser una democracia operante, con resultados ejemplares, se debe en muy buena parte al esfuerzo de nuestros soldados de tierra, mar y aire, de nuestros oficiales que salieron de esta Escuela.

Ha sido el trabajo, el sacrificio, la sangre, las vidas de nuestras Fuerzas Armadas, las que han generado las condiciones de confianza que hoy nos permiten a los colombianos mirar el futuro con mucho más optimismo. Por eso la deuda de gratitud del pueblo colombiano con nuestras Fuerzas Armadas, con nuestro Ejército, es infinita y nunca tendremos cómo pagarla.

Poco a poco iremos pagando esa deuda a través de todos los programas de bienestar que hemos venido promocionando y poniendo en marcha con el presupuesto nacional. Poco a poco iremos pagando esa deuda. Pero mientras tanto nuestras Fuerzas deben seguir cumpliendo con su deber, aplicando esos mismos principios, porque los principios y los valores no cambian, son permanentes. Esas virtudes que tienen nuestros oficiales y nuestros miembros de las Fuerzas Armadas.

Seguiremos defendiendo la seguridad de nuestros compatriotas, la soberanía de nuestra nación. Puede que las circunstancias cambien. Yo veía a estos subtenientes que pertenecían a diferentes Fuerzas que hace poco no existían: la Fuerza de Inteligencia, la Fuerza de Comunicaciones. Antes eran simplemente Caballería, Artillería, Infantería, luego vino la Aviación. El día de mañana tendremos una Fuerza Cibernética, porque el mundo está cambiando, pero los principios se mantienen los mismos.

Y el papel de las Fuerzas Militares, de las Fuerzas Armadas, también se mantendrá en primera línea en nuestro desarrollo y en nuestra democracia.

El primer puesto de los subtenientes que hoy se gradúan, pertenece, por ejemplo, a la Fuerza de Ingeniería. Esa Fuerza va tomar, valga la redundancia, mucho más fuerza en el futuro, porque hacia el futuro el Ejército tendrá un papel cada vez más importante, por ejemplo, en la construcción de nuestra infraestructura.

Nuestros batallones de ingenieros, que han hecho ya una labor extraordinaria, seguirán haciendo una labor muy importante. Este es un país todavía por construir en áreas muy remotas, donde solamente pueden llegar las Fuerzas Militares con sus equipos, con sus batallones. Las Fuerzas Militares seguirán cumpliendo un deber fundamental.

Y si ese fortalecimiento que iniciamos en el año 2000, que hoy, y óigase bien, porque esto es una realidad, que hoy han colocado a nuestro Ejército, a nuestra Armada, a nuestra Fuerza Aérea y a nuestra Policía como las mejores Fuerzas Armadas de toda nuestra historia, por su equipo, por su capital humano, por sus resultados, eso no lo vamos a echar por la borda, ni más faltaba, y mucho menos quien ha participado con pasión y con convencimiento en este proceso.

Todo lo contrario, el futuro de las Fuerzas será cada vez mejor, y si paramos esta guerra, será todavía mejor. Porque en lugar de irse a pelear a las selvas de Colombia, podrán tener más capacitación, más estudios. Hoy ya el número de oficiales de nuestras Fuerzas Armadas que están estudiando en el exterior, llegó a un número que jamás habíamos visto. ¿Porque? Porque queremos la excelencia académica en todas nuestras Fuerzas Armadas. Y así seguiremos.

Y una persona que ha sido copartícipe, que ha puesto también su empeño, su pasión, su corazón en este proceso de mejoramiento continuo, que hoy nos permite decir con orgullo: ‘Somos el mejor Ejército que ha tenido Colombia en toda su historia, somos la mejor Armada, la mejor Fuerza Aérea, la mejor Policía’, ha sido su hoy Ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón.

Esta es tal vez la última ceremonia de ascensos de subtenientes a la que él asiste como Ministro de Defensa. Y estoy seguro, porque es que él creció aquí, su padre fue militar, su señora, hijos de oficiales del Ejército también, estoy seguro de que interpreto a todos los aquí presentes y los no presentes, en agradecerle a Juan Carlos Pinzón el trabajo que ha hecho, como Ministro de Defensa, como Viceministro y desde la época de Secretario Privado en el Ministerio de Hacienda, a favor de nuestras Fuerzas Armadas de Colombia.

De manera, queridos y queridas subtenientes, entran ustedes a ser parte de ese grupo privilegiado de oficiales del Ejército. Porten ese uniforme con honor, ese honor que aquí han adquirido, ese honor militar que nunca se olvida.

Están ustedes iniciando su carrera militar, en un punto de inflexión de nuestra historia. Estoy seguro de que ustedes, el día de mañana, así como sus padres se sienten muy orgullosos, estoy seguro de que todos se sienten muy orgullosos de verlos ahí formados, iniciando su carrera militar, el día de mañana espero que ustedes les puedan decir a sus hijos, a sus hijas: ‘Yo fui oficial de Ejército de Colombia en un momento determinante de la historia de mi país, y contribuí, y de qué manera, a mejorar su futuro, el futuro de sus hijos, de mis hijos y de nuestros nietos y de sus hijos también’.

Les deseo lo mejor. Sé que si se graduaron, es porque tienen lo mejor. Aprovéchenlo. Y de nuevo muchas gracias. Ese servicio a la patria no tiene cómo pagarse. Pero la forma mejor de hacerlo es tener esa inmensa satisfacción del deber cumplido. Muchas gracias.