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 Palabras del Presidente Juan Manuel Santos, en la VII Conferencia Italia-América Latina y el Caribe

 Milán, Italia, 12 jun (SIG).

Hace casi 523 años un italiano, un visionario, cruzó el océano Atlántico –que entonces se creía un mar sin fin– y llegó, sin saberlo, a un nuevo mundo.

Ese mundo que encontró Colón se llamó América, en homenaje a otro compatriota suyo, Américo Vespucio, cosmógrafo y cartógrafo.

Vespucio fue uno de los primeros en idear la forma de calcular la longitud en una coordenada geográfica, algo que al parecer descubrió atracado frente al Cabo de la Vela, en la península de La Guajira, hoy Colombia.

Desde entonces –hace más de 5 siglos– las historias de Italia y de América han estado entrelazadas.

Por eso me siento muy complacido al estar en esta Séptima Conferencia Italia – América Latina y el Caribe, y agradezco su organización al Gobierno italiano y al Instituto Ítalo-Latinoamericano.

Y celebro que se realice en esta hermosa y pujante ciudad de Milán, corazón de la economía italiana, capital de la moda y del diseño, y hoy anfitriona de la maravillosa Expo Milán en la que participan 140 países, incluida Colombia.

Expo Milán ha escogido una temática que no puede ser más acertada: “Alimentar el planeta, energía para la vida”.

Y digo que es acertada porque la humanidad, aun en medio de grandes avances tecnológicos, se enfrenta a retos fundamentales como son la seguridad alimentaria y la sostenibilidad del planeta.

América Latina y el Caribe no tienen una participación significativa en la emisión de gases de efecto invernadero, pero sí somos una región vulnerable, y no podemos permanecer indiferentes.

Lo digo por experiencia propia. Cuando asumí la primera presidencia –en el año 2010– me tocó enfrentar el peor desastre natural que ha sufrido Colombia en toda su historia, producto del cambio climático.

Por eso venimos de Bruselas, de una cumbre entre la Unión Europea y nuestra región, donde entre otras cosas ha quedado establecida la importancia de llevar una voz fuerte y unida a la Cumbre de París de este año.

Un resultado efectivo en este campo nunca será posible si solo se realizan acciones parciales por parte de algunos países.

Por eso no podemos continuar postergando las decisiones difíciles.

Debemos tomar conciencia y asumir los costos para preservar el planeta.

Todos tenemos que hacer compromisos de reducción de gases de efecto invernadero, y todos debemos cooperar para mejorar las tecnologías de producción y consumo en general.

No podemos seguir esgrimiendo excusas y postergando decisiones que tarde o temprano tenemos que tomar. Lo que muchos parecen no ver es que se trata, ni más ni menos, de la supervivencia de las futuras generaciones.

En cuanto a la seguridad alimentaria, es bueno poder decir que Colombia –de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, cuya sede es precisamente en Italia– es considerada como uno de los 7 de países del mundo con más potencial para expandir su frontera agrícola.

En un mundo necesitado de alimentos.

Y yo les preguntaba a mis colegas, jefes de Estado de Europa, América Latina y el Caribe, ahora en Bruselas, por qué creen que China está visitando con tanta frecuencia a América Latina.

El año pasado estuvo en Brasil el señor Presidente de la China (Ji Xinping) y el propio Primer Ministro (Li Keqiang) estuvo el mes pasado en Brasil y Chile, en Perú y en Colombia.

Una pregunta que tiene respuesta, entre otros sectores aquí, en el de alimentos. Y  Colombia está lista para volcarse al campo, para incrementar los proyectos agrícolas y agroindustriales, para mejorar las vías que saquen nuestros productos a los puertos, y lo estamos haciendo.

Y para ser más exitosos en esta tarea, necesitamos terminar un anacrónico conflicto interno armado de más de 50 años que es –hoy por hoy– el último, el más viejo y ha sido el más cruel de todo el continente americano.

Como ustedes saben, adelantamos desde hace casi 3 años un proceso de negociación en La Habana –con la ayuda de nuestros amigos cubanos, que agradecemos mucho– entre el Gobierno y la guerrilla de las FARC, que en medio de la guerra ha avanzado más que ningún otro intento que se haya realizado, y que esperamos nos pueda llevar pronto a la paz.

Si Colombia ha logrado tantos avances sociales y económicos en medio de este conflicto.

Y quiero referirme brevemente a esos avances económicos y sociales.

Colombia fue el país de América Latina y el Caribe –con economía media o grande–, que creció más el año pasado.

Nuestra querida Presidenta de la CEPAL (Alicia Bárcena) me corregirá que si no fuimos o somos el país que en los últimos cuatro años ha sacado más gente de la pobreza y la pobreza extrema, y ha generado –en términos relativos– más empleos, y empleo formal, de toda la región.

Y si hemos logrado eso en medio del conflicto,  imagínense ustedes lo que podríamos hacer si conflicto, que ha estado como una mula muerta frenando nuestro desarrollo, lo podemos superar.

Para darles solamente un indicador de los beneficios de la paz para Colombia, el promedio de los estudios que han hecho las universidades, los tanques de pensamiento, sobre el efecto positivo en la economía, el promedio es que Colombia crecería entre 1 y medio y 2 por ciento adicional –de por vida– si logramos terminar ese conflicto.

Por eso quiero agradecer muy especialmente el apoyo de Italia al proceso que estamos adelantando.

Y me preguntaban hace algunos días que cuál era el modelo económico y social que Colombia había adoptado para lograr esos objetivos.

Yo decía que un modelo en el que cree Matteo Renzi (Presidente del Consejo de Ministros de Italia) también en forma muy clara, que se define: el mercado hasta donde sea posible, el Estado hasta donde sea necesario, un modelo pragmático. Si a través de la historia ha producido los mejores resultados en los países que lo han venido aplicando.

Y queremos agradecer también toda su disposición de apoyarnos en la etapa de posconflicto a través del Fondo Fiduciario para la Paz que se ha planteado crear a través de los mecanismos de cooperación de la Unión Europea.

Uno de los temas en que Italia puede contribuir más con Colombia en un eventual posconflicto es en el de las cooperativas agrícolas, que aquí se han implementado con tanto éxito, y que pueden ser un mecanismo ideal para sembrar progreso y reconciliación en el campo colombiano.

Sin duda, las oportunidades de comercio e inversión entre Italia y Colombia, entre Europa y América Latina, son muchas, y podemos potenciarlas aún más.

En el último año las exportaciones de Colombia a Italia se duplicaron tanto que la inversión italiana creció 7 veces en tan solo un año.

Hace poco recibimos la visita de un grupo de 80 empresarios italianos, encabezado por Carlo Calenda, el viceministro de Desarrollo Económico. Yo estuve con ellos, sé que quedaron bien impresionados con la estabilidad de la economía, sobre todo por las oportunidades que vieron en nuestro país y que pueden ver en toda América Latina. Y con el ambiente que en mi país tiene la inversión extranjera; allá la protegemos y la estimulamos.

También empresarios de América Latina y muchos colombianos, han venido en misiones empresariales, organizadas por el IILA por todo el territorio italiano. Y estos regresan a sus países, a Colombia, muy bien impresionados pero sobre todo muy motivados.

El apoyo a las PYMEs que están trabajando en los sectores mencionados es fundamental para lograr un crecimiento económico estable. Ahí hay un sector donde la colaboración Italia–América Latina, Italia–Colombia, tiene un enorme, enorme potencial.

En el caso colombiano, las PYMES representan el 90 o más por ciento del empleo y la producción.

Esperamos muy pronto poder compartir esta positiva realidad con usted, Primer Ministro (Matteo Renzi), cuando nos visite pronto en Bogotá.

Quiero mencionar muy especialmente un mecanismo joven que venimos ahorrando con nuestros socios México, de Chile y de Perú: la Alianza del Pacífico, donde Italia es uno de los primeros observadores.

Ya tenemos 35 observadores y mucho interés en todas las regiones del mundo.

Lo que buscamos con esta alianza es una integración más profunda en lo económico y comercial, para mejorar nuestra competitividad, y para mejorar nuestras oportunidades de crecimiento.

Estamos convencidos de que debemos tener sociedades más justas, lograr mayor equidad, disminuir más la pobreza, mejorar –mínimo, ahí está un (pilar) muy, muy importante, la educación. Y en la Alianza del Pacífico tenemos una visión común para lograr estos objetivos.

El intercambio entre nuestros países se ha fortalecido y también el intercambio con la Unión Europea. México y Chile ya tienen acuerdos comerciales. Pero en Colombia negociaron –y ya está en marcha– un acuerdo comercial con Europa.

O sea que los cuatro países de la Alianza tenemos un tratado de libre comercio con Europa y esperamos que eso nos aumente cada día más las oportunidades mutuas de aquí para allá y de allá para acá.

Sea el momento, también, para agradecerles a Italia y a su gobierno por su apoyo para algo muy importante para los colombianos, también para los peruanos: la exención de visados a los ciudadanos colombianos para su ingreso en el espacio Schengen.

Firmamos los acuerdos hace dos días en Bruselas, un paso muy importante. En pocos meses y seguramente para las navidades, muchos más colombianos van a poder venir a disfrutar de las maravillas turísticas, culturales, gastronómicas y artísticas de esta querida nación italiana que es tan grato recorrer.

Y debo decir –para concluir– que me alegra mucho que la cooperación y la amistad siempre crecientes entre Italia y Colombia, se vean reflejadas también en el mundo del deporte.

El año pasado nuestro ciclista Nairo Quintana se llevó la camiseta rosada del Giro de Italia, seguido en el podio por otro colombiano: Rigoberto Urán.

Y nos da un gran orgullo tener a grandes futbolistas nuestros participando en el “calcio italiano”.

Es el caso de Freddy Guarín –y pronto de Jeison Murillo– en el Inter de Milán; de Luis Fernando Muriel en la Sampdoria, y de Camilo Zúñiga en el Nápoli.

Ellos son ejemplo del talento colombiano, del empuje colombiano y representan –con su disciplina, su esfuerzo y su capacidad– a una nación de 48 millones de habitantes que nos sentimos cada vez más amigos y más cercanos a Italia.

Mis agradecimientos por esta oportunidad, y a Italia por su compromiso de convertirse en adalid de las relaciones entre la Unión Europea y América Latina y el Caribe.

Muchas gracias.