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 Palabras del Presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, en la conferencia de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO)

 Roma, 13 jun (SIG).

Antes que nada quiero decirles que me siento muy complacido de estar en la conferencia de esta Organización tan importante para el desarrollo y bienestar de la humanidad, y de tener la oportunidad de dirigirme a ustedes en nombre del pueblo colombiano.

Colombia es un país rural. El campo colombiano ha crecido a una tasa superior al 2,5 por ciento en los últimos 4 años y su participación sectorial en el Producto Interno Bruto nacional se acercó al 7 por ciento el año pasado, lo que demuestra que la agricultura es motor de crecimiento económico del país.

Hoy continuamos trabajando en la lucha contra el hambre, el equilibrio en las regiones, el desarrollo de sistemas de agricultura inteligente con capacidad de adaptación al cambio climático, en la inclusión social, y en el fortalecimiento de la democracia y la seguridad desde los territorios.

Este panorama –sumado a la importancia que tiene hoy la discusión de la sostenibilidad alimentaria en el mundo, que se tradujo en la declaración del 2014 como el Año Internacional de la Agricultura Familiar por parte de la ONU– nos invita a convocar  un diálogo amplio e incluyente.

Un diálogo que lleve al diseño e implementación de un modelo de desarrollo del campo y sus habitantes basado en tres pilares fundamentales: el diálogo social, el desarrollo rural y el desarrollo agropecuario que permita elevar la calidad de vida de los campesinos.

En Colombia estamos avanzando en estos tres pilares.

Con el diálogo social buscamos mantener una comunicación fluida, permanente y sincera con todos los actores de nuestro sector rural: campesinos y empresarios del campo; mujeres, jóvenes y comunidades étnicas, entre otros, pues así reconocemos nuestras debilidades y construimos juntos las condiciones para atender la demanda y superar cualquier dificultad.

En lo que respecta al aspecto del desarrollo rural, venimos desarrollando una infraestructura apropiada para que los trabajadores agrarios y empresarios del campo puedan desarrollar sus actividades.

En esta dirección, avanzamos en programas de formalización de tierras, de empleo rural, de vivienda rural, de acceso al agua y fortalecimiento de distritos de riego, de educación y de prácticas agrícolas sostenible, entre otros.

Este es un aspecto tan importante que en los diálogos de paz que adelantamos con la guerrilla de las FARC en La Habana incluimos –como uno de los puntos de la Agenda– el Desarrollo Rural Integral, y de hecho ya logramos un acuerdo de fondo sobre ese punto.

Ese acuerdo implicará la creación de un Fondo de Tierras para campesinos sin tierra o con muy poca tierra, alimentado en parte por predios adquiridos ilegalmente; la creación de una nueva jurisdicción agraria para proteger la propiedad rural; la creación de incentivos para el buen uso de la tierra; programas de desarrollo integral para los territorios más afectados por el conflicto, y programas de seguridad alimentaria y servicios rurales.

No se está negociando la propiedad de la tierra ni nuestro modelo económico.

Sin duda, para el campo colombiano –y para la seguridad alimentaria mundial– la terminación del único conflicto armado y el más viejo que subsiste en todo el Continente es una gran oportunidad.

Lo es también para el medio ambiente y la lucha contra el cambio climático que tanto daño le hace a la producción alimentaria ¿Por qué? Porque la guerrilla, las Farc, han sido durante muchos años responsables por lo que hemos denominado un verdadero ecocidio.

Ellos protegen la producción de la hoja de coca, el narcotráfico. Y esa producción de hoja de coca lo que ha hecho es devastar miles y miles de hectáreas de nuestros bosques tropicales, de nuestras selvas, produciendo así y fortaleciendo y alimentando el cambio climático.

También con sus ataques terroristas e irracionales, como los que hicieron hace un par de días, en donde, en un acto que nadie entiende su lógica, paran 200 tractomulas que transportaban petróleo y las obligan a derramar el petróleo ahí en el sitio, petróleo que inmediatamente va, busca las quebradas, los ríos y contamina para siempre las aguas del mundo.

Por eso decimos que la paz en Colombia tiene un altísimo dividendo ambiental. Y esperamos que ese dividendo se pueda dar.

Si Colombia ha logrado tantos avances sociales y económicos en medio de este conflicto, ¡imagínense lo que podríamos hacer si lo sacamos del camino!

Por eso he agradecido, en los diversos escenarios en que he intervenido en esta semana de visita a Europa, la disposición de los países europeos de apoyarnos en la etapa de posconflicto a través del Fondo Fiduciario para la Paz que se ha planteado crear a través de los mecanismos de cooperación de la Unión Europea.

Y le agradezco muchísimo al señor Director General (José Graziano da Silva) sus palabras de apoyo por parte de la FAO a nuestro proceso de paz. La FAO puede jugar y debe jugar un papel muy importante en el desarrollo del posconflicto, porque, como usted bien lo ha mencionado y me ha citado, la paz comienza en el campo,  porque ahí está concentrado el conflicto colombiano.

Uno de los temas en que Italia –nuestro país anfitrión– puede contribuir más con Colombia en un eventual posconflicto es en el de las cooperativas agrícolas, que aquí se han implementado con tanto éxito, y que pueden ser un mecanismo ideal para sembrar progreso y reconciliación en el campo colombiano.

Y paso al tercer pilar, que es el de desarrollo agropecuario.

La FAO ha identificado a Colombia como uno de los  países que  serán la  futura despensa de alimentos para el mundo, algo que nos complace pero que implica también una importante responsabilidad.

Para cumplir con este papel determinante en la alimentación del planeta –como ya dije– estamos trabajando para terminar el conflicto que afecta principalmente nuestras zonas rurales.

Y será bienvenida toda la cooperación posible de los organismos internacionales, comenzando por la FAO.

A nivel nacional, estamos empeñados en hacer más competitivo nuestro campo con líneas de crédito específicas para las cadenas productivas, garantizando la calidad sanitaria y de inocuidad requeridas por los mercados, e impulsando la asistencia técnica y la investigación.

Algo muy importante: estamos realizando toda una revolución de la infraestructura de transporte –la más grande inversión en vías de nuestra historia– que facilitará la movilización de nuestros productos de los centros de producción a los puertos.

Los tres pilares mencionados son complementarios y son la plataforma para que las regiones afectadas por el conflicto puedan alcanzar su verdadero potencial productivo.

Otro aspecto en que trabajamos es en la erradicación de cultivos ilícitos utilizados para la producción de drogas, y su sustitución por cultivos legales.

En Colombia se ha reducido sustancialmente el número de hectáreas cultivadas de coca, pero tenemos todavía una larga tarea por delante.

Recientemente decidimos suspender la aspersión aérea de los cultivos ilícitos con el herbicida glifosato, atendiendo una recomendación de la Organización Mundial de la Salud y dando cumplimiento a una sentencia de nuestra Corte Constitucional. Y hay que aclarar que éramos el único país que asperjaba el glifosato para combatir los cultivos de droga.

Esto no significa, en absoluto, una claudicación frente a la siembra de estos cultivos, sino un cambio de énfasis.

Ahora vamos a incrementar aún más la erradicación manual y –sobre todo– estamos poniendo en marcha una estrategia mucho más efectiva de sustitución de cultivos que no solo ofrezca una alternativa productiva a los campesinos que dejen de sembrar coca, sino que garantice mejores condiciones de vida a las comunidades, con una mayor presencia estatal.

También avanzamos en el desminado de las zonas rurales, pues las minas antipersona sembradas por la guerrilla son un factor de riesgo que ha afectado la producción en varias zonas del país.

Dentro del proceso de paz ya se pactó –con el apoyo de una organización noruega– un programa piloto de desminado que es único en el mundo, pues los mismos guerrilleros que sembraron las minas están colaborando con el Ejército para detectarlas y neutralizarlas.

Este programa ya empezó en una vereda llamada El Orejón, en el municipio de Briceño del departamento de Antioquia. Y es un lugar muy simbólico pues allá hay más minas sembradas que población, así que pueden imaginarse la trascendencia de adelantar este trabajo.

En estos lugares del país donde haremos más efectiva la sustitución de cultivos y el desminado, se debe llegar rápidamente con proyectos productivos para las comunidades. Y aquí el apoyo de la FAO va a ser fundamental.

Colombia, por otra parte, tiene una enorme frontera agrícola sin explorar y con las mejores condiciones para recibir inversión, y esperamos atraerla para incrementar la oferta de alimentos al mundo.

En nuestro país contamos con 22 millones de hectáreas con potencial de desarrollo agrícola, de las cuales solo algo más de 5 millones están cultivadas.

En el Congreso de la República se está discutiendo en este momento un proyecto de ley para incentivar el desarrollo de proyectos productivos asociativos en zonas estratégicas del país.

Una de las regiones con mayor potencial agrícola es la región de La Altillanura, territorio al oriente del país con 3,2 millones de hectáreas con potencial de aprovechamiento en el desarrollo productivo,  en donde hay lugar para todos: para el desarrollo de una agricultura familiar, de economías campesinas y de la agroindustria.

Estamos trabajando para dinamizar y posibilitar los proyectos productivos en esta región.

En relación con la inversión para el desarrollo rural y la eliminación de la pobreza rural, Colombia ha hecho grandes esfuerzos por consolidar una política de inversión en el campo conducente a mejorar las condiciones de vida de los habitantes.

Desde el año 2010, cuando tomé posesión del gobierno, venimos aumentando el presupuesto de inversión en el sector agropecuario. De hecho el año pasado fue un 50 por ciento mayor que el año inmediatamente anterior.

Y todo esto sigue reflejando en la disminución de la pobreza. Nuestra visión para el país es el de una Colombia en paz, mejor educada y con más equidad.

Pero para lograr más equidad, para poder luchar contra la pobreza y la pobreza extrema, es indispensable mejorar las condiciones del campo, donde precisamente están concentradas más la desigualdad y la pobreza.

Y eso es lo que hemos venido haciendo. Y por eso hemos obtenido unos resultados bastantes positivos aunque nos falta mucho camino por recorrer.

En los últimos cinco años hemos logrado disminuir la pobreza en Colombia 12 puntos porcentuales, sacando 4.4 millones de colombianos de la pobreza. Eso nunca lo habíamos logrado y somos el país de toda la región que más ha logrado disminuir la pobreza en este pedido de tiempo. Lo mismo con la pobreza extrema.

Y nuestro objetivo es erradicar totalmente la pobreza extrema del país en el año 2025. Y para eso también necesitamos la ayuda de la FAO.

Finalizo reiterando la adhesión de Colombia al Preámbulo de la Constitución de la FAO, que reconoce que el objetivo final de la organización es el de asegurar a la humanidad el derecho a estar protegida contra el hambre y contribuir así a la expansión de la economía mundial.

En un mundo necesitado de alimentos, Colombia está lista para volcarse al campo, para incrementar los proyectos agrícolas y agroindustriales, para mejorar las vías que saquen nuestros productos a los mercados, y para proveer de los mejores frutos de la tierra a la comunidad internacional.

Muchas gracias.