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 Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en la clausura de la 50ª Convención Bancaria

 Cartagena, 19 jun (SIG).

¡Qué alegría estar de nuevo en Cartagena con los banqueros de Colombia, y mucho más hoy cuando se clausura la Convención Bancaria número 50!

Ya he perdido la cuenta de cuántas veces los he acompañado de esas 50 ediciones… como Ministro de Comercio, por supuesto como Ministro de Hacienda, también en alguna ocasión como Ministro de Defensa, y ahora como Presidente.

¿Y qué he visto siempre en esta Convención? He visto a un gremio sólido, comprometido con el país, serio, que ha sorteado las más difíciles crisis y siempre ha salido fortalecido.

Colombia, hoy, puede preciarse de tener uno de los sectores financieros más consolidados y firmes de la región y del mundo.

Aprendimos las lecciones de las diversas crisis financieras, e hicimos la tarea… Por eso hoy tenemos una banca moderna, una banca con fuertes cimientos, una banca creciendo…

Yo mismo, como Ministro de Hacienda, hace 15 años trabajé con ustedes para recuperar el sector financiero y la economía, recuperarlos de su mayor crisis en más de siete décadas, y lo logramos

Hicimos reformas profundas y serias, y sembramos las semillas que ahora estamos cosechando. Muchos de ustedes, doctor Luis Carlos (Sarmiento), doctor José Alejo (Cortés, expresidente del Grupo Bolívar), doctor Jorge Londoño (expresidente de Bancolombia y de la junta de Colombia Humanitaria), tantas caras conocidas, recordarán esos tiempos difíciles, pero tiempo que nos fortalecieron a todos.

Y me complace, apreciado Santiago, verlo ahora conducir los destinos de este querido gremio. Usted estaba en ese momento en la Cámara de Representantes apoyando muchas de estas reformas que fortalecieron el sector financiero. Los banqueros, sin duda, acertaron en su designación.

Y otro inmenso motivo de satisfacción es haber entregado hoy la distinción que merecidamente le ha concedido Asobancaria a ese decano de la banca que es Luis Carlos Sarmiento Angulo.

Lo admiro como empresario, lo respeto como ser humano y lo aprecio como amigo.

Luis Carlos Sarmiento Angulo ha sido un colombiano que ha aportado positivamente al país en muchísimos frentes.

Su trayectoria en el sector financiero –representada en el pujante Grupo Aval que tiene importante presencia no solo en Colombia sino a nivel internacional –yo estaba en Nueva York, que lo acompañé cuando hizo la emisión de las acciones en la Bolsa de Nueva York– Ha dejado una marca de calidad en el servicio y de responsabilidad con sus usuarios, con sus socios, con la sociedad.

Últimamente, Luis Carlos ha desempolvado su casco de ingeniero y nos hemos encontrado en varios grandes proyectos de infraestructura vial que también está liderando desde el sector privado… Y lo veo con tanto entusiasmo como cuando participó, hace más de medio siglo, en la construcción de las carreteras de Bogotá a Choachí y de Cúcuta al Catatumbo.

Y siempre está –siempre está– cuando Colombia lo necesita…

Luis Carlos Sarmiento Ángulo fue, tal vez, el colombiano que más aportó, personalmente y con su grupo, para auxiliar a los damnificados de la ola invernal a través de Colombia Humanitaria.

E incluso nos ha ayudado, con profundas reflexiones y estudios, a plantear fórmulas en muchos sectores de la sociedad, por ejemplo, uno donde le ha dedicado mucho tiempo, es el mejoramiento de la Justicia.

Podría dedicar el discurso a exaltar su vida y obra, pero baste con decirle, apreciado Luis Carlos, desde el fondo del corazón –y en nombre de todos los colombianos–, GRACIAS, gracias por su aporte invaluable al país y al bienestar de tantos compatriotas.

Ayer estuvo en esta convención uno de los economistas más destacados e influyentes del mundo, por sus teorías sobre pobreza, sobre medio ambiente y sobre desarrollo, como es Jeffrey Sachs, con quien también me reuní hace par de unas horas.

Yo he sido buen lector de sus libros y seguidor de sus planteamientos, que creo son más que pertinentes en el momento actual de Colombia, cuando estamos procurando alcanzar una visión que no es mía sino de todos: ser un país en paz, un país con mayor equidad y un país mejor educado.

Y cito una de las reflexiones de Sachs:

“La economía mundial es bastante capaz para lograr el crecimiento económico, pero falla a la hora de velar por que sea medio-ambientalmente sostenible y se comparta equitativamente la prosperidad”.

Aquí Sachs coincide con el Papa, y eso es algo que nosotros también he repetido constantemente: de nada sirve crecer si ese crecimiento no llega a los sectores más pobres y más vulnerables de la sociedad; si no se traduce en un cierre de las brechas y en un incremento de las oportunidades para todos.

Nuestra economía, como ustedes saben, ha tenido un incremento destacado en los últimos años, al punto de que el año pasado fuimos la que más creció entre las economías grandes y medianas de la región.

En el primer trimestre de este año crecimos el 2,8 por ciento –por debajo, muy por debajo del año anterior, lo cual se explica en buena parte por la disminución de los precios del petróleo–, sin embargo, continuamos siendo líderes a nivel regional.

En ese mismo trimestre creció la inversión el 7 por ciento, lo que sube la proporción de inversión como tamaño de la economía al 30.7 por ciento que es un nivel histórico, nunca antes habíamos tenido ese nivel de inversión y eso era un sueño para los colombianos tan solo hace unos pocos años.

Esto no significa que desconozcamos que la economía mundial vive ahora momentos difíciles, y que Colombia no es ajena a esta situación.

Sabemos que vamos a crecer menos, mucho menos de lo que lo se había proyectado inicialmente y por eso hemos tomado medidas como una reducción fuerte en los gastos –nos apretamos el cinturón–, y un programa coherente de impulso a la economía, como es el PIPE 2.0 que pusimos en marcha hace varias semanas.

Con este plan buscamos generar condiciones apropiadas para que sectores de la economía como el exportador, la industria y el turismo, la construcción y la minería, puedan tener un mejor desempeño y empujen en el crecimiento.

Esperamos que tenga un efecto parecido al primer PIPE que fue muy exitoso.

Para este 2015 las expectativas generales son de un crecimiento del PIB superior al 3 por ciento –en el Gobierno pensamos que, con el PIPE 2.0, puede estar alrededor del 3 y medio por ciento–, y esto sigue siendo destacable frente a un pronóstico de crecimiento promedio para América Latina que está por debajo del 1 por ciento.

Lograr mantener nuestro desempeño por encima del de la región es una tarea que demanda el concurso de todos y en esto el sector financiero tiene un papel trascendental, porque ustedes son la sangre y la savia de la economía.

¡Y hay que destacar su buen momento! En el primer trimestre del año las actividades financieras e inmobiliarias volvieron a ser motores principales del crecimiento, siendo responsables de 31 de cada 100 pesos que se produjeron de más en el país.

Pero –como dice Sachs– la meta de la economía no solo puede ser crecer, sino velar por que se haga de manera sostenible y se comparta equitativamente la prosperidad.  Y eso es lo que estamos haciendo…

En los últimos 5 años –entre 2009 y 2014– la pobreza en Colombia bajó 12 puntos, lo que representa 4 millones 400 mil compatriotas que superaron la pobreza. ¡Eso es casi la décima parte de la población del país, que ingresaron a la clase media!

Y en el mismo periodo 2 millones y medio de colombianos dejaron de ser pobres extremos.

Hace dos semanas se reunió aquí, en Cartagena, la Red de Global de Pobreza Multidimensional, un esfuerzo liderado por el premio nobel Amartya Sen y la Universidad de Oxford, en el que Colombia es pionera, para medir la pobreza de una forma más exigente, más integral, no solo por los ingresos sino por los factores reales que conforman la calidad de vida.

En este índice que es más exigente también se confirman los avances positivos frente a la pobreza, que están entre los más destacados en el mundo, al haber bajado 8 puntos y medio en cuatro años –del 30,4 al 21,9 por ciento–, es un gran logro pero sabemos que falta mucho.

¿Y cómo lo estamos haciendo?, ¿cómo estamos logrando esos resultados sociales?, con programas alto impacto en primera infancia, con los adultos mayores, con las familias vulnerables, las víctimas, llevamos más de medio millón de víctimas reparadas, con la educación gratuita, con la vivienda popular, entre otros– y fomentando el empleo con inversiones productivas, que además generan competitividad, como es el caso de la infraestructura y de la vivienda.

Desde agosto de 2010 se han creado más de 3 millones de empleos, la mayoría formales, con todas las prestaciones, y hemos consolidado el desempleo en tasas de un dígito.

Yo sé que a muchos les cuesta ver el escenario general que a veces se oculta detrás de las coyunturas, pero las cifras no mienten y –reconociendo de nuevo que falta mucho– podemos decir que hemos logrado bastante.

Y no me refiero solo al Gobierno, sino a todos nosotros, incluyéndolos a ustedes, sector privado, y en particular al sector financiero

Pero permítanme hacer una reflexión: de nada sirve que ustedes y nosotros conozcamos y reconozcamos estos avances si la sociedad sigue agobiada por el pesimismo que se fija siempre en lo que falta y nunca en lo que se ha adelantado.

Y los economistas aquí presentes saben muy bien que el pesimismo es la Kriptonita de la economía.

Por eso, nuestro trabajo y nuestra responsabilidad –de nosotros y también de ustedes– es dar a los mercados y a la población un mensaje de tranquilidad y esperanza. Cuando esa tranquilidad y esa esperanza se basa sobre una realidad.

Un mensaje de que somos conscientes del momento que vivimos, de las dificultades, pero también de que estamos actuando en la dirección correcta y de que tenemos una economía sólida y confiable.

Y quisiera referirme a algunos de los temas que abordó Santiago, porque son, sin duda, de interés para todos ustedes.

El primero es el tributario.

Estamos de acuerdo –creo que todos lo están– en que en Colombia hay una necesidad de hacer una reforma tributaria estructural, y para eso hemos recibido recomendaciones de la OCDE, del BID, y hoy hay una comisión de expertos examinando el tema.

Estoy también de acuerdo en que cualquier discusión o cualquier avance en ese sentido debe ser para tener reglas tributarias que sean amigables con la inversión y el empleo.

No sabemos cuándo se presente esta reforma –yo estoy de acuerdo con usted, doctor Luis Carlos cuando dice que no podemos tener una reforma tributaria cada año– pero sí hay algo en lo que con el Ministro de Hacienda hemos discutido y hemos sido muy claros, y quiero repetirlo hoy ante ustedes, ante los empresarios, ante los inversionistas…

La tributación de las empresas que pagan debidamente sus impuestos ya llegó al límite y no hay posibilidad alguna de que se vaya a subir su carga impositiva, si acaso se va es a reducir.

No habrá más impuestos para estas empresas que ya están contribuyendo con gran esfuerzo a la construcción de un nuevo país.

Hay otros medios para mejorar los ingresos fiscales.

Por ejemplo, controlar la evasión de algunas entidades sin ánimo de lucro que tienen en realidad actividades comerciales o industriales, y operan como una empresa privada. O la factura electrónica que ya estamos implementando para controlar la evasión en el IVA.

No más con estos dos programas anti-evasión –sin nuevos impuestos– se pueden generar ingresos adicionales por 4 billones de pesos.

Otro tema es el de la justicia y la seguridad.

Esta semana, como saben, se aprobó, el Congreso de la República aprobó una reforma constitucional que va a traer muchos beneficios para el funcionamiento de nuestras instituciones y para los colombianos de a pie.

Con esta reforma acabamos con la reelección del Presidente y de los más altos funcionarios del Estado, y cerramos la puerta, con cerrojo, a lo que muchos han denominado el “caudillismo tropical”.

Cambiamos la poco operante Comisión de Acusaciones por una Comisión de Aforados que garantice la debida investigación de los actos de los funcionarios con fuero.

Eliminamos el Consejo Superior de la Judicatura para crear, en cambio, un sistema de administración de justicia manejado –ojalá– por verdaderos gerentes que garanticen eficiencia en el manejo de los recursos y eficacia en los procesos. Y acabamos con la puerta giratoria en los altos cargos de la Justicia.

Todo esto, apreciado Luis Carlos, usted que ha sido tan estudioso de este tema, sumado a las reformas legales reflejadas en los nuevos códigos que se han expedido, que ha expedido el Congreso de la República y a las inversiones en tecnología e infraestructura para los juzgados, todo esto constituye una gran reforma, una reforma importante, una reforma de gran calado, que –soy consciente- tenemos que seguir profundizando.

Y claro que necesitamos mejorar cada día más la seguridad de los colombianos, la seguridad en las calles, la seguridad de las veredas.

Hoy tenemos las cifras de homicidios y de secuestros más bajas en varias décadas, pero somos conscientes, soy consciente de que delitos como el hurto –sobre todo de los celulares- las cartas o la extorsión, afectan a un número creciente de ciudadanos.

Tenemos en marcha planes especiales para enfrentar estos delitos, y tengan la certeza de que –con el nuevo Ministro de Defensa, el doctor Luis Carlos Villegas, a quien ustedes conocen muy bien y que se posesionará el lunes– ésta será una absoluta prioridad para nosotros.

Y valga una aclaración sobre la situación de orden público que, con razón, preocupa últimamente a los colombianos.

Desde el comienzo del proceso de paz dijimos que íbamos a dialogar en medio del conflicto; así fue y así tristemente sigue siendo. Eso no ha cambiado.

La Fuerza Pública tiene la instrucción perentoria de arreciar frente todos los que atenten contra los colombianos o contra nuestra infraestructura, y así la Fuerza Pública lo está haciendo, con resultados y neutralizaciones que se ven a diario.

Desde el ataque a nuestros soldados en el Cauca –cuando realmente las FARC suspendieron el cese al fuego unilateral– hemos neutralizado a 280 miembros de la guerrilla, incluidos 10 cabecillas.

La guerra hoy, hoy se desarrolla como se venía desarrollando antes de que las FARC decretaran su cese al fuego. Los ataques que hemos vistos en estas últimas semanas no son muy diferentes a lo que hemos vivido en los últimos años.

Lo que pasa es que el contraste con la relativa calma que tuvimos durante el cese al fuego unilateral ha dado la sensación de un incremento inusitado en las acciones terroristas, acciones que no tienen ningún valor militar y lo único que hacen es destruir el medio ambiente, afectar a la población civil, minar la confianza de los colombianos en el proceso y acrecentar su desconfianza en las FARC.

Sobre este tema quiero recordarles lo que les dije a ustedes en esta convención hace casi 3 años, cuando anuncié el comienzo del proceso:

Dije que emprendíamos el camino de la paz en medio del conflicto y que iba a ser un camino difícil, lleno de obstáculo, complejo –costoso políticamente–, pero que era el más adecuado para ponerle fin a este conflicto de 50 años. Sigo pensando lo mismo.

Les dije, les dije que teníamos unas líneas rojas que no íbamos a traspasar, y que no íbamos a negociar sino lo que estaba específicamente establecido en una agenda predeterminada, y también les dije que –si el proceso llegaba a fracasar– la guerrilla no iba a tener ninguna ventaja militar ni a quedar fortalecida, como había sucedido en el pasado. Y así ha sido.

Todo esto, amigos banqueros, lo hemos cumplido –y lo seguiremos cumpliendo– al pie de la letra.

Tengan la seguridad de que, si llegamos a la paz, será una paz justa y conveniente para los colombianos, justa y conveniente para el país, y sáquense de una vez por todas esas cucarachas que algunos han querido sembrar en algunas cabezas sobre una supuesta entrega del país a las FARC o al castrochavismo.

Sólo piensen que acabar con el proceso –como algunos quisieran– es prolongar esta guerra por 10 o 20 años más. ¡Cómo no va a ser mejor llegar a un acuerdo razonable!

Pero también, también estamos preparados para ese escenario.

Gracias entre otras cosas a sus impuestos, al impuesto al patrimonio, tenemos las Fuerzas Armadas mejor capacitadas y mejor equipadas de toda la historia.

El mundo entero –así lo comprobé en Europa la semana pasada– apoya la paz de Colombia y también exige –como exigimos nosotros, yo soy el primero– que haya celeridad y que la voluntad se traduzca en hechos.

Y paso a otro punto que tocó Santiago, que es el de la inversión en infraestructura y en vivienda.

Ustedes lo saben bien. Lo que estamos haciendo –de la mano de los bancos– en estos dos sectores es sencillamente histórico.

Nunca Colombia había puesto en marcha un programa de construcción de infraestructura de transporte como el que tenemos, encabezado por las concesiones de cuarta generación.

No más por estas concesiones estamos hablando de una inversión que supera los 47 billones de pesos, en cuatro olas, de las cuales ya una se asignó y comenzará construcción en octubre, otra está terminando de asignarse, y la tercera ola está terminando su estructuración y comienza a licitarse a fines de año.

Sobre la financiación de estas obras, hoy firmamos con el Ministro de Hacienda el decreto que permite a los fondos de pensiones invertir en estas concesiones de cuarta generación. Lo que se suma a la cifra tan importante que aquí se ha ratificado que van a ofrecer los bancos para financiar estas grandes obras.

A todo esto se agregan las Asociaciones Público-Privadas de iniciativa privada, de las cuales ya hay 6 aprobadas.

Si sumamos las dos primeras olas de concesiones 4-G, que son 19 proyectos, con estas 6 APP, tenemos 25 megaproyectos viales ya en marcha, por más de 30 billones de pesos.

Lo que representa esta inyección de recursos a la economía es inmenso. Dinamiza muchos sectores de la industria y genera cientos de miles de empleos.

Ayer estuve en Medellín, donde la Gobernación de Antioquia, con la Universidad de Antioquia y la Universidad Pontificia Bolivariana, presentaron un estudio sobre el impacto que tendrán sobre el departamento las Autopistas de la Prosperidad, que forman parte de las concesiones 4-G.

Les doy tres datos no más, que nos muestran lo que significa esta revolución de la infraestructura:

Este estudio, muy serio además, calcula que por el impacto generado por estas Autopistas, el desempleo en Antioquia bajará al 5 por ciento –menos de la mitad de su promedio histórico–, el PIB del departamental va a crecer punto y medio más de su promedio histórico, de 4.5 al 6 por ciento. Y el ingreso per-cápita de los antioqueños se duplicará en 14 años, y no en casi 30 como sería si no se hicieran estas obras.

Así que estas obras son mucho más que cemento y acero… Son personas, son millones de colombianos que se verán beneficiados con empleo, con mejor calidad de vida, con mejor movilidad, con mayor competitividad…

Y en estos proyectos, señores banqueros, ustedes, ustedes tienen mucho que ver y mucho que hacer, pues la financiación es el eje de todo este desarrollo y ustedes pueden y van a ser los mejores socios.

Algo similar ocurre con la vivienda, donde ya iniciamos la construcción de un millón de viviendas y vamos por más.

Y que quede claro doctor Santiago, es cierto que con el PIPE 2.0 aceleramos e incrementamos la inversión en algunos programas de vivienda como un componente contra-cíclico para enfrentar la actual coyuntura internacional.

Pero eso no significa que la política de vivienda sea solo coyuntural. Lo que hemos hecho –con ustedes– a nivel de subsidio a la tasa para viviendas de interés social y de clase media, lo hemos hecho durante todo el gobierno, y lo seguiremos haciendo.

Porque juntos –Gobierno y la banca– estamos inyectando dinamismo y músculo a la economía nacional; generando empleo, generando bienestar para los colombianos.

Y si queremos tener una economía incluyente, una economía que pueda crear oportunidades, sabemos también que hay un elemento fundamental –que usted mencionó- la bancarización. La bancarización de la población que le da acceso a servicios y también al crédito.

Y en esto sí que hemos avanzado: desde 2010 hasta el 2014, el número de colombianos adultos con al menos un producto financiero ha aumentado en un 20 por ciento hasta llegar a más de 23 millones de personas.

Eso significa más de 4 millones y medio de colombianos nuevos que han entrado a ser usuarios del sistema financiero.

Hoy la totalidad de los municipios del país –el ciento por ciento– cuenta con presencia de una entidad o un corresponsal financiero.

Lo mismo que hemos hecho con las conexiones de fibra óptica y banda ancha. Hoy el ciento por ciento de los municipios. Fíjese como las dos cosas se pueden juntar para crear una sinergia maravillosa. Y los programas sociales han fomentado la inclusión financiera.

De hecho, 2 millones 700 mil familias que reciben transferencias monetarias condicionadas –como las beneficiarias de Más Familias en Acción– tienen una cuenta bancaria en el sistema financiero formal a través de la cual reciben sus incentivos.

También estimulamos la bancarización con la Ley de Inclusión Financiera que permite la creación de un nuevo tipo de entidad financiera –con menos requisitos– para prestar servicios de pagos, giros y recaudos a más colombianos y a más bajo costo.

Y estoy de acuerdo con usted, Santiago, que no basta con la inclusión financiera si no va acompañada de la educación financiera. Y en este aspecto no nos hemos quedado quietos.

El año pasado creamos la Comisión Intersectorial de Educación Financiera, que ha trabajado en un mapeo de los programas de educación financiera que hay en el país, con el fin de diseñar –sobre esa base– una estrategia nacional de educación financiera.

El Ministerio de Educación, por su parte, ha desarrollado, con Asobancaria, un programa piloto en 120 colegios, cuyos resultados están pendientes de evaluación.

También el Departamento de Prosperidad Social realizó dos pilotos utilizando tabletas electrónicas para enseñar educación financiera a las madres del programa Más Familias en Acción.

Este año esperamos llevar la herramienta a 100 mil madres en 8 departamentos de las costas Caribe y Pacífica, y la meta es llegar a un millón de participantes de aquí al 2018.

Vale decir –usando su símil- no nos quedamos tan solo con el carro de la inclusión financiera sino que estamos decididos también a enseñarles a conducir a los nuevos usuarios.

Queridos amigos de la banca:

Siempre he considerado a los banqueros socios del Gobierno, de las empresas y de los colombianos en la creación de una prosperidad incluyente, una prosperidad que ayude a cerrar las brechas sociales. Y también socios en la generación de unas perspectivas económicas buenas.

Por eso quiero decirles a ustedes también: GRACIAS, gracias por su aporte. Gracias por su compromiso con el ahorro de las personas, con la vivienda de los hogares, con las transacciones del comercio, con las grandes obras que dinamizan la economía y generan prosperidad.

Hay quienes prefieren ser casandras y vaticinan toda clase de peligros para la economía y para la nación.

El doctor Sergio Clavijo (Presidente de Anif): ¿Cómo me le fue esta mañana en su perspectiva usual de pesimismo? Me dicen que bastante bien. Pero doctor Clavijo, las cifras están ahí, las cifras son reales y la perspectiva de Colombia es buena, se lo aseguro. Ojalá no tenga usted en esta ocasión la posibilidad de acertar, sino que nuevamente vea cómo el país sí sigue con más dinamismo del que algunos quisieran creer.

Mi posición, por supuesto, además es mi obligación, es todo lo contrario: hablar bien del país, resaltar lo que tenemos, y la ratifico cuando veo la pujanza y solidez de la banca colombiana.  Y no solo es una percepción interna…

Hace dos días el Fondo Monetario Internacional  renovó a nuestro país una línea de crédito flexible –que está ahí, disponible en caso de que la necesitemos– por casi 5.500 millones de dólares.

Y ¿qué dijo el presidente del directorio del Fondo, al renovar la línea de crédito?

Dijo que nuestras políticas macroeconómicas aplicadas han sido las correctas y que nos han dado flexibilidad para mitigar el impacto de la caída de los precios internacionales del petróleo.

Así lo reconocen las calificadoras de riesgo y los mercados, que son los más implacables jueces.

El mundo –entonces– cree en nosotros, los organismos internacionales apuestan por nosotros, y es nuestra tarea transmitirles este mensaje de confianza a todos los demás sectores, a los empresarios, a los consumidores.

En eso, amigos de banqueros, tenemos –ustedes y nosotros– una responsabilidad muy grande.

Muchas gracias.