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 Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en la posesión de la Ministra de la Presidencia, María Lorena Gutiérrez y el Ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas

 Bogotá, 22 jun (SIG).

Primero voy a hacer una pequeña referencia a la posesión de María Lorena Gutiérrez.

María Lorena, como ustedes saben, ha sido mi mano derecha desde que me posesioné como Presidente de la República. Es persona de toda mi confianza y ha demostrado tener unas capacidades muy especiales como funcionaria.

Por eso quiero aclarar una vez más –ya lo hice una vez– que en mi Gobierno no hay superministros. Nunca ha habido superministros, ni habrá superministros, ni superministras; lo que hay es superfuncionarios. Y Maria Lorena es una de estas superfuncionarias.

Por eso no tengo sino palabras de agradecimiento. Sé que esta nueva responsabilidad la va a cumplir con lujo de detalles, con la eficiencia y la eficacia que siempre la han caracterizado.

La Presidencia de la República cumple un papel muy especial dentro de todo el engranaje del Gobierno y nada mejor que tener a María Lorena sujetando las riendas de Presidencia.

De manera que muchas felicitaciones, María Lorena.

Nuevo MinDefensa

Y doctor Luis Carlos Villegas, nuevo Ministro de Defensa, me acuerdo muy bien, 20 de julio del año 2006, cuando yo me posesioné como Ministro de Defensa. En ese momento estábamos pasando por un punto crítico de nuestra historia.

Teníamos unos retos muy especiales en materia de la lucha contra los grupos armados ilegales.

Teníamos el objetivo de comenzar a golpear las cúpulas, los llamados objetivos de alto valor que hasta ese momento no se habían podido tocar después de 40 años o más de lucha contra esas organizaciones.

Y recuerdo muy bien esos primeros días como Ministro de Defensa. Son días inolvidables, días donde uno se da cuenta lo que tenemos los colombianos en materia de Fuerzas Armadas. Lo que tenemos como capital humano, lo que tenemos como instituciones.

Y desde entonces no hemos hecho nada diferente a fortalecer esas Fuerzas en todo sentido. Desde su punto de vista humano, toda institución al fin y al cabo representa lo que las personas que la componen quieren que sea. Y también desde el punto de vista de estrategia, de táctica, de equipamiento.

Usted contribuyó enormemente a esos primeros pasos cuando nos ayudó, como pocos, a promocionar el impuesto al patrimonio, que nos dio los recursos para ese fortalecimiento de nuestras Fuerzas que hemos venido adelantando en forma sostenida y que nos permite hoy decir que tenemos las mejores Fuerzas Armadas de toda nuestra historia.

Unas Fuerzas que han dado unos resultados extraordinarios en todos los frentes. Unas Fuerzas que se han ganado el corazón de todos los colombianos, precisamente por su eficacia, por su contundencia, por su sacrificio.

Porque todos los días, infortunadamente en esta guerra que vivimos, todos los días tenemos noticias de soldados o policías heridos o muertos en el cumplimiento de su deber.

Pero nuestras Fuerzas Armadas, gracias a su perseverancia, nos han llevado al país a lo que hoy tenemos.

Tenemos un país con unos indicadores sociales y económicos extraordinarios desde todo punto de vista. Así lo reiteran repetidamente los analistas internacionales, las organizaciones multilaterales, las calificadoras de riesgo.

Y eso todo se debe a esa confianza que han generado los resultados de nuestras Fuerzas.

Inclusive lo que hoy estamos viviendo en materia de proceso de paz, el hecho de que estemos sentados en La Habana, acariciando la posibilidad de tener paz en nuestro país después de 50 años de guerra, se debe a que nuestras Fuerzas han sido eficaces.

Yo estoy absolutamente seguro que si no fuese por la contundencia de nuestro Ejército, de nuestra Armada, de nuestra Fuerza Aérea, de nuestra Policía, no estaríamos sentados acariciando esa posibilidad de tener paz, después de tantos años de guerra.

Y estamos en este momento también en un punto de inflexión. Un punto de inflexión donde tenemos que mirar hacia el futuro pero seguir con los pies en la tierra, seguir combatiendo en esta guerra hasta lograr los objetivos propuestos.

Y ahí hay que hacer una especie de trabajo paralelo: proyectar las Fuerzas Armadas hacia el momento en que logremos la paz y al mismo tiempo no descuidarnos, no bajar la guardia para poder lograr esa paz.

Ese es un equilibrio que requiere un manejo muy especial, un manejo diplomático, un manejo gerencial, un manejo estratégico y yo no podría encontrar mejor persona que reúna esas condiciones como Luis Carlos Villegas.

A través de su vida pública y privada ha demostrado esas cualidades. Diplomático –inclusive fue Viceministro de Relaciones Exteriores–, como estratega como gerente. Ha sido presidente de muy importantes instituciones y presidente ni más ni menos que de la Andi (Asociación Nacional de Empresarios de Colombia) durante una época de gloria de la Andi y por muchos años.

Conoce, como pocos, nuestro sector privado. Conoce también muchísimo nuestras Fuerzas Armadas, porque el doctor Villegas siendo presidente de la Andi, participó en una comisión que creamos precisamente para la inversión transparente de todos esos cuantiosísimos recursos que se recogieron con el impuesto al patrimonio y que hoy nos permiten decir que tenemos las mejores Fuerzas Armadas, las mejores equipadas de nuestra historia. Ahí estuvo presente el doctor Luis Carlos Villegas.

Y de esta coyuntura especial, en donde también es un gran desafío hablar de paz y mantener la guerra, un desafío que a muchas personas les queda difícil de entender y yo entiendo, yo comprendo esa dificultad, porque al fin y al cabo la gente se pregunta pero por qué el presidente nos habla de paz y aquí continua la guerra.

Explicarles que ese es el camino más eficaz para lograr la paz lo más pronto posible. Ahorrarnos víctimas, ahorrarnos muertes, ahorrarnos tanta sangre que se ha vertido en esta guerra, pues hay que hacer ese sacrificio.

Y ese equilibrio, hablar de paz y hacer la guerra, pues también requiere una persona de unas cualidades muy especiales.

Y nuevamente aquí Luis Carlos Villegas tiene esa capacidad, porque fue uno de los primeros negociadores plenipotenciarios en este proceso de paz. O sea que conoce. Conoce muy bien el proceso, conoce muy bien para donde vamos, conoce muy bien las condiciones que nos impusimos desde un principio.

Condiciones que se han venido cumpliendo al pie de la letra. Condiciones desde el punto de vista militar, desde el punto de vista político y desde el punto de vista de la negociación.

Usted se recordará, doctor Luis Carlos Villegas, cuando iniciamos este proceso de la negociación pública, las líneas rojas que anunciamos al país, que no íbamos a entregar nuestra policita económica ni nuestras instituciones ni nuestras Fuerzas Armadas. Que íbamos simplemente a negociar lo que estaba contenido en la agenda de los cinco puntos.

Y eso es exactamente lo que hemos venido haciendo. Ni nada más ni nada menos.

Y por eso, cuando uno tiene claro cuáles son sus límites, cuáles son sus líneas rojas y también tiene claro cuál es su objetivo, pues todas las tempestades que un proceso de esta naturaleza conllevan y todas las dificultades y todas las contradicciones y todas las críticas, pues se hace mucho más fácil de administrar y de llevar.

Y ahí nuevamente requiere uno una persona con peso específico, con pies de plomo, con la paciencia necesaria pero también con el carácter y la capacidad de perseverar que se requiere en tiempos difíciles.

Y ahí nuevamente –porque lo conozco hace mucho tiempo–, el doctor Luis Carlos Villegas cumple con esas cualidades.

De manera que comenzamos una nueva travesía, doctor Luis Carlos, usted y yo. Hemos navegado juntos en otras travesías. Muchas veces como Ministro de Comercio, como Ministro de Hacienda, con el doctor Luis Carlos emprendimos cruzadas difíciles, cruzadas complejas. Y salimos adelante.

La cruzada que comenzamos hoy es una cruzada de gran importancia, de gran relevancia para el país. Conducir nuestras Fuerzas Armadas en este momento en específico requiere mucha sutileza, mucha capacidad. Y a usted, afortunadamente le sobra.

De manera que lo felicito. Me excuso con Carmela y con su familia porque van a ver a Luis Carlos mucho menos de lo que lo veían allá en la Embajada, por ejemplo, en Washington. Pero ustedes saben que es por una buena causa.

Y les agradezco además el apoyo que ustedes le dan a Luis Carlos.

Yo insisto mucho que el apoyo que las familias les dan a todos los miembros de nuestras Fuerzas Armadas –y usted ahora pasa a ser miembro de nuestras Fuerzas Armadas, pasa a ser su ministro de Defensa– ese apoyo es fundamental. Sobre todo en momentos difíciles.

Y seguramente se van a presentar momentos difíciles.

Por eso de antemano, Carmela, muchas gracias. Y a usted doctor Luis Carlos, yo sé que este es para usted un sacrificio, un servicio que usted nuevamente le presta a su país y que sé que lo va hacer con lujo de detalles también.

De manera que, como dirían nuestros, almirantes: Buen viento y buena mar.