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 Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en la reunión con líderes gremiales y empresarios españoles

 Madrid, 3 mar (SIG).

Decirles que estaba pensando anoche qué sería lo más interesante para compartir con ustedes en esta mañana y ponerme en los zapatos de los empresarios, de cualquier empresario. Qué quiere escuchar del Jefe del Estado de un país. Y la respuesta es muy sencilla: saber de dónde venimos, en qué estamos, pero sobre todo para dónde vamos.

Cuáles son las políticas que estamos poniendo en marcha. Qué está funcionando, qué no está funcionando y lo que no está funcionando, cómo lo vamos a corregir.

Y en el caso particular de Colombia en esta coyuntura, en este momento, pues cuáles son las expectativas desde el punto de vista empresarial frente al proceso de paz.

De manera que voy a tratar de resumir, en los minutos que tengo para hablarles, ese panorama y después abrir la discusión a preguntas y respuestas, que siempre he considerado que las interlocuciones de doble vía son mucho más productivas y más ilustrativas que los monólogos.

Permítanme recordarles, aquí he estado varias veces. La últimas vez que estuve fue en enero del año pasado con los empresarios españoles. La primera vez que estuve fue como Presidente electo, en el año 2010.

Y ahí más o menos les pinté lo que queríamos hacer, cuál era nuestra visión, nuestros objetivos.

Y cuatro años y medio más tarde creo que podemos decir qué se ha cumplido y qué no se ha cumplido. Y para dónde vamos en los próximos cuatro, diez y veinte años.

Lo primero que hicimos, recién elegidos hace cuatro años y medio, fue consolidar una gobernabilidad, para poder aprobar las reformas necesarias que nos permitieran fortalecer nuestra economía.

El fortalecimiento de la economía era una prioridad fundamental en todo nuestro Gobierno, porque sin una economía fuerte no hay los recursos ni para hacer inversión social, ni para generar el empleo y el crecimiento que se requiere en un país gobernable.

Y fue así como logramos en el Congreso de la República –le recordaba yo al Presidente del Congreso, ayer que estuve con él en la cena del Rey (Felipe VI), cómo copiamos la fórmula del Presidente (de Estados Unidos, Abraham) Lincoln, cuando invitó a sus rivales a hacer parte del Gobierno.

Yo hice exactamente lo mismo, invité a mis rivales a hacer parte del Gobierno y aceptaron todos, porque con todos identificamos comunes denominadores. Si usted quiere que su política –-que creo que es razonable– sea parte del programa de Gobierno, ingrese al Gobierno.

Y así logramos una gobernabilidad muy amplia, más del 80 por ciento del apoyo en el Congreso, que nos permitió hacer una serie de reformas constitucionales y legales con miras a fortalecer la economía.

Reformas que tienen que ver con la sostenibilidad fiscal en el país, los criterios que utilizan los poderes públicos para tomar sus decisiones.

Por primera vez introdujimos el incidente fiscal. ¿Eso qué quiere decir?

Introdujimos la posibilidad de cuestionar entre las propias cortes cualquier decisión de cualquier poder, sea el Poder Judicial, el Poder Legislativo, o el propio Ejecutivo. Si esas decisiones ponen en riesgo la estabilidad económica, la situación fiscal del país.

¿Por qué lo hicimos? Eso tiene un fondo que va un poco más allá de la teoría económica, que tiene mucho que ver con nuestra propia Constitución, que es una Constitución muy garantista, defiende mucho los derechos de los ciudadanos.

Y lo que adujimos en su momento –y creo que además es una realidad, aquí en España lo han vivido y lo han vivido todos los países que han tenido crisis recientes– es que las crisis económicas, las crisis financieras, son las que más vulneran los derechos de los ciudadanos, porque las crisis producen unas decisiones que inexorablemente afectan los derechos.

Cuando hay crisis recorta uno los presupuestos de educación, de salud, de la seguridad, de la justicia. Y por consiguiente evitar esas crisis económicas es una obligación para cualquier Estado que quiera proteger los derechos de los ciudadanos.

Fue con esa teoría que propusimos una reforma constitucional, unos debates con un gran contenido filosófico y político y moral. No solamente en el Congreso, sino en la propia Corte Constitucional. Nuestra Corte es una Corte muy progresista, muy avanzada.

Y fue una discusión muy interesante que finalmente se abrió paso, se hizo la reforma y luego de haber aprobado esa reforma, introdujimos una ley, una regla fiscal, que nos obliga, al Gobierno colombiano, a mantener una disciplina fiscal a través del tiempo.

Si en algún año nos salimos de esa senda que se establece de antemano para que sea predecible –y esta palabra es muy importante, los empresarios lo que quieren son regla de juego claras, para dónde va un Gobierno en el mediano y en el largo plazo; en ese sentido, en la parte fiscal, Colombia en este momento es totalmente predecible–, la regla fiscal nos obliga a publicar nuestra proyección fiscal para los próximos cinco, diez, quince años.

Y tenemos necesariamente, por ley, que mantenernos dentro de esa senda fiscal, con un grado de flexibilidad que la propia regla fiscal nos permite. Si en algún momento tenemos que salirnos de esa senda fiscal por razones coyunturales, en los años siguientes tenemos que regresar a la senda fiscal. No podemos acumular déficit para evitar precisamente lo que, por ejemplo le ha sucedido a Europa en estos últimos años, al propio Estados Unidos y tantos países que por haber acumulado déficit tras déficit llegan a una situación de crisis donde las medidas para corregir ese déficit son especialmente dolorosas y vulneran muchos de los derechos de los ciudadanos.

Esa fue la premisa básica para introducir estas reformas y también mirando siempre, buscando siempre, generar la confianza de los inversionistas. Dando señales permanentes a los mercados internacionales sobre la responsabilidad con que la economía colombiana se maneja.

Eso no es exclusivo de este Gobierno. Creo que uno de los activos que tiene Colombia desde hace mucho tiempo es que no hemos permitido que las contiendas políticas partidistas se traduzcan en irresponsabilidad económica.

Y el manejo, por ejemplo, del Banco de la República, de la política monetaria, siempre ha sido un manejo como por encima de las contiendas políticas. Y eso ha sido muy importante y queríamos en cierta forma consolidar eso dentro de unas políticas que dieran de la mayor confianza posible.

Pues bien, esas reformas y otras que hemos logrado aprobar en el Congreso, y políticas diferentes a las leyes y a reformas constitucionales, nos han permitido generar esa confianza. Por primera vez en la historia de Colombia nos subieron la calificación, las empresas que están encargadas de medir los riesgos nos subieron la calificación, nos devolvieron el grado de inversión y nos han venido subiendo la calificación, lo cual nos ha permitido un acceso a los mercados internacionales sin precedentes, en el sentido del costo y el volumen de recursos que necesitamos.

Que no los hemos necesitado, porque simultáneamente hemos venido reduciendo el déficit, y por consiguiente hemos venido reduciendo las necesidades de financiación.

Y eso pues ha generado una confianza en la economía que ha permitido que las variables macroeconómicas de la economía colombiana estén yo día que en su conjunto, en su mejor momento, tal vez, de la historia.

Cuando uno analiza la economía colombiana en su desempeño el último año, el año pasado, pues puede constatar que la economía está en una situación muy sólida. Tiene un crecimiento alto. Yo creo que la cifra final va a estar entre el 4.8, 4.9 por ciento del crecimiento del año pasado. El crecimiento más alto de América Latina para una economía media o grande.

Pero un crecimiento sano. ¿En qué sentido digo que sano?

Un crecimiento que nos ha permitido generar empleo, y por primera vez empleo formal. Se ha generado más empleo formal que empleo informal.

Eso no era lo usual. Lo usual en Colombia era que cuando subían las cifras de empleo, se generaba más empleo por cuenta propia que empleo formal. Y eso se revirtió.

El último dato, del mes de enero de este año, la cifra de empleo formal versus empleo informal generado, ya tiene una diferencia de diez veces. Diez veces más empleo formal que empleo informal. Eso es un gran logro para el futuro de la economía.

Y llevamos 49, 50 meses seguidos bajando la tasa de desempleo frente al mismo mes del año anterior, con la excepción del mes diciembre, que subió 0.01 por ciento. Pero de resto ha venido bajando esa tasa de desempleo.

Y sobrepasamos la meta que nos propusimos hace cuatro años. Habíamos dicho que íbamos a crear 2 millones y medio de empleos y que íbamos a bajar el desempleo a un dígito; lo logramos con creces.

No solo eso, sino que pudimos generar los recursos suficientes para hacer unas inversiones muy importantes, sobre todo, en el aspecto social.

Colombia es un país con unas tremendas inequidades, es uno de los países con mayor inequidad. Y no solamente entre ricos y pobres, sino entre regiones. Y otra de nuestras prioridades era, no solamente fortalecer nuestra economía, sino comenzar a cerrar las brechas.

Y eso se ha venido logrando. Esa economía sólida nos ha permitido focalizar las políticas públicas en los más vulnerables, en los más pobres, a tal punto que hoy podemos decir con mucho orgullo que Colombia en los últimos cuatro años ha sido el país que más ha podido reducir la pobreza y la pobreza extrema en toda América Latina.

La pobreza la reducimos en cuatro años en casi 10 puntos porcentuales. 9,7 por ciento.

Eso no lo había logrado otro país. Aunque somos los primeros conscientes en que todavía nos falta mucho camino por recorrer. Todavía casi uno de cada tres colombianos está en la pobreza. Pero 10 puntos porcentuales de reducción de pobreza es un logro muy importante.

Eso tiene también un efecto económico fundamental. Y es que como se ha dicho tanto, en la medida en que uno pueda aumentar la clase media, aumenta el número de consumidores y aumenta la fortaleza de la economía. Son personas que entran a hacer parte de los mercados.

Lo mismo ha sucedido con la pobreza extrema, exigencia. La bajamos, como era nuestro propósito, y sacamos a más de 2 millones de colombianos de esa pobreza extrema. Y nuestro propósito, nuestra visión es eliminar totalmente la pobreza extrema en Colombia en el año 2025.

Si seguimos con la tendencia que hemos logrado poner en marcha en los próximos cuatro años, ese objetivo es perfectamente realizable.

En el Plan de Desarrollo que presentamos, que está en este momento en discusión en el Congreso, pusimos una cifra de 6 por ciento de pobreza extrema a final del año 2018. O sea en los próximos cuatro años.

Si continuamos la tendencia, esa cifra la vamos a sobrepasar, estoy seguro. Claro, que como en todo, la última fase es la más difícil. Pero este es un propósito que tenemos en nuestro país, que también contribuye a fortalecer nuestra economía.

Simultáneamente, una de las grandes reformas que logramos aprobar en el Congreso, una reforma constitucional, tiene que ver también con reducir las brechas entre las regiones, y fue la reforma a cómo se distribuyen las regalías, que antes estaban concentradas en los departamentos productores.

Y la reforma lo que hizo fue aceptar el principio, la decisión, de que el subsuelo es de todos los colombianos, y por consiguiente las regalías tienen que repartirse en forma equitativa entre todos los municipios y departamentos.

Esa es una reforma muy de fondo que ha permitido que muchos municipios y muchas regiones del país, por primera vez, se beneficien de unos recursos importantes para hacer inversión y sobre todo inversión social.

O sea que el crecimiento que hemos logrado ha sido un crecimiento que ha sido un crecimiento sano, porque además ha sido dentro de un contexto económico muy conservador. La cifra de inflación en Colombia el año pasado fue la más baja de la historia, la más baja en América Latina. O sea que estamos en el mejor de los mundos, con una inflación baja y un crecimiento alto.

Por supuesto que quisiéramos un crecimiento más alto y una inflación más baja. Uno siempre no puede estar satisfecho con lo que tiene. Pero lo que sí hemos logrado es una situación bastante favorable.

Ahora bien. ¿Cómo hemos logrado estos crecimientos?

Ustedes me escucharon aquí hace cuatro años identificar unos sectores que íbamos a usar de fuente de crecimiento.

Todo el mundo pregunta, bueno, ¿cómo va a hacer la economía colombiana para crecer?

E identificamos lo que denominamos en ese entonces las locomotoras, lo que iba a jalonar la economía.

E incluimos entre esos sectores el sector de hidrocarburos, el sector de la vivienda, el sector de la infraestructura, el sector agropecuario y la innovación. Esos eran los cinco sectores que nosotros identificábamos como sectores que iban a jalonar la economía.

Y de hecho cuando uno hace el análisis de lo que ha sucedido, todos esos sectores han contribuido. Unos más que otros.

El sector de la vivienda, sin duda alguna ha sido uno de los sectores que más han jalonado la economía, que más han crecido. Políticas de vivienda específicas, focalizadas sobre todo en vivienda para el sector popular.

Inclusive iniciamos un ambicioso plan para darles 100 mil viviendas a aquellas personas que nunca habían tenido la más mínima posibilidad de tener una vivienda.

Y eso lo estamos cumpliendo. Ya hemos entregado más de 85.000 viviendas, estamos en construcción las otras 15.000 que vamos a entregar en los próximos meses.

Algo que se hizo en relativamente poco tiempo y que ha generado una dinámica económica muy importante, porque la vivienda jalona 32 industrias.

O sea que la vivienda, no solamente de ese sector muy popular muy pobre, sino vivienda de otros sectores que hemos también estimulado a través de subsidios a la tasa de interés y programas especiales, ha sido uno de los factores que más ha venido jalonando la economía.

El sector de hidrocarburos. Hasta el año pasado, hasta finales del año pasado, pues un sector que jalonó mucho la economía. Nos propusimos elevar la producción de petróleo a un millón de barriles diarios y eso fue logrado. Se aumentó la producción.

Mientras el precio estuvo alto, pues eso benefició enormemente las fuentes fiscales, la inversión y jalonó también la economía. Ahora les hablo de qué vamos a hacer con esta nueva realidad en materia petrolera.

Pero sin duda alguna, en los primeros cuatro años del Gobierno el sector de hidrocarburos y energía fue un sector que jalonó la economía y ayudó al crecimiento.

El sector agropecuario. El sector agropecuario, que venía con un crecimiento negativo, se logró reversar ese crecimiento negativo, se aumentó la cifra de crecimiento del sector agropecuario.

Para darles un ejemplo, el producto más importante que tiene nuestro país, como ustedes bien saben, es el café.

El café representa un porcentaje importante de nuestra producción agropecuaria. Cuando llegamos al Gobierno, la producción de café estaba cercana a los 7 millones de sacos e íbamos a una producción inferior a los 7 millones.

Nos sentamos a corregir esa situación con políticas específicas de renovación de cafetales, de políticas para tecnificar y aumentar la productividad.

El año pasado cerramos con una producción por encima de los 12 millones de sacos. Y de acuerdo a las cifras iniciales de este año, posiblemente este año podamos llegar a los 13 millones de sacos.

¿Por qué menciono este aspecto específico del café? Porque el café es tal vez el producto que genera más, que multiplica más el efecto de la economía. El ingreso cafetero se irriga inmediatamente en el resto de la economía y también representa un factor muy importante para jalonar el crecimiento.

Afortunadamente –ahí no puedo reclamar ningún crédito, eso hay que darle las gracias a Dios–, con mucho pesar para nuestros amigos de Brasil, pero la sequía en el Brasil ha permitido que los precios internacionales se recuperen.

Tuvimos una crisis grande. Hace dos años los precios en la caficultura estaban por el suelo. Ahí tomamos una decisión deliberada, concreta, de no permitir que se acabara la producción, que se erradicaran los cafetales, porque estaban en esa situación realmente caótica, muy preocupante.

Les dimos unos subsidios como nunca antes habían recibido los cafeteros, pero siempre con miras a que la producción que queríamos aumentar se mantuviera.

Y Dios es grande y nos favoreció en el sentido de que los precios internacionales comenzaron a crecer, a elevarse y eso coincidió con el aumento de la producción y eso generó un ingreso cafetero como nunca antes habíamos tenido, que se irrigó también por el resto de la economía como nunca antes.

Entonces eso fue un factor muy importante dentro de la parte agropecuaria.

El sector agropecuario en su conjunto comenzó a crecer, a tener cifras positivas. Un crecimiento yo diría que moderado frente al potencial que tenemos.

Ese es uno de los temas que creo que podemos discutir hacia el futuro como una gran oportunidad para la relación con España y como una gran oportunidad para los colombianos hacia el futuro.

El sector de la infraestructura, otro de los sectores que identificamos como uno de los sectores que iba a jalonar la economía.

Cuando llegamos al Gobierno, Colombia tenía esa costumbre muy latinoamericana de ser inmediatista, de querer hacer las cosas muy rápido.

Y no habíamos desarrollado –y creo que no todavía no hemos desarrollado, lo estamos comenzando a hacer– la cultura de mirar a largo plazo. Y de estructurar los proyectos. Y de tener un banco de proyectos.

Y llegaban los inversionistas a decir: bueno –muchos de ustedes–, Colombia se perfila como un país con un buen futuro. ¿Dónde puedo invertir?

Y a uno le tocaba mirar al techo y decir: pues mire, hay grandes oportunidades en estos sectores. Pero no teníamos proyectos específicos estructurados.

Entonces eso requirió un cambio institucional y un cambio de cultura, que todavía estamos en ese proceso.

Pero en la parte de la infraestructura sí que era evidente. La cantidad de licitaciones que se hacían a la carrera, sin estructurar bien. Y por eso en la mayoría de los casos resultaban costando las obras dos, tres o hasta diez veces más. Líos jurídicos de todo tipo y la infraestructura quedaba a medio hacer.

Nosotros quisimos corregir eso, creamos una institucionalidad nueva, para que se fomentara la cultura de la estructuración y de largo plazo.

Y comenzamos a diseñar unos planes muy ambiciosos en materia de infraestructura, donde nos habíamos venido retrasando gobierno tras gobierno. Y esto se debió a algo muy de sentido común que nos sucede a todos.

Yo fui Ministro de Hacienda. Cuando está uno en problemas fiscales, lo menos costoso políticamente para sacrificar son las obras de infraestructura. Las pospone uno en lugar de reducir los presupuestos de educación o de salud o de otros frentes.

Entonces nosotros, como vivíamos de crisis en crisis fiscal, fuimos acumulando un retraso en infraestructura que estaba afectando en forma grave la competitividad de nuestra economía.

Y eso, desde la campaña nos propusimos corregirlo. Por eso creamos la Agencia Nacional de Infraestructura, para que tuviera la institucionalidad suficiente y adecuada para un gran proyecto de infraestructura. Y diseñamos una serie de inversiones en materia de carreteras, que muchos de ustedes conocen: concesiones de cuarta generación, aeropuertos, puertos, ferrocarriles, que en este momento están comenzando ya a ejecutarse.

Buena parte de esas concesiones de cuarta generación ya han sido adjudicadas, se están adjudicando los próximos meses las que faltan. Las inversiones en aeropuertos son unas inversiones sin precedentes: 2.8 billones de pesos en cerca de 38 aeropuertos que estamos interviniendo.

Los que han viajado a Bogotá el último año ya han visto el aeropuerto El Dorado, que hoy ya es el aeropuerto número uno en carga en América Latina, el número tres en pasajeros.

Y ya nos quedó pequeño. Acabamos de autorizar una expansión del aeropuerto. Queremos llevarlo, de 27 millones de pasajeros a 40 millones de pasajeros.

Pero eso no solamente en Bogotá sino en el resto de las ciudades. Como ustedes saben, Colombia es un país de ciudades.

Yo llegó de España y me voy para Barranquilla a firmar el inicio de obra en la concesión del aeropuerto de Barranquilla, que lo queremos convertir en un gran aeropuerto para todo el Caribe colombiano.

De manera que ahí esa locomotora, como que inició a tener efecto pero realmente el efecto importante lo vamos a ver a partir del segundo semestre de este año y en los próximos cuatro, cinco o seis años. El grueso de esas obras se van a comenzar a hacer, porque ya se están adjudicando mientras comienza la obra física que toma su tiempo, se va a comenzar a ver en el segundo semestre de este año.

Y eso solamente, eso solamente debe agregarle al crecimiento de la economía, se calcula, durante el periodo de construcción, uno y medio por ciento. Solamente lo que es las obras de infraestructura, que en su conjunto, pueden tomar más de 26 mil, 27 mil millones de dólares en inversión.

Eso en la parte de la infraestructura.

Entonces nosotros logramos un poco lo que nos propusimos hace cuatro años: tener una economía sólida, tener una economía con suficientes recursos para hacer la inversión social, para reducir las brechas y generar la confianza hacia el futuro.

¿En qué estamos ahora? Se vino abajo el precio del petróleo. Nos afecta. Nos afecta en forma importante. No tanto como a otros países, no dependemos tanto del petróleo, pero sí es un recurso fiscal importante.

¿Qué hicimos y qué estamos haciendo?

Ahí es cuando tiene uno que escoger las prioridades, qué prioridad es más importante, qué tipo de decisiones hay que tomar.

La prioridad más importante para nosotros es mantener la confianza de los mercados internacionales en la economía colombiana. Y dar las señales de que estamos dispuestos a ajustarnos a las nuevas realidades. Y eso no se requiere ser economista ni experto, sino el sentido común.

Si en cualquier empresa o en cualquier hogar se reducen los ingresos, pues uno tiene que ajustarse a esa nueva realidad, porque la alternativa es ir acumulando deudas que algún día las vamos a tener que pagar y el día que nos cobren las deudas, pues estamos en problemas.

Entonces ¿qué hicimos? Desde el comienzo dimos las señales muy claras de que nosotros nos ajustamos a esa nueva realidad y redujimos el plan de inversión que teníamos para los próximos cuatro años en 17 billones de pesos.

Y la reducción para el año 2015 la firmé 15 minutos antes de tomar el avión para venir aquí a España. 6 billones de pesos de aplazamiento en el presupuesto para el 2015.

¿Qué buscamos con eso? Pues simple y llanamente ser realistas y no vivir de la ilusión de pronto que el precio del petróleo vuelva a subir, sino que nos ajustamos a una nueva realidad. Y si llega a subir el precio del petróleo, entonces esos ingresos adicionales serán un beneficio o un regalo, en lugar de que si no suben los precios del petróleo, si nos quedamos montados sobre un precio artificial, después el sacrificio es mucho mayor. Y además la irresponsabilidad de actuar así, nos la cobran los mercados.

Por eso nosotros redujimos el presupuesto de inversión. Pero aun así, aun así la inversión en los próximos cuatro años será superior a lo que veníamos invirtiendo.

La inversión este año, aun con el recorte, sigue siendo superior, un porcentaje pequeño pero superior, a la inversión del año pasado, que fue la más alta en nuestra historia.

O sea que la economía colombiana tiene todavía, digamos, margen para poder crecer a tasas relativamente altas.

Hemos revisado hacia abajo el crecimiento, como lo han revisado para las todas las economías latinoamericanas. El cálculo que tiene el Gobierno es un crecimiento cercano al 4 por ciento. El Banco de la República lo redujo al 3.7, 3.8 por ciento, el Fondo Monetario al 3.6.

Y ahí estamos también tomando una serie de medidas contra-cíclicas que la regla fiscal nos permite. La regla fiscal –como les decía al principio- permite hacer una serie de juegos, de medidas contra-cíclicas. Y eso también lo estamos haciendo.

¿En qué sectores? En los sectores que sabemos que tienen un impacto inmediato en el crecimiento. Uno de ellos es la vivienda. O sea que vamos a continuar con unas inversiones y unos estímulos al sector de la vivienda; por supuesto el sector de la infraestructura del que les hablaba hace un momento.

Y ese conjunto de medidas contra-cíclicas nos va a permitir seguir manteniendo en cierta forma el liderazgo en el crecimiento en la región. Colombia, a pesar de que vamos a crecer menos este año, va a estar creciendo por encima de la mayoría de los países de América Latina, sobre todo de los países de nuestro tamaño, o más grandes, como Brasil.

Y eso, pues lo vamos a continuar alimentando con otras medidas. Ahí es donde ustedes entran a jugar. Nosotros en eso sabemos muy la importancia de la inversión.

Y ese ha sido otros de los objetivos fundamentales que cuidamos todos los días: la cifra de inversión de la economía colombiana.

La cifra llegó, está cercana al 30 por ciento. Eso ya es una cifra muy importante. El 30 por ciento de la economía colombiana, el 29 y pico, esa es la cifra de inversión.

Y mantener esa cifra, es una de las formas para garantizar un crecimiento alto hacia el futuro.

Entonces parte de nuestra política es mantener unas reglas para que los inversionistas se sientan cómodos, se sientan en un país con reglas de juego estables.

Y en ese sentido yo quiero asegurarles que los inversionistas extranjeros, sobre todo los inversionistas españoles, allá son no solamente bienvenidos sino que los necesitamos, los consideramos socios, los consideramos parte de nuestro equipo para seguir creciendo en la forma como necesitamos crecer y convertir ese crecimiento en más empleo y en mejores condiciones sociales.

Algunos me dirán: ‘Ah bueno, Presidente. Usted le ha prometido al principio del Gobierno pasado que no iba a subir las tarifas de los impuestos’.

Y yo respondo, efectivamente, nunca subí las tarifas de los impuestos.

Pero usted subió los impuestos en la última reforma tributaria.

Y yo digo, efectivamente. Los subí y los anuncié desde la campaña, desde la campaña todos los candidatos dijimos que íbamos a mantener el impuesto al patrimonio y que íbamos a aumentar un impuesto que hemos llamado el CRE.

¿Por qué lo hicimos? Porque la baja del precio del petróleo nos obligaba a generar más recursos. Y nos pareció que lo más fácil era simplemente prolongar el impuesto unos años más y así como lo prometimos lo hicimos. Con algunas modificaciones, que es que el impuesto se bajó la tarifa al impuesto al patrimonio y se va bajando paulatinamente hasta desaparecer en el tercer año.

Y además, algo que la gente no ha entendido. Cualquier inversión que se haga a partir del 1° de enero de este año no afecta el impuesto al patrimonio; se afecta es el patrimonio que se tenía al 31 de diciembre del año anterior.

¿Qué va a pasar hacia el futuro en materia tributaria? Lo único que les puedo decir es que estamos comenzando a analizar una reforma estructural, lo que hemos llamado estructural, que simplifique nuestro sistema tributario. Y con toda seguridad, lo que les puedo garantizar aquí es que si hay un cambio hacia el futuro, será un cambio favorable a la inversión. Favorable a las empresas.

Porque sabemos que hay muy empresas que están pagando y muchas que no están pagando lo suficiente. Y que ahí, una reforma estructural donde se pueda hacer un sistema mucho más racional del que tenemos hoy, nosotros hemos venido acumulando una serie de reformas de coyuntura que hacen de nuestro sistema tributario un sistema tributario complejo.

Entonces lo que podría pasar, yo todavía no tengo que recibir el, digamos, el trabajo que hasta ahora está comenzando lo que sería una reforma tributaria estructural para analizarlo a ver qué viabilidad tendría qué conveniencia económica.

Pero, repito, para cualquier inversionista el mensaje que hay que darle es si hay alguna reforma hacia adelante, es favorable a la parte empresarial. No va a ser contraria a los intereses empresariales.

Entonces tenemos una situación que sigue siendo una economía sólida, no tan sólida por la baja del precio del petróleo, pero con unos ingredientes que nos van a permitir contrarrestar esta situación de coyuntura que estamos sufriendo.

Y nos sentimos bastante cómodos. Estamos siguiendo todo el proceso de OCDE. Ese es otro factor de confianza. Nosotros ingresamos a la OCDE o queremos ingresar precisamente para darles confianza a los inversionistas, darle confianza a la economía colombiana de que estamos haciendo las cosas bien.

Y podemos entonces decir que ese ingreso ya está adelantándose con mucho éxito. Tenemos 23 comités. En muchos de ellos ya terminamos el trabajo. Y yo aspiraría a que máximo a finales del año entrante estemos ya en la OCDE si las cosas marchan bien.

Y por el lado de la Alianza del Pacífico, esa Alianza del Pacífico ha sido el proceso de integración más exitoso que ha tenido América Latina en su historia. Se sigue consolidando esa integración, seguimos trabajando con los países miembros: México, Chile y Perú.

Y ese es un mercado, como ustedes saben, muy importante, porque es un mercado que en su conjunto es más importante que Brasil, desde el punto de vista de número y de ingreso per cápita.

Y finalmente, la paz. ¿Cuáles son los dividendos de la paz para los empresarios? ¿Qué se puede prever ahí?

Cuando firmemos la paz no es que el país vaya a cambiar 180 grados de un día para otro. Pero ayer alguien decía en el foro de El País que el conflicto armado había sido como un freno en el desarrollo y en la economía colombiana. Y me parece una muy buena descripción.

Un freno de mano, igual al automóvil que va caminando, pero con freno de mano. Y la paz va a permitir que ese freno de mano desaparezca.

Y el verdadero potencial de la economía colombiana se va a poder desarrollar y se va a poder se va a poder aprovechar.

Voy a darles solamente dos cifras. El impacto del conflicto en la economía. No son estudios del Gobierno, son estudios de las universidades, la Universidad de los Andes hizo un estudio muy importante.

La productividad de la gente desplazada se disminuye entre un 50 y un 90 por ciento. Y tenemos más de 6 millones de personas desplazadas.

Imagínense lo que esto ha costado, el impacto de eso en la economía. O imagínense lo que representaría que esa productividad vuelva a recuperarse. Eso por un lado.

Por otro lado, regiones enteras que no han tenido un crecimiento por la existencia del conflicto, se calcula que pueden llegar a 4, hasta el 6, inclusive hasta el 8 por ciento de crecimiento adicional.

En su conjunto, la economía, el promedio de los estudios, de los diferentes cálculos, señalan es que podrían incrementarse entre uno y medio y 2 por ciento el crecimiento permanente de aquí en adelante con la firma de un acuerdo de paz.

Y tengan ustedes la seguridad que lo que estamos negociando en nada afecta al inversionista. No es cierto que vamos a afectar la propiedad privada. No es cierto que estamos negociando las políticas económicas o las políticas de desarrollo o las políticas de inversión o las políticas tributarias. Nada de eso está sobre la mesa en la negociación con la guerrilla. Nada.

Y eso lo he dicho desde el principio.

Lo que estamos es negociando unos términos para que dejen las armas y sigan su lucha política, pero por la vía legal.

Pero no estamos negociando con la guerrilla ni el Ejército ni la Policía ni la política económica. Muchos menos vamos nosotros a poner en discusión aspectos tan fundamentales como el principio de la propiedad privada o nuestro modelo de desarrollo. Nada de eso ni siquiera ha sipo puesto sobre la mesa.

Ahí están los puntos claros sobre los que estamos negociando. Por eso ustedes tener la absoluta tranquilidad que lo que se viene, si logramos terminar este proceso exitosamente, es muy positivo desde el punto de vista económico y empresarial.

Las oportunidades son enormes en el sector agropecuario, la mitad del país está por conquistarse y ponerse a producir. Y ahí también para los españoles, que son tan buenos para hacer producir la tierra, pues hay unas oportunidades enormes.

Ahí voy a parar, porque me he extendido más de la cuenta y creo que ustedes deben tener varias preguntas. Prefiero entonces que iniciemos el intercambio de opiniones o de preguntas para que podamos aprovechar mejor el tiempo.

Muchas gracias.