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 Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en la inauguración del 55° Festival Internacional de Cine de Cartagena

 Cartagena, 11 mar (SIG).

​Hoy nos convoca la memoria… ¿Y qué somos –al final– más que memoria?

Somos la memoria de nuestra infancia, la memoria genética de nuestros ancestros, la memoria sentimental de nuestros amores, la memoria cósmica del universo, la memoria histórica de una nación…

Somos la memoria… y en este Festival Internacional de Cine de Cartagena número 55 se ha querido honrar esa memoria que nos ha legado cinco décadas y media de buen cine, desde cuando Víctor Nieto y otros pioneros decidieron darle vida a este encuentro maravilloso con el séptimo arte.

Y ahora que hablamos de memoria y de cine, permítanme rendirles un homenaje a tres hombres que se nos fueron y que marcaron la industria cinematográfica nacional.

El primero, por supuesto, es Gabo. Gabriel García Márquez.

No es casualidad que, en la reciente ceremonia de los premios Oscar de la Academia, se le haya rendido tributo.

Porque Gabo –ese escritor maravilloso– siempre quiso el cine, al punto que decía que era lo único que realmente había estudiado.

De hecho, estudió cine en Roma, fue guionista, llegó a actuar incluso, y creó la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de Los Baños –qué lindo nombre– en Cuba, donde se han formado varias generaciones de cineastas.

Nada más difícil que adaptar el universo de Gabo a la pantalla grande pero eso no fue óbice para que directores como Francesco Rosi, Ruy Guerra, Mike Newell o Arturo Ripstein lo hubieran intentado.

¡Y qué grato debió ser para él –que tanto quería el cine– ver a su propio hijo, Rodrigo, convertido en un gran director de Hollywood!

Igualmente grato es para este Festival contar con su presencia y con su última película, que clausurará el evento.

Y esto me lleva a otro colombiano que recordamos con cariño, admiración y que trabajó en varias de estas adaptaciones de obras de Gabo: Frank Ramírez.

Frank, después de una carrera en la televisión norteamericana, volvió a Colombia a mediados de los setenta para trabajar en la serie de televisión sobre La mala hora.

Protagonizó también Milagro en Roma –con guion de Gabo– y El gallo de oro, una novela corta de Juan Rulfo que alguna vez fue adaptada para cine por dos titanes literarios: el mismo García Márquez y Carlos Fuentes.

Esos dos titanes –una anécdota muy confidencial– aquí en el hotel Santa Teresa estaban juntos y de pronto Cristina Fuentes, una española, entró –yo estaba con ellos– y les dijo: maestros, necesito su bendición para iniciar un programa que tengo.

El programa era el Hay Festival que hay nació en ese recinto en el Santa Teresa y mire como se ha vuelto.   

Por supuesto, lo recordamos por dos insuperables actuaciones: la del “pájaro” León María Lozano en Cóndores no entierran todos los días, y la del abogado –o más bien tinterillo, porque siempre le faltaba la tesis para graduarse– el “Perro” Romero, defensor de los inquilinos maltratados por la justicia en La estrategia del caracol, de Sergio Cabrera.

¡Qué talla de actor! Hoy, desde Cartagena, le rendimos el homenaje que se merece.

Y el tercer recuerdo quiero dedicarlo a alguien que conocí bien.

Me refiero a Rodrigo Castaño, quien nos dejó sorpresivamente hace unas semanas.

Reconocido productor y documentalista –ganador del Premio Nacional de Periodismo de México por su obra Las dos Fridas–, Rodrigo ha sido el único director colombiano que incluyó en el reparto de una película nada menos que a un sumo pontífice, Juan Pablo II, en su recordada producción El Niño y el Papa.

*****

De esta manera, la memoria nos trae el recuerdo entrañable de personas que quisimos y extrañamos, y que contribuyeron con su creatividad a forjar la memoria nacional.

Porque somos lo que fuimos, y cada imagen, cada sonido, en las películas que vimos, forman parte de nuestra historia personal.

Por eso, porque queremos el cine, desde el Gobierno hemos apostado, con decisión y con presupuesto, por el apoyo al cine.

El año pasado marcó un nuevo récord histórico en las salas de cine, con 28 estrenos nacionales.

Y una obra de un cineasta colombiano –el cortometraje Leidi, de Simón Mesa– ganó nada menos que la Palma de Oro en el prestigioso Festival de Cannes.

El sector –por fortuna– sigue más activo que nunca, y ya hay al menos 40 largometrajes listos para ser estrenados en los próximos dos años.

Cuando veo estas cifras –lo digo con emoción–, me siento muy feliz porque sé que este es el resultado de un proyecto en cuya concepción participé, como fue la Ley del Cine del año 2003.

Pero los créditos realmente deben ir a Claudia Triana y Silvia Amaya, que fueron las que me empujaron a esa ley. 

Desde ese año, con el Fondo para el Desarrollo Cinematográfico, se han entregado cerca de 1.800 estímulos para la producción de películas, por más de 120 mil millones de pesos.

Este año no más, el monto de los estímulos se acercará a los 15 mil millones de pesos.

Y me alegra también haber fomentado –a través de la Ley de Filmación Colombia que sancioné en 2012– la realización de producciones en nuestro suelo.

El Fondo Fílmico Colombia ha dado luz verde –hasta ahora– a 11 proyectos cinematográficos, que han creado más de mil puestos de trabajo, y han atraído inversiones cercanas a los 45 mil millones de pesos.

Un ejemplo de estas películas que ahora ruedan en Colombia es Los 33, basada en el drama de los mineros chilenos atrapados más de dos meses bajo tierra, que protagonizó Antonio Banderas y se va a estrenar mundialmente el 6 de agosto, al cumplirse el quinto aniversario del accidente. 

Yo me reuní en la Casa de Nariño con Antonio y con el equipo de producción, y todos me manifestaron su entusiasmo por grabar en Colombia. Más precisamente en las minas de sal de Nemocon y por las facilidades y el talento que encontraron aquí en nuestro país.

¡Eso es lo que queríamos! Una industria de cine robusta y creciendo, generando trabajo para los artistas y técnicos, para tantos colombianos.

Y una de esas películas –que además participó el año pasado el Encuentro Internacional de Productores que realiza el Ministerio de Cultura en este festival– es la que inaugura este evento: Alias María.

Dolorosa, pero cierta, esta película cuenta la historia de una niña colombiana, una entre tantas reclutadas por la guerrilla, que vive los rigores de la guerra, las dificultades de un embarazo que le tienen prohibido, y la dureza de una vida sin infancia.

¡Cuántas “alias María” hemos tenido –y tenemos todavía– en nuestro país, caminando la selva con un arma al hombro en lugar de estudiar y disfrutar la vida con sus familias!

Por ellas –para que su destino sea distinto– es que estamos construyendo y buscando la paz.

Por nuestros niños, por nuestras mujeres, por un país en que la vida cuente y sea sagrada, es que nos empeñamos en terminar el conflicto.

Y ustedes –queridos cineastas y creadores del mundo audiovisual– pueden ayudarnos, contando estas historias que hacen memoria y construyendo, desde ya, las nuevas historias de un país en paz, un país donde María viva lejos de la muerte y las balas, en la Colombia posible que todos queremos.

Por eso, queridos amigos del Festival de Cine de Cartagena: gracias, muchas gracias, por mantener vivo y vigente el festival de cine más antiguo de América Latina.

Gracias, apreciado Salvo, y querida Diana Bustamante, Lina, (Rodríguez, Gerente del Festival), por traer a la Ciudad Heroica lo mejor del cine mundial, latinoamericano y nacional, no solo de la actualidad sino de todos los tiempos.

Ha sido tanto su acierto que el año pasado trajeron como invitado especial al director mexicano Alejandro González, quien resultó nada menos que el gran triunfador de los premios Oscar de este año.

Con este antecedente, no me cabe duda de que más y más cineastas van a querer venir a este festival –el más mágico del mundo– para que les dé suerte y muchos reconocimientos más.

Y ahora sí que venga el cine… Porque queremos cine.

Queremos historias que sigan construyendo memoria, historias como aquella que protagonizó Frank Ramírez, cuando el “Perro” Romero y los inquilinos de la casa en desahucio dejaron escrita en la pared la frase más famosa del cine colombiano.

¿La recuerdan? Una frase que –así me muera de ganas– no puedo decir…

Pero tal vez ustedes sí… Estoy seguro de que se la saben.

“Ahí tienen su…” (---señala al público para que terminen la frase---).

¡Muy bien! Se ve que no solo el cine es memoria, sino que ustedes –también– tienen muy buena memoria.

¡Bienvenidos, una vez más, al Festival Internacional de Cine de Cartagena!