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SIG
18/03/2015

 

 Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en el lanzamiento del ‘Plan Presidencial para la Inclusión de las Personas con Discapacidad’

 Bogotá, 18 mar (SIG).

Un día de marzo de 1741, en el horizonte de Cartagena aparecieron casi 200 navíos de la flota inglesa, entre 2.000 y 3.000 cañones, y cerca de 23.000 combatientes –aunque algunos dicen que eran casi 30.000–.

La ciudad amurallada fue entonces víctima del segundo asalto marino más grande de la historia –hasta hoy, solo superado por el desembarco de Normandía–.

Para defenderse, apenas había 6 navíos –contra cerca de 200 ingleses, no lo olviden– y unos 3.500 hombres… Bueno… 3.500 hombres Y MEDIO, porque la defensa de Cartagena era comandada por un almirante español a quien le decían “medio-hombre”…

Me refiero a Blas de Lezo, un marino tuerto, sin una pierna y con un brazo inmóvil –todas eran heridas de guerra–.

Pues este “medio-hombre” valía por mil, porque bajo su liderazgo Inglaterra sufrió una de las derrotas más sonadas –o la más sonada– en la historia de su Armada.

Para nosotros, la victoria de Cartagena fue determinante para el futuro del país –toda vez que esa era la puerta de entrada para conquistar el resto del territorio–.

Incluso, algunos historiadores dicen que, de no haber sido por el arrojo y determinación de Blas de Lezo, en Colombia y buena parte de Sudamérica estaríamos hablando inglés.

En estricto sentido, una de nuestras más heroicas batallas fue comandada por un hombre con discapacidad, y su caso es ideal para entender por qué hoy hablamos de “personas CON discapacidad” –con algún tipo puntual de discapacidad– y NO de “personas incapaces”.

Seguramente Blas de Lezo no era el más rápido para correr o para nadar… pero SÍ era el más capaz de los marinos.

¡Y eso son ustedes en muchas áreas de la vida! Ustedes, las personas con discapacidad en Colombia son… ¡tan tesos como Blas de Lezo!

En eso consiste el enfoque que le hemos dado a este Plan Presidencial –que lanzamos hoy– para la Inclusión de Personas con Discapacidad:

No se trata de lo que ustedes NO pueden hacer, sino en potenciar aquello en lo que son mejores… La conversación no se centra en las limitaciones de la gente, sino en cuáles son sus mayores talentos.

Por eso Colombia ratificó la Convención de la ONU sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad –que nos compromete a trabajar para que todos tengan una participación plena y efectiva en la sociedad–.

Uno de los aspectos más revolucionarios de esta Convención es que redefine el concepto de “discapacidad”, y en vez de interpretarla como una limitación de las personas, la entiende como una limitación del entorno.

Me explico: si cualquiera de ustedes que esté en silla de ruedas no puede movilizarse por un andén, o subirse a un bus, esa limitación NO es de ustedes sino del entorno –de las vías y del sistema de transporte–.

En ese sentido, no entendemos la discapacidad como un tema de salud pública, sino como un asunto de derechos.

Nuestro compromiso va en serio y por eso, hace dos años, sancionamos la ley que “aterrizó” la Convención de la ONU al contexto colombiano: la Ley para garantizar el pleno ejercicio de los derechos de las personas con discapacidad

Esa Ley, por ejemplo, establece las primeras condiciones para que empiecen a adaptarse los sistemas de transporte público y la infraestructura vial.

Además, obliga a las entidades territoriales a desarrollar políticas públicas de discapacidad; se estimula la inserción laboral de esta población; se establecen facilidades para que tengan acceso a salud, educación y vivienda; y hasta se definen fuentes de recursos para invertir en programas de deporte, recreación y cultura.

Hoy me complace decirles que vamos muy avanzados en la implementación de dicha ley.

En salud, por ejemplo, definimos unos indicadores –unos mínimos de calidad– en materia de atención, y recuerden que  incorporamos al POS nuevos servicios y tecnologías, como terapias y suministro de prótesis.

En educación, los créditos del Icetex ya se ofrecen con tasas preferenciales y con PRIORIDAD –igual que ya hacemos con la asignación de subsidios de vivienda–.

En el SENA hay una POLÍTICA INSTITUCIONAL para formar a población con discapacidad y para acompañarlos en la búsqueda de oportunidades laborales.

En los últimos 4 años, casi 100.000 personas se han formado en diferentes programas, y para ello el SENA se ha adaptado.

Tenemos unos 1.200 funcionarios preparados para interactuar con personas en condición de discapacidad, 21 regionales con la tecnología necesaria para quienes tienen limitaciones visuales, y 99 sedes con infraestructura pertinente para todos –por ejemplo, en cuanto a rampas, ascensores y baños–.

En materia de generación de ingresos, hemos apoyado unos 800 emprendimientos –a través de la Red Nacional de Emprendimiento– y lanzamos una línea de crédito de redescuento –respaldada por Bancóldex–.

Además, desde el Ministerio de Trabajo hemos iniciado la tarea de reglamentar la Ley 1618 –que establece que todas las personas con discapacidad tienen derecho al trabajo–.

La idea es escuchar a empresarios, organizaciones sindicales y entidades del Gobierno, para construir un decreto reglamentario que tenga en cuenta las ideas de todos.

Entre tanto, con el Servicio Público de Empleo, estamos identificando ofertas laborales que permitan el teletrabajo.

Ayer, precisamente, lancé un programa piloto de teletrabajo para población reclusa, y ese es un sistema de trabajo que puede ser muy beneficioso para aquellos en condición de discapacidad.

En Tecnologías de la Información y las Comunicaciones –las TIC– hemos hecho un trabajo que me enorgullece mucho.

El Centro de Relevo, por ejemplo, es un servicio que permite poner en contacto a personas sordas con personas oyentes o –directamente– con las entidades y servicios que desean.

También tenemos “CONVER-TIC”, que es un software GRATUITO –que ya ha tenido cerca de 130 mil descargas– dirigido a las personas con discapacidad visual o baja visión.

Esperamos que mucha más gente la use, porque estimamos que, en Colombia, hay más de 1 millón 200 mil personas con este tipo de discapacidad.

En palabras simples, “CONVER-TIC” es un programa de computador que transforma la información en sonido –para las personas ciegas– o que aumenta el tamaño de los contenidos hasta 16 veces –para quienes tienen baja visión–.

Otra iniciativa es “Cine para Todos”, un proyecto del Ministerio TIC que ejecutamos en las salas de Cine Colombia de 10 ciudades –desde Bogotá hasta Montería–.

El último sábado de cada mes proyectamos películas con audio-descripción –una innovación hecha en Colombia– y que consiste en una “voz en off” que va explicando todos los detalles que ocurren en la pantalla, a manera de radio-novela.

Los asistentes –que, por supuesto, pueden ir en familia– no tienen que pagar nada por la boleta y el “combo” de crispetas y gaseosa solo cuesta 1.500  pesos –un gangazo–.

Incluso, hoy en día destinamos el 3 por ciento del impuesto a la telefonía celular para promover la formación cultural y deportiva de las personas con discapacidad.

Todo lo anterior son ejemplos de lo que significa una participación plena y efectiva en la sociedad… Estamos hablando de tener las mismas oportunidades y derechos a la hora de acceder a la salud, a la educación, al trabajo, a la cultura, al entretenimiento, a la vivienda o a las TIC.

Y el hecho de que trabajemos en tantos frentes –y que buena parte de la Política Pública esté consignada en el Plan de Desarrollo– demuestra que esto es una política de Estado.

Y en ese sentido –coherentes con lo hecho hasta ahora–lanzamos hoy este Plan Presidencial para la Inclusión de Personas con Discapacidad.

La normatividad vigente es amplia y suficiente para seguir avanzando, y –si bien hemos actuado desde diferentes frentes– podemos hacer mucho más con lo que ya hay.

Por eso, entre otras cosas, este Plan busca promover la coordinación entre entidades –y entre diferentes sectores–, para que sumen fuerzas, en vez de duplicar esfuerzos.

Hay un trabajo por hacer, por ejemplo, fomentando alianzas público-privadas y cooperación internacional, de manera que aporten a la implementación de la Política de Discapacidad.

Desde aquí –desde la Presidencia– vamos a vigilar que los presupuestos públicos de entidades nacionales y territoriales sean suficientes para ejecutar debidamente las políticas de inclusión de personas con discapacidad.

Por supuesto, brindaremos asesoría a gobernadores y alcaldes para el diseño de las respectivas políticas públicas.

Y también, eso sí, cuidaremos que las cosas se hagan bien, que no se cumpla la ley por salir del paso.

Ocurre –por ejemplo–, que alguien hace una rampa en un edificio, y en teoría cumple con la norma, pero a la hora de la verdad es una rampa empinada que no le sirve a nadie.  ¡Eso no puede pasar!

Adicionalmente, este Plan tiene un fin que –particularmente– a mí me motiva, y es el de promover estrategias y programas para los miembros de la Fuerza Pública con discapacidad.

Colombia, con 11.000 víctimas de minas antipersonal en el último cuarto de siglo, tiene el deber de avanzar –más que ninguna otra nación– en la inclusión de quienes quedaron con alguna discapacidad como consecuencia del conflicto.

El desafío es asumir esta realidad como una oportunidad.

Podemos, por ejemplo, ser líderes y referentes para el mundo en asuntos de rehabilitación e implementación de nuevas tecnologías –como robots que detecten minas en terrenos irregulares, o prótesis de alta calidad y bajo costo–.

Asumir este Plan Presidencial requiere de alguien que conozca del tema; y que además sea determinado y creativo.

Se necesita de alguien que articule a las entidades públicas y que promueva el diálogo con todas las organizaciones de la sociedad civil –lo que contempla, por supuesto, el Consejo Nacional de Discapacidad–.

Y no podíamos haber encontrado alguien mejor que Juan Pablo Salazar.

Él creó la Fundación Arcángeles –dedicada a la inclusión de personas con discapacidad–, es activista del Movimiento Global de Derechos de Personas con Discapacidad, y es el creativo detrás de la campaña “Remángate” –que nos ha puesto a todos a remangarnos el pantalón en un gesto de solidaridad con las víctimas de minas antipersonal–.

Además, Juan Pablo fue jefe de misión de las delegaciones que nos representaron en los Paralímpicos de Beijing 2008 y de Londres 2012, y hasta hace pocos días fue Presidente del Comité Paralímpico –y por supuesto él seguirá pendiente de que mejore nuestra participación en Río 2016–.

A Juan Pablo también lo conocemos por la creativa campaña que hizo en su aspiración al Senado –el año pasado– y que incluía una entretenida “serie web” sobre lo que él llamó “los oscuros secretos de la política”.

Pese a que obtuvo más de 20.000 votos –nada despreciable para ser su primera campaña–, Juan Pablo se “chamuscó”.

De hecho inició otra “serie web”, titulada “El Quema’o”, y allí –en medio de las reflexiones sobre la campaña– advirtió que su objetivo, más que una carrera política, era servirle a la causa de la inclusión desde donde fuera.

Pues, estimado Juan Pablo, me alegra que le sirva a la causa desde aquí, como directo representante del Presidente.

Me complace además que usted entienda el deporte –y en concreto, el deporte paralímpico– como una oportunidad de reconciliación en un escenario de posconflicto.

Uno de los retos que se ha impuesto es el de “redefinir” el deporte paralímpico en Colombia… Juan Pablo dice, con toda la razón, que las federaciones deben organizarse por deporte y NO por tipo de discapacidad –como hoy ocurre–.

Eso es coherente con el enfoque que le damos al tema: no se trata de las limitaciones, sino de las capacidades –lo que de verdad importa es si nadan más rápido, o si saltan más alto–.

Otro reto de Juan Pablo es liderar la transición para que este tema lo asuma el Ministerio del Interior, y NO el de Salud.

¿Por qué? Porque este NO es un problema de salud pública sino de derechos –y de acceso efectivo a esos derechos por parte de un grupo de ciudadanos–.

Por eso, un buen paso en dicha transición es que asumamos el liderazgo de este tema desde la Presidencia.

Valga decir que a Juan Pablo NO lo llamamos pensando en su discapacidad –en que se viera “bonita” la foto de un hombre en silla de ruedas al frente de este Plan–.

No. A Juan Pablo lo buscamos –como a Blas de Lezo– porque ha demostrado su conocimiento y su CAPACIDAD para asumir este desafío.

Con él –y con este Plan Presidencial para la Inclusión de la Población con Discapacidad– vamos a seguir construyendo un nuevo país… Una sociedad que valore Y APROVECHE los talentos de cada uno de sus ciudadanos…

Así avanzamos hacia una Colombia INCLUYENTE, una Colombia donde todos tengan los mismos derechos… una Colombia en paz, con más equidad y mejor educada.

Muchas gracias