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 Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en la entrega del Premio “Empresario del Año 2014”

 Bogotá, 25 mar (SIG).

​Tal vez algunos de ustedes escucharon anoche la alocución que dirigí a los colombianos sobre la necesidad de fortalecer nuestras instituciones, y de cambiar y mejorar algunos aspectos de nuestra administración de justicia.

En esa alocución dije algo que quiero reiterar en este evento de exaltación de logros empresariales que convoca el diario La República.

Si Colombia presenta hoy resultados positivos y muy destacables en crecimiento económico, en reducción de pobreza, en generación de empleo y en construcción de confianza es porque tenemos unas instituciones que funcionan dentro de un sistema democrático que, no por nada, es el más antiguo de América Latina.

Si es cierto que a veces las instituciones fallan –por las personas que las componen porque las instituciones no son nada diferente a las personas que las componen o por sus propios procedimientos, sus normas que las rigen– y entonces hay que corregir esas anomalías,  mejorarlas –pero jamás irse al extremo de destruirlas– y eso es, precisamente, lo que estamos haciendo y vamos a hacer en el caso de nuestra justicia. Vamos a corregir y vamos a mejorar pero no podemos destruir.

Pero les hablaba de los buenos resultados que debemos a nuestro sistema institucional sólido... ¿Y cuáles son esos buenos resultados?

El primer resultado es el crecimiento.

Como se supo la semana pasada, la economía colombiana finalmente creció en el año pasado un 4,6 por ciento, lo que nos ubica como la economía que más creció dentro de las economías grandes y medias de América Latina, y como la séptima economía que más creció a nivel mundial, entre el conjunto de países que sigue la revista The Economist.

Sectores como la construcción, los servicios personales y financieros, el turismo, el comercio, el transporte y las comunicaciones fueron los que más jalonaron este crecimiento.

Este año los pronósticos hablan de un crecimiento entre el 3,5 por ciento y el 4,2 por ciento, que es la estimación que tiene el Ministerio de Hacienda, en cualquier caso en cualquiera de estos dos extremos va muy por encima de lo que se espera como crecimiento promedio de la región latinoamericana.

O sea, que seguiremos siendo cabeza de serie en materia de crecimiento y eso hay que destacarlo.

El segundo resultado, el empleo.

El año pasado tuvimos la tasa de desempleo más baja en por lo menos dos décadas, desde que se lleva la cuenta de desempleo con la fórmula de hoy, es decir desde que se llevan estas estadísticas no habíamos tenido una tasa de desempleo tan baja.

Y seguimos disminuyendo este índice de desempleo mes tras mes, llevamos 51 meses seguidos –con una excepción- todos los meses bajando la tasa de desempleo frente al mismo mes del año anterior. Eso no lo tiene ningún país en el mundo. Nos lo decían los analistas internacionales.

Hemos creado más de 2 millones y medio de empleos en los primeros 4 años de gobierno –que, por cierto, fue mi promesa en mi primer Plan de Desarrollo– y hoy estamos proyectando en este año de por lo menos 700 mil nuevos empleos. Empleos que por primera vez en su mayoría son formales y empleos que se consiguen sin palancas.

Hoy nuevamente somos el país de la región que más puestos de trabajo está creando, más puestos como proporción de la población económicamente activa y con un índice adicional muy importante, la tasa de ocupación está subiendo a niveles que nunca habíamos visto ni nos habíamos imaginado.

O sea, a pesar de que más gente está buscando empleo, la tasa de desempleo sigue bajando.

El tercer resultado es la disminución de la pobreza.

Ayer conocimos los datos de pobreza para el año 2014 y muestran un avance realmente extraordinario en esta lucha –que yo diría es mi prioridad, nuestra obsesión– por lograr una sociedad más justa, más equitativa.

Desde que yo recibí el Gobierno, 7 de agosto del 2010, hasta las cifras que me entregaron ayer, me las entregó el Dane, la pobreza ha bajado casi 12 puntos porcentuales.

¿Eso qué significa? Que 4 millones 400 mil colombianos han superado la pobreza.

Algo parecido ha sucedido en la pobreza extrema, más de 2 millones y medio de compatriotas salieron de esa condición, que es un paso más en nuestro propósito de erradicar la pobreza extrema para el año 2025.

Estos datos no los habíamos visto nunca en nuestra historia, doscientos y pico de años de historia republicana en Colombia  ni ningún país de América Latina en un periodo de tiempo tan corto había logrado disminuir 12 puntos porcentuales su pobreza.

Y estos son los datos que más me alientan porque el crecimiento es una cifra y lo importante es que ese crecimiento se traduzca en mejores indicadores sociales.

El crecimiento es benéfico solamente si se refleja en una mejor condición de vida sobre todo para aquellos sectores más pobres, más vulnerables.

El crecimiento es saludable cuando se traduce en la expansión y el fortalecimiento de la clase media y, por consiguiente, en el aumento de la demanda interna que es un motor de la economía que la mantiene en actividad.

El cuarto resultado es la confianza.

Hemos trabajado en forma incansable para mantener la confianza de los inversionistas en nuestra economía, es muy importante mantener esa confianza.

El manejo responsable y prudente de nuestra economía ha sido destacado por analistas internacionales, por todos los bancos e incluso ayer mismo, en el informe del Fondo Monetario, en la misión del Fondo Monetario que estuvo aquí 15 días, viene aquí cada cierto tiempo, hace una revisión de todos los indicadores, de todas las políticas, se entrevista con funcionarios, con empresarios, con ministros, con dirigentes sindicales y saca un informe final. Ese informe final comienza con la siguiente frase: 

“El impresionante récord de crecimiento de Colombia en los últimos años y el avance en los indicadores sociales se basa en la aplicación exitosa de un conjunto de políticas que ha asegurado la estabilidad macroeconómica y ha fortalecido la resistencia a los choques externos”.

Este manejo económico produce confianza y la confianza se refleja en una mayor inversión y se refleja en más recursos para el país a un costo más bajo.

La prueba de esto la tuvimos el lunes pasado. El lunes pasado el Gobierno –cuando estábamos de puente aquí- hizo una emisión en los mercados internacionales 1.000 millones de dólares, para financiarnos, que es lo que necesitamos para financiarnos por el resto del año, ya no necesitamos financiarnos más, eso es lo que necesitábamos un bono a 30 años y la tasa que obtuvimos fue de  5,04 por ciento, y la demanda por esos recursos fue 5 veces o casi 5 superior a la emisión, es decir  hubiéramos podido vender bonos por 4 mil 800 o 4 mil 700 millones de dólares.

Hay un apetito por los bonos colombianos y a una tasa que es inferior a la tasa que obtuvimos en enero de este año, que fue cuando obtuvimos la primera emisión de bonos para financiarnos este año.

¿Eso qué quiere decir? Que si obtuvimos una tasa inferior es que a pesar de todo lo que ha sucedido, a pesar de todas estas tormentas económicas, a pesar de que se ha bajado la proyección de nuestro crecimiento por la baja del precio del petróleo porque eso va a afectar el volumen de inversión, por todo esto que ha sucedido y a pesar de esto, obtuvimos una tasa inferior.

¿Eso qué quiere decir? Que la confianza de la economía colombiana sigue muy fuerte.

De manera que en medio de esta coyuntura incierta, los mercados internacionales siguen premiando el manejo responsable de nuestras finanzas.

Y esta confianza se convierte, además, en expectativas positivas.

Baste mirar el último informe bianual de la firma PricewaterhouseCoopers sobre las economías del mundo hacia el futuro para el año 2050, se conoció la semana pasada.

Ese informe considera a la economía colombiana –y así la cataloga- es la revelación en América Latina, nuestra economía y señala que “la visión de largo plazo es la de un país sostenible,  sustentable y con sólido crecimiento económico”.

Este estudio incluye a Colombia dentro de las mayores economías del mundo para el año 2050, gracias a que nuestro crecimiento va a ser superior al crecimiento promedio mundial de los últimos 35 años, el crecimiento que ellos le dan a la economía mundial es del 3 por ciento, a Colombia un mínimo de 4 por ciento.

Todos estos logros, podría mencionar muchos más,  no son solo del Gobierno: los logros son de todos y muy especialmente de ustedes, los empresarios, los que hacen patria todos los días, los que producen, los que exportan, los que venden, su iniciativa, su innovación, su amor por el país, sus impuestos… nos ayudan a crear un nuevo país con más empleo y bienestar.

Somos conscientes, los primeros, que nos falta mucho camino por recorrer pero lo que hemos recorrido en estos últimos años es algo muy importante.

Por eso también, ustedes merecen mi agradecimiento, el agradecimiento de todos los colombianos.

No desconocemos, repito, las complejas condiciones que implican para el país la baja por ejemplo del precio del petróleo.

Sin embargo –lo afirmó ayer el FMI–, nuestras políticas han fortalecido la resistencia a los choques externos.

En el informe se dice expresamente, el país no va a tener mayor problema de ajustarse

Nos preparamos para afrontar la baja en los ingresos petroleros con medidas como la reforma tributaria que se aprobó el año pasado –que genera nuevas fuentes de ingreso– y apretándonos –como toca– el cinturón, sin descuidar las inversiones sociales y productivas más importantes.

En cuanto a la comisión de expertos –que actualmente estudia unos cambios en nuestro sistema tributario con el apoyo de la OCDE y el FMI–, podemos anticipar que, al tiempo que se pretende un esquema más equitativo, les digo que cualquier cambio lo que buscará es incentivar la competitividad.

Somos conscientes que nuestro sistema tributario para muchos es inequitativo unos pagan demasiado y otros no pagan nada, y en eso tenemos que hacer algo más justo. 

Tenemos claro que no podemos generar impuestos que desestimulen la inversión, y en ese sentido se avanzará cuando sea el momento, no hay urgencia y queremos que eso sea algo que sea como de consenso. Aunque una Reforma Tributaria en consenso es difícil o por lo menos con un amplio respaldo.

También estamos más sólidos para aguantar la tempestad porque apostamos nuestras fichas en sectores que jalonan otros más y que son muy  intensivos en mano de obra, la vivienda por ejemplo que ha sido un sector con un dinamismo impresionante en estos años, lo vamos a mantener. Los programas que ya están hoy otra vez en marcha así lo confirman.

La infraestructura, ustedes van a ver a Colombia a partir del próximo semestre literalmente en construcción.

Allá en su departamento, mi querido Aníbal (Gaviria), esas Autopistas para la Prosperidad, pero no solamente en su departamento, en el país entero estamos haciendo unas inversiones muy, muy importantes que van a jalonar la economía y solamente esa parte de la infraestructura va a representar un  y medio por ciento más de crecimiento durante el periodo de construcción que es más o menos de 5 a 6 años.

Nos va a generar más competitividad, nos va a generar más empleo, nos va a genere mayor demanda.

Es un círculo virtuoso en el que nos insertamos con la debida anticipación, y que hoy nos permite mirar los nubarrones con prudencia, sí, pero también con tranquilidad.

Las crisis –no lo olvidemos–, para quien sabe entenderlas, son como dicen los chinos, verdaderas oportunidades, y eso es lo que tenemos que lograr en Colombia: convertir la crisis en oportunidad.

Es cierto que la caída del precio del barril de crudo ha hecho bajar sustancialmente nuestras rentas petroleras. Esa es la crisis.

Ahora tenemos que descubrir y explotar la oportunidad que dicha crisis esconde.

Colombia venía teniendo una creciente dependencia de las exportaciones de hidrocarburos y mineras… No tanto como una enfermedad holandesa, pero sí podíamos ir rumbo a un “resfriado holandés”.

La actual coyuntura nos obliga –querámoslo o no– a diversificar nuestra economía por nuestro bien.

Por eso este año es el momento de la industria, es el momento del agro, es el momento del turismo.

Por años sobrellevamos la situación de un peso sobrevaluado que perjudicaba nuestras exportaciones y hacía más difícil la competencia de nuestra industria.

Hoy, con un dólar alrededor de 2.500 pesos, la situación se ha reversado y es el momento de aprovechar, cuando los productos nacionales pueden competir muy bien contra las importaciones, para sustituir importaciones y conquistar mercados internacionales.

A esto se suma la recuperación de la economía norteamericana, que sigue siendo nuestro principal mercado. Esa economía está creciendo en forma sólida.

Estuvo ayer aquí en Colombia el Presidente de lo que llaman el Consejo de Asesores Económicos del Presidente (Barack) Obama dando una explicación de cómo iba esa economía, por qué estaba tan sólida la economía y por qué iba a crecer y de los países que más se benefician puede ser Colombia.

Por eso hoy –en este escenario– yo quisiera invitarlos con entusiasmo para que hagamos un esfuerzo en el campo, la industria, el turismo y aprovechemos estas ventanas de oportunidad que abre la coyuntura actual, la devaluación y el hecho de que ya tenemos acceso preferencial a una cantidad de mercados que no hemos aprovechado debidamente.

Tenemos tratados de libre comercio que dan acceso preferencial a nuestros productos a un mercado, que sumado todo, son 1.500 millones de consumidores, y es la hora de aprovecharlos de veras, de optimizar las ventajas que ofrecen.

Desde el Gobierno, los ministerios tienen instrucciones precisas, el Ministerio de Comercio, el Ministerio de Agricultura, Bancóldex, Procolombia,  todos están listos a convocar a los empresarios por sectores, identificando inclusive las compañías que están exportando para ver cómo pueden exportar más, qué se necesita, qué papeleo les podemos eliminar, qué incentivos podemos dar.

Las que no están exportando pero podrían exportar, cómo podrían exportar o las que pueden reemplazar las importaciones que estábamos haciendo y que hoy con esta tasa de cambio resulta más fácil de sustituir.

Y así vamos a poder potenciar el impulso empresarial y para que, entre todos, convirtamos la llamada crisis en una oportunidad de oro para el país, para nuestras empresas y para la creación de empleo.

Yo sé que podemos. Hace tres años cuando veíamos que la economía estaba comenzando a flaquear, hace dos años perdón, enero del año 2012 estaba comenzando a flaquear, nos diseñamos algo que se llama el Pipe que era una serie de estímulos de ciertos sectores, eso tuvo un efecto muy positivo, eso fue lo que nos permitió crecer el año pasado a 4.7 (por ciento) cuando las proyecciones eran 4 a 4.2.

O sea, que cuando hay voluntad, hay coordinación hay resultados.

Tenemos empresarios con visión y con talento, con capacidad y empuje, y –si alguien tuviera alguna duda– hoy La República nos proporciona un ejemplo formidable en la figura de Jenaro Pérez.

El doctor Jenaro, a quien conozco hace mucho tiempo, admiro hace mucho tiempo, es médico zootecnista y veterinario, es el modelo de lo que el emprendimiento, la constancia y la fe en la gente pueden lograr.

Hace 40 años comenzó su empresa con solo, usted me corregirá Jenaro, 7 empleados y una sabia consigna que entregó a cada uno de esos 7 empleados, usted me corregirá si estoy, si me lo aprendí de memoria: “Haga todo lo que deba, aunque deba todo lo que haga”.

Con calidad, con poder de convocatoria, con seriedad, Jenaro lidera hoy una cooperativa –Colanta– que es la cooperativa de producción de leche y sus derivados más importante del país, y que espera facturar este año –¡hágame el favor!– más de 2 billones de pesos en ventas.

El secreto de Jenaro Pérez radica en su fe en el trabajo solidario, y en que tiene muchos y buenos “jefes”, nada menos que 6 mil trabajadores que son socios de la cooperativa y unos 12 mil campesinos.

Yo tuve también el honor de estar en su última o penúltima Asamblea, creo que nunca un Presidente había ido a una Asamblea de Colanta.

Gracias, Jenaro, por demostrarnos, desde Antioquia para el mundo, el poder empresarial de una organización cooperativa bien montada y bien organizada.

Y no puedo dejar de destacar la vida y obra de otro empresario, un hombre de grandes virtudes que hizo historia también en Antioquia y en Colombia, cuya reciente partida aún no terminamos de asimilar.

Me refiero a Nicanor Restrepo.

Mucho se ha hablado de sus valores éticos y empresariales, de su capacidad para liderar al Grupo Empresarial Antioqueño y convertirlo en uno de los pilares de nuestro sector privado, de su inmensa calidad, la de Nicanor, como ser humano.

Hoy quiero destacar a Nicanor en una faceta que desempeñó calladamente durante décadas, sin esperar más recompensa que el bien de su país: Nicanor era un hombre de paz.

Si hubo un colombiano que trabajara con convicción, con entereza, con generosidad, por la paz de Colombia –y me consta a mí personalmente porque realizamos muchas cruzadas juntos, durante muchísimos años, desde los años 80–, ese fue Nicanor Restrepo.

Él sabía muy bien que toda guerra, por cruenta que sea, se termina en una mesa de negociación, eso nos lo enseña la historia, nos lo enseña la realidad y fue un abanderado del diálogo para terminar el conflicto armado que tanto nos ha desangrado, que tanto daño ha hecho a nuestra nación.

Ha sido muy citado el editorial que escribió en El Colombiano cuando fue invitado hace dos años a ser su director por un día, y quiero recordar estos párrafos de su autoría, porque son párrafos muy interesantes. Algún día espero que me inviten a ser director de La República por un día, para volver a escribir mis editoriales.

Decía Nicanor:

“El esfuerzo para poner fin, mediante negociaciones políticas, al conflicto armado interno que en 50 años ha ocasionado cientos de miles de muertes, desplazamientos forzados, frustración de varias generaciones y un costo difícilmente medible en términos de desarrollo social y económico, requiere, como el fin en sí mismo, del apoyo colectivo para que no se frustre en las innumerables contingencias que aparecen en una negociación (…)

Y luego dice:

“Esta oportunidad de poner fin al conflicto interno por medio de una negociación política –quizás la última en muchos años– hay que cuidarla y preservarla con especial persistencia para evitar ser condenados a soportar de nuevo cientos de miles de muertos y a sacrificar las oportunidades de crecimiento humano y económico”.

¡Ese era el talante de Nicanor Restrepo! Siempre proponiendo, siempre constructivo, siempre trabajando por un país reconciliado y en paz que deje de sacrificar las oportunidades en aras de un conflicto sin sentido.

Por eso digo que tenemos empresarios para mucho tiempo y empresarios para sacarnos adelante en cualquier crisis.

¡Qué gran hombre fue y cuánto nos enseña cada día que lo recordamos!

Queridos amigos, queridos empresarios de Colombia:

Así como lo hice en su momento con Nicanor Restrepo, he invitado a todos los líderes de Colombia, sin distingo de ideologías, a dialogar constructivamente sobre el proceso de paz. Porque yo repito una vez más y lo repetiré siempre, ese proceso de paz no es mío, la paz no es mía, ni de mi gobierno, sino de todos los colombianos, todos los colombianos se merecen un país normal, un país en paz.

Esa invitación es permanente, abierta, e incluye por supuesto a todos los empresarios y a todo el sector privado, pues estoy siempre dispuesto a considerar todos los puntos de vista que conduzcan a detener esa gran tragedia que es el conflicto armado colombiano.

El último conflicto de este Hemisferio, el más viejo.

Ayer me decía el Canciller ruso (Serguéi Lavrov), yo le decía que ironía porque la mayoría de los jefes de las Farc se graduaron de la Universidad Lumumba,  allá en Moscú.

Y decía: ustedes tienen que terminar este conflicto porque es anacrónico.

Rusia, Estados Unidos, Europa, toda América Latina, todos diciendo: este es un caso que tiene que salir adelante por eso lo apoyamos.

Estamos comenzando a salir del círculo vicioso, destructivo, de la guerra, y entrando en el círculo virtuoso, constructivo, de la paz.

Me decían esta mañana, allá en Antioquia unos periodistas que fueron por el Cauca haciendo un recorrido por ciertas zonas y decían: que les ha cambiado la vida, que ya esto de no escuchar tiros todos los días les está cambiando el ánimo a los niños, les está cambiando el ánimo a las personas. 

Hoy los invito a que recordemos las palabras de Nicanor Restrepo, a que no desperdiciemos esta gran oportunidad, y a que aprovechemos los vientos de paz que comienzan a soplar cada vez con mayor intensidad.

El fin del conflicto nos va a permitir concentrar nuestras energías, nuestros tiempo, nuestros recursos para la otra gran prioridad nacional, esa en que vamos avanzando, pero en la que nos falta mucho todavía, que es la erradicación de la miseria y la superación de la pobreza.

En materia de seguridad también ahí se nos abre todas unas oportunidades enormes.

Toda esa energía, todos esos recursos que estamos dedicando hoy a la guerra, 14 mil soldados allá en la selva, en los Llanos Orientales, en el Caguán, 14 mil solamente allá. Qué tal usarlos para la seguridad ciudadana, para la seguridad del ciudadano de a pie, para hacer presencia en otras zonas donde realmente se necesitan.

Los empresarios ganan mucho con estos avances y sobre todo con los avances sociales, porque están teniendo cada vez más ciudadanos con mayor capacidad de compra, cada vez más seguridad, cada vez más estabilidad.

Porque la paz crea más y mejores consumidores… ¡La paz es el gran negocio para todos los colombianos!

Y la paz la podemos ir ambientando desde ya –no hay que esperar los acuerdos en La Habana–, trabajando por la reconciliación, empleando y dando oportunidades a quienes rectificaron el camino y se acogieron al programa de reintegración, donando becas como las del programa Ser Pilo Paga que está generando una transformación silenciosa y positiva en nuestras universidades y nuestra sociedad…

Hay muchas formas de hacer la paz desde la responsabilidad social empresarial.

Eso lo sabía muy bien Nicanor y lo sabe muy bien Jenaro Pérez, cuya cooperativa tiene una vocación social especial y es un ejemplo, lleva leche a barrios populares y apoya la nutrición de nuestros niños.

Hoy, en este premio que en buena hora convoca La República, quiero entregarles un mensaje muy sencillo: hagamos de la supuesta crisis la mejor oportunidad para crecer y generar empleo y bienestar.

Y les dejo también una invitación: construyamos la paz desde ya, construyamos entre todos una Colombia mejor en todos los sentidos: más equitativa, más competitiva, más educada y más justa.

Con un Estado comprometido con el buen gobierno y con un sector privado, y un sector privado consciente de su responsabilidad social, no hay temporal, no hay tempestad que haga temblar nuestro barco.

Con pulso firme en el timón, y con el aporte de todos, llegaremos a buen puerto: el puerto de la paz, el puerto de la felicidad de todos los colombianos.

Muchas gracias