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 Palabras del Presidente Juan Manuel Santos durante su visita a la Comisión Permanente del Congreso de México

 Ciudad de México, 8 may (SIG).

Para un colombiano, venir a México –y no lo digo retóricamente– es venir a la patria de los afectos, a la infancia de rancheras y películas inolvidables, a la tierra de grandes maestros como Fuentes y Paz, a un rincón del alma que siempre nos llena de alegría.

Fuentes, gran maestro, no me resisto compartir con ustedes una anécdota: Carlos Fuentes fue un gran amigo. Nos conocimos siendo él, literalmente, mi profesor en la Universidad de Harvard.

Celebramos juntos, su señora, mi señora, Carlos y yo cuando le entregaron el Premio Cervantes. Y desde entonces tuvimos una linda, muy rica y gran amistad.

En el año 75, 76 escribió una gran novela, todas sus obres eran grandes obras, en donde se burlaba de nosotros los políticos: ‘La silla del Águila’.

Eso sucedía en la novela en el año 2010.

Y comenzó en la novela diciendo que la presidenta de Estados Unidos, año 2020 era Condoleezza Rice, la antigua secretaria de Estado del Presidente (George) Bush y que el presidente de Colombia eran Juan Manuel Santos.

Carlos Fuentes y Silvia, su señora, vivían la mitad del año, todos los años en Londres. Yo viví en Londres durante 10 años. Yo iba mucho. Cada vez que iba lo llamaba e íbamos a almorzar al mismo restaurante.

Luego de que salió la novela fui a Londres y le dije, Carlos, mis amigos en Colombia se están burlando de mí. Dicen que yo saco mucho pecho diciendo soy amigo de Carlos Fuentes.

Sin embargo, acaba de escribir una novela donde lo manda a usted, me dicen mis amigos, de presidente en el año 2020 ¿Qué clase de amistad es esa?

Entonces, Carlos Fuentes, estábamos en un restaurante inglés, muy elegante, se para, y dice: Juan Manuel, ¿cuántos años cree que tengo yo? Yo le dije, pues, 72, 73.

Tengo 76 años.

¿Cuántos años va a tener usted en el año 2020?, 68. ¿Usted cree que yo podría ser un buen presidente de México a los 76 años?

Y dice claro, entonces, la edad no importa.

Pero ese no es el motivo y esa no es la respuesta a sus amigos allá en Colombia, la respuesta es la siguiente: Todos los políticos al sur del río Grande, cuando van a ser, cuando hay expectativas de que podrían llegar, todo el mundo los invita, todo el mundo les pone tapete rojo, todo el mundo los adula.

Cuando llegan al poder como tuvieron que prometer mucho más de lo que pueden cumplir, llegan y todo el mundo los critica, todo el mundo los fustiga, todo el mundo los golpea, y cuando salen del poder, nadie ni siquiera los llama.

Entonces dígale a sus amigos que este gran amigo suyo le está es prolongando su vida feliz.

Ese era Carlos Fuentes, era el gran amigo.

Venir al Congreso de México a encontrarme con esta con esta importante delegación de senadores y diputados es, para mí, como adentrarme en el alma misma de este gran pueblo.

Porque el Congreso –quién lo duda– es la entidad más representativa del Estado. Yo le digo permanentemente a mis senadores y representantes, es el poder supremo de la Nación. Así lo describen en Inglaterra donde nació la madre de los parlamentos, y que encarna los diversos componentes de una Nación.

En Colombia tenemos una especial consideración por el poder legislativo, y debo decir que éste poder legislativo ha sido un gran compañero, que ha cumplido con excelencia su tarea.

Con los más de 4 años y medio de mi Presidencia se han aprobado leyes y reformas sin precedentes que ya están transformando positivamente a mi país.

Lo que hemos logrado en Colombia –a través de un gobierno que ha llamado un gobierno de unidad nacional. Y lo hemos llamado de unidad nacional siguiendo un ejemplo de un gran presidente norteamericano Abraham Lincoln, cuando salió elegido presidente llamó al gobierno a sus antiguos rivales.

Eso hice yo hace 4 años y medio.

Creamos una Unidad Nacional que nos daba la gobernabilidad necesaria para poner en marcha reformas, que hacía mucho tiempo, 20, 30, 40, 50 años no habían sido posibles.

Y esa relación con el Congreso y con esa Unidad Nacional ha sido una relación que nos ha dado resultados muy positivos desde cualquier punto de vista.

Los órganos del Estado avanzan armónicamente en temas como responsabilidad fiscal, y ustedes aquí en México lo discuten a diario, es algo difícil de mantener, pero muy necesario para generar la confianza requerida para poder seguir creciendo económicamente.

El reparto equitativo, por ejemplo, en el caso de Colombia  de las regalías del petróleo, de la minería, el ordenamiento territorial, un tema que ustedes saben lo complejo que es, y –algo muy importante– la reparación a las víctimas y la restitución de tierra para los campesinos que han sido desplazados por los fusiles, por la violencia, por ese conflicto armado que nos ha desangrado por más de 50 años a los colombianos.   

Y lo hemos hecho en un ambiente de gran democracia, de cooperación, de  responsabilidad frente al futuro.

Ahora mismo nuestro Congreso estudia –por ejemplo– una reforma constitucional para eliminar la reelección, yo sé que aquí en México eso es sagrado, no reelección, y nosotros en Colombia estamos volviendo al sistema de no tener reelección y estamos restableciendo ese necesario y adecuado equilibrio entre los poderes para tener una democracia más transparente pero sobre todo más eficaz.

Porque si algo hay importante en una democracia es el trabajo armónico entre sus poderes.

Otro gran presidente norteamericano, Franklin Delano Roosevelt decía que en una democracia los tres poderes públicos son como tres bueyes, los poderes públicos son eso tres bueyes. Si todos jalan al mismo tiempo y a la misma velocidad, el trabajo se hará bien y con facilidad, pero si un buey, uno de los poderes, va por un lado; y otro buey va por el lado contrario, o el uno se echa y el otro camina, entonces no se puede arar y el trabajo será infructuoso.

Por eso es tan importante el respeto entre las ramas del poder.

Si algo hace avanzar a una nación es que sus poderes obren con autonomía y hay que respetar esa autonomía pero también con gran armonía, coordinación.

En buena parte gracias a la gobernabilidad que genera este trabajo armónico, que hemos logrado con el poder legislativo y con el poder judicial, hoy Colombia lidera los indicadores regionales en reducción del desempleo, en reducción de la pobreza y de la pobreza extrema, en crecimiento económico.

¡Y qué bueno compartir este camino y estos resultados con los Estados Unidos Mexicanos!

Con México todo nos une, y así lo demuestra esta visita de Estado a la que me ha invitado mi gran amigo, el presidente Peña Nieto, que ratifica el excelente momento de nuestras relaciones, yo diría Canciller que nunca en nuestra historia las relaciones entre Colombia y México estaban tan bien, lo digo con orgullo.

En esta visita –en particular– estamos dando un paso importante al elevar nuestras relaciones a un nivel de Asociación Estratégica.

Con esta Asociación Estratégica vamos a lograr un mayor nivel de coordinación en todas las acciones bilaterales, pues éstas serán dirigidas por un Consejo de Asociación Estratégica presidido por nuestros cancilleres y con representantes de cada país por cada sector estratégico.

Habrá, además, un Comité Asesor de la Asociación Estratégica conformado por académicos, empresarios y personalidades de ambas naciones que nos pueden orientar para optimizar nuestras oportunidades de cooperación.

México y Colombia –apreciados congresistas– compartimos en 2010 la celebración del Bicentenario de sus gritos de independencia, y hoy compartimos desafíos y oportunidades.

La Alianza del Pacífico ha potenciado nuestro papel en la región, y nuestras posibilidades de comercio e inversión.

Es una alianza que ya se señala como el proceso de integración entre países latinoamericanos más exitoso en la historia, desde que América Latina existe nunca había habido un proceso de integración tan productivo y en un término tan rápido.

Hoy nuestras naciones –que junto con Perú y Chile representamos el 40 por ciento del PIB de América Latina y equivalemos a la sexta economía del mundo– son miradas con mucho más respeto, con mucho más interés por la comunidad internacional.

El mundo sabe que en México y Colombia promovemos la democracia, promovemos la justicia social, creemos en las libertades, respetamos la propiedad privada y somos amigos de la inversión que genera el empleo tan necesario.

Y así seguirá siendo.

Quiero terminar estas breves palabras agradeciendo a la nación mexicana –y especialmente a ustedes, senadores y diputados– el permanente apoyo que han brindado a Colombia en su búsqueda de la paz.

Así lo expresó, claro y firme, el presidente Peña Nieto en la reciente Cumbre de las Américas de Panamá.

Hoy tenemos en Cuba una mesa de negociación que ha avanzado en acuerdos de fondo –como en ningún otro intento y hemos hecho muchos intentos para lograr esa paz en Colombia– y que ahora mismo discute los dos últimos temas para llegar a un acuerdo final.

Ya logramos un tema muy importante, ponernos de acuerdo sobre programas de desarrollo rural e integral.

Nos pusimos de acuerdo en profundizar mucho más nuestra democracia, nos pusimos de acuerdo en algo que a México le concierne enormemente y al mundo entero, a toda la región.

Nos pusimos de acuerdo en que las Farc dejarán todo vínculo con el narcotráfico y comenzarán a colaborar con el Estado colombiano para sustituir los cultivos ilícitos, para destruir los laboratorios, destruir los corredores de exportación.

Imagínense ustedes lo que eso representa en esta lucha mundial contra este flagelo del narcotráfico.

Nos quedan dos puntos para lograr la paz después de 50 años de guerra.

El punto que tiene que ver con las víctimas, por primera vez Colombia puso a las víctimas en el centro de la solución de un conflicto armado.

El respeto por sus derechos, el derecho a la verdad, el derecho a la reparación, el derecho a la justicia, el derecho a la no repetición.

Son los derechos que hoy consagran la llamada justicia transicional que fue creada precisamente para facilitar la solución de conflictos armados como los que tenemos en Colombia.

Estamos discutiendo ese punto, el de la justicia transicional y las víctimas. Un punto difícil, un punto complejo pero un punto indispensable si queremos la paz.

Muchas de las víctimas lo que quieren es que les digan la verdad, dónde están enterrados su hijos, sus hijas, sus padres, sus familias, que les pidan perdón o que les digan simplemente por qué lo hicieron.

La reparación solamente puede ser simbólica. Cuánto vale una hija, cuánto vale un hijo, un padre.

Y en esa reparación nos hemos propuesto hacer un gran esfuerzo, llevamos ya 500 mil colombianos y colombianas reparadas, 500 mil, ningún país en la historia había reparado tanta gente en tan corto tiempo, nos queda mucho tiempo, mucho camino por recorrer porque tenemos más de 6 millones de víctimas.

Pero esa es la forma como estamos reconciliándonos, las víctimas deben ser siempre las protagonistas de un proceso como el que estamos nosotros adelantando y un proceso que por fortuna ha tenido el apoyo de toda la comunidad internacional y el apoyo de ustedes, aquí en México.

Falta el último punto también, el del fin del conflicto, la dejación de armas, la reintegración de esta gente a la vida civil.

Yo soy optimista,  somos optimistas, pero también sabemos que nos falta por acordar lo más difícil.

Y por eso quiero específicamente a ustedes señores senadores, senadoras, diputados, diputadas, señor Canciller agradecerles el apoyo de México.

México tiene un peso específico, tiene una importancia especial, ha jugado en otras latitudes un papel protagónico en reconciliar sectores de la sociedad que estaban en armas.

Y por eso les agradezco el apoyo a nuestro empeño por terminar y el más viejo conflicto del hemisferio.

La paz de Colombia será la paz de México, porque así se siente cuando los pueblos se quieren como hermanos.

Muchas gracias por su bienvenida y sepan que México puede siempre contar con Colombia. Nosotros sabemos que siempre podemos contar con ustedes.

Muchas gracias